Bilingual Education·Editoriales

La Escuela Oficial de Idiomas de Valdemoro

Camino desde casa y, cuando salgo de la rotonda para comenzar el descenso de la avenida de Hispanoamérica, me encuentro frente a dos de mis edificios favoritos en Valdemoro. A mi izquierda se encuentra la biblioteca municipal Ana María Matute y a la derecha el centro educativo que alberga la Escuela de Música, la Escuela de Adultos, la UNED y la Escuela Oficial de Idiomas (EOI). Puede que haya personas que den por sentado que esos dos edificios estén ahí, formando parte del paisaje urbano de Valdemoro. Sin embargo, yo no dejo de recordarme que ambos son dos victorias de nuestra democracia. Dos victorias que, estoy seguro, no fueron fáciles. Dos victorias que, estoy seguro, no se consiguieron sin alguna cicatriz en el camino. Dos victorias que saboreo mientras desciendo hacia el edificio en mi camino al trabajo.

La misma institución de las Escuelas de Idiomas representa un gran logro dentro de la historia de la educación en España. Tras la pérdida de las últimas colonias americanas (Cuba y Puerto Rico) y Filipinas, en 1898, el gobierno español debía responder a la crisis intentando preparar a los españoles para que estos pudieran integrarse en el nuevo mundo del siglo XX. En 1907, se creó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas; en 1910 se inauguró la famosa Residencia de Estudiantes, donde, pocos años más tarde, se conocerían Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí; y en 1911, se creó la Escuela Central de Idiomas en Madrid.

Dos objetivos destacaban a la hora de establecer esta institución: el primero, asegurarse de que estuviera abierta a todos, hombres y mujeres (es en 1910 cuando el ministro Julio Burell abre las puertas de la universidad a la mujer), jóvenes y adultos, con independencia de su profesión y su clase social; querían además que los estudiantes pudieran compatibilizar sus estudios de idiomas con otros estudios, con el trabajo o con la universidad; el segundo objetivo era conseguir que la institución se convirtiera en un centro de pedagogía superior donde se pudieran formar los futuros profesores de lenguas vivas en todos los centros oficiales.

La Escuela de Idiomas de Valdemoro se abrió a comienzos de la última década del siglo XX, dentro de la época de mayor expansión de la red nacional de EOIs, que en la actualidad supera las doscientas cincuenta escuelas. Comenzó compartiendo edificio con el instituto Villa de Valdemoro. A los pocos años de su creación, con el traspaso de competencias educativas a los gobiernos autonómicos, pasó a depender de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid (Educamadrid), con lo que la EOI de Valdemoro es una de las cerca de treinta escuelas que hay en la Comunidad de Madrid.

Hay que entender que las Escuelas de Idiomas pertenecen a la enseñanza pública, lo cual permite (bien por precios, bien por el sistema de becas) estudiar idiomas extranjeros a todos los ciudadanos hasta conseguir un alto nivel de competencia en las cuatro destrezas lingüísticas: comprensión lectora y auditiva y expresión oral y escrita. Ningún otro país del mundo ofrece a sus ciudadanos un sistema de enseñanza de las lenguas extranjeras con estos parámetros. En otros países las universidades o centros privados pueden ofrecer un sistema similar pero nunca tan asequible económicamente. Y los Ayuntamientos o los Gobiernos de otros países pueden ofrecer clases de idiomas extranjeros a precios asequibles pero siempre se quedan en niveles de principiantes. Solo en España, las Escuelas de Idiomas ofrecen un sistema asequible con una continuidad hasta los niveles más altos.

En 2001, el Consejo de Europa publicó un informe exhaustivo sobre cómo se aprendían y se enseñaban los idiomas: Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación. En él analizaba las necesidades de un estudiante de idiomas, las destrezas que se requieren para aprender bien una lengua y las tareas que una persona que hable, escuche, lea o escriba en una lengua extranjera debe saber llevar a cabo con éxito. A partir de este estudio, se establecían seis niveles de conocimiento de las lenguas extranjeras, empezando por el A1, pasando por el A2, el B1, el B2, el C1 y terminando con el C2, un nivel de maestría para el que se necesita un conocimiento y un dominio de la lengua extranjera propios de académicos universitarios.

