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Altas capacidades

La normalidad es una navaja de dos filos. Un pase gratuito a un zoo donde las fieras se esconden de los visitantes en las sombras. Un salvoconducto que te permite tomar el avión para salir del Marruecos ocupado por los nazis mientras el amor de tu vida se queda atrás, en un hangar del aeropuerto de Casablanca. De todas las personas de este planeta, poco más de cincuenta y dos mil son normales. Me refiero a los habitantes de Normal, la pequeña localidad del centro de Illinois, en los Estados Unidos. El resto de nosotros, aquellos a los que el gentilicio no nos permite ser normales, nos conformamos con ser valdemoreños, madrileños, vallisoletanos, zaragozanos o turolenses. La familia Gil de Mingo no se considera muy normal. Rafael, el padre, dice que, a veces, la normalidad les asusta un poco.

Rafael Gil y Alba de Mingo se conocieron cursando la doble licenciatura de Derecho y Empresariales en la Universidad Carlos III. Tienen tres hijos: Arela (once años), Adriel (nueve) y Arón (ocho). Los cinco me recibieron por primera vez en el salón de la casa de los padres de Alba. Los Gil de Mingo tienen ya una historia que contar como familia. Una historia de la que han aprendido mucho a pesar de las incertidumbres con las que comenzaron. Los cinco, alrededor de la mesa del salón donde me recibieron, querían compartir su historia con La revista de Valdemoro porque, tal vez, contándola, podrían ayudar a muchas familias que puedan encontrarse en una situación similar.

Arela comenzó a leer con cuatro años. Rápidamente asoció sonidos con grafías y pronto se puso a formar sílabas. En la escuela le decían que no fuera tan deprisa, que no pasara a aprender letras que no habían dado en clase, que no pronunciara el sonido de las letras hasta que no lo dijera la profesora. Adriel también aprendía rápido. Arón, sin embargo, aunque aprendía rápido, tuvo más problemas en la escuela. Un día, la maestra le pidió que dibujara su casa utilizando un triángulo y un rectángulo. Arón se negó a hacerlo. Ellos vivían en un piso. Y su casa, el edificio que albergaba el piso donde él vivía, no tenía un triángulo como techo. La maestra le amenazó con suspenderle si no lo hacía. Él le dijo que prefería suspender a dibujar su casa de forma incorrecta porque iba en contra de sus principios. Arón se aburría en las clases y no entendía por qué tenía que ir al colegio todos los días. En la escuela les dijeron que podía tener algún problema serio relacionado con la atención. Alba recuerda que fueron a un centro especializado para que evaluaran a Arón. Como les pasa a muchas familias, fueron a ese centro especializado porque había un problema. Alba y Rafa decidieron llevar también al hermano mayor. Adriel sacaba buenas notas, la escuela le resultaba fácil y, sin embargo, a veces, le costaba encontrar motivación en las clases.

A ambos se les identificó como niños de altas capacidades. Una vez ocurrió esto, llevaron a evaluar a Arela, que también fue identificada con altas capacidades. Con once años, Arela me explica con claridad que es más fácil detectar a los niños que a las niñas. Muchos niños con altas capacidades suelen mostrar cierta rebeldía cuando se aburren en clase o cuando no se atienden correctamente sus inquietudes intelectuales. Las chicas, sin embargo, pueden pasar inadvertidas, pues tienden a no querer llamar la atención.

«La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre para la mejora de la calidad educativa, establece que les corresponde a las administraciones educativas adoptar las medidas necesarias para identificar al alumnado con altas capacidades intelectuales y valorar de forma temprana sus necesidades. Asimismo, les corresponde adoptar planes de actuación y programas de enriquecimiento curricular adecuados a dichas necesidades, que permitan al alumnado desarrollar al máximo sus capacidades. Uno de los objetivos esenciales del sistema educativo es conseguir la máxima y mejor integración del alumnado, adoptando una configuración flexible que incorpore e integre las diferencias individuales de aptitudes, necesidades, intereses y ritmos de maduración de las personas para no renunciar al logro de resultados de calidad para todos. El alumnado con altas capacidades intelectuales precisa una respuesta adecuada para el desarrollo pleno y equilibrado de sus capacidades y su personalidad».

Así se presenta el Programa de Alta Capacidad Intelectual en la página web de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. La consejería, por lo tanto, admite: «El alumnado con altas capacidades intelectuales precisa una respuesta adecuada para el desarrollo pleno y equilibrado de sus capacidades y su personalidad.» Sin embargo, no es fácil identificar a un alumno con altas capacidades (como hemos dicho, es incluso más difícil identificar a una alumna) y, una vez, identificados, no es fácil adoptar planes de actuación que permitan al alumnado desarrollar al máximo sus capacidades.

Los Gil de Mingo tuvieron que acudir a un centro especializado privado para descubrir que sus tres hijos eran alumnos de altas capacidades. En este tipo de centros, los niños deben realizar una serie de tests y demostrar que tienen un coeficiente intelectual alto. Esos tests miden varios parámetros (numérico, lingüístico, espacial, artístico…). Hay que entender que esos tests suelen ser largos y que un mismo niño puede obtener distintos resultados dependiendo del día que tengan. En la mayoría de las comunidades autónomas, los alumnos son identificados con altas capacidades a partir de un 120 de coeficiente intelectual (la mayoría de la población se sitúa entre el 80 y el 120). Sin embargo, en la Comunidad de Madrid, los alumnos son identificados con altas capacidades a partir de un 130 de coeficiente intelectual. Así pues, el niño que realiza el test debe obtener una media de 130 o más para ser identificado con altas capacidades.

La mayoría de las familias, como hemos dicho, hacen un recorrido similar al de los Gil de Mingo: su hijo tiene problemas en la escuela y acuden a un centro especializado privado donde su hijo es identificado con altas capacidades. Los informes de los centros privados, sin embargo, no son reconocidos por la Consejería de Educación para que el alumno pase a formar parte de los alumnos con altas capacidades. El niño deberá realizar un test conducido por la Consejería de Educación. Para ello, si las personas responsables de la escuela no lo han considerado previamente, los padres deberán llevar los informes privados al colegio de sus hijos para que se haga una solicitud oficial con el fin de que sus hijos hagan los tests oficiales. Recordemos que son tests largos que miden varios parámetros y que un mismo niño puede obtener distintos resultados según el día que tenga.

Arela, Adriel y Arón obtuvieron una media superior a los 130 en los tests privados y en los tests de la Comunidad de Madrid. Alba me cuenta que ellos ya sospechaban que sus hijos podían tener altas capacidades, pero el hecho de que unos profesionales lo corroborasen les ayudó muchísimo. Ya sabían a qué atenerse ya que las personas de altas capacidades se caracterizan por tener una forma diferente de ser y de comprender el mundo. Pero, no olvidemos que esos números son orientativos. ¿Será muy diferente un alumno con 129 de coeficiente intelectual en comparación con otro que tenga 130? ¿Deberíamos tratarlos de forma diferente?

Recordemos que, una vez identificados, la Consejería de Educación «debe adoptar planes de actuación y programas de enriquecimiento curricular adecuados, que permitan al alumnado desarrollar al máximo sus capacidades». Sin embargo, los maestros y los profesores ni están preparados para atender las necesidades específicas de estos alumnos ni pueden dedicarse a esos estudiantes dentro de un grupo de más de veinticinco niños. Arela recuerda con cariño a su maestro de primero de Primaria. También él había sido de altas capacidades y supo verlas en Arela. Ella agradecía las actividades específicas que preparaba su maestro. De hecho, durante nuestro encuentro, los tres hermanos tuvieron palabras de agradecimiento para los maestros que hasta ahora se han tomado el tiempo de atender sus necesidades específicas. Sin embargo, no ha sido esa la tónica general. Los Gil de Mingo han pasado por escuelas públicas y escuelas concertadas de Valdemoro, por una escuela de Aranjuez y han acabado en el colegio Mirasur de Pinto. Allí parecen haber encontrado lo que necesitaban. Pero el camino no ha sido fácil. Y no podemos pasar por alto el coste que implica llevar a tres hijos a una escuela privada. Los gastos en la formación de los tres hermanos no se acaban ahí y las ayudas que recibe la familia por tener tres hijos de altas capacidades son exiguas.

Pedro Fernández Sánchez me recibió en su despacho de la calle Gran Vía, en Madrid. Pedro es psicólogo y dirige el centro de psicología Mirabilia. Pedro trabaja para la Asociación Española de Superdotados y con Talento (AEST) para niños, adolescentes y adultos. Cuando llegué al despacho, Pedro salía de un taller de creatividad organizado para niños. Del aula salieron no más de diez niños y había sido coordinado por dos adultos. Los padres esperaban fuera. La atención con los padres y con los niños era altamente personalizada. El aula, a pesar de ser pequeña, no podía estar más desordenada. Pasamos a su despacho. Me explicó que AEST fue fundada en 1992 para dar servicio a los superdotados y a sus familias. AEST organiza actividades de ámbito científico, de ámbito creativo y de ámbito relacional y emocional. Pedro se ocupa de organizar algunos de los talleres de ámbito creativo y de ámbito relacional y emocional. Uno de esos talleres se ocupa de la prevención del acoso escolar, una situación frecuente para niños con altas capacidades. Pedro también trabaja con adolescentes, adultos, padres y madres de hijos con altas capacidades dándoles recursos para entender a sus hijos y para lidiar con su entorno.

Los talleres de AEST son, pues, un buen lugar de encuentro para niños con altas capacidades y para sus familias. Recuerdo lo que Alba de Mingo me contó sobre el primer día que se juntaron con otras familias de niños con altas capacidades. Uno de sus hijos rara vez se relacionaba con los demás niños en el parque. Sin embargo, aquel día, le bastaron diez minutos para romper sus barreras de desconfianza y se pasó todo el encuentro corriendo de un lado para otro con sus nuevos amigos. Pedro Fernández Sánchez me cuenta que ese tipo de situaciones se repiten con frecuencia. Al mismo tiempo, me advierte de que es muy fácil formar estereotipos desde fuera y creer que todos los niños de altas capacidades son iguales. Todo lo contrario. No podría haber más variedad de personalidades, actitudes y rendimientos. Dentro de un grupo de personas con altas capacidades podemos encontrar aquellos de alto rendimiento escolar y laboral, pero también podemos encontrarnos con otros con un rendimiento bajísimo.

Rafael y Alba me hablan de sus hijos: y los tres, Arela, Adriel y Arón comparten muchas de las características comunes a niños con altas capacidades: los tres son muy inteligentes, los tres tienen una memoria prodigiosa y los tres tienen una curiosidad a veces extenuante. Son muy creativos y tienen una imaginación desbordante. Arela, Adriel y Arón viven la vida y se enfrentan a su realidad cotidiana de manera muy intensa. Un mismo día puede ser el mejor y el peor día de su vida y todo puede cambiar en cuestión de segundos. Son muy sensibles. Les afectan mucho las críticas y las conductas de su entorno, que muchas veces no alcanzan a entender. Tienen en muchos aspectos la madurez de niños que les superan en edad y eso convierte en conflicto actitudes de sus compañeros que se comportan conforme a la edad que tienen. Son tremendamente literales. Todos tienen un gran sentido de la justicia y de la amistad, se toman como desplantes y traiciones lo que no dejan de ser actitudes normales en niños de su edad.

Pero cada uno de los tres tiene características muy personales. Arela es la más responsable de los tres. Desde muy pequeña, sorprendía con su capacidad de concentración y su responsabilidad en el colegio y en casa. En Infantil, con tan solo cuatro años, podía quedarse sentada leyendo y escribiendo durante gran cantidad de tiempo. Ha comenzado primero de la ESO un año antes de su edad. Le encanta bailar y debatir: hace danza española en Valdemoro y forma parte del club de debate del colegio. Participa también en el servicio de mediación. Allí, ayuda a sus compañeros a resolver conflictos sin la intervención directa de adultos. Está muy concienciada con la crisis climática y pertenece al movimiento de Fridays for Future. Acude a manifestaciones y sentadas, y siempre está pensando en cómo podemos reducir o reutilizar lo que consumimos y cómo ahorrar agua o energía. Le gustaría ser profesora y ya piensa en trabajar por varios países europeos y formarse en los mejores sistemas educativos del mundo.

Adriel cursa cuarto de Primaria, estando flexibilizado de forma parcial, lo que significa que ya cursa varias asignaturas en un curso superior al suyo. Según los últimos informes del Servicio de Orientación y Mediación de la Comunidad de Madrid, parece que el próximo año pasará directamente a sexto. Tiene una gran inteligencia social, es capaz de liderar grupos con facilidad y adaptarse a grupos diversos. Le encanta conocer el funcionamiento de las cosas, puede pasarse horas aprendiendo el funcionamiento de cualquier invento. Cuando sea más mayor, le gustaría ser ingeniero porque le encanta la robótica y las aplicaciones prácticas de las nuevas tecnologías. Toca la guitarra de maravilla. Hace un par de años, participó en un concierto de fin de curso en su academia de música en Valdemoro y, como nadie le dijo que no podía hacerlo, en lugar de tocar una pieza clásica como el resto de sus compañeros, decidió componer, con tan sólo siete años, su propia composición y tocarla en el teatro. Es un niño tremendamente sensible y tiene un corazón que no le cabe en el pecho. A veces le cuesta lidiar con la frustración, especialmente cuando no resuelve algún problema o se queda con la incertidumbre de aprender cómo funciona algo. Es el más movido de los tres, necesita estar haciendo cosas constantemente, tiene una gran habilidad haciendo origami o jugando a deportes de raqueta como el pádel y se le dan especialmente bien la programación y las matemáticas. El mes pasado participó en un concurso matemático y quedó, junto a sus compañeros, en el segundo puesto de la categoría de quinto y sexto de Primaria, cuando actualmente él cursa cuarto.

Arón, el más joven, estudia tercero de Primaria, salvo la asignatura de matemáticas, que la cursa con sus compañeros de cuarto. Según los últimos informes, es muy posible que también pase directamente a quinto el curso que viene. Es el más creativo de los tres. Tiene una forma de ver la vida muy especial. Está muy conectado a la naturaleza. Desde muy pequeño, le ha apasionado inventar mundos alternativos y crear aventuras y cuentos que transmitir a los demás. Era tan impresionante que Alba, su madre, llegó a plasmar en varios relatos el mundo mágico que Arón había creado. Lleva un cuaderno de campo con todas las plantas, bichos y animales con los que se encuentra. Le encanta estudiar y aprender cosas sobre ellos. De mayor, baraja ser guardabosques e investigador, viviendo en el campo para poder estudiar a los animales en su hábitat. Su animal favorito es el panda rojo. Le apasiona hacer experimentos y descubrir los secretos de la química. Tiene carácter, no se deja llevar fácilmente. Se puede enfrentar a cualquier persona por lo que él considera que viola sus principios. No entiende por qué no cuidamos nuestro planeta y muchas veces habla de lo poco inteligentes que son los humanos al destruir su entorno y matar a los animales que lo componen. Tiene su propio huerto en casa y su propia compostera plenamente operativa para conseguir el abono para sus plantas. No puede con las injusticias, puede discutir y argumentar hasta la extenuación para defender sus ideas y convicciones. A veces parece que su atención es difusa, y en cambio está atento a todo lo que ocurre a su alrededor. Está muy interesado en las artes. Ahora está pidiendo hacer escultura.

