Espectador en serie

Las chicas de oro – Corrupción en Miami

Las chicas de oro – Corrupción en Miami (De la colección Espectador en serie)

Si hablamos de teleseries, el tiempo se mide en temporadas. El sistema nos viene heredado de las temporadas deportivas, pero se ha extendido al resto de la programación televisiva a través de las teleseries. Ahora ya se habla de que tal presentador o tal otro comienzan una nueva temporada de telediarios. O de reality shows. O de lo que sea. Las temporadas nos permiten imprimir un estilo diferente, cambiar y mejorar algunos matices de la temporada anterior.

Las temporadas comienzan, como el curso escolar, en septiembre. No es por casualidad. Dos de las culturas más populares de nuestros tiempos son la deportiva y la escolar. De ellas se sacan múltiples metáforas o expresiones para explicar otras realidades de la vida diaria. En política, hablamos del “curso político” y los líderes “suspenden” en gestión o popularidad. En las empresas, un trabajador “no ha hecho los deberes” si no se ha preparado correctamente para una reunión o para llevar a cabo una presentación.

Podríamos pensar que las temporadas televisivas vienen también marcadas por la temporada deportiva pero esto es así tan sólo en Europa. En Estados Unidos (donde se producen el mayor número de series), hay tres temporadas deportivas, el fútbol americano, el béisbol y el baloncesto, que se reparten el calendario para no competir por espectadores. La temporada televisiva coincide con la escolar porque en septiembre, de alguna forma, muchos seres humanos comienzan un nuevo año. El verano es la estación que menos invita a ver la televisión y, por lo tanto, muchos espectadores podrían perder el hilo y el interés de muchas teleseries. Tras hacer un largo examen de conciencia y tomar una serie de decisiones importantes sobre nuestras vidas en el periodo estival, en septiembre, todos, queramos admitirlo o no, volvemos de nuestras vacaciones dispuestos a ver la tele.

Una teleserie comenzará una nueva temporada dependiendo del éxito de la temporada anterior. El presupuesto de una temporada es demasiado alto para arriesgar y comprometer futuras temporadas. De hecho, muchas teleseries, hoy en día, dividen sus temporadas en dos partes. Filman y emiten todos los episodios de la primera parte y pueden dar un cambio radical en el guión de la segunda parte según las reacciones del público durante los primeros episodios de la temporada.

Hablemos de otro tipo de temporadas. Muchos jubilados americanos acaban pasando largas temporadas en Miami de la misma forma que muchos jubilados europeos acaban pasándolas en la costa de España. Algunos de ellos hasta deciden mudarse definitivamente al sur para disfrutar del buen tiempo durante todo el año. Se entiende que los jubilados que pueden permitirse una cosa así son ciudadanos de clase media alta. A partir de esta premisa comienzan Las chicas de oro. Y si nos ponemos a recordar, visualizamos a cuatro muchachitas viviendo en una casa bastante decente, cambiándose de modelito en cada escena y dedicándose al refrescante deporte del ocio. Nadie recuerda que Rose trabaja en una clínica de terapia ocupacional, que Dorothy es una profesora sustituta y que Blanche trabaja en un museo. Nadie recuerda que Rose pierde el trabajo en un episodio y que las cosas se le ponen mal económicamente hablando. Nadie recuerda que tienen un televisor viejo y que, entre las cuatro, no pueden permitirse uno nuevo. Son las pequeñas contradicciones de Las chicas de oro.

Con Las chicas de oro se consigue hacer lo que no se podía hacer con las series de familia tradicional. Todas las protagonistas son mujeres, con lo que ya nos podemos burlar de los personajes femeninos sin ningún problema. Las protagonistas tienen sus defectos pero eso, como le pasaba al padre de familia, las hace entrañables.  El único precedente con protagonistas femeninas lo tenemos en una serie de acción, Los ángeles de Charlie, pero es en Las chicas de oro en la primera en la que los personajes muestran sus debilidades, en la que se exploran y evolucionan sus personalidades.

Mientras que Mujeres desesperadas busca más pluralidad en la serie (una de las protagonistas tiene origen latinoamericano y en la segunda temporada toman protagonismo dos personajes negros)[1], el resto de las series con protagonistas femeninos son fundamentalmente blancos (Las chicas Gilmore, Ally McBeal, Sexo en Nueva York). A pesar de que los acentos a la hora de hablar se pierden en la traducción al castellano, Las chicas de oro, a su manera (o siguiendo las maneras de la vieja escuela), buscaban también esa pluralidad, representando cuatro formas diversas de ver la vida y tenía guiños humorísticos para los inmigrantes italianos (Sofía nació en Sicilia), para los ítaloamericanos de Nueva York (Dorothy tiene el sarcasmo de una chica de la gran manzana), para los sureños (Blanche acaba disfrazándose de Escarlata O’Hara en un episodio) y para el mundo rural del Medio Oeste (Rose es de St. Olaf, un pueblecito de Minnesota de origen escandinavo).

En la serie hay grandes dosis de lecciones morales. En cuanto vemos un par de episodios, nos damos cuenta de que las protagonistas no han ido a Florida a pudrirse en una hamaca. Las protagonistas no han emigrado al sur para ver terminar sus días y dejar que sus huesos se corrompan en Miami. Blanche, Rose, Dorothy y Sofía se meten en nuestros televisores para decirnos que aún les queda mucha vida por vivir y que piensan vivirla plenamente. Se meten en nuestros televisores, también, para hacer bromas sobre el ridículo atuendo que luce Sonny Crockett (Don Johnson), el apuesto policía que vigila las calles en Corrupción en Miami. Las calles donde viven nuestras chicas de oro.

Un nuevo visionado de los episodios de la serie, nos hace ver que Las Chicas de oro no han envejecido mal. La mayoría de sus bromas siguen funcionando y nos convencen, una vez más, de que no hay problema humano que no pueda solucionarse alrededor de una tarta de queso cubierta de chocolate.


[1] La tendencia no es nueva pero es ahora cuando se está generalizando. En el cine, tenemos muchos ejemplos en las nuevas películas para adolescentes. En Hora punta, por ejemplo, los protagonistas eran un afroamericano y un asiático, para atraer a mayor número de espectadores. En la serie Perdidos, tenemos a afroamericanos, a coreanos e incluso a un iraquí entre los protagonistas principales.

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