Las Escuelas de Idiomas pronto supieron adaptarse a estos niveles establecidos por el Consejo de Europa y prepararon una serie de niveles y de exámenes para que los estudiantes pudieran llegar al nivel B2, que sería el necesario para que una persona pueda moverse con comodidad en su lengua extranjera a la hora de relacionarse personal y laboralmente en el día a día del siglo XXI. Un estudiante que supera el nivel B2 es capaz de desenvolverse con comodidad en una entrevista laboral en el idioma extranjero, a la hora de leer cartas, prensa y literatura contemporánea y a la hora de ver cine y televisión de los países donde se habla esa lengua.

En las Escuelas de Idiomas son conscientes, sin embargo, de que una lengua va siempre más allá, de que el mundo laboral internacional es cada vez más competitivo, de que hay que seguir preparando al profesorado de idiomas extranjeros de nuestros hijos y, por eso, en la Comunidad de Madrid, a partir del curso 2016-2017, se van a ofrecer cursos oficiales del nivel C1. De hecho, en abril de 2016, las Escuelas de Idiomas van a realizar pruebas de examen del nivel C1 para el personal docente de enseñanzas no universitarias de la Comunidad de Madrid con el objetivo de poder certificar oficialmente a aquellos profesores que ya tengan dicho nivel.

Los idiomas más populares son el inglés, el francés y el alemán. Aquellos alumnos que quieran estudiar otros idiomas (incluso español como lengua extranjera) pueden informarse sobre qué Escuelas de Idiomas de la Comunidad de Madrid ofrecen dichas lenguas. En la Escuela de Jesús Maestro en Madrid, donde la oferta de idiomas (hasta veintidós diferentes) y de cursos monográficos es mucho más amplia, se ofrece, por ejemplo, ruso, italiano, griego moderno, chino…

La Escuela de Idiomas de Valdemoro ofrece clases de francés e inglés en horarios de mañana y tarde y clases de alemán en horarios de tarde. Los cursos académicos se desarrollan en estos momentos a razón de dos sesiones de dos horas y media semanales, de octubre a mayo, consiguiendo así, ofrecer a sus estudiantes un número de horas anual superior al que recomienda el Consejo de Europa para poder adquirir el conocimiento y el dominio de todas las destrezas de la lengua. En junio, se llevan a cabo los exámenes finales y en septiembre, se examina, además, a todos aquellos alumnos que quieran obtener los certificados oficiales de las Escuelas de Idiomas de forma no presencial.

Pero, para los más de 700 estudiantes anuales de la EOI de Valdemoro, estudiar una lengua extranjera de forma presencial es mucho más que ir a clase. La EOI organiza actividades culturales que enriquecen la experiencia lingüística a lo largo del curso escolar. En los últimos años se han llevado a cabo viajes a Berlín, a Irlanda y a Gran Bretaña; se ha colaborado con el Ayuntamiento de Valdemoro y con los cines de la localidad para proyectar películas en versión original; se han organizado conciertos, monólogos y conferencias en los diversos idiomas que se estudian en la escuela; se organizan anualmente concursos literarios y artísticos que fomentan no solo la lectura y la observación sino que, además, propician el que los estudiantes desarrollen su creatividad en la lengua extranjera.

Para poder matricularse en la Escuela de Idiomas de Valdemoro, hace falta tener, al menos, catorce años y tener aprobado 2º de la ESO, en el caso de alemán y francés, y dieciséis años, en el caso de inglés. La preinscripción es normalmente en primavera y es, entonces, cuando los alumnos pueden solicitar acceder a un nivel superior a través de una prueba de nivel. Toda la información necesaria sobre fechas de preinscripción y matrícula, así como las programaciones y objetivos anuales de cada curso e idioma y las actividades culturales organizadas por la EOI de Valdemoro a lo largo del año académico, pueden encontrarse en la página web del centro: http://www.eoivaldemoro.es/.