Tanto Alba como Rafael están muy comprometidos con la educación y formación de sus hijos. Los padres pertenecen a la Rebel Legion Spain y los niños a la Galactic Academy. Muchos fines de semana se enfundan sus trajes de jedis para visitar enfermos en hospitales (una de sus últimas misiones fue visitar las habitaciones del Infanta Elena en Valdemoro) o para recaudar fondos para distintas organizaciones y entidades con fines sociales. Los cinco disfrutan un montón las escape rooms, especialmente aquellas en las que la muerte, un concepto que les afecta mucho, no forma parte fundamental de la trama. Alba todavía se maravilla de la facilidad (siempre desde perspectivas y con enfoques distintos a los convencionales) con la que cada uno de sus hijos ha conseguido descubrir alguna de las pruebas más difíciles que se han encontrado en alguna de las escape rooms.

Los sábados por la mañana, gracias a una beca, los hermanos Gil de Mingo acuden a la sede de la Universidad San Pablo CEU en Alcorcón. Allí participan en el programa STEAM Talent Search. Este programa lleva desde 2010 preparando y promocionando la excelencia en matemáticas, neurociencia, robótica, ingeniería del software, ingeniería informática y ciencias computacionales. El programa STEAM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) está coordinado por Osvaldo Carrilho y Ana Ruiz Manahan. Ambos me recibieron en la universidad en uno de esos sábados en los que acudían los chicos. Osvaldo Carrilho me comentó que STEAM había nacido tras observar los éxitos alcanzados por algunos países del este de Europa. Éxitos basados en el trabajo y la especialización desde que los niños eran bien jóvenes. Osvaldo me dijo que STEAM era un buen lugar de encuentro para alumnos con altas capacidades, aunque él prefería el término inglés gifted kids (niños con un don). Pero STEAM es mucho más. Allí aceptan a todos los niños que muestran un alto interés por las matemáticas y las nuevas tecnologías, estén identificados o no con altas capacidades. Cualquier niño puede mejorar muchísimo si está interesado y practica desde pequeño. Osvaldo comparaba los programas de STEAM con las escuelas de fútbol. Por un lado está la genética. Por otro lado, el interés, el trabajo y la práctica.

Curiosamente, la ciudad de Normal, en Illinois, recibió su nombre porque albergaba la Illinois State Normal University, que equivalía a la Facultad de Magisterio de dicha universidad. A mediados del siglo XIX, en los Estados Unidos, las escuelas de magisterio se llamaban en inglés normal schools (escuelas normales), un concepto nacido en Francia y que reflejaba el espíritu de la época: las escuelas servían para inculcar una serie de normas en los estudiantes. Una vez los estudiantes asimilaran esas normas, ya serían niños normales. Me da la sensación de que, para bien o para mal, esos tiempos han cambiado. Los maestros y profesores deben recibir la formación necesaria para poder atender las diversas inquietudes y capacidades de cada uno de sus alumnos. El sistema educativo debe contemplar las fórmulas adecuadas para ayudar a que todos los estudiantes desarrollen su máximo potencial. La sociedad entera debe, como me sugirió el psicólogo Pedro Fernández Sánchez, observar con una nueva frescura las aportaciones a la sociedad de las personas con altas capacidades.

Entrevistas·Presentación

Entrevista con Sergio Parra

Antonio Pariente Cuesta (UCD, 1979-1983). José Huete López (PSOE, 1983-1999). Francisco J. Granados Lerena (PP, 1999-2003). José Miguel Moreno Torres (PP, 2003-2011). José Carlos Boza (PP, 2011-2014). David Conde (PP, 2014-2015). Guillermo Gross (Ciudadanos, 2015-2017). Serafín Faraldos (PSOE, 2017-2019). El 15 de junio de 2019, Sergio Parra Perales, de Ciudadanos, se convirtió en el noveno alcalde de Valdemoro desde las elecciones democráticas de 1979.

Sergio Parra nació en 1985 en Valdemoro. Me recibe puntual en su despacho. Es más alto de lo que a mí se me había antojado en un primer momento, cuando me había cruzado con él por la calle. La barba le aporta un aire de seriedad y, en la distancia, puede hacerle parecer algo mayor de lo que es. Sin embargo, en el cara a cara, un brillo en los ojos y una sonrisa constantes despejan toda duda sobre su edad y su carácter afable. Sergio es generoso con su tiempo a la hora de concederme esta entrevista. Responde de forma espontánea a cada una de mis preguntas y se presenta sincero hasta cuando se queda callado.

Para que podamos conocerte mejor, podrías empezar hablando de tu familia.

            Mis padres son ambos castellano-manchegos, de la provincia de Ciudad Real. Somos cuatro hermanos, mi hermana mayor y tres chicos. Yo soy el más joven de los cuatro. Todos vivimos en Valdemoro en estos momentos. Mi padre trabajó toda su vida en la construcción. Empezó desde abajo y llegó a ser gerente de una constructora. El resto de mi familia se dedicaba al campo. En ocasiones, hasta fueron a Francia como temporeros, en diversas campañas en el extranjero. Cuando se casaron mis padres y comenzaron a tener hijos, mi madre dejó el trabajo y se dedicó a la casa y a nosotros. A comienzos de los ochenta, mi padre vino a trabajar temporalmente a Valdemoro y le gustó mucho. Vio que había posibilidades laborales en esta zona de Madrid y mis padres decidieron mudarse a Valdemoro. Todos mis hermanos habían nacido en Castilla-La Mancha. Yo nací aquí.

Fuiste, entonces, a las escuelas de nuestra localidad.

Primero fui al Rosario (CEIP Nuestra Señora del Rosario), para estar con todos mis hermanos. Cuando pasaron al instituto, en mi último año de primaria, me cambié al CEIP Vicente Aleixandre por proximidad a nuestra casa. Luego fui al IES Avalón. Creo que formé parte de la primera promoción del instituto. Disfruté mucho de mi época escolar y me llevaba bastante bien con los profesores. Por eso, tuve un reencuentro muy agradable con algunos de ellos cuando me hice cargo de las competencias de Educación como nuevo concejal en 2015.

¿Tienes estudios universitarios?

Cuando terminé el instituto, España vivía su bonanza económica y comencé a trabajar. Era el auge del negocio inmobiliario y aprendí mucho en diversas posiciones de este sector. Me aportó una experiencia laboral importantísima. Fui previsor, ahorré algo de dinero y entonces sí, decidí estudiar una carrera universitaria. Pude hacerlo sin tener que depender de mis padres. Comencé el grado de Administración y Dirección de Empresas en la UNED. Mi intención es terminarlo, pero aún tengo pendiente el último año. Lo dejé en suspenso hasta que disponga del tiempo suficiente. En 2014 decidí unirme al proyecto de Ciudadanos y, desde entonces, los días no me dan para más.

¿Es ese el primer momento en el que te interesas por la política?

No recuerdo exactamente cuántos años tenía, pero, cuando era un adolescente, me afilié a las Juventudes Socialistas de España, aquí en Valdemoro. No recuerdo tampoco qué me llevó a hacerlo. Lo que sí recuerdo es que lo que me encontré no era lo que me esperaba. Estuve unos seis meses y me di de baja. Con Ciudadanos, fue todo muy diferente. Recuerdo que Albert Rivera me inspiró cuando lo vi aparecer en la escena política española y su primer libro, Juntos podemos, el futuro está en nuestras manos, me confirmó que compartía muchas de sus ideas. Cuando me uní a Ciudadanos, el partido político comenzaba su andadura en Madrid, así que viví en primera persona cómo se fue configurando y asistí a muchas de esas primeras reuniones en las que estaban algunos de los líderes actuales del partido; fueron momentos muy especiales, llenos de ilusión en los que muchos españoles, muchos madrileños, nos unimos para mostrar nuestra insatisfacción con la situación política española.

Te unes a Ciudadanos en 2014 y en mayo de 2015 ganáis las elecciones municipales en Valdemoro.

            Fue una sorpresa. A finales de octubre de 2014, comienzan las detenciones de la Operación Púnica, aunque en la localidad ya se barruntaba algo, y al año siguiente, los valdemoreños apostaron por nosotros. A todos nos pilló verdaderamente por sorpresa. Guillermo Gross, el nuevo alcalde de Ciudadanos, tuvo que dejar su trabajo en Google y a mí me pasó algo parecido. He vivido en Valdemoro toda mi vida, pero a finales de 2014, conseguí trabajo en una cadena de clínicas dentales en Tomelloso (Ciudad Real). No está tan lejos de Valdemoro, apenas a hora y media de coche, pero, como mis padres todavía tienen allí la casa, me mudé a Tomelloso. No llevaba allí ni seis meses cuando ganamos las elecciones y Guillermo me dice que cuenta conmigo para el nuevo gobierno municipal. Fueron días intensos. Apenas pude avisar en el trabajo, me volví a Valdemoro y me tocó hacer la mudanza de vuelta a plazos: ganando alguna tarde a la apasionante tarea de poner en marcha un nuevo proyecto de gobierno y los fines de semana, llenando hasta arriba el coche y trayéndome de vuelta todas mis cosas.

Dos años de gobierno de Ciudadanos y el 14 de julio de 2017, fruto del acuerdo entre los grupos PSOE, Ganemos-GAV, Proyecto TUD e IUCM, prosperó la moción de censura encabezada por el socialista Serafín Faraldos, quedando este investido alcalde.

Cuando recordamos este momento siempre bromeamos que lo hicimos todo al revés. Normalmente, quien decide dedicarse a la función pública desde la política comienza en la oposición y luego llega al gobierno. Nosotros entramos directamente al gobierno y luego, tras la moción de censura, pasamos a la oposición. Formar parte del equipo municipal fue una experiencia inolvidable. Confirmamos todas las cosas que se podían hacer desde las decisiones de gobierno y fue un placer trabajar junto a Guillermo y el resto de aquel equipo. Fue una pena no poder terminar la legislatura porque creo que estábamos haciendo muchas cosas bien. Guillermo siguió como concejal y líder de la oposición hasta enero de 2018. Entonces tuvo que dejarlo y yo tomé el relevo. Los valdemoreños nos habían elegido para cuatro años y, dentro o fuera del gobierno, yo mantuve el compromiso de completar la legislatura como concejal.

En las Elecciones Municipales del 26 de mayo de 2019, en Valdemoro, ganó el PSOE, obteniendo nueve concejales. Ciudadanos fue la segunda fuerza más votada, obteniendo siete concejales.

Puede parecer increíble, pero lo cierto es que llegamos al 15 de junio, al día de la investidura, sin saber si iba a ser alcalde o no. El pleno de investidura se celebró en el Teatro Municipal Juan Prado, puesto que desde hace ya tiempo estas primeras sesiones se celebran en este espacio por su mayor capacidad, y recuerdo nítidamente que estaba a punto de comenzar y aún estábamos entre las bambalinas del escenario hablando por el móvil e intentando cerrar un acuerdo. Yo llevaba preparados dos discursos, uno como nuevo alcalde y otro como líder de la oposición. Al final, conseguimos un gobierno municipal en solitario, apoyado por los votos de los cinco concejales de VOX y los tres concejales del PP, frente a los votos de los nueve concejales del PSOE y el voto del concejal de Más Madrid.

Y tu vida cambió por completo.

Así es. Entendí en toda su dimensión el vértigo que produce tanta responsabilidad y que todos estén pendientes de ti, a pasar a ser el centro de las miradas de los demás. La verdad es que como concejal, a pesar de que la responsabilidad también era importante, nunca tuve esa sensación. Sin embargo, acceder a la alcaldía lo cambió todo. Incluso hacer cosas habituales y comunes ahora llama la atención. Vas al supermercado y percibes que la gente se fija hasta en el carrito de la compra. Supongo que uno se va acostumbrando, pero, al principio, era una sensación muy rara. Añádele que tu trabajo se convierte en una tarea que se desarrolla las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, porque incluso los fines de semana hay que atender los compromisos de representación institucional. Y eso definitivamente afecta a tus relaciones con los demás, con tu familia, con tus amigos, al tiempo que tienes para dedicarles. Ahora, que apenas tengo un rato para ir a comer, aprovecho para ir a casa de mis padres, que viven cerca del ayuntamiento y, de esta manera, me aseguro de verlos y, de paso, comer bien.

¿Encuentras momentos para hacer cosas que te gustan?

Lo que más me gusta es pasar tiempo con la familia y con los amigos. A la familia ya he dicho que la veo siempre que puedo. Lo que sí siento es que a mis amigos los tengo bastante abandonados desde que soy alcalde. Intento buscar momentos para ellos, pero es muy difícil. Y también he conseguido sacar tiempo para mí, para pasear, para reflexionar, para escuchar música. A eso me ayuda Coco, el Shih Tzu que me acompaña desde hace poco más de un año y que se ha convertido en mi compañero de paseos y en imprescindible suministrador de alegrías.

¿Cuáles son tus objetivos para esta legislatura?

En primer lugar, estoy muy contento con mi equipo de gobierno. Me gustaría poder terminar, con ellos, esta legislatura. En mayo del año pasado, obtuvimos la confianza de los valdemoreños al otorgarnos alrededor del 24 % de los votos y en estos momentos, como alcalde, como impulsor del gobierno municipal, nuestro primer y principal compromiso es servir a todos los valdemoreños. Nuestra hoja de ruta es recuperar Valdemoro para los valdemoreños, recuperar los servicios públicos ahora amenazados. Trabajamos para que las calles de Valdemoro estén más limpias, que nuestras instalaciones escolares estén en condiciones para ofrecer una educación de calidad; esperamos que se abra el nuevo instituto de secundaria en el barrio del Hospital, que la Comunidad de Madrid cumpla sus compromisos y concluya lo comprometido. Que ponga en marcha, de una vez, el tercer centro de salud, un nuevo colegio y, a la mayor brevedad, el de educación especial; queremos atender también las necesidades de nuestros mayores; sanear, en lo posible, las arcas municipales. Si echas un vistazo a la periferia, Valdemoro es una ciudad que sigue creciendo. En Valdemoro se sigue construyendo y esto va a reportar posiblemente más recursos, pero también va a significar que deberemos asegurar servicios a más valdemoreños. Para conseguirlo, necesitaremos aprobar unos presupuestos equilibrados. Todo esto supone un reto apasionante.

