Entrevista con Isaac Palón

Tesis. Antítesis. Síntesis. El rock se hizo popular gracias a un muchacho blanco de origen humilde que aprendió a cantar en las iglesias protestantes afroamericanas. 1953. 1954. 1955. En 1953, Marlon Brando protagoniza Salvaje, una película de moteros en la que los atuendos de los protagonistas marcarían una línea de moda roquera que llega a nuestros días: pantalones vaqueros, chaqueta de cuero negra, camiseta negra… En 1954, Elvis Presley, un muchacho blanco de origen humilde que había aprendido a cantar en las iglesias protestantes afroamericanas, grabó That’s All Right, considerada por muchos la primera canción rock. Se trataba de un blues de la década de los cuarenta con el que Elvis, acelerando su tempo, jugueteó en el local de grabación de la Sun Records. En 1955, James Dean protagoniza Rebelde sin causa, una película un tanto determinista que retrata el malestar que sufren los adolescentes cuando descubren que ya no son niños y aún no pueden formar parte del mundo de los adultos. En 1971, Jeanette resumiría el argumento de la película con los cuatro primeros versos de su canción más famosa: «Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así, porque nadie me ha tratado con amor, porque nadie me ha querido nunca oír…».

  1. 1954. 1955. En tres años conseguimos el uniforme, la música y la actitud del rock. Pero ¿se trataba de una actitud nueva? En muchos sentidos, sí. Si nos da por imaginar la mayoría de escenarios posibles para un joven antes de la década de 1950, la adolescencia duraba casi lo mismo que en el preneolítico: un grupo de niños, supervisado por un par de adultos, salía a cazar por primera vez. Cuando esos niños volvían al poblado cargando lo que habían cazado ya eran hombres. La adolescencia duraba lo que duraba esa partida de caza. A comienzos del siglo XX, un niño se levantaba una mañana y le decían que ya no fuera al colegio, que, a partir de ese día, tenía que ir a ayudar al campo o a la fábrica. En la década de 1950, nos encontramos con una generación de niños a lo largo de todo el primer mundo a los que el sistema les dice que la adolescencia les va a durar más tiempo de lo que dura una partida de caza. Cuatro, cinco e, incluso, seis años más.

Eso no iba a ser todo. A esa generación de rebeldes sin causa y a las generaciones posteriores, el sistema les ha dicho no solo que la adolescencia ha sido prolongada, sino que la juventud debe durar hasta pocos minutos antes de la muerte. Debemos y queremos ser jóvenes para siempre. Y, aquí, el rock, la música pop en sus muchas de sus vertientes también, nos puede venir bien. No importa la edad que tengamos. Seguiremos siendo jóvenes mientras vistamos como jóvenes; seguiremos siendo jóvenes mientras mantengamos la música cerca de nosotros; seguiremos siendo jóvenes mientras no resolvamos completamente esa incertidumbre y ese inconformismo adolescentes que parecen no desaparecer cuando cumplimos treinta años, ni cuarenta, ni, incluso, cincuenta… como parecían desaparecer en un pasado no tan remoto.

Pero el que podamos ser jóvenes y roqueros hasta alcanzar la edad de los Rolling Stones también tiene sus ventajas. Podemos encontrarnos con roqueros que mantienen sus inquietudes artísticas a la vez que muestran actitudes mucho más maduras y serenas ante la vida. Es el caso de Isaac Palón, nacido en Alcañiz (Teruel), de raíces jienenses, y vecino de Valdemoro desde que sus padres se mudaron aquí cuando él tenía ocho años. Isaac tiene una tremenda energía positiva que contagia inmediatamente. Se deja ayudar por una sonrisa que no le abandona a lo largo de toda la entrevista. Isaac Palón es cantante de rock y acaba de publicar su primer disco en solitario, 25/01.

Eres músico por las noches y desarrollador de software por el día.

Ahora mismo estoy trabajando para un banco y estamos desarrollando la aplicación móvil para la gestión bancaria en las tablets y en los teléfonos móviles. En estos momentos, va a ser introducida en Chile y en México, pero el objetivo es que la aplicación se extienda a todos los países donde trabaja ese banco.

Me encanta mi trabajo de informático, pero parece mentira que haya acabado en este gremio. Cuando nos mudamos a Valdemoro, yo tenía ocho años, a mi hermano lo cogieron en el colegio Vicente Aleixandre y a mí me mandaron al colegio de Nuestra Señora del Rosario. Llegamos en enero y no había plaza para los dos en la misma escuela. Mis padres nos apuntaron a Informática en clases extraescolares para que hiciéramos algo. Las clases eran en el Vicente Aleixandre. Nos compraron un cassette de sesenta minutos a cada uno porque, entonces, se utilizaban los cassettes para grabar la información del ordenador y para programar con BASIC. No puedes imaginar cómo odiaba yo la informática. Me enredaba por el camino para llegar tarde a las clases… Me acuerdo que, a final de año, hicimos un examen y yo saqué un 1 sobre 10. El chico que se sentaba a mi lado quería ser programador informático y yo lo miraba pensando que estaba loco. No podía concebir que a un niño le gustara la informática y quisiera ser programador.

