Cuentos Probeta

Seis – Six

Seis (De la serie Ocho historias del medio oeste) Otra canción acerca de la lluvia. Esta vez en forma de rap. Thomas Brooks, de doce años, limpia su pistola. Ha desmontado el tambor para no dejarse ni un rincón. La pistola es muy negra como él. En sus pensamientos está gran Bob. Gran Bob era su entrenador de baloncesto. Fue asesinado la semana pasada. En un callejón. Cuando Thomas Brooks preguntó al reverendo Hastings, éste le respondió que gran Bob estaba ahora en el cielo. Thomas no dijo nada. Gran Bob, al que tanto había admirado, se ocupaba del equipo de baloncesto pero no gratuitamente. Se había aprovechado de muchos de los chicos y dos semanas atrás lo intentó con Thomas. Thomas se opuso y gran Bob le dio una paliza. Dos días más tarde, Thomas Brooks lo siguió y llegando a un callejón le pegó tres tiros. Le han interrogado pero nadie ha sospechado de él. Ahora, decepcionado, Thomas limpia su pistola. Tanto esfuerzo para que ese bastardo vaya al cielo. Hay que terminar el trabajo. Sobre la mesa, bote de píldoras para dormir. La pistola escondida bajo el brazo. Thomas quiere ir al cielo y acabar con el hijo de puta de gran Bob de una vez por todas. Tras doce píldoras, sabe que en menos de una hora estará llamando a las puertas del cielo. (Cuentos Probeta)

Six (from the series Eight stories from the Midwest) Another song about the rain. This time it is a rap. Twelve-year-old Thomas Brooks, cleans his gun. He has taken the drum barrel out to do it thoroughly. The gun is as black as him. Big Bob is in his thoughts. He used to be his basketball coach until he was murdered last week. In a dead-end street. When Thomas Brooks asked reverend Hastings, he said Big Bob is in heaven now. Thomas said nothing. Big Bob, who he had admired so much, was in charge of the basketball team, but not for free, he found out. He had taken advantage of many of the kids and a couple of weeks ago, he tried it with Thomas. Thomas refused him and Big Bob beat him up. Two days later, he followed Big Bob and when he arrived at that dark street, he shot him dead. He’s been interrogated but he is not a suspect. So much effort and now that bastard is in heaven. He’s got to finish his job. On the table, a bottle of sleeping pills. The gun, concealed under his arm. Thomas wants to go to heaven and get rid of that son of a bitch for good. After twelve pills, he knows that in less than an hour, he’ll be knocking on heaven’s door. (Test Tube Tales)

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