Espectador en serie

Aquí no hay quien viva – El hueco del ascensor

Aquí no hay quien viva – El hueco del ascensor (De la colección Espectador en serie)

En uno de los grandes episodios de Friends, Joey, que trabaja como actor en la telenovela Days of our Lives, es entrevistado para una revista de televisión. Sus declaraciones molestan a los guionistas de la serie y éstos deciden que el personaje que interpreta Joey muera cayéndose por el hueco del ascensor. Imagínense el resto. Joey Tribbiani rodando el episodio en el que sabe que va a morir cayéndose por el hueco del ascensor. Joey Tribbiani que, saliéndose del guión, aquel día prefiere bajar por las escaleras y todos sus compañeros de reparto diciendo que no, que tiene que bajar por el ascensor. Al perder su trabajo, Joey intenta congraciarse con los guionistas y éstos le permiten reaparecer en la serie. Según la trama que elaboran, Joey reaparece gracias a un transplante de cerebro que le permite volver a la vida, con el mismo cuerpo, pero con la personalidad de la mujer que le cedió el cerebro.

La idea del hueco del ascensor y la del transplante de cerebro no dejan de ser disparatadas, pero, una vez más, basadas en hechos reales. La misma serie Days of our Lives ha matado y devuelto a la vida a más de treinta personajes a lo largo de toda su emisión. Los guionistas de Aquí no hay quien viva no se devanaron los sesos mucho más: Loles León se quedó en coma cuando hicieron que se cayera por la ventana, a su compañero Adriá Collado lo mandaron a vivir a Londres y el personaje que interpretaba Santiago Ramos, sí, se cayó por el hueco del ascensor.

Pero, en la mayoría de los casos, no podemos culpar a los guionistas. No son más que sicarios de los acontecimientos. Varias son las razones que obligan a los escritores de una serie a que desaparezca un personaje. El caso más común lo encontramos al final de cada temporada. Los actores negocian la renovación de su contrato y, si no se llega a un acuerdo, el personaje tendrá que desaparecer de alguna forma. Cuando se trata de dinero, un condicionante fundamental es que los actores principales se lleven bien. Los seis protagonistas de la serie Friends, por ejemplo, acordaron desde la primera temporada que todos cobrarían lo mismo y que todos negociarían su contrato de forma conjunta al final de cada temporada. Fue uno de los secretos de su éxito. Las protagonistas de Sexo en Nueva York, sin embargo, no consiguieron un arreglo similar. A pesar de ser una serie coral, durante el rodaje de las seis temporadas, Sarah Jessica Parker mantuvo mayor protagonismo y fue la mejor pagada del grupo. Cuando terminó la serie, les propusieron hacer una película que tardó cuatro años en salir a la luz porque Kim Cattrall, la actriz que interpretaba a Samantha, exigió que las cuatro protagonistas recibieran el mismo dinero por el largometraje.

Otras veces, no queda otro remedio. Tenemos el ejemplo del entrenador de Cheers. El personaje murió a la vez que  el actor que lo interpretaba. Se dan también casos de incompatibilidades en el trabajo. Mark Hamill, por ejemplo, rodó el piloto de Con ocho basta a la vez que interpretó a Luke Skywalker en La guerra de las galaxias. Previendo el éxito de la película, prefirió abandonar la serie para dedicarse por entero a la trilogía de George Lucas. Curiosamente, prefirieron dejar a Hamill en el episodio piloto de Con ocho basta como reclamo de la serie. En otras ocasiones, los personajes deben desaparecer por escándalo público. Fue el caso de Lisa Bonet en El show de Bill Cosby[1]. Lisa protagonizó una apasionada escena de sexo con Mickey Rourke en El corazón del ángel. Tuvieron que recortar la escena en los cines americanos para que la película no fuera clasificada X. Bill Cosby exigió el despido de Lisa Bonet, que, hasta entonces, había interpretado a su hija mayor en la teleserie. Curiosamente, Lisa Bonet recurrió su despido como improcedente y la productora le propuso una compensación en forma de teleserie. Por un lado, no podían contradecir al poderoso Bill Cosby. Pero, por otro, no estaban dispuestos a perder el proceso legal con Lisa Bonet. Crearon, así, una nueva serie (Un mundo diferente) en la que Lisa Bonet seguía llamándose como en el show de Cosby pero, esta vez, protagonizaba las aventuras de unos amigos en la universidad. Ahí no acabó todo. Lisa Bonet se quedó embarazada durante la segunda temporada de su nueva serie y tuvieron que hacerla desaparecer (la mandaron de viaje por Europa y África) en la tercera temporada.

A veces me pregunto si la vida que nos ha tocado vivir tiene también sus productoras y guionistas. Como las teleseries. Me pregunto si son ellos los que van marcando algunas de las pautas de nuestra vida. Y, cuando no respondemos a sus expectativas, entonces, nos mandan una copia del guión del siguiente episodio. Ese en el que nos toca tomar el ascensor. Claro que, siempre es mejor que lo que le pasó a Janet Hubert-White. La actriz encarnó a la tía Vivian en El Príncipe de Bel-Air durante las tres primeras temporadas. Tuvo desavenencias con sus compañeros de reparto y, al comienzo de la cuarta temporada, la tía Vivian pasó a ser interpretada por una actriz mucho más baja y regordeta llamada Daphne Maxwell Reid. El resto de los protagonistas actuaban como si nada hubiera pasado. Como si la tía Vivian siempre hubiera sido la misma  tía Vivian. Eso es lo que yo llamo un expediente X.


[1] Algo similar ocurrió en Los problemas crecen. Kirk Cameron, uno de los actores principales, se convirtió de forma radical al cristianismo. Tenía 17 años y se lo tomó verdaderamente en serio. Obligó a los productores a expulsar de la serie a una de las protagonistas, Julie McCullough, por aparecer posando en la revista Playboy. Los guionistas de la serie, Dan Guntzelman, Mike Sullivan and Steve Marshall tuvieron que adaptar a toda prisa el hilo argumental de los acontecimientos debido a este despido súbito. Cameron comenzó a supervisar cada uno de los guiones y obligaba a los escritores a omitir cualquier tema adulto. Esto hizo que los guionistas dimitieran al final de la sexta temporada. Años más tarde, Kirk Cameron pidió disculpas por su actitud y atribuyó su comportamiento radical a su juventud.

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