Después de ese día, nunca pensé que acabaría desarrollando software. Había acabado el curso y lo único en que pensaba era en pasarle ese cassette de la clase de Informática a Raúl, un compañero del colegio, para que me grabara unas cuantas canciones de heavy metal, aprovechando que su hermano tenía muchos vinilos. Todavía guardo ese cassette con la música que me grabó Raúl (su hermano era David Santisteban y justo estaba promocionando su primer single, Rebelde). Allí tengo a Queen, a Nirvana, a Guns & Roses… Grupos que han marcado toda mi vida.

Después de la escuela, estudié en ECAM (Escuela Comarcal Arzobispo Morcillo), aquí en Valdemoro, e iba para electricista. De hecho, trabajé algunos veranos como electricista. Terminé la FP y pensé en estudiar Industriales, porque era lo que podía hacer después. Pero no me cogieron. Algo tenía que hacer. Así que decidí hacer un módulo de Informática. Ahí me enganché. ¡Pillé un vicio con la informática! Salía por Valdemoro un sábado hasta las seis de la mañana y, cuando volvía a casa, en vez de acostarme, encendía el ordenador y me ponía a hacer las prácticas que tenía que hacer para la clase. Después del módulo acabé estudiando Ingeniería Técnica.

En la actualidad, me gusta desarrollar cosas para mí, aparte de lo que hago para el trabajo. Mis páginas web las hago yo, por ejemplo. Y sí que hay un punto de unión con la música. Me monté un estudio de grabación en casa y la informática me ha ayudado a la hora de instalar y de utilizar el estudio.

¿Cuándo decides dedicarte a la música?

A mí me gustaba cantar. Recuerdo que acababa de sacar Mago de Oz uno de sus discos y yo andaba cantando sus canciones todo el día. Vino un amigo y me dijo: «Tenemos un grupo de música y nos gustaría que te vinieras a cantar con nosotros». Ensayaban en Carabanchel y empecé a ir con ellos todos los domingos de una a tres de la tarde. No comíamos. Nos llevábamos un sándwich. Creo que, en esto de la música, empecé un poco tarde. Yo ya tenía veinte o veintiún años. Hay gente que con veinte años tiene ya una carrera musical labrada tremenda. Después de unos meses, tenía claro que había que apuntarse a clases de canto. Estaba bien, yo me lo pasaba bien, pero, cuando llevas dos horas cantando, no disfrutas igual. Considero que la formación vocal es supernecesaria y hay veces que es uno de los instrumentos a los que menos atención se le presta porque, ya, de forma natural, usamos la voz para hablar, para cantar…

Estuve tres años aprendiendo a cantar con Narciso López-Tercero, el que fuera cantante del grupo Júpiter. Me fue muy bien y, al final, habré estado unos diez años con clases de canto. Justo al apuntarme a clases, mis compañeros dejaron la banda. Les salieron otras cosas. Total que puse un cartel en la academia, me pillaron para otro grupo y, desde entonces, no he parado.

Háblanos de los grupos con los que has cantado.

El primer grupo importante en el que estuve fue en Härem, que es un grupo de rock progresivo. De ese grupo, salió el guitarrista rítmico actual de Mago de Oz. El bajista era Óscar Arias, también vecino de Valdemoro. Tocar con Härem me permitió conocer a más gente relacionada con la música y con otros grupos. Casualmente, con esa banda, solo hice dos conciertos, pero esos dos conciertos los hicimos con otras dos bandas con las que luego he cantado. Una de ellas es Viga. Viga se formó en 1981 y, con ellos, he estado unos ocho o nueve años. Con ellos he grabado tres discos y, gracias a ellos, me he movido por un ambiente que me ha permitido conocer a muchos de mis ídolos. He tocado junto a Topo, con Viga, hemos teloneado a Asfalto, he tocado con Juan Gallardo (Ángeles del Infierno); he podido grabar mis primeros videoclips, estar en festivales, tocar por toda España, ir a Leyendas del Rock, que, hoy por hoy, dentro del heavy metal, es el festival más importante de toda España y el que más repercusión tiene.

Cantar con Viga me ha permitido, por ejemplo, estar de barbacoa con Sherpa, el cantante de Barón Rojo. Tengo una anécdota muy divertida en relación con Sherpa. Con Viga, además de hacer rock urbano y rock and roll, teníamos paralelamente una banda tributo a Barón Rojo. Nos llamábamos V de Barón. Nosotros tenemos muchísima amistad con Sherpa y, en uno de los conciertos, no pude ir a cantar porque me coincidía con otro compromiso. Así que tuvieron que buscar a alguien para que me remplazara ese día. ¿Sabes a quién convencieron para que me sustituyera? Al señor Sherpa, cantante original del grupo al que rendíamos tributo.