¿La trama Púnica sigue siendo un lastre para la política y el gobierno de Valdemoro?

No podemos olvidarnos de que la trama Púnica está ahora en manos de los tribunales y el Ayuntamiento de Valdemoro solo puede pasar a la acción, tomando decisiones, conforme los tribunales vayan decidiendo y dictando sentencia sobre los distintos asuntos que comprende esta causa. En este contexto tenemos muchas decisiones pendientes, por ejemplo, la que afecta a los terrenos donde está el complejo deportivo Supera. De todas formas, siempre se pueden tomar medidas para evitar la corrupción. El gobierno municipal que yo presido propone el acento en una transparencia plena. Debemos reunirnos con todo el mundo, pero las reuniones deben hacerse públicas y debemos asegurarnos de que las decisiones que se tomen en esas reuniones se hagan públicas también.

No hemos hablado de ocio y cultura. Muchos jóvenes valdemoreños prefieren salir por Madrid en vez de salir por Valdemoro. Hay veces que prefieren salir por Pinto antes que por Valdemoro.

Si hablamos de cultura, estoy muy orgulloso de la oferta cultural que ofrece el Ayuntamiento. Creo que el equipo de Isabel Mesa hace un trabajo estupendo. De hecho, la Concejalía de Cultura se ha ido convirtiendo progresivamente en una de mis favoritas, en la joya de este Ayuntamiento. En cuanto al supuesto déficit de las zonas de ocio donde pueden divertirse los jóvenes, creo que es algo que se reitera con cada nueva generación, con demandas, con modas que les llevan a otros municipios cercanos y, dada la cercanía, siempre a Madrid aprovechando la proximidad y la facilidad del transporte público. El caso de Madrid es evidente. Es difícil que Valdemoro pueda ofrecer todo lo que ofrece Madrid y, aun así, creo que, hoy en día, en Valdemoro hay una oferta de ocio bastante interesante.

El partido de Ciudadanos, tu partido, está en un momento decisivo, tras la debacle electoral de diciembre y la subsiguiente dimisión de su líder y fundador, Albert Rivera. ¿Qué dirección te gustaría que tomara Ciudadanos a partir del próximo congreso extraordinario que tendrá lugar en marzo?

Me gustaría que Inés Arrimadas se presentase para tomar el relevo de Albert Rivera y saliese elegida presidenta del partido. Me gustaría que la nueva ejecutiva que saliese de ese congreso recuperase ese centro político que nos ayudó a crecer tanto en nuestros inicios y que despertó tantas ilusiones entre los españoles.

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Tengo la sensación de que Sergio Parra es consciente de la fragilidad de su gobierno en minoría. Y, al mismo tiempo, creo que también sabe que su fortaleza basa sus cimientos en la fragilidad del resto de los grupos políticos. Es el signo de los tiempos. En España, vivimos un momento en el que impera el multipartidismo. Un momento en el que el éxito del gobierno municipal dependerá en menor porcentaje del buen trabajo del alcalde y de su equipo, y dependerá en mayor proporción del buen trabajo de los partidos en la oposición. Del buen trabajo de los funcionarios del Ayuntamiento. Del buen trabajo de los empresarios de la localidad. Del buen trabajo de cada uno de los valdemoreños. De cada uno de nosotros. De ti. Y de mí.

Cuentos Probeta

Everest

La exuberante y, a la par, exótica diosa del pop Linda Rumfilled decidió escalar el Everest junto a dos de sus más fervientes y apuestos pretendientes. Durante el ascenso a la montaña, se decantó por Ricky Ribsrack. Con él compartió varias noches apasionadas que pusieron a prueba la isotermia y la doble costura de la tienda de campaña. Sin embargo, una vez alcanzaron la cima y comenzaron el descenso, Linda Rumfilled se pasó a la tienda de Jack Stake, con quien acabó casándose y con el que, en la actualidad, tiene tres hijos. En una reciente entrevista, Ricky Ribsrack se consolaba diciendo que, al menos, podía decir que él había sido el amor de subida.

Cuentos Probeta

Amor sideral

Jamás lo comprendiste. Cuando os conocisteis en el centro de reclutamiento de aeronautas para viajar a Marte, el flechazo fue fulminante. Vuestros pies se separaron del suelo mucho antes de que vuestros compañeros entraran en el simulador de gravedad cero. Ese verano, los dos os acostabais sobre la hierba fresca del parque y, juntos, mirabais a las estrellas. Tú hablabas de ir a Júpiter o, incluso, de llegar al mismísimo Plutón. Él solo quería a Marte.

Entrevistas

Entrevista con Eduardo Torrico

Los seres humanos, a lo largo de sus dilatadas vidas, crecen por dentro y por fuera. Los artistas no son una excepción. Los artistas van creciendo por dentro y por fuera. Y ambos crecimientos son importantes para el autor y su obra porque el crecimiento hacia el exterior influye en el interior y porque el crecimiento interno condiciona el externo. Conviene que ambos crecimientos muestren líneas paralelas: el éxito de la obra da confianza al artista para que siga creando y la madurez del autor permite una evolución de su obra. Pero, en muchas ocasiones, los artistas triunfan de forma demasiado rápida y la vertiginosa digestión del éxito no les permite continuar su obra de forma adecuada. Se atragantan.

Levanto la cabeza y entra, puntual, Eduardo Torrico, que me despierta de mis divagaciones. Hemos quedado para la entrevista en una cafetería del centro, muy cerca de la plaza de la Constitución. Intercambiamos un saludo de cortesía. Tal vez nos hayamos cruzado por las calles de Valdemoro en múltiples ocasiones, pero es la primera vez que nos sentamos en frente, el uno del otro, para hablar. Le agradezco el que me haya concedido la entrevista y él, a su vez, me agradece que le entrevistemos para La revista de Valdemoro.

  • No me considero un artista. Nunca me he considerado un artista – comienza Eduardo–. Tiene su lado bueno porque, para poder vivir del arte, tienes que aceptar encargos y esos encargos pueden cohibir tu obra.

Entiendo lo que dice. Hace falta ser un genio para poder hacer lo que te dé la gana como artista. Lo miro a los ojos y descubro que sus palabras no son fruto de una falsa modestia.

  • Terminé mis estudios de Formación Profesional y me puse a trabajar – continúa Eduardo–. Nunca me planteé algo diferente. Nunca se sabe qué es mejor, estudiar o trabajar. En mi caso, creo que acerté. Cuando terminé FP, yo quería trabajar y no me ha ido del todo mal. Estuve veintiún años trabajando en una fábrica de muebles en Valdemoro. Con la misma gente, trabajé un año más en Toledo. Luego trabajé casi nueve años en la construcción; un año de cerrajero y, en la actualidad, llevo nueve años trabajando para una empresa relacionada con el AVE y el Metro de Madrid.

Intento esconder mi sorpresa. Hay un artista dentro de mi interlocutor. Vi su última exposición, Mundos fantásticos, en la biblioteca Ana María Matute el pasado octubre y me encantó. Los colores y la luz de los Valdemoros post-apocalípticos que presentaba en sus cuadros me cautivaron. Sé que esas ideas no se le ocurren a cualquiera y sé que no pueden ser fruto de una mera idea feliz. Sé que hay un artista dentro de Eduardo Torrico y tengo que sacarlo a la luz tarde o temprano.

  • He pintado toda mi vida. A los trece años, en séptimo de EGB, me di cuenta de que me gustaba mucho el dibujo. Desde entonces no he dejado de dibujar y pintar. Ya tenía treinta y dos años cuando me apunté a clases de pintura en la Universidad Popular de Valdemoro. Allí, Cecilia, una profesora de arte argentina, me ayudó mucho. Las clases fueron muy útiles. La profesora te marcaba las pautas, te instruía en el dibujo y pintura clásica. Creo que mejoré mucho.

Eduardo Torrico nació en Valdemoro en 1961. Es uno de los últimos valdemoreños que nacieron en el pueblo. A comienzos de los años sesenta, las mujeres dejaron de dar a luz en sus casas y comenzaron a ir a los hospitales de la capital para tener allí a sus hijos. Habría que esperar hasta finales del año 2007, cuando abrió el Hospital Infanta Elena, para que los valdemoreños volvieran a nacer dentro del término municipal de Valdemoro. Eduardo nació en una casita de la Cuesta de la Villa. La única casa que había en ese lado de la calle en aquellos años.

  • Pinto todos los días después de comer. Me ducho y me pongo a pintar. La única temporada en la que no pinté por las tardes fue cuando trabajaba para la empresa de construcción. Entonces no tenía tiempo para pintar. Soy disciplinado e indisciplinado a la vez. Pinto todos las tardes, pero, de rato en rato, me levanto y me voy al cuarto de estar para ver la tele con mi mujer.
  • Tendrás la casa llena con tus cuadros – le digo mirándolo a los ojos.
  • Tengo muy pocas cosas a la vista. Ni siquiera tengo un cuarto a modo de estudio. Además, ahora ya no pinto al óleo. Solamente uso acrílico, que es más limpio y no huele. Trabajo en mi habitación, que es donde tengo el ordenador. Tengo un mueble con un cajoncito y ahí lo guardo todo. Si vienes a mi casa, lo que sí encontrarás son muchos libros de arte.

A Eduardo le encanta recorrer los tres museos principales de Madrid. Su favorito es el museo Reina Sofía. Le gusta mucho el arte moderno y contemporáneo. Le pregunto sobre sus tres artistas favoritos.

  • Me gusta mucho Juan Gris. También disfruto mucho con el trabajo de Eduardo Naranjo. Sus primeras obras con ladrillos siempre me rondan por la cabeza. El tercero sería algo obvio: Velázquez. Por eso, voy a inclinarme por Pablo Genovés. Lo descubrí hace poco y me di cuenta de que hacemos cosas similares. Mi hija me mandó algunas fotos de su obra y me dijo, cargada de humor, que se había copiado de mí. Es, sobre todo, fotógrafo y, por supuesto, mucho mejor que yo.

Es curioso: la obra de Eduardo Torrico es esencialmente figurativa. Sin embargo, se siente atraído por autores contemporáneos más abstractos.

  • Me gusta el hecho de que, en el arte contemporáneo, lo que expresas sea más importante que el cómo lo has hecho. Me encanta ver lo que expresan y me gusta disfrutar cómo han conseguido expresarlo. Lo que está bien hecho enseguida destaca.

Laura, la única hija de Eduardo, es también artista.

  • Supongo que influyó algo el que creciera rodeada de mis cuadros. A finales de la ESO, decidió estudiar el Bachillerato Artístico. Como no pudo hacerlo en Valdemoro, se fue a Aranjuez. Después, estudió un año en una academia para entrar en la Facultad de Bellas Artes, también en Aranjuez. De alguna forma, mi hija no fue la única que estudió Bellas Artes. Por un lado, le ayudé como transportista para llevar sus obras de gran tamaño a las exposiciones. Cuando le encargaban proyectos, yo intentaba hacerlos por mi cuenta. Cuando le pedían que estudiase a algún artista, yo buscaba la información en internet. Descubrí a muchos autores de los que no había oído hablar nunca. Aprendí mucho. Mi hija me ha ayudado mucho. Por ejemplo, me enseñó un par de nociones del programa Paint y es lo que uso actualmente para mis composiciones.

Los artistas crecen por dentro y por fuera. Tengo la sensación de que el artista Eduardo Torrico no ha dejado de crecer por dentro desde 7º de EGB. Sin embargo, el artista Eduardo Torrico apenas ha comenzado a crecer por fuera. Eso le permite mostrar una frescura artística inusual para su edad. En cuanto se puso a crecer por fuera, fue galardonado en dos ediciones del Certamen de Pintura Rápida Villa de Valdemoro; en la sexta fue seleccionado mejor artista local y, en la séptima, se le otorgó el primer premio. Y, pronto, consiguió su primera exposición individual.

  • En 2010, me quedé sin trabajo. Tenía cuarenta y nueve años y me decían que era demasiado viejo para encontrar un nuevo empleo. No nos podemos jubilar hasta pasados los sesenta y cinco años y, a los cincuenta, ya somos demasiado mayores para encontrar trabajo. Sin embargo, esta situación me permitió trabajar duro para mi exposición en solitario «Diario de un parado». Tuvo lugar en el salón de exposiciones del Centro Cultural Juan Prado. La mayoría de los cuadros eran catástrofes, que sucedían en Valdemoro, apareciendo así lugares muy conocidos del pueblo como el convento de las Clarisas, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la plaza de la Constitución, la Fuente de la Villa, etc. Eran catástrofes relacionadas con el calentamiento global y el deshielo.

Eduardo me dice que se conforma con que la gente vea los cuadros de sus exposiciones y les guste. Su intención con esa exposición era también despertar conciencias sobre el cambio climático. Quería hacer ver que las catástrofes climáticas podrían ocurrir en cualquier lugar, incluso en Valdemoro. El día de la inauguración, el 11 de marzo de 2011, tuvo lugar el tsunami de Japón en el que hubo numerosas víctimas y se produjeron terribles daños en una central nuclear. La gente que fue a la exposición vio los cuadros como premonitorios. Acababan de ver los efectos del tsunami en el telediario y volvían a verlos en los cuadros de Eduardo. Para colmo, uno de los cuadros giraba en torno a los atentados terroristas de Atocha que, casualmente, cumplían su séptimo aniversario ese mismo día.

  • Como estaba parado, me dio tiempo a prepararla bien. Había un tríptico sobre el deshielo y Valdemoro aparecía inundado por completo. Es dramático, pero, a la vez, es bello. Eso sí, todos los cuadros aparecían sin víctimas. Es como si los seres humanos hubiésemos desaparecido de la faz de la Tierra.

Aunque Eduardo consiguió trabajo, el crecimiento hacia fuera del artista ya era imparable. En 2012 presentó su cuarta exposición en solitario, «Crónicas de un futuro imperfecto». Eduardo continuaba ofreciendo una visión pesimista y catastrofista de lo que está por venir. En la entrevista que le hicieron para El Semanal, Eduardo explicaba: «Con lo que está cayendo, no me apetece reflejar mundos idílicos, solo me puedo imaginar un futuro en el que el tan demandado estado de bienestar se empieza a diluir entre tantos problemas económicos».

El artista Eduardo Torrico encontró otro lugar para crecer hacia afuera. Descubrió la página web de Talents United.

