Espectador en serie

Matrimonio con hijos – Títeres con cabeza

Matrimonio con hijos – Títeres con cabeza (De la colección Espectador en serie)

No hay tal cosa. No hay humor políticamente correcto. Cualquier chiste puede ser irrespetuoso para alguien si lo cuentas en el momento o en el lugar inadecuado. El movimiento de lo políticamente correcto es un estado de excepción en el que, si vas a hacer una broma, tienes que mirar a tu alrededor primero y bajar la voz después. Ya no puedes contar chistes sobre nacionalidades, oficios, razas o sexos porque puedes “herir sensibilidades.” En Estados Unidos se optó por que los chistes que, aquí contamos con los habitantes de Lepe, allí serían sobre hombres blancos, jóvenes y ricos. ¿Por qué los hombres blancos, jóvenes y ricos llevan una pértiga en el coche? Para saltarse los semáforos.

Los productores y guionistas de las series quieren llegar al mayor número de espectadores posible y eso significa que tienen que tener cuidado con lo que dicen. Y, por supuesto, siempre hay una serie de grupos que tienen más poder que otros. No es lo mismo reírte de los ítaloamericanos que de los búlgaro americanos, por poner un ejemplo. Hay muchas más empresas dirigidas por ítaloamericanos, que pueden retirar la publicidad que patrocina tu programa, que las que puede haber gobernadas por búlgaro americanos. Hay muchos más consumidores de origen ítaloamericano que de origen búlgaro[1].

Utilicemos un ejemplo real. El episodio de Los Simpsons en el que la familia protagonista viaja a Brasil fue prohibido en este país porque consideraron que las bromas sobre los estereotipos brasileños eran de mal gusto. La embajada de este país en Estados Unidos pidió a la Fox que el episodio en cuestión no se volviera a emitir en la televisión norteamericana.

En las series tradicionales, la familia protagonista era, prácticamente, perfecta. Los problemas para cada uno de los episodios venían del exterior o de alguna travesura que cometían los hijos a la hora de crecer[2]. Los padres mantenían el status quo y lograban solucionar los problemas de forma ejemplar, dando ideas aleccionadoras al espectador de la serie. En las familias disfuncionales, la mayoría de los problemas vienen de dentro. De dentro de cada uno de los personajes o de las fricciones entre los miembros de la familia. Tan sólo hay un personaje que mantiene el sentido común en todo momento. La madre de la familia. Por muy canallas que sean las series actuales, la madre es intocable (las hijas, por lo general, suelen ser también más sensatas). Los productores ejercen aquí una buena dosis de discriminación positiva. Lo peor que le puede pasar a una serie en el siglo XXI es que la tachen de machista.

Matrimonio con hijos fue considerada machista y, en ocasiones, homófoba. En la serie, nadie salía bien parado. La figura paterna, la materna y la de los hijos recibían burlas por todos los lados. Los estereotipos eran castigados hasta la saciedad. La masculinidad del hijo era puesta en entredicho. La hombría del padre a la hora de cumplir los deberes conyugales dejaba mucho que desear. La hija era la típica rubia guapa y descabezada. La madre seguía siendo la mujer tradicional que no trabaja fuera pero ya no hacía pasteles de manzana ni galletas con perlas de chocolate en sus ratos libres. Todo lo contrario. Fumaba mientras cocinaba y sólo pensaba en salir de compras.

Nadie se libra en Matrimonio con hijos. Pero la serie no es machista. La serie hace chistes contra las mujeres. La serie no es homófoba. La serie hace chistes sobre homosexuales. La serie no se hizo con la intención de criticar a los vendedores de zapatos. La serie hace chistes con vendedores de zapatos. En pleno apogeo de lo políticamente correcto, nació una de las series más políticamente incorrectas de la historia. Y la muy descarada duró diez temporadas.

A la hora de crear a Los Simpsons, Matrimonio con hijos sirvió de barómetro para saber hasta dónde podía tolerar el espectador (las dos series son de la Fox y Matrimonio con hijos apareció dos años antes) y la productora se inclinó, finalmente, por situar a Los Simpsons un centímetro más cercano a la cordura, un pelín más políticamente correctos. Y todo esto, se ve desde el momento en el que se presentan las dos series. Nos encontramos, en ambos casos, con seres televisivos (además de personajes televisivos). En ambas familias, la televisión ha destrozado la comunicación familiar. Pero mientras los Simpsons siguen viendo la tele en familia, los Bundy compiten por ver su canal favorito o por hacerse dueños del sofá y ver la televisión en soledad.

Recordemos que Matrimonio con hijos comienza con Al Bundy, apoltronado en el sofá, en frente del televisor, con una mano cerca de la entrepierna y la otra sujetando una cerveza. Se nos presenta como un ser miserable. Con cara de disgusto. Lo que no podemos olvidar es que, mientras nosotros podemos verlo en nuestro monitor de televisión, él nos está viendo en el suyo. Guardemos la compostura mientras veamos Matrimonio con hijos. Al Bundy nos está mirando.


[1] En ningún momento se ha querido ofender a ninguna de estas dos nacionalidades. Volvemos a repetir que ambas han sido elegidas al azar para ilustrar la idea que queríamos transmitir.

[2] No es casualidad que una serie que cumplía a rajatabla esas directrices se titulara “Los problemas crecen.” Los problemas, quedaba claro, eran los hijos.

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