Hace dos años, empecé a compaginar Viga con Universa, que es la banda en la que estoy ahora. Universa viene de la disolución de otro grupo, Cuatro Gatos. En Cuatro Gatos cantaba  el cantante de Beethoven R, que ha sido uno de los cantantes que más me ha marcado. Con Universa, he defendido su primer disco, que no grabé yo, y ya tenemos el noventa por ciento de lo que sería el segundo álbum.

Me gustó compaginar mi trabajo con Viga y Universa. Son dos estilos diferentes. Con Viga, dejé de trabajar con ellos en 2015, cantaba con la voz más rota. Y, con Universa, hay otras tesituras para mi voz que me parecen muy interesantes como reto. Quería ver hasta dónde llego como cantante. Desde que he entrado en Universa, he crecido un montón. Exigen mucho y había que aprender, depurar técnica…

Y, además, el 29 de abril de 2017 publicas tu primer álbum en solitario.

Empecé a componerlo cuando estaba en Viga. Quería hacer algo paralelo, algo más mío. Ironías del destino, porque, tal vez, muchas de las canciones habrían funcionado bien dentro de Universa.

El estilo que predomina en el disco es el power metal, una variante del heavy metal que se caracteriza normalmente por sus tesituras de voz más altas, la constante presencia de dobles bombos y estribillos con mucha melodía y energía. Hay influencias de Saratoga y de bandas españolas que salieron en los noventa.

¿Por qué el título 25/01?

Durante todo el proceso de grabación tenía otro título, Se rompió el silencio. Pero el 25 de enero, la fecha que indica el título, nació mi hija, Alba. Ahora tiene cinco meses.

¿Qué quieres contar con este disco?

Es música y textos que he ido escribiendo desde que comencé mi carrera en la música. Cuando comencé a cantar con mis amigos a los veintiún años, ganamos un concurso de composición aquí en Valdemoro, con la Casa de la Juventud. Íbamos a grabar una maqueta con cuatro temas que no llegó a ver la luz. Para empezar, he querido incluir tres de esos temas. Siguen siendo mis amigos y les pedí permiso para incluirlos en el disco.

En cuanto a las letras, son cosas que he querido contar en los últimos diez años. Te puedes encontrar de todo. Nada que perder, por ejemplo, toca un tema de actualidad. Habla de personas mayores de cincuenta años, que se quedan en el paro y tienen que comenzar de nuevo. Todo el mundo les da de lado. La canción habla de una de esas personas. Le han rechazado miles de veces, pero se levanta cada mañana dispuesto a seguir buscando trabajo, a terminar su vida laboral con cierta dignidad. Y mi voz enmudeció trata de un tema tan duro como la pederastia. Una segunda oportunidad habla del tsunami que asoló Japón en 2011, del terremoto de Fukushima, de cómo tu vida parece depender solo de ti, que lo tienes todo controlado. Pero pasa algo de ese tipo, porque la Tierra y el universo pueden ser muy caprichosos, y nuestra vida cambia por completo.

Tan sólo tú es un tema dedicado a mi pareja, Elisabeth. Llevamos veinte años juntos, más de la mitad del tiempo que llevamos sobre la tierra. Hemos compartido lo bueno y lo malo. Yo no podría vivir sin ella. De hecho, en el vídeo de la canción sale ella y sale embarazada de seis meses. Pensé que era un toque tierno. A veces se asocia el rock y el heavy metal con la violencia y es todo lo contrario. Lo que yo conozco del mundo del rock es solidaridad, tolerancia…

El último tema del disco, Constructores del final, es una versión de la banda mexicana IRA. Uno de sus miembros, Adán Moreno, es el manager de Viga. Gracias a él,  fuimos a México a promocionar uno de los discos de Viga. Estando en México, una mañana me acerqué a Tianguis Cultural del Chopo, que es como el rastro de Madrid pero dedicado, sobre todo al rock. Allí me encontré un puesto dedicado a la música argentina y española y vi que vendían el disco de Viga que habíamos ido a promocionar pirateado. Me pareció divertido. Le pedí permiso al del puesto para hacerme una foto junto al disco pirateado y le expliqué que yo era el cantante. Él ni se arrugó ni nada. Me dio permiso y comenzó a repasar mis colaboraciones y mi discografía. Lo sabía todo sobre mí. Me hizo mucha ilusión.

La temática más recurrente del disco es la superación de todos los problemas, enfrentarte al día a día con optimismo. Me han influido, también, para esto bandas como Journey, Pride of Lions, Foreigner, que son grupos con letras muy optimistas.

¿Quién ha colaborado contigo en el disco?