  • Ahora parece que está un poco más parada, pero, hace unos años, la plataforma de Talents United funcionaba muy bien. Proponía retos o pequeños concursos artísticos y gané unos cuantos. Solían ser premios de cincuenta o cien euros, pero suponían un gran aliciente. En 2015, participé en una actividad artística que pretendía promocionar el lanzamiento de los Pigment Markers, de la empresa Winsor & Newton. Se trataba de unos rotuladores que parecían acuarelas. Necesitaban un papel especial, como si fuera papel fotográfico. La idea era llevar a cabo un lanzamiento mundial. En España participaron artistas de hasta nueve ciudades diferentes. Yo fui uno de los elegidos para Madrid. Nos enviaron papel y rotuladores unos días antes y a mí me tocó estar pintando en vivo en la plaza de Callao. Además, cuando terminó el evento, seleccionaron mi obra y la expusieron junto a las favoritas.

Es en la plataforma de Talents United donde Eduardo ha tenido más proyección nacional e internacional. Podemos disfrutar allí de algunas de sus colecciones en http://www.talentsunited.com/eduardo-2005. Gracias al perfil que Eduardo creó en esta página web, podemos descubrir parte de la declaración de intenciones de nuestro artista. Allí se define de la siguiente forma: «Pintor y dibujante. Aprendo técnicas de los jóvenes. Vivo del AVE, pero voy mucho más lento. La luz al final del túnel es un puntito borroso». Arranco dos frases más que Eduardo escribió en su perfil para hablar de su obra:

«Lo que hago es realismo mágico o fantástico».

«Como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme».

La plataforma Talents United me permite también descubrir una faceta artística más de Eduardo Torrico. En agosto de 2015 y en febrero de 2016 publicó dos artículos sobre arte en el blog de la organización. El primero giraba en torno a la censura. Era un artículo serio que criticaba el doble rasero utilizado a la hora de censurar por parte del poder. En la final de la Copa del Rey de ese año, los seguidores de ambas aficiones habían abucheado al rey de España y el Gobierno había mostrado una permisividad increíble. Claro, se trataba del todopoderoso mundo del fútbol. Sin embargo, esa permisividad había desaparecido cuando el Gobierno había prohibido una exposición del artista Ausín Sainz en Salamanca debido a que se mostraba muy crítica con el poder. El segundo artículo trataba de tres iconos publicitarios que se habían convertido en algo más que una campaña publicitaria. En el escrito, Eduardo hablaba ordenadamente del indulto otorgado al toro de Osborne que adorna nuestras carreteras por todo el país y que se ha convertido en uno de los símbolos patrios; hablaba también del Santa Claus vestido de rojo de Coca-Cola y, por último, del muñeco de Michelin. En los dos artículos, Eduardo Torrico demostraba toda su madurez artística interna y todo su criterio como artista.

  • Como te he dicho, llevo toda la vida pintando. Lo que más he manejado son los pinceles y es lo que más me cuesta. Empiezo a pintar y me lleno de dudas. Pero esas dudas me mantienen vivo. El lapicero y la tinta son rápidos, me plantean menos dudas. En cuanto me pongo a trabajar, se genera una tensión. Es algo interior. Todo eso me lleva a seguir pintando cada día. Pero, además de pintar, llevo toda la vida recibiendo estímulos artísticos. De joven, me gustaban los cómics. Creo que mi obra actual está muy conectada con el mundo del cómic, tanto en la temática como en la forma. Durante mi juventud, disfrutaba mucho de los cómics de superhéroes, pero también de los cómics españoles como el Víbora. La gente compraba cómics, libros, discos. Algunas de las portadas de los discos de vinilo eran verdaderas obras de arte. Ahora parece que la gente no compra nada. Parece que sale todo de internet por arte de magia.
  • Como artista, supongo que es muy difícil vender tu obra – le interrumpo.
  • En el pasado, he vendido muy poco. He hecho encargos. Paisajes de Valdemoro. Hacía fotos y luego pintaba reproducciones ampliadas de esas fotos a partir de las cuadrículas tradicionales. La gente venía a las exposiciones, pero no compraban ningún cuadro. Aparentemente son demasiado caros para sus bolsillos. Un día vi una película de Tim Burton (Big Eyes, 2014, con Amy Adams y Christoph Waltz). Estaba basada en la historia de la artista Margaret Keane y su marido Walter Keane, que se atribuía, de cara al público, la obra de su esposa. Walter, que era, sobre todo, un gran vendedor, se dio cuenta de que el gran público no compraba los cuadros de las exposiciones, pero se llevaban los carteles que las anunciaban. Así que se puso a vender esos pósteres promocionales de las exposiciones. En estos momentos sigo vendiendo impresiones de algunas de las obras que expuse en octubre. No deja de ser mi obra, pero, como son copias, sale más barato. La gente viene por casa y, de paso, les enseño algunas de mis piezas anteriores y comienzo a mostrar algunos de los trabajos que estoy haciendo ahora. Estoy haciendo una serie con árboles. Se trataría de los últimos árboles de La Tierra. Suelo colocar un árbol en primer plano, en un lugar elevado y la gran ciudad de fondo.

Me pregunto en voz alta si, dentro de la obra de Eduardo, hay espacio para el optimismo.

  • Claro que sí, – contesta Eduardo – de lo contrario no pintaría mis cuadros con tanta luz. Todavía tenemos tiempo. Creo que las nuevas generaciones están más concienciadas que nosotros y nos van a sorprender con sus soluciones. La esperanza, el optimismo, está en la reconstrucción. En uno de mis cuadros, el único que muestra una figura humana, aparece un hombre construyendo un molino de viento. Todavía estamos a tiempo para evitar el final de El planeta de los simios.

Después de todo, a Eduardo Torrico le gusta el realismo mágico. Es posible que el realismo nos empuje al pesimismo, pero la magia es siempre magia. La magia nos invita al optimismo. Mientras apago la grabadora de voz y comenzamos a despedirnos, imagino un libro con ilustraciones de Eduardo Torrico y saboreo mis proyecciones mentales. Él me dice que no le importaría ilustrar un libro. Salimos del calor de la cafetería al Valdemoro de un martes en una tarde-noche de invierno. Caminamos juntos durante un rato hasta que se separan nuestros caminos. No hay nadie más en las calles. Como en los cuadros de Eduardo. Parecemos los últimos habitantes del planeta, navegando por la noche como Max Estrella y su infiel amigo (y representante) don Latino de Hispalis. A Valdemoro solo le falta un callejón del Gato…

Entrevistas

Entrevista con Robertti Gamarra

Cada uno de nosotros lleva una novela dentro. Cada ser humano lleva una historia tatuada en su bajo vientre. Una historia cuya suciedad se acumula en nuestro apéndice hasta que lo inflama y estalla. No hay vida anodina si el narrador sabe contarla. Y aquí es donde el asunto se vuelve borgiano: hay 7 745 933 494 habitantes en el mundo. 7 745 933 495. 7 745 933 496. 7 745 933 497… La población no deja de crecer. En la actualidad, la población mundial aumenta a un ritmo de 225.000 habitantes por día. Lo equivalente a tres Valdemoros. No solo hay 7 745 934 455 novelas en el mundo (7 745 934 456, 7 745 934 457, 7 745 934 458…), sino que, diariamente, aumenta el número de novelas en unas 225.000.

Cada uno de nosotros lleva una novela dentro. Los narradores hábiles saben trocear en cómodos fascículos su propia historia, la que tienen marcada en la piel a hierro y fuego, para que sus lectores puedan digerirla con más facilidad. A cada uno de esos fascículos le ponen un título diferente, pero no dejan de ser parte de la misma novela. Y esa novela que todos llevamos dentro se forja desde nuestro nacimiento con nuestras vivencias, con nuestras heridas, con nuestras cicatrices. Por eso no es lo mismo haber nacido rico que pobre. Alto que bajo. Gordo que flaco. No es lo mismo haber nacido en España que en Vietnam. Todo eso marca la novela que todos llevamos dentro.

Robertti Gamarra nació en Tavai, en Paraguay, cerquita del Parque Nacional Iguazú y, por lo tanto, vecino a la frontera con Argentina y Brasil. Paraguay es el único país de América del Sur que nunca ha tenido mar. Me pregunto si eso enriquece la novela personal de un ser humano. Desde niño, Robertti desarrolló tres estómagos (metafóricamente hablando, claro) para comenzar a rumiar sus historias. Para ordenar sus experiencias, sus lecturas, sus obsesiones. Vivió en Asunción, la capital, estuvo una temporada en Uruguay y, luego, se vino para España hace ya treinta años. Cuando llegó a Madrid, con apenas cincuenta dólares en los bolsillos. Él quería ser escritor y, nada más llegar, lo contrataron para escribir guiones para una línea erótica de teléfono. Recién llegado, conoció a la que ahora es su mujer y madre de sus tres hijos. Lleno de iniciativas, desarrolló varias empresas privadas a menudo alrededor de la cultura y los libros, creando bibliotecas y colaborando con la administración. La crisis económica los trajo a Valdemoro donde viven desde hace nueve años. Robertti reflexiona y se da cuenta de que es la primera vez en muchos años que no tiene su propia empresa. La primera vez en muchos años que trabaja para alguien.

Me recibe amablemente en su casa. Allí, tranquilos, nos entrevistamos.

¿Cuándo nace esa inquietud literaria que te empuja a escribir?

Nosotros somos del campo. Me crié con mi madre. Éramos dos hermanos y dos hermanas. Allí no había una conexión posible con el mundo de la literatura. Sin embargo, a mí me gustó, desde siempre, coleccionar libros y tener mi pequeña biblioteca. Leía lo que podía. Empecé leyendo cómics. Luego pasé a esos libritos pequeños de cowboys. Era lo que había. Comencé a trabajar cuando tenía seis años. Y no trabajaba para cubrir mis necesidades, sino para mantener a los mayores. Yo escribo por la niñez que tuve. Nací en una sociedad en la que el niño no pinta nada. Y esa fue mi suerte. Allí el niño no tenía ni voz ni voto. Eso no impide que uno piense y sienta cosas. Las piensas y las sientes, pero no las puedes compartir. Todo eso me ayudó a crear una red de historias personales en mi interior. En mi opinión, esta habilidad se convirtió en una virtud. Es una habilidad que se va desarrollando desde que eres niño y que mejora con cada año que pasa. Y, a partir de ahí, tengo la necesidad de contar esas historias. En mi caso, me resulta más fácil hacerlo por escrito que de forma oral.

Os mudasteis a Asunción, la capital de tu país, y allí estudiaste en la universidad.

Estudié la carrera de periodismo. Mientras estaba en la universidad, me puse a trabajar en la radio, más tarde en la televisión, me uní a un grupo de teatro callejero… En esos años, leía mucho. Me puse a leer obras clásicas. Leía mucho teatro. Teatro clásico. Siglo de Oro y teatro grecorromano: Calderón de la Barca, Shakespeare, Sófocles, Eurípides…

¿Cómo fue tu experiencia con el teatro?

Estamos hablando de la época de la dictadura. Teníamos un grupo de teatro callejero que se llamaba El Chacal. Éramos muy reivindicativos. Eran siempre obras muy sociales. En contra de la dictadura de Stroessner, que duró hasta 1989, pero que, en esos últimos años, era ya más permisiva. Aun así, ya sabes, éramos teatro callejero y, por lo tanto, nos movíamos con rapidez. Montas la obra acá y la desmontas rápidamente siempre que sea necesario.

Y trabajaste en la radio y la televisión.

Sí, siempre dentro de mi conciencia y activismos sociales. Para nosotros, la radio y la televisión resultaban medios muy revolucionarios. Para la radio, elaboramos materiales didácticos para los campesinos. Se trataba de obras teatrales radiofónicas. Más que de entretenimiento, eran de concienciación. A través de esas obras, les enseñábamos sobre los derechos del campesinado, sobre los derechos de la mujer… Con la televisión, pude trabajar como productor de documentales. Recuerdo, por ejemplo, un programa que realizamos en Brasil sobre los sem terra, los sin tierra, un fenómeno muy frecuente en muchos países de Latinoamérica, pero que es masivo en Brasil con cerca de cinco millones de desplazados. En Paraguay, como en Brasil, hasta hace no tanto tiempo, uno podía adentrarse en la naturaleza, cultivar un terreno y hacerlo suyo al cultivarlo. Tienes que entender que estamos hablando de países grandísimos. Paraguay apenas tiene ocho millones de habitantes y una superficie equivalente a cuatro quintos de la superficie de España. De alguna manera, la gente hacía suya una tierra que no era de nadie. Stroessner, como muchos otros dictadores americanos, se dio cuenta de que eso era una riqueza. Así, se vendieron grandes parcelas de terreno a empresas extranjeras. Tras la venta de esas ingentes cantidades de hectáreas, se mandaba al ejército y se expulsaba a esos colonos que se habían ido a trabajar esas tierras porque, en principio, no pertenecían a nadie. De eso trata el fenómeno de los sin tierra. Y no se les expulsaba de forma pacífica. A menudo, se usaban los fusiles. Se cuentan barbaridades sobre el tema. Dicen que subían a algunos de esos campesinos en un avión y les decían que les iban a dar nuevas tierras. En pleno vuelo, les preguntaban dónde querían los terrenos. «¿Dónde quieres? ¿Ahí?», decían. Y, en ese momento, los empujaban y los tiraban del avión.

¿Por qué viniste a España?

Si me lo llegas a preguntar cuando llegué aquí hace treinta años, te habría respondido que vine a España porque quería ser escritor. Traje en la maleta un montón de libros que había escrito y que, ahora, no tengo ni idea de dónde están. Mi mujer me lo reprocha. Yo tenía obras enteras escritas y ahora no sé dónde están. Desaparecieron porque yo no les di importancia.

Pronto comenzaste tus negocios en España.

Yo tenía pensado no quedarme en España, pero conocí a mi mujer y decidí quedarme. Hay gente que dice que he tenido mucha suerte. Yo no creo en la suerte. A uno no le visita la suerte si no tiene algo que ofrecer. A finales de los noventa, mi mujer y yo teníamos un negocio cerca de Plaza de España, en Madrid. Vendíamos productos artesanales de China, Indonesia, Latinoamérica… Luego comenzamos a trabajar para la Administración, para la Agencia de Cooperación Internacional. Llevamos a cabo la iniciativa de Libros Solidarios, gracias a la cual creamos bibliotecas públicas en Brasil, Paraguay, Colombia, Ecuador, Centroamérica, Guinea Ecuatorial… Luego, uno lo piensa y no sabe si hicimos bien o no, porque inundando toda esa zona con libros gratuitos eliminamos todos los pequeños brotes editoriales que había en la región… Más adelante creamos la empresa Lecturedes, luego otra llamada Madrilonia, que pretendía ser una agenda cultural de la ciudad de Madrid en internet. Con Lecturedes,  participamos en el proyecto de Bibliometro y también creamos un proyecto que se llamaba Telebiblioteca, que era un servicio de préstamo de libros a domicilio para personas mayores.

