Espectador en serie

Cómo conocí a vuestra madre – How I met your mother

Cómo conocí a vuestra madre – En lo que a comedias románticas se refiere, parece haber una moda que se recrea con la idea del destino y pospone lo que no se puede posponer, que es el que los dos protagonistas se conozcan y se enamoren. No faltan los que afirman que, en cuanto estos dos protagonistas se ponen a vivir juntos, se acaba la comedia. No sé qué decirte. Es evidente, sin embargo, que tiene menos interés. Dos parejas empiezan a salir juntas y no hablan de cómo se las arreglan en el día a día. No, se preguntan cómo se conocieron. Se me ocurren las historias más divertidas para que una pareja se conozca. Y no me tengo que inventar nada. Simplemente hacer memoria. Conocí a una pareja que se había conocido a través de los anuncios de relaciones. Llevaban juntos unas semanas cuando coincidí con ellos en una cena. No sé ni cómo había sido su vida antes de conocerse, ni si todavía siguen juntos. Simplemente cené con ellos y ahora parece como si el único propósito de esa cena fuera el que me enterara de cómo se habían conocido. Aún estaban algo payasetes al respecto. Honesta y desagradablemente payasetes. Ella había leído el anuncio en el periódico. Lo había recortado y se había asegurado de llevarlo encima para que lo pudiéramos leer. Tuvimos la oportunidad de hacerlo. Caballero, 33, divertido e inteligente disfruta llevando calzoncillos del Coyote. Él se había asegurado de llevar los calzoncillos aquella noche y también tuvimos la oportunidad de verlos. Allí, en medio de la cena, se levantó y se bajó los pantalones para que viéramos al Coyote detrás de una roca. En cuánto sabes con quién quieres pasar el resto de tu vida, quieres empezar el resto de tu vida cuanto antes. Cito a Billy Crystal en una comedia ejemplar, que es Cuando Harry encontró a Sally. ¿Qué puñetas es el resto de tu vida? Naces y ahí está, el resto de tu vida. Acabas la universidad y ahí lo tienes, el resto de tu vida; Echas un zurruño y ahí lo tienes, el resto de tu vida. Me preguntó cómo se conocieron Epi y Blas, y cuándo el Coyote decidió dar caza al Correcaminos en vez de pedir carne fresca de Correcaminos por correo a la compañía Acme. Aún mejor, me pregunto por qué no cría correcaminos en una granja y los vende para Acción de Gracias y Navidad. Seguro que triunfaba. Me pregunto cuándo decidió perseguir al correcaminos para el resto de su vida.

How I met your mother – As far as romantic comedies are concerned, there seems to be a trend that toys with the idea of fate and postpone what is unpostponable, which is the fact that both protagonists meet and fall in love with each other. Some would say that, once these two people start living together, the comedy is over. I don’t know about that. It seems to have less general interest, though. Two couples start going out together and they won’t talk about how they cope with everyday life. No, they’ll start asking each other how they met and fell in love. As if that remembrance helps the magic keep on happening. I can think of the greatest stories on how a couple met. And I don’t have to make anything up, just recall what I have been told. I once met a couple who had met through the personal ads. They had been together for some weeks when I met them. I don’t know what they were like before they met and, actually, I don’t know if they are still together. I just had dinner with them, and it looks like the only purpose of my meeting them was getting to know how they had met. They were still goofy about it. Honestly and disgustingly goofy. She had read his ad on the newspaper. She had cut it out and was keeping it so she could show everybody. We therefore had the chance to read it. Funny intelligent man in his early thirties enjoys wearing Coyote underwear. He had his Coyote underpants boxers on, of course, and therefore we had the chance to see them, too. There, in the midst of dinner, he got up and pulled his trousers all the way down to make sure we could see them. As soon as you know who you would like to spend the rest of your life with, you want to start the rest of your life as soon as possible. I am quoting Billy Crystal in an exemplary romantic comedy, When Harry met Sally. What on earth is the rest of your life? You are born and you have the rest of your life; you finish college and you have the rest of your life; you have a shit and you have the rest of your life. I wonder how Ernie met Bert and when Coyote decided to hunt down Roadrunner instead of ordering fresh roadrunner meat from Acme. Even better, I wonder why Coyote doesn’t breed roadrunners and market them for Thanksgiving and Christmas. It would be something. I wonder when Coyote decided to chase Roadrunner for the rest of his life.

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Textos invitados

¿Por qué escribo?

por Félix Romeo

Escribo porque soy diferente.

Escribo para ser diferente.

Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escritor. Nunca había hablado con un escritor. Había leído a Rimbaud. Había leído una biografía de Rimbaud. Había leído los manifiestos dadaístas y El hombre aproximativo de Tristan Tzara. Siempre había leído. Había leído los libros de Enid Blyton. Había leído los siete secretos y los cinco. Había leído otros libros que no eran de Enid Blyton pero lo parecían, como los de los tres investigadores.
Y, antes de que supiera leer, mi madre me leía cuentos y me contaba historias que yo entendía a medias: historias de su pueblo, Castejón de Tornos, Teruel, junto a la Laguna de Gallocanta, que para mí estaba tan lejano como Tokio; historias de estraperlos; historias sobre la obstinación de los burros, sobre todo cuando hacía un frío del demonio y al parecer lo hacía siempre; de los maquis y sus razias; historias del azafrán y la dificultad de conseguirlo; historias de los carnavales secretos de la posguerra, con ensabanados y rondas; de las cartas de amor que le enviaba mi padre… personajes abandonados en mitad de la nada que trataban de escapar no se sabe de dónde ni cómo. Unas historias que luego leí en Agota Kristof.

Quería ser un escritor porque era diferente y quería ser un escritor de los diferentes. Digo escritor, pero lo que yo quería era ser un poeta diferente. En 8º de EGB fabriqué mis primeras plaquettes fotocopiadas. Las destruí poco después porque me daba vergüenza escribir tan mal. Ahora puedo decir que en esas plaquettes está lo mejor que he escrito.

Aunque quizá leía más solo que escribía solo, porque entonces publiqué mis primeros poemas en una revista. No guardo ni un ejemplar. Me avergonzaba esa revista, sabía que estaba mal hecha, que era cutre… y aunque sabía que la revista estaba mal hecha y que era cutre, me sentía feliz porque publicando en esa revista que me avergonzaba me convertía en escritor. Nadie lo sabía, pero yo había cruzado una línea y ya no podía volver atrás. Recuerdo el nombre de la revista.

Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo porque me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura sólo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego.

Escribo porque tengo algunas historias viejas que contar. Las que me llenan la cabeza ahora sucedieron todas antes de que cumpliera veintiocho años: la de un asesino que mató a su mujer y con el que compartí celda en 1995 en la cárcel de Torrero de Zaragoza, que ya ha desaparecido, demolida por la piqueta; la de una loca, prima de mi padre, a la que visitamos en un manicomio de Valencia en el verano de 1975; la de unos curanderos de Petrel, Paco y Lola, que visitamos cuando mi abuela Rosario había sido desahuciada por los médicos.

Mi padre me cedió su máquina de escribir. Y una vez que se la arrebaté ya no podía cambiar: tenía que escribir y tenía que ser escritor. Ahora, más que diferente, me siento extraño.

Publicado en la revista ‘Minerva’ del Círculo de Bellas Artes, en 2009.

Textos invitados

La Gleba

                                                   “Si este [el amor] aflojara las
                                                    riendas, todas las cosas que
                                                    ahora viven en paz irían a una
                                                    guerra cruel.”
                                                                                              BOECIO
 

                                       Me invento el amor como se

                                       inventan la ciudad los que

                                       viven fuera de la muralla.

                                       La tornadiza, la lenguaraz,

                                       la ramera y sus escalas de

                                       asalto. Tú, la ubérrima, la

                                       del labio feudal, la dadora

                                       de consolación, la que corre

                                       por la gleba sujetándose la

                                       falda y frías las piernas.

                                     JUAN JOSÉ ALMAGRO IGLESIAS

Presentación

Un año de bitácora electrónica

       Sirva de referencia para otros años. Este blog ha recibido 3.713 visitas en su primer año de vida. Las visitas se hicieron desde 29 países distintos: España, Estados Unidos, Reino Unido, Portugal, México, Alemania, Italia, Canadá, Argentina, Noruega, Colombia, Vietnam (gracias, Lidia y Antonio, por visitarme), Polonia, Uruguay, Ecuador, Holanda, Chile, Bolivia, Perú, Turquía, Francia, Rusia, Eslovaquia, Puerto Rico, Bélgica, Irlanda, Paraguay, Venezuela y Costa Rica.

       Si hay unos 200 países en el mundo, todavía quedan muchos. Quedan muy poquitos de habla hispana, concentrados en América Central y Caribe (Panamá, Guatemala, el Salvador, Cuba, República Dominicana, Honduras y Nicaragua); queda toda África, todo Oriente Medio, quedan los dos países más poblados del mundo y queda Japón y Australia.