El mayor peso, mi mano derecha, ha recaído sobre Ismael Gutiérrez (guitarrista de Tete Novoa), quien se ha encargado de la mayor parte de las guitarras y baterías y con el que he trabajado bastantes arreglos. El resto ha sido obra de Luisma Hernández (bajista, ex-Santelmo), Miguel Lozano (bajista y contrabajista en el musical El Rey León), Adán e Iván Moreno (bajista y guitarrista-vocalista de la banda mexicana IRA), Edu Ortiz (Universa, Azúcar Moreno), Ramón Gaviño y Jacob (bajista y guitarrista, ambos ex-Guadaña),  José del Pino (bajista en Universa), José Cuesta (guitarrista de Dulce Neus), Javier Canseco (bajista en Bajopresión), Pedro Vela (guitarrista en Universa, ex-Ñu), Chechu Aurrecoechea (guitarrista en Viga), José Antonio García Perelló, Filthó (teclista en Silver Fist, Obús y Chino Banzai) y Elisabeth Vaz-Romero (mi pareja y residente en Valdemoro de toda la vida).

En temas de fotografía se han encargado mis amigos Nacho Almoguera y Enrique Medina, ambos valdemoreños, los cuales ya hicieron un gran trabajo para las fotos del álbum Electrokalambrera de Viga y con los que he contado siempre que he podido. Asimismo, he contado con Eliezer Moreno, otro valdemoreño más, el cual ha trabajado, entre otros, para Antena 3, Azúcar Moreno y Marco Dettoni (de Valdemoro igualmente). Eliezer ha producido, grabado y editado los dos videoclips Tan sólo tú y Al viento. Ya se encargó, en su día, de rodar mi primer videoclip con Viga titulado Corruptor de Almas, en el que hizo un gran trabajo. Finalmente, la mezcla del álbum la he dejado en las buenas manos de Tony Sánchez-Gil de Lausán Estudio, el cual puede ser relacionado con su proyecto Manakel y en el que ha contado con músicos de la talla de Ignacio Prieto o el mismísimo Ronnie Romero.

¿A qué público te gustaría llegar?

Me gustaría llegar a todos aquellos a los que les gusta el rock, especialmente a aquellos que se mueven dentro de los grupos que a mí me gustan, como Saratoga, Iron Maiden, Judas Priest, los clásicos y los modernos. Con mi disco no he querido hacer nada innovador. Quería hacer lo que más me gusta.

También me gustaría llegar a la gente que no está acostumbrada a escuchar rock. Creo que son temas fáciles de escuchar, que te dan mucha energía. Temas que yo me pondría para arrancar el día.

Los dos vídeos que hemos hecho del disco han llamado la atención del grupo Atresmedia y los están emitiendo dentro de sus canales. Se interesaron por ellos en cuanto se los presentamos. Para mí es un orgullo que se le dé cancha al rock, algo no tan frecuente en los medios hoy en día.

Sin embargo, en la actualidad tenemos Rock FM, algo que no existía en las décadas anteriores.

Mi disco ha sonado en Rock FM. Mariskal Romero tiene una hora a la semana dentro de la programación de esta emisora y me pusieron en una sección de su programa. Rock FM está muy bien. Está muy bien para iniciarte en el rock. Son clásicos de toda la vida. Son temazos que están probados y que funcionan siempre. Los promotores de Rock FM son muy listos y han encontrado una radio fórmula estupenda. Y, como son listos, creo que, cada vez más, van a ir introduciendo en la parrilla de su programación secciones más personales como la de Mariskal Romero, programas que van a apostar más por grupos nuevos y canciones más desconocidas. Porque saben que tienen que apoyar a los grupos que tomarán el relevo de lo que podemos escuchar en Rock FM hoy en día. No podemos conformarnos con lo viejo. Mataríamos al rock.

También has cantado en orquesta.

A mí, al principio, me daba un poco de palo. Cantaba con una orquesta durante cinco horas y sabes que las dos primeras horas son pasodobles, bachatas… Después, las dos horas siguientes son más pop y la última hora es el pase de rock. Ahí es cuando yo disfruto, cantando el Final Countdown a las cinco de la mañana.  De la orquesta he sacado cosas muy positivas. No sabes la dificultad que tiene un tema hasta que no lo cantas. Cantar en orquesta me ha permitido aprender a cantar de maneras diferentes. He disfrutado tomando influencias de aquí y de allá. La orquesta te abre la mente también.

La música es una cultura. Como lo puede ser el cine. Como los libros. A ti te gustan las películas de terror, pero no ves solamente películas de terror. No te niegas a ver una comedia o un thriller porque lo que más te gusta son las películas de terror. Con la música es lo mismo. A mí me gusta el drama, un día puedo ver una película de amor, otro día una de acción… Eso no quita el que con lo que más disfrutes sea con un tipo de música u otro. Yo estoy escuchando música todo el día y escucho distintos tipos de música dependiendo del momento del día.

