Mi feo mundo

Sin igualdad

Sin igualdad no hay verano.

Tan solo un largo y frío invierno.

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Entrevista con Guillermo Gross del Río

El 24 de mayo de 2015, el partido emergente de Ciudadanos fue la lista más votada en 69 municipios de los 8125 que tiene en total España. En 49 de ellos, por mayoría absoluta. Aunque no fue el caso de Valdemoro, sí que fueron la fuerza más votada en la localidad convirtiéndose en el municipio de mayor población gobernado por Ciudadanos tras ganar en número de votos (Mijas, en Málaga, con mayor población que Valdemoro, está gobernada por un alcalde de Ciudadanos pero en esta localidad el partido de Albert Rivera no fue el más votado).

Tras un año de gobierno en minoría, el alcalde de Valdemoro, Guillermo Gross nos recibe cordialmente en su despacho. Tiene una voz cálida, con timbre amable. A pesar de su apretadísima agenda, su discurso es ligeramente más pausado de lo cotidiano. Como si, al ralentizar sus palabras, quisiera concentrar toda la atención en lo que está haciendo y diciendo en cada momento. Aunque habla siempre con seriedad, acompaña a esta seriedad con una sonrisa que no parece nunca forzada.

A Guillermo le gusta leer. Últimamente prefiere el ensayo a la novela. Le gusta la filosofía y las lecturas de Ortega y Gasset están muy vinculadas a su reciente inquietud política. Su grupo musical de siempre es Queen aunque en la actualidad apuesta más por la música indie (Supersubmarina, Vetusta Morla…). Le gusta mucho el deporte (sobre todo, los deportes de pelota) aunque ahora tenga muy poco tiempo para practicarlo. Ha jugado mucho al fútbol y al tenis, ha hecho natación desde pequeño y hasta ha jugado al rugby.

Hijo de padres andaluces, Guillermo Gross nació en Madrid el día de la Almudena de 1975. A comienzos de los años ochenta, su padre fue nombrado director de programas en Radio Nacional en Sevilla y la familia se trasladó a la capital andaluza durante cinco años. Guillermo recuerda esa etapa de su vida con cariño. En la universidad, se licenció en Ingeniería Informática a la vez que obtenía sus primeros ingresos dando clases particulares de matemáticas y trabajando como comercial en El Corte Inglés. Su madre era profesora de inglés pero él reconoce que aprendió esta lengua más a través de la práctica.

Supongo que para trabajar, como has trabajado, para una compañía multinacional como Google, habrás necesitado tener un nivel de inglés decente.

Sí. Es verdad que conseguí pasar el examen del First Certificate pero debo reconocer que he aprendido mi inglés gracias al uso que he hecho de él en mi trabajo. Después de mi primer año en la universidad, ese verano me fui a Londres. Fui allí sin contrato de trabajo y me dediqué a recorrer todo el centro de la ciudad, entrando en supermercados, tiendas y restaurantes y preguntando por el manager para pedir trabajo. Tuve mucha suerte porque no sé cómo podían entenderme. A la tercera visita, conseguí un trabajo en una cadena de comida rápida especializada en comida orgánica y en la preparación de sándwiches.

La mitad de la entrevista ni la entendí. No sé ni cómo pude hacerla pero el caso es que, esa misma tarde, me llamaron para empezar a trabajar al día siguiente. Tuve mucha suerte, también, porque no era un pub o una tienda con horas intempestivas. Era un trabajo de 8:00 am a 5:00 pm, con lo que no tenía que trabajar por las noches o los fines de semana. Era una cadena nueva que, además, pagaba más que los pubs. Fui muy afortunado. Los primeros quince días lo único que hacía era aprenderme las recetas y preparar sándwiches. Recuerdo el primer día que me tocó atender en caja. Había mucha afluencia de clientes y me dijeron «William, ponte a atender en la caja». Yo no sabía ni manejar la máquina registradora ni nada. Recuerdo anécdotas como la del cliente que me pedía una pajita para la bebida y yo no tenía ni idea de lo que estaba pidiendo. Son experiencias y anécdotas que no se olvidan

¿Qué te motivó a estudiar Ingeniería Informática?

