Entrevista con Manuel Blanca

Esta es la historia de un músico. De un trovador trabajando por un sueño. De un joven cantautor que tocaba por los clubes y teatros de Madrid y que estuvo a punto de publicar su primer disco con Warner. Finalmente, decidieron no firmar el contrato y el protagonista de nuestra historia se vino abajo. Tras un periodo de decepción, se abrazó a lo que tradicionalmente llamamos una vida «normal»: formó una familia, tuvo tres hijos, trabajó en la empresa familiar y, veinte años más tarde, decidió volver a intentarlo. Pero, esta vez, nuestro músico, un guitarrista autodidacta con muchas historias que contar, había redefinido su concepto de éxito. No había en esta redefinición renuncia alguna. El objetivo final era el mismo: tocar el cielo a través de la música. Sin embargo, toda frustración quedaba eliminada porque el recorrido – cada concierto, cada canción, hasta cada acorde- se convertía en parte del éxito buscado. Esta es la historia de un músico. Esta es la historia de Manuel Blanca.

Manuel nació en Madrid y pasó gran parte de su infancia en Parla. En un momento dado, una oportunidad laboral de su padre llevó a toda la familia a pasar un par de años en Argentina. Fue toda una experiencia. Manuel lleva con su «chica» desde los dieciocho años. Cuando ella estaba estudiando la carrera y él intentaba despuntar como artista se fueron a vivir juntos al centro de Madrid. Era el sitio ideal hasta que tuvieron su primer hijo. En 2003, su mujer abrió una escuela infantil en Valdemoro y decidieron mudarse a nuestra localidad.

Supongo que el cambio del centro de Madrid a Valdemoro fue tremendo.

Tenía todo el sentido del mundo. Vinimos aquí con un niño y teníamos claro que queríamos más hijos. Mi mujer montó una escuela infantil en Valdemoro y mudarnos aquí haría nuestra vida mucho más fácil. Nos gustaba Valdemoro. Yo estoy encantado aquí. Es una vida muy tranquila. Nos gustó tanto que, al final, se vino toda mi familia para Valdemoro: mis padres, mis hermanos…

¿Cómo comenzaste en el mundo de la música?

Estás ahí, con quince años. Estás jugando al fútbol, estudiando informática y, de repente, aparece tu padre por casa con una guitarra que le ha tocado en una tómbola. Es el momento de tu vida en el que empiezas a escuchar música, en el que te empiezan a gustar unos grupos u otros. Estamos hablando de los años ochenta y yo me empapaba de toda esa música. Te ponías Los 40 Principales y ahí salían todos los grupos. Empecé a mostrar interés por la guitarra. Mi padrino trabajaba en el cine Carretas y, un día, un señor mayor, un buen guitarrista según parece, le regaló una guitarra. Una guitarra de calidad. Y Miguel, mi padrino, pensó en mí. De tocar con la guitarra de la tómbola a tocar con esa guitarra, cambió todo. Era una maravilla.

En Parla, por donde vivíamos, no había academias para aprender música, pero, un día, en una de las revistas que mi madre tenía por casa, vi un anuncio de un curso de guitarra y le pedí a mi madre que me lo comprara. Empecé con La cucaracha y Cielito lindo. Dejé el fútbol y la informática y convencí a los amigos del barrio de que nuestro futuro estaba en la música. A mí me empezó a gustar escribir. Con los primeros acordes, me surgieron ideas para las primeras canciones. Entre los cuatro amigos que empezamos en el primer grupo dijimos: «A ver, ¿quién va a ser el cantante?». Hicimos pruebas y dijeron: «Venga, pues canta Lolo». Me tocó cantar y así empezó todo.

Luego, lo fueron dejando todos, por una razón o por otra, y me quedé solo, pero seguí tocando. Componía, tocaba la guitarra y cantaba. Vi que podía seguir adelante yo solo. En otra revista, esta más de música, vi un anuncio y, a partir de ese anuncio, empecé a tocar en los teatros. Estudié un poquito de guitarra eléctrica, intenté hacer solfeo, pero casi todo lo que he hecho ha sido bastante autodidacta. Tengo un problema: me pongo a estudiar y, en cuanto descubro un acorde nuevo, mi cabeza comienza a componer una canción en torno a ese nuevo acorde. No tengo paciencia para ponerme a estudiar.

Cuando estaba tocando por los teatros, llegué a grabar una maqueta. Había muy buenas sensaciones. La maqueta llegó a manos de Teo Cardalda, de Cómplices, y Teo estuvo moviendo mi música con Warner. Al final no salió nada. No vieron nada comercial, supongo. Me dio un bajonazo y decidí cambiar de vida.

