Espectador en serie

El Show de Benny Hill – El final de la inocencia

El Show de Benny Hill – El final de la inocencia  (De la colección Espectador en serie)

Alfred Hawthorn Hill, más conocido como Benny Hill, fue encontrado muerto en su apartamento de Teddington el 24 de abril de 1992. Algunos vecinos habían avisado, preocupados, a la policía, pues Hill no había dado señales de vida desde el inicio de las vacaciones de Semana Santa. Las fuerzas del orden lo encontraron sentado en su sillón, enfrente del televisor. Posiblemente una trombosis coronaria había acabado con él unos cuatro días antes. Desde comienzos de los noventa, Hill acarreaba problemas de corazón debido a su sobrepeso. Había alcanzado los 108 kilos con su metro ochenta de estatura.

En su testamento, dejaba toda su fortuna, unos 15 millones de euros, a sus padres, ya fallecidos. Como sus hermanos ya habían muerto también, la herencia fue repartida entre siete sobrinos con los que apenas tenía relación. Fue enterrado dos veces en Southampton. La primera, tras su muerte. La segunda, en octubre del mismo año, después de que alguien saqueara su tumba siguiendo los rumores de que Hill había sido enterrado con numerosas joyas.

Tres años antes, en 1989, El show de Benny Hill había sido cancelado después de 34 años de travesuras. Las razones alegadas por la productora fueron que el programa no alcanzaba la cuota de audiencia esperada, pero, según parece, el show gozaba de una popularidad envidiable. Las verdaderas razones parecían ser otras. El programa se había quedado obsoleto. Benny Hill repetía las mismas bromas una y otra vez y su espectáculo no encajaba en la incipiente sociedad políticamente correcta. Podía ser tachado de machista y su caracterización de las diferentes razas y nacionalidades era propia de los años del imperio británico y no de una sociedad multicultural integrada en Europa.

Lo cierto es que El show de Benny Hill fue y sigue siendo un programa de referencia, un lugar de encuentro entre el sentido del humor de las primeras y las últimas décadas del siglo XX. Eran frecuentes las escenas de cine mudo con música de piano, las largas persecuciones a cámara rápida, los números de revista y vaudeville, los sketches humorísticos con música clásica, las escenas propias de payasos de circo y las bromas propias de tiras cómicas de periódico. También continuaba una vieja tradición de hombres vestidos de mujer, de chistes de suegras, de chistes verdes o de aventuras con muchachos traviesos como el Jaimito de nuestra infancia. Además, Benny Hill fue uno de los inspiradores de nuestros cómicos del destape, siempre acompañado de muchachas en minifalda con unas piernas tan largas como las suecas de Forges. Benny Hill era, también, consciente del importante referente universal que suponía la televisión y, en especial, las teleseries de éxito internacional. En sus programas de los años setenta y ochenta, incluyó parodias de numerosas telenovelas, de series del oeste e imitó a Starsky y Hutch y a Kojak.

Puede que los sketches de Hill se hicieran repetitivos y puede que su humor se hubiera quedado anclado en el pasado pero la fórmula de su programa seguía funcionando. Los sketches se incorporaron a programas de entretenimiento intercalándose con las entrevistas o las interpretaciones musicales y se crearon series que repetían las estructuras del programa de Hill pero adaptándose al humor de los tiempos. Podemos recordar el programa del australiano Paul Hogan (El show de Paul Hogan) o el que hizo en España Emilio Aragón (Ni en vivo ni en directo).

En los últimos años, siguen saliendo programas de sketches, como puede ser Agitación + IVA o el intento fallido de Splunge. Pero son los británicos los que brillan, una vez más con este tipo de programas. La serie Little Britain (Pequeña Gran Bretaña) ha cosechado grandes éxitos gracias a una excelente realización, cuidando al máximo todos los aspectos formales, y un contraataque del humor políticamente incorrecto. En este caso, la mayoría de las escenas las protagonizan un personaje homosexual que se queja y, a la vez, se jacta de ser el único gay en un perdido pueblo de Gales; un falso parapléjico retrasado que abusa del voluntario social que cuida de él; una muchacha de barrio obrero con un vocabulario limitadísimo pero con una velocidad de discurso vertiginosa; un pervertido que no deja de encontrar excusas para visitar a su amigo porque tiene fantasías sexuales con la madre de éste, de setenta años y, por último, un travestí que salta a la vista que es un hombre para todo el mundo menos para sí mismo.

Little Britain es una serie de gran calidad. Pero, viendo los temas a los que acudimos para hacer humor en los primeros años del siglo XXI, nos damos cuenta de la candidez de los boy scouts en pantalones cortos de Benny Hill, de los amantes en el armario, de los ligueros, de la ropa interior de los setenta, de los tirachinas utilizados para mutilar las dos primeras letras el cartel de los baños de mujeres (WOMEN) para que el incauto se metiera en los baños equivocados (MEN) y provocara una persecución por el campo, un tirón de orejas o unas palmaditas en la calva de su compañero de reparto. Nos damos cuenta de que la cancelación de El Show de Benny Hill supuso el final de la inocencia.

 

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