Y, entre tanto trabajo, a ti te da tiempo de escribir libros. Tu primera novela se titula Las botas del rey.

Mientras trabajaba en todos esos proyectos empresariales, tenía poco tiempo para escribir. Cuando cerramos todas las empresas, me puse a escribir en serio. Las botas del rey es una historia sobre la guerrilla colombiana de las FARC. Transcurre en las montañas de Colombia. Muchas de las historias están basadas en hechos reales y han sido recopiladas por personas que las vivieron de primera mano. Sería el año 2014 cuando estábamos pensando en mudarnos, como familia, a otro país. Un día me llamó un señor de Salamanca por teléfono y me dijo que estaba interesado en publicar mi novela. Se llamaba Ricardo González y era el dueño de Ediciones Novelnobel.

Tu segunda novela se titula El abrevadero de las bestias.

Ese libro lo escribí bien rápido. Gira en torno a los atentados terroristas del 11-M. Escribí y publiqué esta novela mientras esperaba que Ricardo González publicara mi primer libro. El abrevadero de las bestias la publiqué con Libros.com, que es una editorial que se rige por un sistema de preventa, de crowdfunding. La gente te compra el libro antes de que salga. Es un sistema que no es muy popular en España, pero en Estados Unidos se han llegado a producir y filmar películas a través del crowdfunding. Basé este libro en los famosos atentados de Atocha porque mi hijo mediano iba a una guardería que fue arrasada por una de las bombas. Afortunadamente, esto ocurrió media hora antes de que llegaran los niños a la escuela.

Poco después publicas Cruzar la montaña partida.

Esta vez, con la editorial Seleer. No es una historia autobiográfica, pero casi. Sucede en Paraguay, en la época de la dictadura. Son cosas que viví de cerca, que conocí de primera mano. Algunos de mis lectores dicen que es mi mejor obra y es posible que sea la historia más redonda. Y, tras esta novela, apareció Interés productivo, un libro que me debía a mí mismo, tras todos mis años como empresario. Es un ensayo en el que intento explicar que es muy importante aprovechar todo el conocimiento adquirido con los años. Hay que aprovechar todo ese conocimiento. El libro habla del éxito, del fracaso. Es un libro mitad filosófico mitad experiencia personal.

Y recientemente, en 2019, has publicado tu cuarta novela, El destino no tiene puerta de salida.

Esta novela iba a ser publicada por otra editorial, pero la empresa quebró antes de sacar el libro. Así que volví a publicar con Libros.com. Estoy muy contento porque mis libros cada vez atraen a más lectores. Parece que se va corriendo la voz y estoy muy contento con la respuesta que ha recibido el libro. Y los comentarios que recibo del libro son muy buenos. El libro cuenta dos historias paralelas que confluyen al final. Por un lado, está una chica, aquí en Madrid. Su marido la atropella accidentalmente y está en coma durante veinticinco años. La segunda historia sucede en Uganda, Sudán del Sur y en la República Centroafricana. Seguro que has oído hablar de Joseph Kony, el señor de la guerra. Uganda tiene una tradición de personajes deleznables. Joseph Kony secuestra a niños y niñas y los convierte en soldados. Habla de liberar al país, pero el caso es que lleva así muchos años y se calcula que ha secuestrado a más de 250 000 niños para su causa. He viajado muy poco a esos países de África, pero he conocido muchas historias relacionadas con este tema a través de conversaciones con personas que las han vivido de cerca. Comencé a escribir esta historia en 2011-2012, un poco de forma accidental. En esos años, en Estados Unidos, se llevó a cabo una campaña mediática en torno a Joseph Kony. El objetivo era recaudar fondos para dar caza a Joseph Kony. Por entonces, el presidente Obama envió allí al servicio secreto para cazar a Kony. El tema me interesó y empecé a leer sobre todo el asunto. El noventa por ciento de los nombres y de los hechos que aparecen en la novela son reales. Y, como digo, toda esta historia se entremezcla con la chica que despierta de su coma veinticinco años después, descubre que su marido ya no está, su hermana es una impresentable y se entera de que tiene un hijo. Como he dicho antes, no creo en la suerte y no creo en el destino, pero sí creo que hay situaciones que nos pueden atrapar y es difícil salir de ellas.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Me gustaría dedicarme a la literatura un poco más en serio. No sé si podría lograr hacerlo de forma profesional, pero sería estupendo. No he creído lo suficiente en lo que hacía y ahora veo que lo que hago gusta a la gente. En estos momentos, he vuelto a mis inicios. Estoy escribiendo una obra de teatro sobre una francotiradora rusa durante la Segunda Guerra Mundial. Raramente se habla de ellas, pero las francotiradoras soviéticas fueron una clave importantísima para defender a su nación de la invasión alemana. Conozco un grupo de teatro en Madrid que puede estar interesado en representar la obra. De hecho, María Eugenia Oviedo, la persona que vino a presentar mi última novela a Valdemoro, es directora de un grupo de teatro. Y nunca se sabe. En la presentación del libro en Madrid, una lectora me preguntó si me había planteado pasar mi historia al cine. Yo le dije que no conocía a ningún director de cine. Casualmente ella conocía a un productor de Televisión Española y me dijo que le daría a conocer mi novela. Así que nunca se sabe. Tengo otra novela acabada que se titula El huerto de Dios, que será publicada tarde o temprano.

¿De dónde sacas el tiempo para escribir?

Me lo pregunta mucha gente. Y te sorprenderá saber que, además de El huerto de Dios, tengo otra novela medio escrita. Yo soy un recopilador de historias. Mi cabeza va recopilando y ordenando todo lo que se me ocurre. Por eso, cuando me pongo a escribir, la novela ya está prácticamente terminada. Solo debo transcribirla, pasarla de mi mente al papel. Leo mucho, diariamente, y los fines de semana más. Mis lecturas me ayudan a escribir luego mis novelas. También soy un gran observador. Todo eso me permite que la escritura sea más fácil, más fluida. Y, por supuesto, encuentro tiempo para escribir gracias a la comprensión y el apoyo de mi mujer y mis hijos.

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Prestando un poquito de atención, conforme escucho a Robertti, voy descubriendo algunas de las claves de la novela que lleva dentro. Ya apenas viaja a Paraguay, pero habla con su madre, que todavía vive allí, todas las semanas. Tiene siempre presente la muerte de su hermano, dos años mayor que él, al que admiraba muchísimo, del que aprendió muchísimas cosas y que se fue de este mundo demasiado pronto. Robertti recuerda que, de no haber sido por la vida, porque tuvo que trabajar para sacar adelante a la familia, podría haber llegado lejos como jugador de fútbol. Y, si algún día alguno de ustedes se sienta a charlar con Robertti y tiene tiempo, tal vez este les pueda contar cómo acabó jugando para la selección nacional de fútbol sala del Japón en un torneo internacional que se jugó en Encarnación, Paraguay. Como cada uno de los habitantes de este mundo (7 747 660 295 seres humanos; 7 747 660 296, 7 747 660 297…), Robertti lleva una novela dentro. Robertti la ha estado escribiendo siempre. Primero en su cabeza, luego en el papel.

Cuentos Probeta

Cuento de Navidad 2019

Alertados por los propietarios, el 25 de diciembre, los bomberos comenzaron a deconstruir la enorme chimenea del muro norte del edificio. Tras tres horas de trabajo, lograron rodear con un arnés la enorme figura roja para extraerla cuidadosamente. El detective se acercó al cadáver sin ceremonias. Encontró tres notas en el abrigo. Una lista de la compra escrita por Mamá Claus. Una multa de la noche anterior por aparcar en doble fila redactada en alemán. Una carta, de su puño y letra, sin terminar: «Queridos Reyes Magos: Espero que sepan perdonarme. A partir de ahora, todo el trabajo es suyo.»

Amigos·Entrevistas

Entrevista con Belén García Herraiz

Todos los meses, gracias a La revista de Valdemoro, tengo la oportunidad de sentarme durante casi dos horas delante de un valdemoreño interesante. Todos los meses, pongo en marcha la grabadora de voz de mi celular, la acerco a mi entrevistado y nos ponemos a hablar. Antes de la entrevista, durante la misma o poco después de esta, la persona entrevistada me ayuda a reflexionar sobre un tema y, todos los meses, comienzo plasmando mis pensamientos sobre ese tema en la introducción de la entrevista. Obviamente, los temas elegidos están relacionados con la vida, el trabajo o la obra de las personas entrevistadas. En el caso de este mes, conocer a Belén García Herraiz y charlar con ella me han llevado a reflexionar no sobre un tema, sino sobre dos: por un lado, lo difícil que es elegir qué quieres ser en la vida; por otro, la importancia de la función pública.

Creo firmemente que cuanto más feliz es uno, más fácilmente puede ayudar a otros a alcanzar cierta felicidad. Y creo firmemente que gran parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos en la vida. Así pues, el momento en el que decidimos qué vamos a hacer en nuestra vida, normalmente a una tierna edad, es ciertamente decisivo. Intuyo que, como sociedad, deberíamos mejorar las instituciones, los mecanismos y las dinámicas que se ocupan de aconsejar a nuestros jóvenes a la hora de elegir su futuro. Solo así podríamos garantizar que el mayor número de personas pudieran elegir el desempeño vital donde pudieran crecer con mayores cotas de satisfacción personal. Belén García Herraiz siempre tuvo éxito en sus estudios y, aun así, nunca lo tuvo claro a la hora de elegir su futuro. Imaginemos ahora lo difícil que lo tienen aquellos que no tienen tanto éxito académico.

Creo tanto en la iniciativa privada como en la función pública. Ambas son necesarias para que nuestra sociedad avance. También, como sociedad, deberíamos educar a nuestros ciudadanos más jóvenes para que estos sean capaces de sacar una iniciativa personal adelante con éxito y deberíamos educarlos para trabajar en la Administración pública con la responsabilidad que esta merece.

Belén García Herraiz nació en Madrid y a los diez años se mudó con sus padres a Valdemoro.  Estudió secundaria en el IES Matías Bravo. Cursó la carrera de Derecho y, tras un largo proceso de pruebas, aprobó, como número uno, las oposiciones para convertirse en técnico de auditoría y control externo del Tribunal de Cuentas. Para tener veinticinco años, Belén se expresa con una lucidez, una claridad y un dominio de la palabra maravillosos. A ella acudo para que nos explique su hazaña.

Tendrás que empezar recordándonos qué es el Tribunal de Cuentas.

El Tribunal de Cuentas es una institución poco conocida para el público en general. Es el supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del Estado y del sector público español. Es un órgano independiente al que se le encomienda constitucionalmente el control externo de la gestión de los fondos o caudales públicos por parte de las distintas instituciones, tanto administraciones territoriales (ayuntamientos, comunidades autónomas, entidades locales…) como de los partidos políticos, que reciben subvenciones… Y el Tribunal de Cuentas tiene una doble función: por un lado, lleva a cabo la fiscalización o auditoría de las cuentas de todos esos organismos y, por otro lado, tiene una función de enjuiciamiento de la responsabilidad contable en que puedan incurrir aquellos que gestionan y que manejan fondos públicos. El Tribunal de Cuentas tiene dos sedes, las dos en Madrid capital. Una en la calle Padre Damián y otra en la calle Fuencarral, al lado de la estación de metro Tribunal, que se llama así por esta institución. Entre las dos sedes habrá unos ochocientos trabajadores repartidos en ocho departamentos de fiscalización y cuatro de enjuiciamiento. Mi departamento se ocupa  de los partidos políticos. Normalmente, los equipos de trabajo se componen de un auditor y dos o tres técnicos. En algunas comunidades autónomas han creado sus propios órganos de control externo que cumplen una función similar a la del Tribunal de Cuentas. Por ejemplo, en Madrid, la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid. Aun así, no tienen función jurisdiccional, solamente fiscalizadora.

¿Hay cargos políticos en el Tribunal de Cuentas?

No. El Tribunal de Cuentas tiene tres cuerpos propios de funcionarios: uno de ellos es en el que he entrado yo, que somos los técnicos de auditoría, dos cuerpos superiores del grupo A1, que son el de auditores y el de letrados. Y al frente de la institución, están los consejeros del Tribunal de Cuentas, que son elegidos por las Cortes Generales y están sujetos al mismo estatuto que los jueces en cuanto a su independencia, inamovilidad y régimen de incompatibilidades.

¿Siempre quisiste estudiar abogacía?

Siempre tuve muchas dudas. Cuando estaba en el instituto, me gustaban muchas asignaturas distintas: me gustaba Lengua e Historia, pero también me gustaba Biología… Hice el primero de Bachillerato de Ciencias de la Salud, con Biología, Física y Química, y en segundo de Bachillerato, cambié de itinerario para hacer el de Ciencias Sociales. Creo que fui la única que lo hizo. Las Ciencias de la Salud se me daban bien y me gustaban, pero me di cuenta de que no me atraía ninguna profesión relacionada con ese itinerario. Cuando me cambié en segundo de Bachillerato, ya había decidido que estudiaría Derecho, o Administración y Dirección de Empresas, o Economía… también me gustaba el periodismo. Y, realmente, cuando acabé todavía no lo tenía muy claro, pero me decanté por Derecho porque, aparentemente, tenía más opciones profesionales. Estudié en la Universidad Carlos III de Getafe. Me alegro de haber estudiado la carrera de Derecho aunque, conforme iba pasando cursos, me daba cuenta de que no quería ser abogada. No obstante, me parece una carrera muy útil. Al final, el derecho está en todo. Detrás de todas las relaciones de la sociedad hay una ley y estudiar leyes te ayuda a entender las noticias diarias. Pero yo no me veía como abogada.

¿Cómo te veías, entonces?

Me gusta mucho la moda y tenía mis momentos en los que me habría gustado estudiar moda o algo más creativo que Derecho. Eran como pequeñas crisis. Durante el último año de carrera, me iba dando cuenta de que tenía que seguir estudiando. Si hubiese querido ser abogada, por ejemplo, debía seguir estudiando el máster de Derecho de acceso a la abogacía, ya que es habilitante. Así pues, mis compañeros de facultad que quisieran ser abogados debían seguir estudiando un año más. Ahí es donde yo opté por sacarme una oposición. Tengo una tía que trabaja en el Tribunal de Cuentas y, cuando le comuniqué mi decisión de estudiar oposiciones, me informó de que habían salido bastantes plazas para esta institución. Así que me puse manos a la obra.

¡Qué importante es tener información!