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Isaac pronuncia cada palabra con una ilusión admirable. Hace lo que le gusta. Disfruta con todo lo que hace. Terminamos nuestro encuentro con uno de sus últimos proyectos, una colaboración con el pinteño Miguel Lozano. Le ha ofrecido trabajar como cantante en un musical sobre el flautista de Hamelín con la música de Ñu. Esto se presentaría en el Conservatorio de Madrid, donde Miguel Lozano está trabajando.

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Entrevista con Ángel Laguna

El inicio de Los Simpson es posiblemente una de las siete maravillas del arte contemporáneo. Unas nubes esponjosas se abren para dar paso a un cielo tan azul como el de las películas de Stanley Kubrik. A partir de ahí, una cámara dron imaginaria comienza a mostrarnos la central nuclear del señor Burns. Al lado, el cementerio de ruedas ardiendo; al fondo el ayuntamiento y, a mitad de camino, dos de los gamberros de la ciudad serrando la cabeza de la estatua del fundador de Springfield. La cabeza de la estatua caerá sobre Ralph, el hijo del jefe de policía, y echará a perder su helado; traviesa, la cámara dron atraviesa entonces una calle principal que nos lleva hasta la escuela primaria; allí, se mete por la ventana de un aula, donde Bart Simpson escribe un castigo en la pizarra; suena la campana y Bart sale disparado de la escuela con su monopatín; ahí se produce un corte para llevarnos al interior de la central nuclear, donde Homer Simpson maneja con descuido un ladrillo de plutonio; otro corte nos lleva al supermercado; allí nos encontramos con Marge y Maggie Simpson; volvemos a la escuela y en la clase de música, la cámara comienza a mostrar a toda la banda de la escuela, de derecha a izquierda, hasta llegar a Lisa Simpson, que toca un saxofón tan grande como ella y que es expulsada de la banda por mostrar, tal vez, mayores aptitudes musicales de las que espera un profesor de primaria en sus alumnos; a partir de ese momento, todos los miembros de la familia Simpson se precipitan a lo largo de la ciudad de Springfield, cruzándose con una miríada de personajes secundarios, hasta llegar al sofá del salón de su casa. Estamos hablando de un frenético minuto y medio de dibujos animados acompañados por la magnífica melodía del programa (por sí sola, otra de las maravillas del arte contemporáneo) compuesta por Danny Elfman.

Todas las mañanas, mi móvil me despierta con la música de Los Simpson. Me levanto, me dirijo a mi ventana y observo el cielo azul. Valdemoro es mi Springfield privado. Una vez al mes, gracias a las entrevistas que hago para La revista de Valdemoro, tengo la suerte de conocer a uno de esos personajes con los que se cruzan los Simpson en su camino hacia el sofá en el inicio de cada episodio. Hoy he dado con un filón. Se llama Ángel Laguna. A pesar de su juventud, este valdemoreño es inteligente, maduro, sensible, concienciado con el mundo que le rodea y consciente de que ha venido a Valdemoro/Sprinfield/Planeta Tierra para aportar. Para aportar belleza. Para aportar equilibrio. Para aportar humanismo. Para aportar humanidad.

Ángel toca el piano y es pianista clásico.

¿Cuándo comenzaste a tocar el piano?

Mi padre es clarinetista. Es músico profesional. Ahora está jubilado, pero ha tocado en la banda de música del Colegio de Guardias Jóvenes toda su vida. Y yo comencé tocando el clarinete a los nueve años. Pero había un piano en mi casa y yo empecé a pasar más tiempo en el piano que en el clarinete, un poco por pura intuición. Mi padre, al verlo, decidió llevarme a clases de piano aquí en Valdemoro. Mi primera profesora fue Loli (María Dolores Martínez), de la Escuela de Música. Ella me inició al piano y me animó, después, para hacer las pruebas en un conservatorio profesional. Fue así como entré en el conservatorio de Getafe. Fue en Getafe, yo tenía apenas doce años, donde un profesor, Carlos Javier Domínguez, me hizo descubrir que merecía la pena dedicarse a esto, me hizo descubrir que me gustaba y me hizo descubrir que era mi camino. Gracias a él, pude ver que podía y que me gustaba. Él me ayudó, también, a descubrir quiénes eran mis compositores, cuál debía ser mi repertorio. Porque eso es también muy importante. Hay músicos en todos los ámbitos, pero yo creo que cada uno tiene que descubrir su camino a través de sí mismo o a través de alguien que se lo facilite, pero que no se lo imponga. Alguien que te haga saber quién eres pero que no decida quién eres. Yo lo descubrí poco a poco. Sigo descubriéndome hoy en día porque creo que nunca nos descubrimos completamente.

Estudiaste bachillerato en el Instituto Villa de Valdemoro.

