Espectador en serie

Sexo en Nueva York – La ciudad es para mí

Sexo en Nueva York – La ciudad es para mí (De la colección Espectador en serie)

La teleserie es fundamentalmente urbana. En las grandes ciudades se crean cientos de pequeñas comunidades y cada teleserie se ocupa de uno de esos grupos de personas que viven en la gran ciudad. En la mayor parte de los casos, cuando uno es extranjero, el nombre de la ciudad nos dice muy poco, se nos pasan por alto muchos de los guiños que las series hacen a los ciudadanos de ese lugar y, simplemente, el único mensaje que recibimos es que nuestros protagonistas son habitantes de una gran ciudad, con lo que sus relaciones y sus comportamientos son básicamente urbanos.

La elección de la ciudad, sin embargo, no es asunto baladí. Una teleserie puede ser una de las mejores formas de promocionar tu ciudad y existe una verdadera competición por ser sede de una teleserie. Nueva York y Boston[1] se llevan la palma pero tenemos también muchas series ambientadas en Los Ángeles[2], en San Francisco[3] o en Chicago[4]. La elección de la ciudad puede ser motivada por una moda, como en el caso de Frasier, que eligió Seattle para vivir, coincidiendo con el auge económico y cultural que disfrutó la ciudad a comienzos de los noventa. En otros casos, la elección obedece a una cuestión cultural, como en Las Chicas de Oro. Florida es, debido a su clima, el estado con más pensionistas de Estados Unidos, con lo que parecía natural que la serie tuviera lugar en Miami.

El caso de Nueva York es excepcional. Las referencias a Nueva York son tan frecuentes que cualquier espectador extranjero entiende muchos de los comentarios que se hacen sobre la ciudad en la serie. Un recién llegado no tarda mucho en convertirse en neoyorquino si le va bien (o si ve la serie con asiduidad). En Sexo en Nueva York, esta ciudad pasa a ser uno de los protagonistas de la serie. De hecho, el nombre de la ciudad no aparecía en el título original (Sex and the City) y sí en la traducción al español. Nueva York es la ciudad que observa las buenas acciones de las protagonistas y las besa con su brisa. Aunque deberíamos especificar. No es Nueva York. Es Manhattan, que, casualmente para esta serie, tiene forma de falo[5]. Curiosamente, cuando una de las protagonistas tiene que mudarse de barrio, todas se temen que ya no se volverán a reunir con la misma frecuencia y llegan a decir que su amiga se va de la ciudad.

En la serie, hay comparaciones frecuentes entre la vida en la ciudad y la vida en el campo. Y gana, claramente, la ciudad. Las protagonistas apenas pueden cuidar de sí mismas y es la ciudad, con sus restaurantes, sus taxis y sus tiendas, la que cuida de ellas. Son incapaces, siquiera, de tener una mascota o de mantener una maceta con vida (eso lo comparten con Lorelai Gilmore, viviendo ésta como vive en su querido pueblecico). Pero Sexo en Nueva York va mucho más lejos. Se atreve a comparar Nueva York con cualquier otra ciudad del mundo y nos intenta convencer de que no tiene rival. En un par de episodios, las protagonistas van a Los Ángeles, en principio uno de los posibles competidores de la gran manzana. En otro episodio, Carrie se va a vivir a París, la ciudad de sus sueños. Siempre acaban volviendo todas a Nueva York. Como si la ciudad que nunca duerme fuera el único sitio donde pueden conciliar el sueño.

La fórmula del matrimonio con hijos está en crisis; cada vez cuesta más encontrar a tu media naranja y la búsqueda se convierte en una odisea (literalmente, pues las mayores aventuras ocurren durante el viaje); y el resultado son millones de hogares unifamiliares. El uno pasa a ser el número de moda. El nuevo modelo de un habitante por vivienda favorece al capital. Las familias, después de todo, siguen compartiendo frigorífico, microondas y mampara de ducha (hace ya tiempo que los hogares españoles tienen más de un televisor por hogar). Los nuevos hogares necesitan un electrodoméstico de cada clase para cada persona[6]. Y muchas teleseries (Sexo en Nueva York es el mayor exponente) nos dicen que está bien, que nos tranquilicemos, que no hay ningún problema con vivir en solitario, que, pase lo que pase, siempre tendremos a nuestros amigos que nos sacarán de cualquier apuro.

En Sexo en Nueva York no hablamos de amigos. En este caso sólo tenemos amigas. Y las amigas pasan a ser nuestra verdadera familia. La serie no se saca de la manga (como hacen en otros programas) ningún hermano o hermana, las protagonistas parecen no tener padres y sólo aparece la figura de la madre del novio, la tradicional suegra, que siempre interfiere en la relación de la pareja. Las cuatro chicas de la serie tienen el poder. Todas tienen una profesión de alto copete, eligen a los hombres con los que quieren salir y ejercen todo su poder sobre ellos. Tiene que ser otra mujer, la madre de él, la única que compita por esa influencia sobre el hombre.

Sexo en Nueva York es también una serie educativa. Los unos han tomado las riendas de nuestra civilización y ya, nunca más, volverá a crecer la hierba en los jardines de las casas americanas. Los guionistas intentan explicar las reglas del juego de esta nueva sociedad. Las pautas para establecer relaciones sentimentales se explican con detalle. Friends y Ally McBeal también se ocupan del asunto, Seinfeld saca punta a los pormenores, pero Sexo en Nueva York lo reclama como especialidad de la casa. Las teleseries te explican, paso por paso, cómo tienes que comportarte: desde la elección del restaurante para la primera cita hasta el beso de despedida en la puerta del apartamento de ella.

Todo parece perfecto. Sólo que, al final, uno tiene la sensación de que, si no llevas puestos unos Manolos, vas descalzo por la vida y acabas convencido de que Nueva York es el mejor lugar del mundo mientras seamos ricos, inteligentes, jóvenes y guapos. La serie deja a nuestras protagonistas ahí, en la mejor época de sus vidas. Cuando dejen de ser jóvenes y guapas, si han ahorrado lo suficiente, siempre pueden irse a compartir una casa en Miami Beach.


[1] Algunos ejemplos son Cheers, Ally McBeal o Boston Legal.

[2] El Príncipe de Bel-Air (The Fresh prince of Bel-Air), Joey o La Ley de Los Ángeles (LA Law).

[3] Full House (Padres forzosos) o la mítica The Streets of San Francisco (Las Calles de San Francisco).

[4] Hay series ambientadas en Chicago, como ER (Emergencias) o Married with Children (Matrimonio con hijos) pero la ciudad ha encontrado hueco para promocionarse a través de los programas de entrevistas. Oprah y Jerry Springfield hacen sus programas en Chicago.

[5] Si sólo se trataba de esto, los productores podían haber elegido la península de San Francisco, que no sólo tiene forma fálica, sino que además permanece constantemente en erección.

[6] En Estados Unidos, la excepción la encontramos en las lavadoras. En muchos apartamentos de la ciudad está prohibido tener lavadora, con lo que la gente va a las lavanderías que funcionan a monedas o los bloques de pisos tienen un cuarto lleno de lavadoras y secadoras que pertenecen a la comunidad.

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