Estoy de acuerdo. Posiblemente, si mi tía no trabajara allí, a mí no se me habría ocurrido opositar para el Tribunal de Cuentas. Es cierto que todo se publica en el BOE (Boletín Oficial del Estado) y que todo el mundo tiene acceso a su publicación y al formato de las pruebas, pero, si nadie te informa, es muy posible que no te llame la atención porque no sabes realmente lo que es. Yo, por ejemplo, tuve dudas iniciales porque la oposición consta de dos ejercicios de derecho, que yo ya había estudiado, pero también consta de otros dos ejercicios de contabilidad, para la que yo no tenía ninguna formación.

¡Y qué importante es tener gente que actúe como mentora cuando eres un adolescente!

Sí, yo me considero muy afortunada porque mis padres son dos personas muy cultas; en mi familia en general, se ha valorado siempre mucho la cultura, les gusta estar informados. Quieras que no, eso te influye, te lo transmiten y crean un ambiente favorable para que tú te desarrolles. Luego, tú debes ser constante y tener la actitud adecuada, pero comienzas con ese entorno favorable.

Háblanos un poco más de tu afición por la moda

Como afición, siempre me ha encantado. No me he formado en la parte de diseño, pero siempre he estado tentada a planteármelo como algo profesional. Sin embargo, por una razón o por otra, siempre me invadían las dudas y me inclinaba por temas aparentemente más seguros. Como se me daba bien estudiar, la moda siempre quedaba relegada a ser un hobby. Lo curioso es que todavía no descarto que en un futuro…

¿Qué no te convencía a la hora de convertirte en abogada?

Una de las razones que me empujó a decantarme por las oposiciones y no por ser abogada es la vida que me esperaba tras mi elección: los horarios, la dedicación, los sueldos iniciales. Lo que te encuentras cuando empiezas en un bufete de abogados o en una empresa privada no es lo mismo que lo que te encuentras cuando trabajas en la función pública. Entiendo que, si tienes vocación para ser abogado, o sencillamente te apasiona, el esfuerzo que todo ello supone te merece la pena. Como yo no tenía esa pasión, vi que no me iba a compensar esa dedicación tan grande. Veo a compañeros que han decidido hacerse abogados o a familiares con negocios propios con unos horarios tan exigentes… Observo, luego, a mi madre y a tres de mis tías, que también son funcionarias, y me doy cuenta de que tienen acceso a una mayor calidad de vida, un mayor equilibrio entre la vida laboral y la vida personal y familiar.

¿Qué opciones tienen los jóvenes españoles a la hora de incorporarse en el mercado laboral?

Las opciones de los jóvenes españoles son complicadas. Creo, además, que, en el ámbito del derecho, concurre otro factor. Cuando uno va a un proceso de selección, entre que somos muchos los licenciados en Derecho y que, ahora mismo, son pocas las opciones profesionales buenas en las que te vayan a pagar un salario acorde a tu formación, hay mucha competencia. Y, en la mayoría de los casos, si quieres entrar en un buen despacho de abogados, o eres el mejor de tu promoción (solo puede haber uno o dos por promoción) o los requisitos son demasiado exigentes. No solo en términos intelectuales, sino también en términos económicos. Me explico: no todo el mundo puede poner en su currículum que ha estudiado un año en Estados Unidos, o que ha hecho un máster en el extranjero, o que sabe tres idiomas. No todo el mundo se puede permitir ese tipo de formación. Por eso, las oposiciones son un lugar donde accedes en mayor igualdad de condiciones.

¿Crees que las oposiciones seleccionan a las personas adecuadas?

Tendría que llevar más tiempo en el trabajo para poder contestarte correctamente a esa pregunta. En estos momentos, aún no llevo el tiempo suficiente para saber si yo misma soy la persona adecuada para el puesto que he conseguido. Pero debemos apuntar que, en el caso de esta oposición en particular, yo diría que es un proceso de selección bastante completo. Lo que no tiene es una entrevista de vertiente más personal. Pero no tengo claro si esa entrevista personal sería necesaria puesto que, en cuanto hay una entrevista personal, hay también mayor grado de subjetividad. La objetividad solo se encuentra, a mi entender, cuando se juzgan únicamente conocimientos. Podríamos pensar que no se está juzgando, por ejemplo, la motivación de los candidatos, pero el hecho de que una persona decida prepararse para un proceso de selección de estas características demuestra ya una motivación. Prepararse para una oposición de este calado supone renunciar a otras facetas de tu vida durante el proceso de selección. Se necesita esa motivación para conseguir la plaza.

¿Cuál fue tu plan de estudio para aprobar las oposiciones?

Cuando terminé la carrera, me tomé el verano libre para reflexionar sobre mi decisión. En octubre de 2017, comencé a prepararme para un proceso que iba a transcurrir durante buena parte de 2018 y los dos primeros meses de 2019. La primera prueba tuvo lugar en junio de 2018, la siguiente en septiembre, la próxima en octubre y el último ejercicio fue en febrero de 2019. Cada prueba era eliminatoria. Tuve que apuntarme a clases para prepararme los dos ejercicios de contabilidad. No hay ninguna academia que se dedique a preparar para esta oposición de forma específica, ya que no hay un suficiente número de personas que estén dispuestas a presentarse. Así que éramos un grupito que nos preparábamos juntos para cada una de las pruebas, pero con distintas personas. Empecé las clases en octubre y comencé a estudiar en serio a partir de enero. Estudiaba unas ocho horas diarias, cuatro por la mañana y cuatro después de comer. Es decir, me lo planteé como un trabajo. Al inicio, libraba el fin de semana entero. Cuando faltaban unos dos meses para cada prueba, solo me tomaba un día libre a la semana. Los quince días antes de cada prueba no libraba ningún día. La intensidad de estudio aumentaba conforme se acercaba la fecha de la prueba. Muchos días estudiaba en la Biblioteca Ana María Matute. Allí he ido a estudiar mucho cuando cursaba Bachillerato y durante toda mi carrera. Otros días, si no me apetecía salir, me quedaba en casa a estudiar. Allí también tengo un cuarto preparado para el estudio.

¿Cuánta gente se presentó a la oposición para el Tribunal de Cuentas?¿Cuántas plazas había?

Te sorprenderás con lo que te voy a decir, pero había veintitrés plazas para toda España. Y solo nos presentamos unas treinta personas. Tal vez por desconocimiento, tal vez porque la sede solo está en Madrid, se presentaron pocas personas en comparación con otras oposiciones, que están más masificadas. A diferencia de otras oposiciones, al combinar exámenes de dos disciplinas, se presenta menos gente. Otra razón pudo ser que durante muchos años no ha habido constancia en la convocatoria de plazas. Mucha gente se prepara para oposiciones que ofertan plazas todos los años para que los estudios les sirvan para varias convocatorias. El caso es que nos presentamos solo unas treinta personas. Mi lucha, pues, era con las pruebas y el temario. No debía competir contra los otros opositores. Por otra parte, a mí trabajar en Madrid, me conviene pero hay gente que no está dispuesta a trasladarse a Madrid. Al final, hemos aprobado unas once personas. Se han quedado desiertas doce plazas. La mayoría de las personas que se presentaban tenían el doble grado de Derecho y ADE, o el máster de Economía. En mi caso, he tenido que esforzarme un poco más, pero me he llevado una grata sorpresa al estudiar contabilidad porque me ha gustado mucho.

¿Qué impresión te han dado tus primeros días de trabajo?

Tras aprobar las oposiciones, recibimos un curso de formación de mayo a julio. Me incorporé a mi puesto en septiembre y el acto de posesión de mi plaza tuvo lugar el 25 de octubre. Sé que me llevará un tiempo aprender los entresijos de mi puesto. Hasta ahora, sobre todo, estoy muy contenta con el trato humano de mis compañeros. El primer día que llegué, fui a hablar con mi director técnico. Estuve hablando con él, luego me fue presentando a mis compañeros. Salí con una sensación muy positiva. Me sentí valorada. Creo que eso debería ocurrir en todos los trabajos, pero me consta que no siempre sucede. Como, tras aprobar la oposición, nosotros elegíamos el departamento en función del número de orden en el que habíamos aprobado, el primer día me llegaron a agradecer el que eligiera ese departamento que controla el gasto público de los partidos políticos.

¿En qué consistirá tu trabajo una vez te establezcas definitivamente en él?

Siempre me ha interesado la política y yo elegí el departamento encargado de la fiscalización de los partidos políticos. Nuestro trabajo varía mucho según los departamentos y, dentro del departamento, según el área en que tú trabajes. Una de las razones por las que yo he elegido este departamento es porque se sale bastante de la institución. Por ley, debemos analizar la contabilidad de los partidos políticos anualmente. Así, cuando yo comience a trabajar plenamente en mi departamento, pasaremos unos dos meses en las sedes de los partidos para comenzar con la fiscalización de sus cuentas. Esto puede ser en Madrid o en otros lugares de España.

¿Qué posibilidades de promoción tienes en estos momentos?

Debo esperar, al menos, dos años para poder acceder a la promoción interna. Quiero ver si me gusta mi nueva posición antes de decidir si quiero promocionar. Se puede promocionar. Como técnico, puedes prepararte la promoción interna para el cuerpo superior de letrados o de auditores. Para pasar a ser letrado, hace falta ser graduado en derecho. Para pasar a ser auditor, no hay un grado universitario específico requerido.

¿Cuál es tu opinión sobre la función pública?

Cuando uno decide dedicarse a la función pública, debería haber un mínimo de motivación. Trabajar para la Administración debería significar dedicar tu potencial profesional a la sociedad en la que vives. En una empresa trabajas para tu jefe. Si eres funcionario, trabajas para la sociedad en general. Supongo que no todos los que trabajan para la Administración pública tienen esa vocación. Pero, como en todos los trabajos, al final todo depende de cada uno de nosotros y de cómo abordamos nuestras obligaciones. Todo depende de nuestro sentido de la responsabilidad. Dentro del funcionariado, te encuentras con personas que han ido cambiando su puesto para no dejar de aprender y otras que han preferido no cambiar y que pueden ser igualmente válidas, pues su experiencia les permite abordar ciertas tareas con más conocimiento de causa. Hay funcionarios más válidos y profesionales que otros, de la misma forma que, en la empresa privada, hay trabajadores más válidos que otros.

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Belén es una joven española que se acaba de incorporar al mercado laboral por la puerta grande. Me dice que, cuando tuvo dudas, se dejó aconsejar por las personas que más le quieren en el mundo, que son sus padres. Belén admite que es un momento difícil para los jóvenes, pero añade que, si te mueves, puedes encontrar oportunidades. Las oportunidades nunca irán a buscarte. Belén cree que vienen buenos años para aquellos que quieran trabajar para la Administración. Por un lado, se acerca el momento de un relevo generacional en la función pública. Por otro lado, es cierto que se presentan muchas personas a la mayoría de las oposiciones, pero la mitad (o más de la mitad) de los que opositan, por las razones que sean, no van preparados al cien por cien. Belén cree que debemos buscar algo que verdaderamente nos guste y trabajar para conseguirlo. Nunca es tarde. Nunca.

Entrevistas·Valdemoro en el cine

Entrevista con Alberto Ovejero

Tenemos que escuchar más. Escuchar de verdad. Aguzar los oídos e intentar percibir sonidos que, con las prisas, desdeñamos, reprimimos, discriminamos. Solo así podremos disfrutar de sensaciones acústicas nuevas. Solo así podremos comprender el verdadero sentido de las palabras que emiten las personas que nos están hablando. Solo así podremos entender con mayor precisión el mundo que nos rodea.

Alberto Ovejero comenzó a cerrar los ojos en la intimidad de su casa. Cerraba los ojos y se concentraba en cada uno de los sonidos que acudían a sus oídos. Luego aprendió a llevar a cabo la misma tarea sin cerrar los ojos. Para no llamar la atención. Se sienta en el cercanías y se pone a escuchar los ruidos que le rodean. Camina por Estrella de Elola e intenta distinguir y localizar frenazos, resbalones, susurros, gritos, besos, charcos, silbidos, palmadas en los hombros… Alberto Ovejero intenta recordarlos bien porque su trabajo consiste luego en recrear ambientes audiovisuales a través del sonido.

Alberto nació y creció en la zona de Estrecho, en Madrid, y recuerda sonidos característicos de su barrio de la infancia. En el año 2000 se fue a vivir a Barcelona y estoy seguro de que recuerda con precisión algunos de los ruidos y melodías de la Ciudad Condal. Tres años más tarde volvió a la Comunidad de Madrid y la banda sonora de su barrio había cambiado demasiado. Sus padres y su hermano vivían ya en Valdemoro. Venía a visitarlos con frecuencia, conoció nuestra villa, le encantó su sonido ambiente, y Begoña, su mujer, Rodrigo, su hijo, y Alberto decidieron venirse a vivir en el año 2006.

Lleva treinta años trabajando en el campo del sonido para el cine, pero apenas cinco formando parte de equipos creativos dentro de las producciones cinematográficas españolas. Durante estos últimos cinco años, ha sido nominado para los Premios Sur otorgados por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en el apartado de sonido por Betibú (2014); también fue nominado, dentro de la misma categoría, para los premios Goya por El autor (2017) y este mismo año fue uno de los nominados por la película Yuli (2018).

¿Cómo acabas trabajando como técnico de sonido para el cine?

Francamente, de casualidad. A los diecisiete años, le dije a mi padre que no quería seguir estudiando. Que quería trabajar de lo que fuera. Nunca se me dieron bien los estudios. Y mi padre decidió que, si no iba a aprovechar el tiempo, que lo mejor sería que me pusiera a currar. Primero comencé en un tallercito pequeño aprendiendo a reparar aparatos electrónicos. Luego me fui a la mili y, cuando volví, había perdido el puesto. Hice una entrevista para un estudio de sonido, Sincronía, en la calle San Enrique. Me contrataron. Comencé de proyeccionista, aprendiendo, desde el escalafón más bajo en el que podías empezar. Y, en cuanto descubrí el mundo del sonido, todo cambió. Decidí que quería aprender sobre el sonido. Vi que era a lo que yo quería dedicarme. Me encantaba destripar el sonido y trabajar sobre él. Me atraían las posibilidades creativas que me ofrecía. Estudié sonido durante dos años en la Escuela CES, en Madrid. También es verdad que tuve suerte. Cuando comencé a estudiar y ya estaba trabajando, un compañero decidió marcharse de la empresa y el equipo de mezcladores se quedó cojo. A pesar de mi juventud, vieron en mí tanto interés que me propusieron reemplazarlo. No fue fácil. Yo tenía solo 24 años y había gente muy veterana. No me arrugué, acepté el puesto y salí adelante. Creo que todas las ganas que yo tenía de trabajar en sonido me ayudaron para que se me diera bien. Metí muchas horas. Creo que también decidió mi carácter. En sonido, tenemos que pasar muchas horas junto al cliente metidos en la cabina. También vieron que sabía manejar bien esas relaciones. Hay días que puedes pasar catorce horas trabajando hombro con hombro con una persona y el aguante y la mano izquierda son fundamentales. La película es de un señor, el director, y es su niño pequeño e intenta mimarlo. Y tú tienes que orientar al director cuando intuyes que algo no funciona del todo. Pero, siempre, como digo, con mucha mano izquierda.