El curso que viene, la Escuela de Idiomas de Valdemoro cumplirá veinticinco años. Será un buen momento para celebrar que nuestra localidad tiene el lujo y el privilegio de gozar de un centro educativo público y de calidad donde poder adquirir una lengua extranjera y donde poder aprender un poco más sobre el mundo que nos rodea. No cabe duda de que nuestra EOI es un edificio con unas vistas maravillosas al mundo del siglo XXI.

Artículo con fotos.

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Presentación

Entrevista con Ángel Utrillas

El próximo 14 de mayo, a las doce de mediodía, en la biblioteca pública Ana María Matute, Ángel Utrillas presentará su última entrega literaria, Y otros cuentos. Si los vientos soplan a favor, estará acompañado por la ilustradora del libro, Sonia Navas.

 El escritor Ángel Utrillas es, sobre todo, un contador de historias. Abres cada uno de sus libros para leer una historia y te ofrece, de regalo, al menos diez más. Sus relatos parten de la realidad para llevarnos a un mundo de imaginación y, si queremos, a un mundo de compromiso personal y social. Ángel es un defensor de la palabra como herramienta de construcción y como arma de defensa. Interesado en agitar la vida cultural de Valdemoro, durante varios años fue uno de los precursores protagonistas de la celebración del Día internacional de la palabra como vínculo de la humanidad, en la que se consiguió reunir a muchos de los autores locales de la villa.

Aunque nació en Teruel -y da fe de que, contra todo pronóstico, la ciudad aragonesa existe- lleva viviendo en Valdemoro desde 1991. Lo conocí hace ya cuatro años. No hemos dejado de vernos desde entonces. A veces en un café. Otras, quedando para caminar por Valdemoro como si fuéramos caballeros del siglo XIX que salen a andar todos los días, cuando «baja la calor», y repasan las noticias destacadas del día. Definitivamente, pasear con Ángel por Valdemoro me hace sentir como un caballero de otros tiempos. Si hubiera sido posible, esta entrevista la habríamos hecho caminando.

En 2007, publicas tu primera novela, Silbando en la oscuridad. Me gustaría que comenzaras esta entrevista hablándonos del Ángel Utrillas escritor antes de este libro.

En realidad antes de este libro el escritor no existía. Dudo, incluso de que hoy exista, pero, entonces, está claro que no. A mí me gustaba la historia, me gustaba leer y escribía relatos cortos, breves cuentos de terror, letras de canciones… escribía por puro placer.

Amaneció un día en el cual decidí contar una serie de situaciones que ocurrían en mi trabajo, en el convento de las Arrecogidas. Por eso, siempre digo, medio en broma medio en serio, que escribo por motivos laborales. Entonces hubo personas que me animaron y me guiaron. El resultado fue Silbando en la oscuridad, mi primera novela, que terminé de escribir en 1999 y se publicó en 2007. En todo ese intervalo de tiempo, me recorrí muchas editoriales y me fui decepcionando porque yo creía que mi novela era muy buena y nadie tenía interés en publicármela. Entre tanto, también escribí mi segunda novela, Tiempo de cerezas, pensando que nunca llegaría a publicar ninguna de ellas.

Una respuesta así me obliga a preguntarte qué significa, para ti, ser escritor.

Ser escritor es muy importante. Por eso, prefiero ser solo contador de historias, un juglar, un novelista. Ser escritor conlleva una gran responsabilidad. Hay personas que leerán lo que has escrito y serán influidos por tus palabras. Puedes causarles alegría o tristeza. Cuando iba a publicar El castillo del Águila, puse en una red social un fragmento del libro. Era duro, un texto contundente sobre una persona que debe decir a unos padres que su hija ha muerto. Alguien me escribió y me dijo que había estado en esa situación. Me dijo que a ella se lo habían dicho. Por un momento, pensé en no publicar el libro. Podía causar daño a quien hubiera pasado por esa situación y yo no quería hacer daño a nadie. Al final lo cambié, «lo suavicé».