Estudié toda mi primaria y la ESO en el Colegio San José. En el Instituto Villa de Valdemoro tuve la suerte de poder cursar el bachillerato musical, que por aquel entonces no existía en los institutos. Era un caso completamente aislado y, gracias a ello, estuve más liberado de carga lectiva para poder dedicarme al estudio del piano y para preparar las pruebas que se me venían encima. La verdad es que fue una buena ayuda.

Y de Valdemoro, te vas a estudiar la carrera de Música a Salamanca.

Sí. Pude haberme quedado en Madrid pero elegí Salamanca porque quería estudiar con una profesora en concreto. Al principio, era un poco reacio a abandonar Madrid, a irme de Valdemoro, pero, a los pocos meses de estar en Salamanca, es una decisión de la que no me arrepiento. Primero, por estar imbuido en el ambiente universitario de Salamanca, una ciudad muy rica en estudiantes de todas las carreras, de todas las edades, procedentes de todos los ámbitos. El conservatorio estaba lleno de profesores muy interesantes, de gente del centro de Europa que venía a Salamanca. Fue muy enriquecedor, tanto el ambiente de la ciudad como el del conservatorio. A día de hoy,  muchas de las oportunidades laborales que me siguen surgiendo proceden de las relaciones personales, con profesores y compañeros, que pude forjar allí.

Y tras Salamanca, te marchaste al extranjero.

Tras acabar en Salamanca, estuve unos meses meditando cuáles iban a ser mis siguientes pasos. Hoy en día, da la sensación de que, cuando terminas tus estudios, en cualquier ámbito, si no vas a hacer un máster en Budahelsinki no eres nadie. Pero yo creo que lo que seas o no seas depende de ti. Depende de factores internos más de lo que venga de fuera. En esos meses, a mí, realmente, no me apetecía irme a ninguna parte porque yo tenía muy claro lo que quería hacer. Tenía claro cuáles eran mis compositores, tenía claro que tenía que buscarme conciertos para tocar las obras que yo quería interpretar, que yo amaba. No me hacía falta ir al extranjero. Pero también vi que empezar a viajar y estudiar en el extranjero era una puerta a muchas más oportunidades.

Empecé a viajar a Alemania, a la zona de Colonia y Düsseldorf, y estuve estudiando allí durante un poquito más de un curso académico. Yo tenía claro que no quería vivir allí. Hoy en día, importa poco donde vivas porque los medios nos acercan a todas partes en tiempos irreales. Pero conocí a bastantes personas que me han abierto puertas allí y, gracias a ello, en los últimos tres veranos he vuelto al mismo sitio, dentro de la serie de conciertos que pertenecen al festival de conciertos para jóvenes pianistas International Campus Kleve. Allí he conocido a pianistas de toda Europa e incluso de América. Sigo en contacto con ellos y este verano vuelvo a participar en el festival durante dos semanas. Todos los pianistas que participan residimos en el mismo edificio durante dos semanas. Allí dormimos, comemos, estudiamos y practicamos las obras. Y, casi todas las tardes-noches tenemos concierto. Cada uno en un lugar diferente. Son seis o siete recitales por semana.

También viajaste a Londres.

En Londres nunca he estado mucho tiempo. Pero quería ir para conocer todo sobre lo que me habían hablado mis profesores. Fui allí una semana para conocer a un profesor. Es argentino, pero vive en Londres. Gracias a él, he conseguido tocar en Londres tres veces. Una de ellas, con una pequeña orquesta. Primero toqué en Steinway Hall, que es una pequeña sala con el nombre de la marca de pianos Steinway; luego toqué en St. Martin in the Fields, un lugar también emblemático por la orquesta que tiene; después en St. James Piccadilly, también en la concurrida zona centro. Esta experiencia también ha sido una importante aportación y en octubre-noviembre de este año voy a volver para tocar con una orquesta.

¿Hacia dónde crees que va la música clásica del siglo XXI?

Creo que los fines de los seres humanos no cambian, que las personas de hoy somos muy parecidas a como eran hace cien años y doscientos. Estoy hablando de nuestra naturaleza y de nuestras necesidades. Lo que sí que cambia son los medios. Los medios han cambiado, pero no los fines. Las reuniones como las que tenemos en Alemania todos los veranos antes se daban muchísimo, pero, hoy en día, los nuevos medios de comunicación favorecen muchísimo el contacto constante con todo lo que se está haciendo en el mundo en estos momentos. Esto lo permite internet y las redes sociales. Estamos mucho más cerca los unos de los otros y eso nos enriquece a todos y enriquece muchísimo el panorama de la música clásica. Pero también creo que las reuniones físicas, personales, como las que tengo en esas dos semanas en Alemania son mucho más sustanciales. Hoy en día, aunque nos conozcamos más en todos los ámbitos, en cierto sentido y al mismo tiempo, estamos más lejos los unos de los otros.