Entiendo que tuviste un mentor que te ayudó cuando comenzaste.

Como he dicho, los comienzos no fueron fáciles, pero un compañero, Alberto Herena, me ayudó desde el primer momento. Fue mi maestro. Él me fue guiando. Me ayudó, me orientó y me enseñó. Recuerdo que, al principio, había técnicos de mezclas que, cuando se ponían a ecualizar, te tapaban la mesa de mezclas con el cuerpo para que no les pudieras copiar el efecto que estaban creando. Un técnico de sonido sabe que su ayudante va a ser su competencia dentro de dos años. Conmigo, Alberto Herena hacía lo contrario. Me pedía que me fijara bien en lo que se disponía a hacer. Quería que aprendiera bien mi oficio. También tuve la suerte de conocer a Pelayo Gutiérrez (tres Goyas y un montón de nominaciones en la categoría de sonido), que confió en mí para trabajar en Tarde para la ira (2016), un punto de inflexión en mi carrera.

Al principio, te dedicaste al doblaje de películas extranjeras.

Puede que las mezclas que debemos llevar a cabo en un trabajo de doblaje no requieran un esfuerzo de creatividad tan alto como cuando formas parte del equipo de una producción original, pero me gusta mucho el doblaje porque te permite aprender un montón. He dedicado gran parte de mi carrera profesional al doblaje de películas extranjeras. Tienes que respetar todos los sonidos originales y luego meter las voces en español. Tienes que tratar las voces de doblaje dependiendo de dónde estén, imitando el tratamiento que recibieron las voces en versión original. Es un trabajo muy minucioso que no se valora. Recientemente, trabajé en el doblaje de dos musicales, Bohemian Rhapsody y Ha nacido una estrella. Son películas en las que el actor está hablando y puede comenzar a cantar dentro de su discurso. Cuando entra la voz del protagonista en original debemos intentar que sea lo más parecida a la que tú tienes en español y que la transición se perciba lo menos posible. Debe haber una continuidad.

¿Recuerdas alguna película cuyo doblaje te exigiera un mayor esfuerzo?

Me acuerdo de una película, Días extraños (1995), cuyo doblaje tuvimos que hacer entre dos técnicos por todas las dificultades que entrañaba. Pero lo disfrutamos un montón… Es una película que se filmó mayoritariamente cámara en mano. Eso implica el que los sonidos y los ruidos vienen de distintos lados y van cambiando constantemente.  E integrar el sonido directo con el del doblaje fue muy complicado. El trabajo de los dobladores entraña, también, muchas sutilezas. El mismo Antonio Banderas se dio cuenta cuando comenzó su carrera en Hollywood. Él mismo se dobló en la película de Fernando Trueba Two Much (1995). En el mismo año, protagonizó el thriller Nunca hables con extraños (1995) con Rebecca De Mornay. En esta película, le dobló al español otro actor. Antonio Banderas escuchó ambos doblajes y le gustó más el segundo. Entendió que había gente especializada que podía hacer mejor ese trabajo. Hay muchas ocasiones en las que los actores deben venir al estudio a volver a grabar un diálogo que no se captó bien cuando se filmaba la película. Creo que sería buena idea que los actores aprendieran a doblarse a sí mismos en estas situaciones.

¿Podrías mencionar alguna película extranjera en la que te haya gustado cómo estaba mezclado el sonido?

Hay muchas. El padrino, un clásico, es buena en todos los sentidos, hasta en el apartado que a mí me compete. Un trabajo más reciente, Alita: Ángel de combate (2019), como película no me pareció tan buena, pero en el apartado de sonido, yo me ocupé del doblaje al español de la película y me pareció fantástica. Tiene una gran cantidad de ambientaciones y de efectos sonoros muy logrados. 

¿En qué consiste exactamente tu trabajo en una producción española?

Primero está el montaje de todos los audios. El montaje y preparación de los audios puede llevar unas ocho semanas. Al estudio nos llega todo el material de sonido del rodaje: el sonido directo, las grabaciones del sonido ambiente, los pájaros, los coches… Recibimos todo el sonido y hay que abrirlo. Se hace un montaje previo de la película y nosotros debemos montar los diálogos sobre ese primer montaje. Después de los diálogos, debemos preparar todos los sonidos que se nos puedan ocurrir. Todo ese previo lo hacemos nosotros. Luego aparece el director y te explica qué tipo de película tiene en mente. Te dice cómo la quiere. Pueden querer una película muy suavecita, con todo muy bajito, sin estruendos. Hay gente que quiere todo lo contrario. Volúmenes altos. Cuando ya está todo montado, entramos a mezclar. Esta parte del trabajo nos lleva entre dos y tres semanas. Del sonido directo nos valen ciertas cosas, los diálogos hay que sacarlos como sea. Si no es posible, como he dicho antes, se hacen grabaciones en estudio. Cuando el director se mete conmigo en el estudio, yo voy trabajando en la mezcla y él me va diciendo si le gusta la sintonía entre lo que ve y lo que oye. Y me va dando indicaciones.

¿Es el mismo proceso para las series de televisión?

El trabajo es similar, pero la tele es otro mundo. Los presupuestos son más pequeños. Te obligan a recortar tiempos. Si te obligan a recortar tiempos, te ves obligado a recortar en creatividad, en medios técnicos. A veces, faltan pajaritos de fondo. Otras veces, no se oyen los pasos cuando una persona camina. Muchas veces, echo de menos los sonidos que tienen las habitaciones. Últimamente, he estado trabajando en la segunda temporada de La peste. Para seis capítulos, hemos estado trabajando en el sonido durante tres meses.

¿Trabajas tú solo?

En muchas ocasiones tengo un ayudante al lado. Son muchas cosas las que hay que hacer a la vez y viene bien un ayudante. También es verdad que ahora el sistema ha cambiado bastante. Antes, digamos, teníamos que mezclar en directo. Ibas trabajando e ibas grabando a la vez y el producto se convertía en la versión final. Ahora te puedes permitir el lujo de pausar, echar para atrás, repetir, escuchar todo lo que has hecho hasta ese momento… En la actualidad, trabajo con una ayudante, Valeria Arcieri, que tiene delante un futuro profesional tremendo.

Has vivido el paso de lo analógico a lo digital. ¿Cómo ha cambiado tu trabajo con esta transición?

Del mundo analógico puedes echar de menos la calidez del sonido. Puedes conseguir esa calidez, pero debes trabajar mucho más para conseguirla. Pasa algo similar a lo que pasa con el color analógico. Hay gente que echa de menos la textura que se conseguía con el granulado. Por eso, Tarde para la ira está rodada con toda intención en súper 16 y ves el grano. Luego la digitalizaron. Con la tecnología digital, tenemos más realismo. Ahora tienes más recursos. Con una sola máquina y diferentes pluggins, consigues lo que quieres. Es más fácil, sobre todo porque puedes equivocarte y no pasa nada. Echas para atrás y corriges. Antes, como grababas sobre la marcha, si la primera vez te quedaba bien, no te molestabas en intentar que te quedara mejor. Ahora sí. Vamos un poquito más allá. A ver hasta dónde llegamos. Ahora nos exigimos y nos exigen mucho más. Ahora se puede hacer cualquier cosa con el sonido. Te llevará más o menos tiempo, pero puede conseguirse.

Háblanos de las películas en las que has podido desarrollar tu capacidad creativa al máximo.

Una de ellas es Tarde para la ira. Creo que conseguimos grandes cosas en esa película. Consiguió muchos premios importantes, incluidos los Goya a mejor director novel, mejor guion original y mejor película. Me alegré mucho por Beatriz Bodegas porque es una productora muy pequeña y llegó a hipotecar su casa por producir la película. El trabajo de sonido que hicimos fue muy interesante porque hay muchos sonidos que no tienen que ver con la película, pero que encajaron perfectamente cuando los incluimos. Hay también muchos momentos en que con sonidos muy normales conseguimos crear mucha tensión. Conseguimos narrar lo que estaba sucediendo sin que el sonido tuviera que ver con lo que estábamos viendo. Otra película con la que disfruté mucho fue El autor, de Manuel Martín Cuenca. Es la primera película por la que estuve nominado a los Goya. Es una película que merece la pena verse. Es la historia de un escritor frustrado, interpretado por Javier Gutiérrez, que intenta sacar ideas de lo que les pasa a sus vecinos. Así que se dedica a escuchar a través de su patio de vecinos. Ese patio no lo llegamos a ver en la película, pero sí fue recreado acústicamente. La recreación de ese patio fue un trabajo muy divertido y muy gratificante. La tercera película en la que tuve que emplearme a fondo, creativamente hablando, fue El último traje, una película argentina que no hizo mucho ruido, pero que a mí me gustó mucho. El protagonista es un polaco emigrado a Argentina y que, llegado a cierta edad, decide volver a Polonia para reencontrarse con su mejor amigo de juventud. Pudimos darle a la película un montón de sonidos que ayudaron a embellecer la historia. Eran sonidos muy cotidianos, pero intentamos transmitir miles de cosas a través de ellos.

A parte de la personalidad que intentas imprimir en tus trabajos, ¿incluyes algún guiño sonoro en las películas?

Hago mías todas las películas en las que trabajo. Todas forman parte de mí. Dejó mucho de mí, también. Es verdad que, para este trabajo, hace falta tener buen oído, pero también es verdad que el oído se educa. De tanto escuchar te vas dando cuenta de lo que es agradable, de lo que provoca una sensación u otra. Trabajar con el sonido es como pintar un cuadro. Tienes ahí los elementos y debes combinarlos. Cada técnico tiene su estilo y su gusto. Creo que a todos nos define nuestra profesionalidad y nuestro querer hacer las cosas bien. Sí que es verdad que, a veces, nos metemos literalmente en la película que estamos trabajando. Conozco a un técnico que intenta meter un sonido de ballena en muchas de las películas en las que trabaja. Busca el momento y el volumen adecuado para camuflar ese sonido entre todos los demás y siempre queda bien. En mi caso, a veces casualmente otras no, en casi todas las películas he metido mi voz. Normalmente, poniendo la voz a un figurante que pasa delante de la cámara y conviene que diga algo, aunque sea sencillo.

¿Has quedado insatisfecho con alguno de tus trabajos?

Estuve trabajando muy duro en una serie y, como es habitual, tenía curiosidad de ver el resultado en televisión. Aquel día, trabajé hasta las dos de la mañana. Volví a casa y sabía que la habían emitido. Me puse a verla y me llevé un chasco grandísimo. Primero, pensé que podía haber sido culpa mía. Podía ser que yo tuviera la sala desajustada. Pronto descarté esa posibilidad. Creo que se debió a la compresión de archivos a la hora de emitir la serie. Puede que, para emitirla, hayan comprimido excesivamente los datos de imagen y sonido y el resultado fue terrible. Acabó teniendo una pobre definición de imagen y sonido. En el caso del sonido, parecía como antiguo. No había sido mi trabajo porque jamás he trabajado así, no me gusta ese tipo de sonido y jamás lo haría así. Pero me llevé una gran decepción.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿En qué te gustaría trabajar?

He trabajado dieciocho años en la misma empresa. Hace tres meses, decidí cambiar de aires. Necesitaba nuevos proyectos. Necesitaba sentirme vivo. Me apasiona mi trabajo. No sé hacer otra cosa. Es pura vocación, porque, de lo contrario, no valdrías para este oficio. Inviertes mucho tiempo en cada proyecto. Trabajas a ochenta y cinco decibelios todo el día. Yo no uso los cascos. Trabajo con altavoz. Estar mucho tiempo bajo esa presión sonora es agotador. Ahora trabajo para Mediapro. Me pidieron arrancar un proyecto muy interesante y el cambio ha sido bestial. A tope. Mediapro acaba de crear Mediapro Studio para producir series, películas y demás. Y nosotros somos parte del grupo. Como la mayor parte de mi carrera me he dedicado al doblaje, llevo poco tiempo trabajando con el cine español de forma continuada. Me encantaría colaborar en una producción de terror. O algo tipo Matrix (1999). Las posibilidades son tantas. Porque, en esa clase de películas, todo es mentira. Todo es fruto de la imaginación. También me gustaría hacer algo similar a los efectos conseguidos en la película 300 (2006). En esa película, me encantaba como hacían pausas de sonido cuando iniciaban una cámara lenta y la terminaban con estruendos ocasionados por los golpes de la batalla. Las nuevas tecnologías nos van a aportar grandes avances sonoros tanto para las salas de cine, con el sonido envolvente (Dolby Atmos), como para la visualización de películas y series en nuestra propia casa (Atmos Home). Trabajar con todos esos avances me permite tener las mismas ganas de trabajar con el sonido que cuando empecé a los veinticuatro años.

Para la entrega de los Óscar 2019, los organizadores propusieron que algunas categorías, como la del sonido, fueran entregadas durante los anuncios.

Me pareció patético. Es un menosprecio total. El mundo del cine somos muchísima gente. Hay más gente detrás de la cámara que delante. El futuro del cine depende de todos los que colaboramos en él. El director y los actores son importantes. Los guionistas son importantes. Pero una obra maestra es el fruto del trabajo y de la ilusión de cientos de personas. Algunas aparecen en los créditos. Otras no. Creo que los niños deberían estudiar cultura audiovisual en las escuelas. Les ayudaría a entender mejor el mundo en el que vivimos. Comprenderían también que trabajar en el cine está al alcance de cualquiera. Que no es solamente para privilegiados. Hoy en día, la industria del cine necesita de gran cantidad de técnicos de sonido, de imagen, cámaras, decoración, maquillaje…

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Alberto Ovejero quiere terminar de convencerme de la importancia del sonido en el cine. Me pone el ejemplo de una cabeza chocando contra una valla. Obviamente el golpe no es real. La cabeza no llega a golpear la valla o la golpea suavemente. Si no pones sonido, te das cuenta enseguida de que la cabeza no llega a golpearse con la valla. En el momento en el que pones el ruido del choque, aunque la cabeza no llegue a tocar la valla, te da la sensación de que el golpe ha sido descomunal. Algunas personas, llegadas a cierta edad, afirman vehementemente que ya lo han visto todo. Es posible. Lo que está claro es que, por muchas cosas que hayamos visto, todavía nos quedan muchas más por escuchar.

