Espectador en serie

South Park – Bricolaje

South Park – Bricolaje (De la colección Espectador en serie)

La campaña publicitaria que vendió El mariachi de Robert Rodríguez al mundo entero diciendo que el presupuesto de la película había sido tan sólo de 7.000 dólares costó alrededor de un millón de dólares. Rodríguez demostró que se puede hacer una película con muy poco dinero y la Columbia TriStar demostró que, para vender una película al mundo, hace falta un montón de pasta.

En verdad, parece que toda la carrera artística de Robert Rodríguez haya consistido en demostrar que se puede hacer cine con poco dinero. Rodríguez escribió el guión de El mariachi y conoció al malo de su película (Peter Marquardt) encerrado en unos laboratorios médicos en los que estuvo durante un mes como conejillo de indias. Los laboratorios le pagaron 3.000 dólares y Rodríguez dejó que experimentaran con él una nueva medicina que intentaba reducir el colesterol.

En cuanto se hizo famoso, se dedicó a filmar sus películas en formato digital porque gran parte de los 7.000 dólares de El Mariachi se le habían ido en celuloide. Luego Rodríguez se compró un rancho y allí construyó todo su estudio de postproducción en el garaje de su casa. Eso significa que Robert Rodríguez no gasta ni en gasolina para ir a trabajar. En una buena parte de sus películas, los actores interpretan su papel delante de la pantalla azul como si fueran hombres del tiempo, lo cual abarata enormemente los gastos de localización y desplazamientos a exteriores. Hace él mismo el montaje de sus películas y, él mismo, les mete sencillas bandas sonoras que compone con su teclado. Todo esto convierte a Robert Rodríguez en uno de los directores más baratos y rentables del sistema.

En efecto, parecía que toda la carrera artística de Robert Rodríguez consistía en demostrar que se puede hacer cine con poco dinero hasta que dirigió Sin City. Entonces Robert Rodríguez también demostró que sabe hacer cine de altísima calidad.

Uno de los grandes adelantos del siglo XXI ha sido la generalizada comercialización de películas y teleseries en dvd con contenidos extras. Espectador en serie no habría sido posible sin la ayuda de los contenidos extras de las cajas de teleseries y yo no sabría gran parte de lo que he contado sobre Robert Rodríguez si no hubiera visto los contenidos extras que aparecían en el dvd de su película El Mexicano[1].

También gracias a los contenidos extras de la primera temporada de South Park, me enteré de que el episodio piloto había sido realizado íntegramente por los creadores de la serie, Matt Stone y Trey Parker. Ellos crearon a los personajes, escribieron el guión, hicieron la animación y filmación del episodio siguiendo métodos tradicionales (ahora usan programas informáticos para acelerar y facilitar la animación). Compusieron parte de la música y letras de las canciones de la serie y pusieron voces a cada uno de los personajes del episodio. Así, a primera vista, en lo único que no superan a Robert Rodríguez es en que Matt y Trey sí que tienen el colesterol un pelín alto.

South Park es uno de esos grandes ejemplos de bricolaje. No se necesitan presupuestos millonarios o la presencia de estrellas del sistema para triunfar en el cine o en la televisión. Una vez más, tan sólo se necesita talento. Mucho talento. Y es evidente que Matt y Trey lo tienen. Su secreto está en la parodia y en el sarcasmo. En uno de los primeros episodios, por ejemplo, los habitantes de South Park se quedan atrapados por la nieve en un hotel de alta montaña. Todos sabemos que las situaciones extremas llevan al ser humano a realizar actos extremos. Así, los habitantes de South Park empiezan a comerse los unos a los otros para sobrevivir. Lo divertido es que empiezan a cometer este acto antropófago quince minutos después de quedarse atrapados y antes, siquiera, de comerse las abundantes provisiones que hay en el hotel en cuestión.

El éxito de South Park ha ido también de la mano de la constante provocación, de esa lucha continua entre la defensa de la libertad de expresión y el derecho a una censura que evite que nadie pueda ser ofendido. Su lenguaje obsceno, sus referencias sexuales y su violencia explícita, sus burlas a la religión y a la iglesia  se han librado de la censura gracias a su emisión por cable a altas horas de la noche y a un gran equipo de abogados.

South Park es una serie de dibujos animados para adultos. Pero el fenómeno South Park ha sido imparable y, al final, en el 2005,  Mort Marcus, un antiguo productor ejecutivo de Disney se puso a trabajar con un panel de representantes de todas las estaciones de televisión públicas que querían emitir la serie, con el fin de conseguir que los episodios fueran aceptables para una audiencia más amplia en horarios para todos los públicos[2].

Aquí encontramos nuestra última paradoja. Mort Marcus y su equipo gastan más dinero y tardan más tiempo en adaptar un episodio de 22 minutos (con una media de una palabrota cada ocho segundos) de lo que emplearon Matt Stone y Trey Parker en crearlo.


[1] En una edición de esta película se incluían los siguientes cortometrajes dirigidos por Robert Rodríguez: Ten Minute Film School: Big Movies Made Cheap (2004), Inside Troublemaker Studios (2004), Ten Minute Flick School: Fast, Cheap and in Control (2004).

También aparecía dentro de los contenidos extra el cortometraje de Robert Rodríguez Ten Minute Cooking School: Puerco Pibil (2004), en el que Rodríguez explicaba cómo preparar un plato típico mexicano con el mismo pragmatismo que explica cómo hacer cine de bajo presupuesto.

No es la primera vez que Robert Rodríguez hacía cortometrajes sobre la técnica cinematográfica. Anteriormente, había dirigido otros dos cortometrajes sobre cine: 10 Minute Film School (1998) y 10 More Minutes… Anatomy of a Shootout (1998).

[2] Este fenómeno es lo que en inglés se denomina “syndication”. Supongo que las palabras empleadas en español son estreno y reposición. La televisión pública americana está fragmentada en múltiples canales de televisión con numerosas filiales en todo el país. Normalmente, las teleseries se emiten primero en una cadena privada una vez a la semana. Esa cadena privada tiene los derechos para emitir todos los episodios por primera vez. Si los productores no son parte de esa cadena privada, es muy posible que la serie se venda a bajo precio para ser emitida por primera vez (estreno) y alcanzar, así, popularidad. Si consigue el éxito y popularidad esperados, los derechos de emisión se venden para que la reposición de la serie pueda hacerse a través de cada una de las filiales. Entonces esa serie está “syndicated”, es decir, ninguna cadena tiene los derechos exclusivos sobre esos episodios. Cuando esto ocurre, los episodios, que normalmente duran 22 minutos, pasan a ser de 20 minutos para poder incluir más publicidad. Las escenas que se cortan no son necesariamente partes de la serie que merezcan la censura (sexo explícito o palabras malsonantes). Las reposiciones se efectúan, además, con la emisión diaria de uno o dos episodios de la serie. La exportación de una serie a un país extranjero no deja de ser una reposición, aunque sea un estreno para los habitantes de esa nación. 

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