También creo que un escritor debe ser una persona comprometida con los sucesos de su tiempo. No me vale que un poeta escriba lo bonita que es la primavera. Debe añadir lo jodida que la hacen los políticos de este país a algunas personas. Un escritor debe gritar contra las injusticias que contempla, alzar su voz contra el paro, contra el terrorismo, contra la corrupción, contra la violencia; y defender, por encima de todo, como única arma, LA PALABRA. Así, con mayúsculas. LA PALABRA.

Hace unos años, me pidieron que ayudara a una causa. Iban a cerrar la fábrica de Huesitos de Ateca. Les dije que contaran conmigo para lo que modestamente pudiera hacer. Se me ocurrió llevar su camiseta de protesta en la feria del libro de Madrid el día que firmaba libros, regalar Huesitos y recoger firmas contra aquel atropello. Y lo hice. Allí estuve con mi camiseta amarilla (el escritor, diputado y amigo Chesús Yuste la lució en el congreso). El mismo día que yo, firmaban otros tres escritores importantes a los cuales conocía y con los que tenía cierta confianza. Les envié un correo y les pedí que hicieran lo mismo. Solo ponerse la camiseta. No lo hicieron. Dos ni me contestaron. El tercero, un premio Planeta, por cierto, me dijo que, cuando recibió el correo, ya había pasado y que vaya pena. Sí, pensé yo, qué pena. Buena forma de quedar bien sin hacer nada. No he vuelto a comprar un libro de esos «escritores» que ostentan un título que no les pertenece.

Y, por cierto, incluso sin ellos, la fábrica de Huesitos de Ateca se salvó.

A los lectores que hayan llegado hasta aquí no les cabrá ninguna duda de que te importa la realidad. En tu ficción, la realidad también es muy importante. Como dices, tu primer libro fue inspirado por algo que te pasaba a ti personalmente; tu segundo libro, Tiempo de cerezas, también está basado en hechos reales; otro de tus libros, El último secreto del Titanic, está ambientado en un acontecimiento histórico. Sin embargo, al mismo tiempo, no tienes ningún reparo en alterar esa realidad en tus novelas. ¿Vive la realidad de Ángel Utrillas al servicio de su ficción? ¿Vive su ficción al servicio de su realidad?

Yo sueño la ficción y vivo la realidad. Siempre digo que mis novelas no son históricas. Me documento mucho sobre el tema que escribo pero, luego, tergiverso a mi antojo. Siempre pongo como ejemplo que puedo poner a Bisbal cantando en el Titanic. Lo que pretendo con mis novelas es conducir a mis lectores a temas en los que no habían reparado, que les interesen, y que ellos busquen su propia información. Mis novelas tienen dos lecturas: una fácil, que pretende sacar de la realidad a la gente por un momento, que se olviden de las facturas, la situación política, y que se diviertan; y otra lectura más didáctica, que demanda más esfuerzo y que induce a pensar y a crearte opinión. El 95% de mis lectores optan por la primera posibilidad y el otro 5% se aferran a las dos. 

El pasado 20 de abril salió a la luz tu libro, La canción del pirata y su verdugo y otros cuentos. ¿Quieres hablarnos un poco de esta última entrega literaria?