Amigos·Entrevistas·Presentación

Entrevista con Miguel Rollón

Miguel Rollón: Abogado y funcionario de la administración local de Valdemoro. Poeta, actor de teatro, autor, compositor y letrista de canciones pop y rock en bandas españolas y alemanas. Ha participado en diversos festivales internacionales de poesía en España, Argentina, Paraguay, Colombia y México. Este año, terminará la gira del libro en Venezuela y Estados Unidos. Dirige la Tribu de Poetas en Madrid.

Somos individuos magníficos. Ejemplares únicos y hermosos. Singularidades irrepetibles. Y tenemos una oportunidad (mientras no se demuestre lo contrario), tenemos tan solo una vida para demostrar (a los que nos rodean y a nosotros mismos) que nuestra unicidad merece la pena. Consideren esa única vida que se les ha otorgado como si fuera una pistola cargada con una sola bala en los momentos finales de una película de Hollywood. Y, sí, desafortunadamente, es probable que, a veces, el hombre sea un lobo para el hombre (Homo hominis lupus), pero estoy seguro de que hasta la oveja es, a veces, un lobo para la oveja (Pecus pecoris lupus). Por eso, yo me quedo con los millones de veces que el hombre elige ser amigo para el hombre (Homo hominis amicum), cuando el hombre se convierte en refugio para el hombre (Mulier hominis portus) o cuando el hombre se presenta como una alegre melodía para el hombre (Homo mulieris amoena melodia).

El individuo magnífico con el que me encuentro para la entrevista de este mes se llama Miguel Rollón. Valdemoreño de toda la vida aunque nació, por motivos familiares, en Navatalgordo, provincia de Ávila. Inició la educación primaria en Valdemoro y, a los ocho años, marchó con su familia a Colonia, en el oeste de Alemania (Miguel Rollón: «Lo más alucinante fue pasar de una localidad como Valdemoro, que, entonces, tendría unos cinco mil habitantes, a una ciudad de más de un millón. Fui a un colegio hispano-alemán. Así, pasé de una escuela en la que todos éramos del mismo pueblo a otra en la que cada uno éramos de una región o país hispanohablante distinto. Desde niño, conviví con todas las razas y nacionalidades. Era un mosaico de culturas. Mis amigos eran turcos, árabes, alemanes, venezolanos, mexicanos…»). En la escuela alemana, les enseñaban, tanto a los chicos como a las chicas, a cocinar y a coser.

¿La importancia de la cultura y la educación?

La cultura supone una idea del tiempo que se niega a definir al individuo como consumidor, como sujeto vacío, y que se niega a tratar el presente con la urgencia de lo que no está destinado a permanecer. La educación y la cultura suponen un modo especial de saber hablar o saber callarse a tiempo, lejos del ocio cutre que nos venden en esta época acelerada de consumo de usar y tirar. Los poemas y las novelas se niegan a la miserable mercantilización del tiempo.

¿Qué aconsejas a alguien al que no le guste la poesía o la literatura?

Que se atrevan a experimentar o a descubrir una nueva pasión. Porque de la poesía nos expulsaron los profesores del instituto, al obligarnos a leer poemas o libros que nos aburrían y no entendíamos. Para que algo nos guste hace falta pasión, así que, si un poeta no te gusta, prueba con otro. Para mí, la literatura es una forma de pasión y de resistencia contra el mundo del egoísmo, del individualismo que deja vacío de significado el instante en esta sociedad de consumo.

En Alemania estuvo hasta los trece años (Miguel Rollón: «Cuando regresé a Valdemoro, añoré mucho Alemania. Me pasó las dos veces que volví de Alemania. En Valdemoro me sentía fuera de lugar. Aquí estaban mi familia, mis amigos…todo. Sin embargo, me sentía fuera de lugar…»).

Valdemoro

Valdemoro es el lugar del mundo donde mi historia puede atacarme en cada esquina. Aquí nada me resulta indiferente. Es mi pueblo. Es el lugar donde el anciano al que le cedo el asiento me dice: «Ah, yo era amigo de tu madre, de tu abuela». Aquí están mis muertos, aquí di mi primer beso, estas son mis raíces.

Valdemoro se ha llenado de calles iguales y vacías entre bloques de hormigón, porque nos hemos hipotecado la vida a los bancos por más de treinta años. Aun así, Valdemoro es la ciudad que se resiste a dejar de ser un pueblo. Aquí, hay identidad, sentido de pertenencia, vínculos, donde nos importa lo que le sucede a la vecina del segundo izquierda.

Soy melancólico del pueblo que conocí en mi infancia y adolescencia en el que todo el mundo se conocía; de la vida en la calle, de las tardes cuando la calle Grande se cortaba al tráfico y los vecinos nos dedicábamos toda la tarde a pasear. Y, aunque acepto los cambios históricos, mantengo una ilusión precavida y renuncio a afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor y a la falsedad de un edén perdido. Amo Valdemoro.

Tras estudiar FP en la ECAM, en Valdemoro, a los diecisiete años, volvió a Alemania para estudiar una especie de formación profesional: restauración de antigüedades. Solo que allí, una cuarta parte de los estudios eran formación en clase y las otras tres cuartas partes consistían en trabajar en el gremio de la restauración (Miguel Rollón: «De todos los trabajos que he tenido, la restauración de antigüedades ha sido el que más satisfacciones me ha dado en la vida. En España, intenté dedicarme a ello, pero aquí no se valoraba como trabajo…»).

Cuando volvió a los veintiún años, no entendía por qué todos sus amigos comenzaron a casarse. El objetivo que tenían era casarse y comprarse un piso después de hacer la mili (Miguel Rollón: «A mí, eso no me entraba en la cabeza. Fue en ese momento cuando empezaron a llamarme raro. En Alemania, esa cultura no existía. Los alemanes se independizaban de sus padres. Se iban a vivir con sus novios, sus novias o con amigos, pero no tenían que casarse para vivir juntos. Eso me ocasionó muchas rupturas de pareja…»).

Antes de marcharse a Alemania por segunda vez, Miguel ya formó su primer grupo de música en Valdemoro (Miguel Rollón: «Nos fuimos a Herencia a la vendimia para poder comprar los instrumentos…»). Cuando regresó a España con veintiún años, retomó la música y formó parte de la orquesta Bus, que, entre 1984 y 1989 tocó en todas las fiestas patronales de Valdemoro (Miguel Rollón: «Yo tocaba el bajo. Y también, con el tema de la música, traía yo otro tipo de inquietudes: yo venía con la influencia de la música europea y lo que aquí gustaba estaba un poco desfasado. Así que encontré mi refugio cultural en Madrid. Pude conocer a Olé Olé, a Mecano, a Tino Casal, con el que tuve mucho trato… Muchos de esos grupos iban a Alemania a comprar instrumentos musicales y, estando yo allí, les había servido como intermediario. Se habían quedado a dormir en mi casa…»).

A los veinticinco años, se dio cuenta de que era muy difícil vivir de la música. Así que comenzó a estudiar para sacarse unas oposiciones. Estuvo dos años preparando oposiciones para el Ministerio de Justicia y acabó aprobando para trabajar en el Ayuntamiento de Valdemoro. Sin embargo, el derecho no dejaba de ser, también, una pasión para Miguel Rollón y, tras aprobar las oposiciones, decidió estudiar en la universidad para convertirse en abogado (Miguel Rollón: «Salía de trabajar a las tres y las clases comenzaban a las cuatro. Comía un bocadillo y me iba para la Autónoma. Así estuve cuatro años, hasta que me saqué la carrera…»). Miguel ejerció de abogado durante diez años.

De todo lo que esta vida nos ofrece, Miguel se queda con los instantes y con los recuerdos. Para él, la felicidad consiste en crear y en descubrir. Las tres cosas que más le gustan son viajar, leer y escribir. Cuando viaja y cuando lee, descubre. Cuando escribe, crea. Leer es especialmente importante para él porque, como dice, «cuando lees, te haces dueño de tu tiempo». Lleva escribiendo y leyendo poesía desde la adolescencia (Miguel Rollón: «Comencé a escribir de adolescente para ligar. Ahora escribo para salvarme. La verdadera poesía nos cura y nos une incluso (sobre todo) en los peores momentos. A mí me salvo de la depresión la poesía de Luis García Montero, Benjamín Prado, Gil de Biedma y Mario Benedetti. Un sofá ante una pérdida no te consuela, un poema te acompaña en el dolor. Descubrir la lectura y escribir es encender hogueras en la oscuridad, tener conciencia de que, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre»).

Ha escrito poesía durante toda su vida, en su despacho tiene poemas para llenar decenas de libros y, sin embargo, no publicó su primer libro (Los días que no queremos, Valparaíso Ediciones, 2018) hasta el año pasado. Dice que no publicaba sus poemas por pudor. O por vanidad. O, tal vez, por una combinación de ambos. Al final, publicó porque le insistieron los amigos. Publicó su primer libro para ir a recitar poemas en festivales y, así, poder estar con sus amigos (Miguel Rollón: «En este libro la suerte me vino a buscar. Se ha publicado en varios países, incluida su versión en inglés en Estados Unidos. Y lo más bonito es que me está permitiendo conocer muchos países y otras culturas»).

¿Qué es para ti escribir un poema?

Escribir poemas no es casi nunca buscar consuelos. No es un desahogo sentimental, para hacerlo público. Escribir nos obliga a descubrir lo que hay de los demás en nosotros mismos. Aprender que el yo biográfico es distinto del personaje literario. Un poema solo funciona cuando es habitado por el otro; cuando escribo un poema de amor el lector debe pensar en su propio amor, en el ser con el que siente.

¿Cómo te ayuda la poesía para la vida?

A no mentirme, ni creerme en posesión de la verdad. A sentirme libre, una libertad que no consiste en poder decir lo que pienso, sino en poder pensar lo que digo. A responsabilizarme de mi propia mirada. A apostar por la experiencia humana y a alejarme de los anuncios publicitarios que pueblan las calles, porque quien se separa mucho de la realidad acaba estrellándose contra ella. Me gusta soñar con los ojos abiertos y con los pies en la tierra.

Para entrevistar a alguien, para llegar a conocer un poco el contenido de su interior, hay que atravesar varias capas que, como círculos concéntricos, rodean a los seres humanos. En el caso de Miguel Rollón, una de esas capas es su piso en Valdemoro. Miguel me invitó a su casa para llevar a cabo esta entrevista y, desde el recibidor hasta el cuarto de baño para invitados, me percaté de que el parque Warner no era el único parque temático de la Comunidad de Madrid (tan cerca el uno del otro). En el caso del piso de mi entrevistado (el parque Miguel Rollón), se trata de un parque temático para poetas,  lleno de montañas rusas de palabras escritas por las paredes de la casa (en el cuarto de baño, hay una frase escrita a la altura de los ojos del hombre que está orinando de pie y otra frase escrita, en la pared de enfrente, a la altura de la persona que está sentada en la taza), con una inmensa colección de fotografías de músicos y poetas famosos (posando junto a Miguel) y una pared dedicada a los retratos en blanco y negro de su familiares más cercanos. Hay paredes empapeladas con entradas de conciertos míticos, sombreros de varias clases que cuelgan por todos lados, carátulas de vídeo de películas estupendas forrando una pared y casetes originales de sus grupos favoritos cubriendo parte de otra. Hay guitarras, siempre afinadas, dispuestas para ser tocadas por sus huéspedes. En la cama de la habitación de invitados ha dormido un buen número de poetas nacionales e internacionales (nunca todos a la vez). En la nevera, cerveza fresca y extracto natural de jengibre para los gin-tonics. En el mueble bar del salón, tequila del bueno. Solamente tequila del bueno.

¿Tu experiencia como lector?

Al hacerme lector, me sumergí en un mundo mágico en el que las cosas eran algo más de lo que parecían ser. La literatura conforma una memoria de la experiencia humana, un saber de siglos. Alegrías y sufrimientos que nos convierten en seres con memoria y que nos comprometen con el futuro. Leer es una forma de estar sentados en el balcón mirando el discurrir de la vida cotidiana, las rutinas de la gente que pasa, se encuentra, se besa y se despide. Nada es más hospitalario que un libro que nos recibe ordenado para hablarnos de nuestra vida.

Miguel Rollón ha organizado recitales poéticos en España y Argentina (procura ir a Buenos Aires un par de veces al año). Presume de conocer a un buen número de poetas de todo el mundo.

¿Cómo ves el panorama de la poesía en España?

Las redes sociales son hoy la más grande residencia de ancianos. Nos desconecta de la realidad y de nuestra propia experiencia. La tecnología ofrece herramientas que son buenas o malas según se utilicen. Es el videojuego quien controla y decide nuestros gestos, y el buscador de Google da una información distinta a cada usuario según su personalidad ¿Este es un modo de hacernos más libres o de programar nuevas formas de dominio? Sin embargo, en las redes hay poetas muy jóvenes que reúnen numerosos admiradores entre las personas de su generación y que alcanzan ventas inusuales cuando publican libros. Necesitamos compartir los sentimientos. La ética de la poesía es incompatible con la obediencia efímera del «me gusta».

El libro de poesía Los días que no queremos de Miguel Rollón ha sido distribuido en España, Argentina, México, Colombia, Centroamérica y, recientemente, ha visto su versión traducida al inglés en Estados Unidos (con el título Detroit Doesn’t Love Us Anymore).

¿Qué nuevo proyecto tienes entre manos?

Después de ver a un mendigo pidiendo limosna sobre un cartón donde podía leerse un aviso fuerte, «Muy frágil», decidí escribir sobre el amor. La conciencia de que necesitamos vivir juntos por pura dependencia, de cuidar y ser cuidados. Nos une la debilidad. La verdad del amor no tiene que ver con la fidelidad, sino con la lealtad. Un libro para los soñadores que cada noche brindan por la luz rota de las estrellas.

Somos individuos fantásticos. Magníficos ejemplares únicos y hermosos. Singularidades irrepetibles. Y tenemos una oportunidad (mientras no se demuestre lo contrario), tenemos tan solo una vida para demostrar (a los que nos rodean y a nosotros mismos) que nuestra unicidad merece la pena. Miguel Rollón encuentra la felicidad descubriendo y creando. Para Miguel, la vida tiene sentido cuando viaja, cuando lee, cuando escribe. Y viaja, y lee, y escribe tanto como puede. Porque somos individuos magníficos, pero no debemos olvidar que, después de poco más de cien años, nuestros huesos, ordenados y silenciosos, pueden aspirar únicamente a conformar un hermoso ejemplar de esqueleto humano. Y eso, hoy en día, como están de mal acostumbrados con la comida gourmet para mascotas de los supermercados, no les importa ni a los perros.