Creo que pertenezco a la primera generación que ha crecido con los ordenadores. Yo empecé muy prontito. Mi madrina me regaló un libro que se titulaba Basic para niños. Yo tendría cinco o seis años. Por entonces, el bombazo fue el ZX Spectrum, que tenía 48 k. Creo que mis padres aprovecharon un viaje que hicimos a Portugal para comprarlo más barato. Si no me equivoco, fueron 15000 pesetas. Me encantaba. Y me gustaba también comprarme una revista que se llamaba My Computer. Era un coleccionable con una calidad excelente. Y de ahí, con un amigo en la escuela que hacía gráficos, comenzamos a diseñar algunos juegos muy básicos. Tardé más en conseguir el PC, el ordenador personal, pero recuerdo que iba a casa de mi tía para pedirle que me dejara usar el suyo. La informática, para mí, es algo muy vocacional. Mi vocación era la robótica aplicada a la medicina. Me encanta ver los avances que ha habido en este campo.

Mi proyecto de fin de carrera fue sobre los censos de población y viviendas. Una de las macrooperaciones más complicadas a nivel informático, que involucra, además, al mundo real con el mundo de gestión e informático, son los censos de población y viviendas que, aquí tradicionalmente en España, han sido muy completos. Es decir, no han sido un muestreo, sino que, cada diez años se va puerta por puerta preguntando una serie de cosas y eso le da una fiabilidad enorme. Hubo un proyecto que desarrollamos con el Instituto Nacional de Estadística para realizar los censos del 2011. Era un proyecto masivo y era un proyecto piloto con el que podríamos estudiar qué soluciones se podían aplicar y eso implica referenciación geográfica, cartografía, gestión de datos, sincronización de los dispositivos móviles, páginas web y, luego, la propia explotación estadística de esos datos.

¿En qué trabajaste antes de llegar a Google?

Mis trabajos dentro del mundo de la informática han sido muy variados. Primero trabajé como desarrollador de aplicaciones bancarias. Era un buen lugar de aprendizaje porque entonces era un campo puntero. Luego trabajé para una gran consultora española, que desarrollaba proyectos europeos y que organizaba flujos de trabajo, lo cual tenía mucha parte académica pero siempre en contacto con la realidad, muy aplicable, por ejemplo, a la administración pública.

Luego me interesé por el mundo de las empresas start up y me fui a una empresa más pequeña. Seríamos unas treinta personas. Y yo buscaba un lugar donde tener más libertad para hacer cosas. Allí diseñamos una plataforma de juegos online para lanzarla en Terra, creamos un sistema de conectividad dentro del mundo de Linux. Fue un periodo muy interesante, como digo, porque tenía la libertad de hacer cosas diferentes.

Después de esto, decidí tomarme un tiempo sabático y hacer un viaje por Centroamérica con un amigo. Estuvimos unos tres meses entrando por Cuba y saliendo por Panamá. Íbamos con la mochila y a sobrevivir con poco dinero. A la vuelta, no sabía lo que hacer y esta empresa de la que me había ido me ofreció volver con muy buenas condiciones. Tenía que gestionar la plataforma de juegos online. Luego, en otra empresa en la que conocía a muchísima gente, volví al mundo de la consultoría y trabajé en un proyecto para las administraciones públicas, con el Ministerio de Economía e Industria. Fue interesante porque conocí cómo funciona el mundo de la administración. El mundo de la consultoría, sin embargo, tiene sus limitaciones y acaba siendo mucha gestión.

En 2009, llega el anuncio de la llegada de nuestros trillizos. Yo me planteé mi futuro y eché currículums en muchos sitios. Algunos de gran envergadura, como Google o Microsoft. Otros más específicos. Empecé temporalmente a trabajar para algo diferente, más material. Se trataba de una empresa de seguridad que trabajaba con llaves inteligentes, pero físicas, para proteger, por poner un ejemplo, antenas en medio del campo. No deja de ser un campo tradicional pero evolucionando dentro del mundo tecnológico. Mientras tanto, Google comenzó a mostrar interés en mi currículum y comencé el largo proceso de entrevistas para poder trabajar con esta multinacional. Es un proceso de selección que lleva su tiempo.