Me preguntas sobre la música clásica, clásica entendida como producto atemporal, imperecedero; clásica porque fue compuesta hace cien o doscientos años, pero que seguimos interpretándola porque su naturaleza es atemporal y esa enseñanza que contiene es igual de útil hoy en día que en su momento, como cuando leemos obras como el Quijote o la Celestina. Y me preguntas sobre el futuro de esa música clásica. Y creo que su futuro se pone, en ocasiones, demasiado en duda. Estoy harto de escuchar que la música clásica está en crisis, no solo en España, sino a nivel mundial. No sé si será cierto o si son campañas de desprestigio. Prefiero no hablar de ello porque, cuando lo haces, se alimenta esa corriente. En España hay mucho por hacer, por supuesto, pero, ¿y lo que hay hecho? Hay mucho hecho. Hay cada vez más niños estudiando en las escuelas de música, independientemente de que vayan a continuar o no. Pero ya tienen una sensibilización. Los conservatorios están llenos. Los conciertos tienen un público. Un público que se renueva. Cada vez veo más gente joven. Creo que hay que fijarse en lo que está hecho en vez de centrarnos en lo que hay por hacer. Y yo quiero contribuir con mi trabajo y esa es la razón por la que permanezco en España.

Si tenemos que hablar de la dirección que lleva la música clásica, a mí me gustaría que siguiéramos aprendiendo de la naturaleza. Si observamos la naturaleza, podemos observar su sencillez y su perfección. Es siempre igual y cada día es distinta. Un río siempre va en la misma dirección y no se empeña en ir en dirección contraria. Hay artistas que se empeñan en ir en dirección contraria o en destruir la sencillez y la perfección por el mero hecho de ser diferentes. Podemos hacer lo mismo que se ha hecho siempre desde nuestra individualidad y eso convertirá esa pieza de arte en algo único y completamente nuevo.

Y te has decidido a vivir de la música.

No se debe pensar que esta profesión es una forma de hacerse rico. La música te enriquece en otros sentidos. Si quieres ganar dinero, hay muchas otras profesiones que son más acertadas para eso. Si quieres ser músico es porque te gusta. Es un modo de vida, no es una profesión para ganarse el pan. Hay muchos compañeros míos que son grandes músicos y no reciben su principal fuente de ingresos con la música. Ser músico no es lo más remunerado, pero satisface a otros niveles donde el dinero no llega.

En todo caso, si te lo propones, se puede vivir de la música. Porque no solo hay una vía: están las clases, está el tema de escribir sobre música, está el colaborar con orquestas, con coros. Hay muchísimas vías.

¿Y tú escribes sobre música?

Desde antes de mi traslado a Salamanca tenía mucho interés por leer sobre los compositores a los que interpretaba o por leer textos escritos por músicos que yo admiraba. Así empecé a elaborar mis juicios y mis criterios. Y ya estando en Salamanca escribí artículos para un blog que existía allí, en el conservatorio de Salamanca.

Después tuve que realizar mi tesis sobre la relación de Debussy y los compositores españoles de su época, reivindicando un poco a los autores españoles que, aunque aquí no recibían la atención que merecían, en Francia eran muy valorados. Más tarde, cuando hice el Máster en Interpretación Musical en la Universidad Alfonso X El Sabio, también tuve que escribir un trabajo final, que realicé con mucho gusto.

A partir de ahí, comencé a escribir las notas al programa de los concierto que interpreto. Antes de tocar las piezas, las presento con unos textos que he preparado de antemano. Se trata de una breve información sobre las obras que voy a tocar, pero no de datos que se pueden buscar en internet, sino de lo que yo puedo hablar de esa música a partir de mi experiencia con ella. Al principio de los conciertos, me gusta hablar, tocando, incluso, pequeños ejemplos musicales.

Y, recientemente, una editorial me ha propuesto publicar un libro sobre aquel trabajo que hice para mi tesis. Sobre los compositores españoles de la época de Debussy y de Ravel: Falla, Albéniz, Turina, Granados… Todos estaban en París. Estoy ahora terminando el libro.

Una de las razones por las que me gusta escribir es porque, cuando leo lo que he escrito hace un tiempo, percibo mi evolución. Me doy cuenta de que, en cierto modo, la persona que fui mientras escribía ese texto ya no existe.

¿Cuáles son tus compositores favoritos?

Creo que eso gira mucho en torno a cómo eres. Hay personas más extremas, de emociones más fuertes. Hay personas más equilibradas. Yo soy una persona bastante templada, bastante equilibrada. Por tanto, me van a atraer los compositores con esas características. No son ni los más empalagosos ni los más áridos. Me atraen, por lo tanto, los compositores de la segunda mitad del siglo XVIII y de la primera mitad del siglo XIX, de lo que entonces era el Imperio austro-húngaro. Me gustan mucho Beethoven, Schubert, Haydn y Mozart. Sus composiciones son el eje de mi repertorio. Por supuesto, toco a otros compositores del siglo XIX, como Mendelson, Liszt e incluso a compositores anteriores, como Bach. Toco también compositores más contemporáneos, como Ligeti y Messiaen e incluyo, también, música española, sobre todo, de Albéniz y Falla.

