Espectador en serie

Perdidos – Fragmentos de jabalí

Perdidos – Fragmentos de jabalí (De la colección Espectador en serie)

J.J. Abrams lanza un juramento al cielo que cubre las islas Hawai porque alguien ha dado de comer a los jabalíes que tenían que aparecer en las escenas que se iban a rodar a continuación. Se sospecha que han sido los especialistas que tenían que correr delante de los jabalíes, los que han dado algunas zanahorias y manzanas a los animales para congraciarse con ellos. Pero no se sabrá nunca a ciencia cierta porque ahora todo el mundo baja la cabeza y nadie sabe nada. J.J. Abrams es un tipo afable que no lanza juramentos con mucha frecuencia con lo que todos saben que está enfadado. Muy enfadado. Se corre la voz entre el equipo de que los jabalíes sólo colaboran en las filmaciones cuando están hambrientos. Se trata de no darles de comer durante un tiempo. Luego, el actor que tiene que ser perseguido se mete un buen trozo de carne en el bolsillo y los jabalíes lo persiguen por donde haga falta.

Todo empezó unos tres meses atrás. Reunieron a un grupo de productores, guionistas y demás en un retiro de la cadena ABC, los pusieron en un círculo y les pidieron que dieran dos ideas cada uno para nuevas series de televisión. A uno de ellos se le ocurre hacer una serie en plan Robison Crusoe. Estamos hablando de que se acaba de estrenar Náufrago de Robert Zemeckis y todos imaginan a Tom Hanks hablando con el balón de balonvolea pinchado en un palo. El corro se queda en silencio por respeto a su compañero. Parece que la idea no cuaja pero el tipo en cuestión se queda pensando que no ha tenido tan mala idea.

Lo más importante para que prospere una idea que, a priori, no gusta al resto de la gente, es que el tipo que tenga esa idea, sea uno de los jefes. Este fue el caso y el tipo en cuestión puso a un par de guionistas de la cadena a trabajar en el asunto. Cuando le entregaron el segundo borrador y estaba leyéndolo, le llamó por teléfono su amigo J.J. Abrams, responsable, entre otras cosas, de la tercera parte de Misión imposible. J.J. Abrams le pregunta qué tal y nuestro amigo le dice que mal, que le acaban de entregar el segundo borrador de una idea que había tenido y que no funciona. Jota Jota, que así le llaman sus amigos, le pregunta de qué se trata y cuando oye la historia le dice que la idea funcionaría si la isla en cuestión cobrara vida propia, si la isla fuera uno de los personajes.

Jota Jota, que es un tipo muy ocupado últimamente, acaba liado con el proyecto y le dan tres meses para filmar el episodio piloto. Le dan tres meses para escribir el guión, encontrar a los actores protagonistas, llevar un avión de pasajeros de un cementerio de aviones en el desierto de Mojave a una playa de Hawai y filmar el episodio piloto. De alguna forma, Jota Jota se las arregla y consigue cumplir plazos hasta que a alguien se le ocurre dar de comer a los jabalíes que tenían que aparecer en las escenas que se iban a rodar a continuación. Es entonces cuando J.J. Abrams lanza un juramento al cielo que cubre las islas Hawai. Uno de esos juramentos que uno no olvida fácilmente y que hace que todos bajen la cabeza y nadie sepa nada.

El problema acaba solucionándose con medios digitales. Los cámaras filman un jabalí desde todas las perspectivas posibles, las grabaciones se mandan a los estudios centrales y allí crean un jabalí digital a partir de todos los fragmentos recibidos.

Los del jabalí no son los únicos fragmentos que encontramos. Perdidos es una serie llena de fragmentos. Cada episodio nos cuenta fragmentos de la vida de uno de los protagonistas. Esos fragmentos nos ayudan a conocerlo mejor y a entender mejor por qué ha acabado en esa isla desierta. Cada episodio está contado además desde la perspectiva de uno de los personajes. En la primera temporada, especialmente, muchos de los episodios empiezan con un ojo que se abre. En cada episodio, el ojo que se abre pertenece al personaje que nos va a guiar por el episodio y por una pequeña parte de su vida.

Parece que la fórmula funciona. Parece que cuando nos dan sólo fragmentos, cuando nos dan pequeños pedazos de una historia desordenada, nos quedamos con las ganas y queremos más. De este modo, al final de cada episodio, nos entra un hambre feroz de saber qué ocurrirá en el próximo. De este modo, bastará con que uno de los personajes se guarde un pequeño fragmento de su historia en el bolsillo para que nosotros, los espectadores, lo sigamos corriendo por donde haga falta.

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