Google es una empresa donde la ingeniería toma las decisiones. Primero se preocupa de crear unos servicios que funcionan para ayudar al cliente y luego se preocupa por conseguir los beneficios necesarios para poder seguir dando esos servicios. Es un nuevo modelo de relaciones laborales, un modelo de negocios diferente, de procesos de mejora continua. Se trata de tener una misión, una misión social si cabe. Google tiene una misión muy clara: la organización de la información del mundo. Es el motivo de su existencia. Si llega un momento en el que Google no es necesario, dejará de existir. En España esa actitud falta. Muchas empresas se crean solo para hacer dinero. No tienen una misión.

Comencé como manager que hacía de intermediario entre los socios de Google y la ingeniería de la empresa y acabé convirtiéndome en el manager regional que llevaba la zona de Europa, Oriente Medio y África. Era un trabajo que me daba mucha flexibilidad horaria y eso me vino muy bien con los trillizos pero es un trabajo en el que, debido a la diferencia de nueve horas con California, hay que estar disponible en todo momento. Podía trabajar mucho desde casa pero el trabajo me obligaba también a viajar mucho

Es en este periodo en el que decidís venir a vivir a Valdemoro.

Todo fue muy rápido y salió todo muy bien. Eva, mi mujer, y yo deseábamos mucho tener hijos y, de repente, nos enteramos de que llegaban tres. Dos niñas y un niño (Elena, Clara y Marcos). Es complicado. Por un lado, la felicidad es enorme. Por otro lado, pensábamos en todo lo que se nos venía encima. Había que tirar para adelante. Cambiarnos de casa, de coche… buscar un nuevo trabajo. Hubo suerte, de nuevo. Encontramos la casa, un poco de casualidad, porque mi cuñada vive en Valdemoro. En una de esas visitas, vimos que el chalet de al lado estaba en venta y creímos que, con los trillizos, sería bueno tener a la familia cerca. Vendimos el piso de Madrid rápidamente y compramos el chalet de Valdemoro.

Nos mudamos el día 3 de julio de 2010. Al día siguiente, nacieron los trillizos (Guillermo bromea diciendo que tiene planeado llevar a toda la familia a Estados Unidos un 4 de julio y, una vez allí, decirles a los trillizos que las celebraciones callejeras se hacen allí en honor a su cumpleaños). El parto fue fenomenal. Obviamente, los trillizos nacieron cortos de peso y tuvieron que estar un tiempo en la incubadora. Pero nacieron sanos. Eva estaba bien. Fue el momento más emocionante de mi vida.

En Google no me pusieron ningún problema. Nacieron prácticamente en el momento de mi incorporación. Les pedí si podíamos retrasarlo a septiembre. Me incorporé cuando ya había pasado el primer mes y medio. Los tres primeros años son muy duros. Dormíamos muy poco, dejábamos todos los biberones preparados. Había que multiplicar todo el trabajo por tres.

¿Qué impresión te dio Valdemoro cuando os vinisteis a vivir aquí?

Yo estaba acostumbrado a vivir en ciudad, con una vida de barrio. A eso sí que me costó adaptarme, al principio, porque vives en un chalet adosado. Con trillizos apenas salíamos de casa. Eso te crea un sentimiento de aislamiento. Salíamos, como mucho, al parque. No participábamos mucho en la vida de Valdemoro. Yo venía de Carabanchel, un barrio con mucha vida. A cambio, ganamos en espacio, en un aire más limpio. Conforme fueron creciendo los trillizos, fueron aumentando nuestras salidas dentro la localidad.

¿Hasta el momento en el que te embarcas en el proyecto Ciudadanos, cómo había sido tu vida política?

No había tenido una vida política. Mi vida política comenzó con mi afiliación a Ciudadanos. Me afilié en agosto de 2014, justo en el momento en el que la agrupación de Valdemoro estaba creándose. Mi motivación principal fue la situación en la que vive España, un punto de inflexión en el que podemos ir hacia abajo o hacia arriba. En 2014, se ponen en duda todas las instituciones. Hay un deterioro de la confianza. España tiene una asignatura pendiente en la creación de una sociedad civil potente, dinámica, con poder de iniciativa. No dejaban de salir casos de corrupción, la separación de Cataluña estaba encima de la mesa… El propio proyecto de Europa parece que ha perdido la energía en su proyección hacia el futuro.