Hay gente que me pregunta por qué no toco jazz. Pero yo toco lo que yo soy. Admiro el jazz, está muy cercano a la música clásica, pero no me identifico con el jazz. Hay roqueros que no tocan pop. Cada uno toca dentro del ámbito musical que se encuentra cómodo. Hay un camino para cada persona.

Vamos a hablar de tus conciertos. ¿Qué concierto te ha marcado más personalmente?

Siempre recuerdo el primer recital que di. Fue en el Ateneo de Madrid. Yo tenía diecinueve años. Yo ya había tocado muchas veces, claro está, pero siempre dentro de ambientes académicos. Cuando uno toca de cara al público, uno descubre que las piezas que toca tienen otras necesidades. Cuando uno sale de la escuela es cuando empieza a aprender. Aquel recital fue el primero y yo tuve que responder a muchas cosas. Aprendí sobre las piezas que tocaba y aprendí sobre mí. En cierto modo, en cada concierto sigue estando la vieja premisa de responder al momento, de no dejarte llevar por las cosas inculcadas y aprendidas que, en ocasiones son complots contra lo que en la realidad ocurre. Aquel concierto fue importante porque fue el primero. A veces, recuerdo el programa que elegí y me parece una barbarie todo lo que hice, porque ahora soy más comedido.

Otra ocasión importante fue cuando toqué en Londres por primera vez. Fue como una experiencia totalmente diferente a todo lo que había hecho anteriormente. En aquel concierto descubrí que la música estaba viva. El lugar estaba absolutamente abarrotado. El público estuvo en silencio de una forma asombrosa. Había tanta gente y tan en silencio, tan concentrada en lo que yo estaba haciendo… Eso me permitió descubrir muchas más cosas sobre esas piezas. Todo eso me permitió sentir que yo era el dueño. Que yo era el dueño de todas esas personas. Cualquier cosa que yo hiciera era un mundo para ellos. Un mundo de absoluta incertidumbre. Esto me ha ocurrido en más ocasiones, pero esa vez fue muy gratificante.

Y no me quiero olvidar de la vez que toqué en la Fundación Botín en Santander. Organizan conciertos para jóvenes. Todo con bastante seriedad. Me hicieron sentir en el lugar adecuado tocando para la gente adecuada.

¿Crees que el artista debe estar al tanto de todas las disciplinas artísticas?

Creo que cualquier persona puede entender y sentir una obra de arte en sí misma, sin necesidad de estar al corriente de todo lo demás. Puede escuchar una pieza o contemplar un cuadro y no necesita saber quién la compuso, ni dónde ni cuándo la compuso, ni qué otros autores contemporáneos hacían algo similar… No es necesario tener conocimiento del resto de los campos artísticos. Me atrevería a decir que ni siquiera de tu propio campo artístico. Esos conocimientos ayudan, pero, en ocasiones, pueden entorpecer. La intuición, el sentido común no deben ponerse en tela de juicio. Son ellos los primeros que nos ayudan a captar.

Con esto no quiero decir que no sea importante conocer a los autores y sus circunstancias. Que no sea importante estar al día de cuantas más disciplinas mejor. Todo eso te ayudará a entender mejor las obras que interpretas. Saber de otras artes te puede ayudar a entender tu propia disciplina. Pero no es esencial. Puedes no saber nada y sentirlo o entenderlo todo.

Vamos a terminar con tu actividad profesional en Valdemoro.

Tengo algunos alumnos en Valdemoro y siempre es gratificante enseñar en tu localidad. Sin embargo, me gustaría hablar de mi colaboración con la Escolanía Villa de Valdemoro, dirigida por Gema Hidalgo. Disfruto muchísimo de esa colaboración y, además, aprendo un montón y es una actividad un poco diferente a lo que suelo hacer. Les acompaño tocando el piano en las piezas que cantan y son bastante serios en su trabajo.

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La sencillez y, a la vez, profundidad de Ángel me han dejado boquiabierto. Aunque me ha dejado claro que su camino son las composiciones clásicas, lo imagino interpretando para mí el tema de Los Simpson mientras que yo, haciendo de Bart, escribo en la pizarra doscientas veces el último mensaje que manda a nuestros lectores:

Descúbrete. Sé tú mismo. No te empeñes en ser alguien que no eres.

Descúbrete. Sé tú mismo. No te empeñes en ser alguien que no eres.

Descúbrete. Sé tú mismo. No te empeñes en ser alguien que no eres.