Espectador en serie

Mujeres desesperadas – El episodio piloto: la calle de la Histeria (2ª parte)

Mujeres desesperadas – El episodio piloto: la calle de la Histeria (2ª parte) (De la colección Espectador en serie)

La parrilla televisiva es bien parecida a una página de anuncios por palabras. Será importante elegir las palabras adecuadas para llamar la atención del espectador, primero, y para mantenerla, después. ¿Qué mejor, entonces, que recurrir a fórmulas utilizadas por las prostitutas en los anuncios clasificados? Secretarias cachondas, ejecutivas hambrientas y… ¡Amas de casa desesperadas! (esa sería la traducción literal del título en inglés: Desperate Housewives[1]). Ya está. Ya hemos conseguido que nos escuchen. Rápido, ahora necesitamos que la secuencia de los créditos sea atractiva y tenga un ritmo trepidante. La introducción de Mujeres desesperadas es excelente, con referencias a significativas obras de la historia del arte, empezando por un Adán y Eva de Lucas Cranah el viejo y continuando con el Retrato de los Arnolfini de Jan van Eyck, el cuadro American Gothic de Grant Wood o la lata de sopa Campbell de Andy Warhol.

La música se la encargaremos a Danny Elfman, responsable, entre otras, de las melodías de los Simpsons y de las bandas sonoras de casi todas las películas de Tim Burton. La música de Elfman y el colorido de la fotografía dan a Mujeres desesperadas un aire caricaturesco, casi grotesco. Estas características refuerzan la comedia o el suspense del momento de forma magnífica. Si el espectador cierra los ojos y se limita a escuchar algunas de las orquestaciones, enseguida se le llena la cabeza de momentos Warner. Esos en los que el Coyote o Silvestre preparan una de sus fechorías.

Ya tenemos al espectador observándonos. Es el momento de comenzar el episodio piloto. Recordemos que es en el episodio piloto donde queremos establecer más vínculos afectivos con el espectador para conseguir su fidelidad. El episodio piloto de Mujeres desesperadas es lo más parecido a un strip-tease que he visto en mi vida. Cada escena es una prenda, una promesa, un jugueteo, una broma, un misterio. Y todas se suceden como en un desnudo que no acaba nunca. Y no hay una escena gratuita, todas ellas están enlazadas de forma sutil pero podrían ser pequeños cortometrajes independientes y llenos de contenido, como los que se mandan por internet para aliviar el tedio de la oficina.

El espectador se encuentra con un plano general de Wisteria Lane, una calle con nombre, una vez más prometedor. El autobús amarillo de la escuela se aleja por el fondo. Un coche sale despacio. La cámara se fija en una mujer corriendo en chándal hasta que se distrae en el jardín de una casa. Se distrae la cámara, no la corredora. De la puerta de la casa sale nuestra primera mujer desesperada con una cesta de flores. Con una voz en off, empieza presentándose: “My name is Mary Alice Young…Puede que les suene mi nombre por el periódico. Hace poco se hablaba de mí y de lo que me sucedió el pasado jueves.” El espectador recuerda que está viendo Mujeres desesperadas, pero, ¿Cómo están de desesperadas? Todo se sucede con tranquilidad. Mary Alice sonríe mientras se suceden los acontecimientos del pasado jueves. Desayuna con su familia, pone la lavadora, pinta la silla del jardín, recoge la ropa de la tintorería, abre el buzón del correo, corrige la posición de una fotografía encima del piano, coge una caja de zapatos que hay en un armario, de ésta saca un revólver y se vuela los sesos. ¡Bang! Un minuto y doce segundos. Una escena en sí misma, un pequeño cortometraje para mandar por correo electrónico.

La siguiente escena la protagoniza Martha Huber en tono de humor con la ayuda de la música de Danny Elfman. Martha oye un ruido en casa de su vecina Mary Alice mientras se lleva a la boca con el dedo un poco de ketchup derramado en la mesa. Decide buscar una excusa para ir a visitarla. Saca de uno de los armarios una licuadora que Mary Alice le había prestado hacía más de seis meses y que había decidido no devolver. Atraviesa la calle esquivando los aspersores y, cuando ve que Mary Alice no responde a la puerta, se dirige a la puerta trasera de la casa para descubrirla muerta en el suelo. Vuelve a casa, llama a una ambulancia. Se queda pensando y decide quitarle el nombre a la licuadora de Mary Alice. Bang. Un minuto y diez segundos. Otro vídeo para nuestros amigos.

A continuación pasan a presentarnos a Lynette, la corporativa que dejó su brillante carrera para cuidar de su familia. Cuatro hijos endiablados que le hacen la vida imposible y que deciden bañarse en la piscina de Mary Alice el día de su velatorio.  Nos presentan a Grabielle, una modelo retirada que ahora se dedica a exhibir las joyas que le regala su marido. Llega a insinuar que se podría poner el recibo del collar entre sus pechos para que todos lo vieran. Y luego Bree, Bree Van De Kamp, el ama de casa perfecta rodeada de una familia cansada de ser perfecta. Y finalmente Susan. Una secuencia de planos nos hace ver que lo único que sabe cocinar son macarrones con queso. Cocinó macarrones con queso el primer día que ella y su marido se mudaron a la casa nueva, macarrones con queso el día que descubrió que su marido tenía carmín en la camisa, macarrones con queso el día que le dijo que la dejaba por otra. Susan lleva macarrones con queso al velatorio de Mary Alice.

Efectivamente, ya no necesitamos ver los programas de telebasura que nos ofrecen los otros canales. Ya no tenemos que ir deteniéndonos en cada una de las cadenas atraídos por las miserias humanas de los otros, sorprendidos por las vulgaridades de los invitados, aspaventados por las provocaciones de los presentadores, intrigados por los escándalos de la farándula. Mujeres desesperadas nos lo ofrece todo a la vez, en clave de comedia, con una fotografía y una música excelente. Todo concentrado en una lata de sopa Campbell.


[1]  “Housewife” es, además, una palabra pasada de moda. La palabra políticamente correcta en estos momentos es “housekeeper” para no tener connotaciones machistas, pues “housewife” sólo puede referirse a una mujer y “housekeeper”, puede ser “amo o ama de casa.”

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