Mi nueva obra son dos libros en uno. El título general es Y otros cuentos. Se trata de un libro de relatos ilustrados con dos portadas porque quiero que sea una obra que no tiene fin. Lo pongas como lo pongas, siempre empieza. No tiene final, solo principio. De un lado, está La canción del pirata y su verdugo, que es un alegato contra la pena de muerte, y otros cuentos, trece relatos en total; del otro lado, pero siempre en el mismo libro, El cuerpo 227, la verdadera historia de J. Dawson, el protagonista de la película Titanic, que está basado en un personaje real, junto a otros cuentos titánicos, cinco en total. Es un libro un poco contradictorio. Al no tener final, quiero comunicar y deseo a mis lectores que la palabra nunca les falte, que nunca nos debe faltar, que debe ser un arma, la única, para conseguir nuestros objetivos. Especialmente erradicar la violencia. Y se contradice porque las palabras dejan espacio a las imágenes, ceden protagonismo tanto a la portada como a las veintidós ilustraciones, que ha hecho mi gran amiga y genial artista Sonia Navas. Solo por ver los dibujos de Sonia merece la pena comprar el libro.

También para mí, la palabra, el uso adecuado de la palabra, es muy importante. Me consta que eres un autor muy prolijo y sé también, lo he podido disfrutar, que eres un buen conversador. ¿Crees, sin embargo, que hay momentos en los que el silencio es más importante que la palabra?

No. A mí el silencio me mata. El silencio solo es bueno para pensar, estudiar, leer o escribir. Para mí, el silencio implica soledad. Incluso para esas situaciones que te he comentado, para escribir, leer y pensar, me pongo música. Puedo aceptar que una imagen sustituya a la palabra o la complemente, pero el silencio nunca. Dicen que el que calla otorga. Yo digo que el que calla es que no tiene nada importante que decir. Dicen que si tus palabras no son más bonitas que el silencio, no lo rompas. Bueno, pues, las palabras siempre son más bonitas que el silencio y el que no lo crea que lea mi último libro.

Empezamos la entrevista hablando de las características del buen escritor. Parece que en el siglo XXI, el escritor tiene que hacer, además, las tareas de editor, distribuidor y vendedor. En un mundo en el que la distribución y venta de libros ha sido revolucionado por internet, ¿crees que todavía hay espacio para el editor? ¿Qué función tendría el editor de nuestros tiempos?

Yo no prescindiría de ningún eslabón de la cadena y, por tanto, creo que hay espacio para todos. Un escritor con un buen libro precisa de un buen editor y de otros muchos profesionales. No nos olvidemos de los correctores. La corrección y maquetación, el diseño de la portada me parecen muy importantes. También lo son una buena distribución y una buena librería que conozca el producto y sepa a quién ofrecerlo y esto sí que se está extinguiendo, la figura del buen librero. ¿No te ha pasado que vas a una librería, preguntas por un título y te dicen: «no lo sé, mira en el escaparate»? Es algo que no puedo soportar. A mí me acusan de que no me sé vender. ¡Pues claro que no! Me gusta escribir, no vender, ni distribuir. Para eso tengo a un editor que se juega su dinero en la inversión y se preocupa de esas circunstancias, aunque yo ayude en todo lo posible.

            La función del editor en esta época es cuidar al escritor y mimar al libro.

Como hemos dicho, acabas de publicar un libro. ¿Qué otros proyectos literarios tienes entre manos?

Tengo varios proyectos pero, en realidad, ninguno merece el título de proyecto. Actualmente estoy escribiendo tres novelas diferentes. Trabajo en una o en otra según me apetece, sin ninguna prisa por terminarlas y sin ningún objetivo que no sea disfrutar de la escritura. Una de ellas es una continuación de mi séptima obra, El castillo del Águila; otra es una historia rara, con trama policiaca en torno a un cuadro de El Greco; y la última, una historia de misterio con tres personajes protagonistas que narran los acontecimientos, cada uno de ellos en primera persona, y que nace de un suceso poco importante que me ocurrió hace poco, pero que, a mí, me llamó mucho la atención. Una historia callejera, se podría decir. En esta tercera aventura literaria es donde más entusiasmo estoy poniendo. Supongo que porque es la última que ha entrado en mi cabeza.

Y tengo un libro terminado, una obra digna de un lunático como yo. No tengo claro ni el título. Podría titularse Morí en buena luna o, quizá, Luna de mazapán, pero no sé cuándo verá la luz, si es que llega a verla. En todo caso, si la ve, será la luz de la luna.