De ahí, vino la necesidad de comprometerme social y políticamente. Veo en Ciudadanos un proyecto de sociedad civil que piensa en positivo, en unidad, que quiere ir a la raíz de los problemas, que, en mi opinión, apuesta por el sentido común. La enorme mayoría de los afiliados a Ciudadanos no proviene de la política, no ha estado afiliada a ningún otro partido. Me da la sensación de que, en los partidos tradicionales, hay ahora una lucha entre la dinámica de regeneración y la resistencia a lo que ha sido el partido. Los partidos tradicionales se han convertido en el fin de sí mismos y han olvidado el proyecto que les debería dar sentido.

En Valdemoro, pasamos rápidamente de formar una agrupación, a convertirnos en una alternativa política y, no solo eso, terminamos ganando las elecciones. La situación en Valdemoro era muy peculiar. Fue todo muy rápido.

¿No crees que sea una responsabilidad muy grande el haberte convertido en el alcalde del ayuntamiento de mayor población de España en manos de Ciudadanos?

No es particularmente importante. Ni siquiera para el proyecto de Ciudadanos. Es una responsabilidad con respecto a Valdemoro. Es un reto muy grande. Creo que los valdemoreños no son conscientes de la delicada situación económica en la que se encuentra el ayuntamiento. Creo que es muy difícil poder explicar cuán pequeño es el margen de capacidad de decisión que tiene el ayuntamiento. Llegar a explicar eso a los ciudadanos con claridad sin que parezca una maniobra política es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos. La deuda determina en exceso la capacidad de decisión del ayuntamiento en estos momentos. Por eso, debemos pensar en soluciones para poder estar mejor dentro de diez años. Gobierne quien gobierne en ese momento.

Gracias a tu bagaje profesional, tienes ya cierta experiencia en la gestión privada y en la pública. Háblanos de tus impresiones al respecto.

Hay una gran diferencia. La gestión privada muestra una mayor flexibilidad. A los propios procedimientos de contratación y de promoción públicos les falta agilidad y eso los convierte en un maremágnum legal que hace que la administración vaya muy lenta. Es verdad que esa lentitud tiene sus ventajas porque es lenta pero segura. Sin embargo, las decisiones se toman de forma irrevocable. Das un contrato para veinticinco años y revocarlo es casi imposible. Si contratas a alguien y te equivocas en la elección es muy difícil cambiarlo. Si aciertas en la elección y quieres dar más responsabilidades e incentivos a esa persona, es prácticamente imposible.

Me gusta la accountability, un concepto inglés de la empresa privada pero, también, de la gestión pública de muchos países anglosajones y del norte de Europa. Se trata de rendir cuentas, de responder por tus acciones, de vivir como un instrumento para la mejora de la sociedad y no de vivir para perpetuarte. Para poder rendir cuentas adecuadamente, se deben crear una serie de procesos de mediciones continuas que justifiquen una acción. Toda decisión debe tomarse a partir de unos datos y, si esos datos no existen, deben buscarse. Deben crearse sistemas para obtener esos datos. Una vez se tienen esos datos, se deben crear experiencias piloto y, si funcionan, expandirlas. Es todo un proceso de aprendizaje y evita la cultura política de los bandazos. En Sanidad se han hecho cosas interesantes en ese sentido.

Por último, los políticos no deberían darse tanta importancia. Me gustaría pensar que tanto los políticos como los partidos deberían ser una herramienta para un proyecto. Las cosas tienen que funcionar aunque no estemos aquí. Se deben crear unos buenos sistemas de trabajo.

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       Salgo del ayuntamiento pensativo. Un hombre apoyado en la pared tararea una canción popular mientras espera a alguien. Inconscientemente, comienzo a silbar la misma melodía y un chaval joven, con un poquito de guasa, me acompaña silbando cuando nos cruzamos. Es importante tener un buen alcalde, no me cabe la menor duda. Pero es posible que, como dice Guillermo Gross, lo importante es que la democracia sea una melodía contagiosa que, de una forma u otra, podamos cantar, tararear o silbar todos.