     Tengo dos blogs más. El de escritores de Valdemoro ha recibido visitas de Suiza, Tailandia, República Dominicana, El Salvador, Panamá y San Vicente y las Granadinas. El de mis clases de inglés ha recibido visitas de Japón.

       La conquista del mundo queda todavía muy lejos.

Recomendaciones·Textos invitados

Las moscas, de Augusto Monterroso

       Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres. Hace años tuve la idea de reunir una antología universal de la mosca. La sigo teniendo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que era una empresa prácticamente infinita. La mosca invade todas las literaturas y, claro, donde uno pone el ojo encuentra la mosca. No hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema, una página, un párrafo, una línea; y si eres escritor y no lo has hecho te aconsejo que sigas mi ejemplo y corras a hacerlo; las moscas son Euménides, Erinias; son castigadoras. Son las vengadoras de no sabemos qué; pero tú sabes que alguna vez te han perseguido y, en cuanto lo sabes, que te perseguirán para siempre. Ellas vigilan. Son las vicarias de alguien innombrable, buenísimo o maligno. Te exigen. Te siguen. Te observan. Cuando finalmente mueras es probable, y triste, que baste una mosca para llevar quién puede decir a dónde tu pobre alma distraída. Las moscas transportan, heredándose infinitamente la carga, las almas de nuestros muertos, de nuestros antepasados, que así continúan cerca de nosotros, acompañándonos, empeñados en protegernos. Nuestras pequeñas almas transmigran a través de ellas y ellas acumulan sabiduría y conocen todo lo que nosotros no nos atrevemos a conocer. Quizá el último transmisor de nuestra torpe cultura occidental sea el cuerpo de esa mosca, que ha venido reproduciéndose sin enriquecerse a lo largo de los siglos. Y, bien mirada, creo que dijo Milla (autor que por supuesto desconoces pero que gracias a haberse ocupado de la mosca oyes mencionar hoy por primera vez), la mosca no es tan fea como a primera vista parece. Pero es que a primera vista no parece fea, precisamente porque nadie ha visto nunca una mosca a primera vista. A nadie se le ha ocurrido preguntarse si la mosca fue antes o después. En el principio fue la mosca. (Era casi imposible que no apareciera aquí eso de que en el principio fue la mosca o cualquier otra cosa. De esas frases vivimos. Frases mosca que, como los dolores mosca, no significan nada. Las frases perseguidoras de que están llenas nuestros libros.) Olvídalo. Es más fácil que una mosca se pare en la nariz del papa que el papa se pare en la nariz  de una mosca. El papa, o el rey o el presidente (el presidente de la república, claro; el presidente de una compañía financiera o comercial o de productos equis es por lo general tan necio que se considera superior a ellas) son incapaces de llamar a su guardia suiza o a su guardia real o a sus guardias presidenciales para exterminar una mosca. Al contrario, son tolerantes y, cuando más, se rascan la nariz. Saben. Y saben que también la mosca sabe y los vigila; saben que lo que en realidad tenemos son moscas de la guarda que nos cuidan a toda hora de caer en pecados auténticos, grandes, para los cuales se necesitan ángeles de la guarda de verdad que de pronto se descuiden y se vuelvan cómplices, como el ángel de la guarda de Hitler, o como el de Johnson. Pero no hay que hacer caso. Vuelve a las narices. La mosca que se posó en la tuya es descendiente directa de la que se paró en la de Cleopatra. Y una vez más caes en las alusiones retóricas prefabricadas que todo el mundo ha hecho antes. Pues a pesar tuyo haces literatura. La mosca quiere que la envuelvas en esa atmósfera de reyes, papas y emperadores. Y lo logra. Te domina. No puedes hablar de ella sin sentirte inclinado hacia la grandeza. Oh, Melville, tenías que recorrer los mares para instalar al fin esa gran ballena blanca sobre tu escritorio de Pittsfield, Massachusetts, sin darte cuenta de que el Mal revoleteaba desde mucho antes alrededor de tu helado de fresa en las calurosas tardes de niñez y, pasados los años, sobre ti mismo en el crepúsculo te arrancabas uno que otro pelo de la barba dorada leyendo a Cervantes y puliendo tu estilo; y no necesariamente en aquella enormidad informe de huesos y esperma incapaz de hacer mal alguno sino a quien interrumpiera su siesta, como el loquito Ahab, ¿Y Poe y su cuervo? Ridículo. Tú mira la mosca. Observa. Piensa. 

Augusto Monterroso