Te da el bajón y aparcas la música en tu vida.

Sí, hasta hace cuatro años, que volví a ponerme con la música otra vez. Con otra gente, pero, sobre todo, en solitario. Tengo un primo que toca el violín y, un día, durante uno de sus conciertos en la Sala Galileo, me invitó a acompañarle con la guitarra en una de sus canciones. Y me dije: «Aquí es donde quiero estar». Decido ponerme a tocar canciones, a componer y en mi cabeza surge ese disco que tengo pendiente. Y me lanzo de vuelta a mi carrera musical. Hace un año publiqué ese disco. En este momento se titula. Es un disco con ocho canciones. Tampoco tenía dinero para más. Tuve que hacer un crowdfunding, con amigos y conocidos, a los que estaré eternamente agradecido. Entre ellos, Miguel y Cristina, que son los que más han aportado. Todavía tengo pendiente con ellos esa deuda. La gente ha respondido muy bien con el disco. Me lo piden de muchos sitios, lo vendo en los conciertos. Yo estoy muy contento con la respuesta que está teniendo.

En abril de 2017 conocí a las hermanas Ana y Marta Contreras, unas managers de Almería, C & C Group, y firmé con ellas un contrato de representación y, gracias a ellas y a mis contactos, van saliendo cosas. Ahora ellas me ayudan también con las redes sociales.

Cuando comenzaste con la música no existían esas redes sociales. Imagino que habrás notado grandes cambios a la hora de promocionar tu música con respecto a tu primera época.

Ahora tenemos esa suerte. Las redes sociales han revolucionado la promoción de los artistas. Antes te conocía tu grupo de amigos, se podía ampliar un poco el abanico, pero, sin el apoyo de una multinacional, era muy complejo llegar al gran público. Para mí salir en una radio fórmula o en la televisión es muy complicado. El boca a boca es fundamental y saber utilizar las redes es muy importante.

Muchos garitos están aprendiendo a promocionarse a través de los medios sociales también. Hay una parte de tu clientela a la que le gusta escuchar música en directo y, si decides llevar a artistas a tocar, debes promocionarlo. Es una forma de atraer a más clientes, de crear el ambiente adecuado para que la gente que acude a tu bar se convierta en una comunidad. Hay locales que le sacan mucho partido a los conciertos que organizan. Hoy en día, puedes grabar el concierto y, a través de un dispositivo para conectar con Facebook, puedes, incluso, retransmitir el concierto en directo.

Las redes sociales acortan las distancias, pero suponen, también, una pérdida de proximidad.

Es cierto. Nada es perfecto. Yo tengo la suerte de que, durante mis conciertos, hay gente que me graba, que me hace fotos y luego las sube a las redes. Me encanta porque luego puedo colgarlas yo. Me escribe gente desde México, de Argentina, de Colombia, de muchos sitios porque me siguen a través de esos vídeos. Pero hay una parte de mí que dice, no grabéis, disfrutad del concierto… Si grabas muchas canciones, te estás perdiendo el directo. Estás viendo todo a través de una pantalla.

¿Qué cuentas en tu disco En este momento?

Yo soy muy romántico. Hablo mucho de ese amor. En los créditos, pongo que en el disco van a encontrar amor, desamor, imaginación y cerveza. Yo absorbo un poco de todo. Me pongo a hablar con un amigo, me cuenta sus cosas y, de mi imaginación y reflexiones, puede salir una canción. En el disco hay historias que me han contado, que me han pasado a mí. La historia de la canción Un Pinocho sin Geppetto es un poco más triste, más personal; otra canción comienza tomando una cerveza. Habla de algo que echo mucho de menos: la época anterior a los móviles, cuando quedábamos a charlar y no dependíamos del wasap que nos llegara. Ahora, con tantos mensajes, al final no quedamos.

Has sacado ya varios vídeos de algunas canciones del disco.

El primero fue de la canción Una vez más, el primer single del disco. Era la canción que, en ese momento, me gustaba más. Es una canción muy popera, con una guitarra española y un solo un poquito más eléctrico. Yo digo que hago «cantapop». Luego saqué el vídeo de Un Pinocho sin Geppetto, un vídeo que monté yo solo. Se puede ver en mi canal de YouTube. Estamos toda la familia en la playa. Son unas vacaciones que tuvimos en Francia y salen imágenes de los niños cuando eran pequeños. La historia de la canción, que espero que no suceda nunca, contrasta bien con esas imágenes.

Hace un par de meses filmamos el vídeo para la canción No supe amarte. Lorena García Barrena (Lust for Art Producciones), una amiga de Barcelona, se vino con Álex López por Valdemoro un fin de semana para filmar el vídeo. Filmamos en el parque de las Bolitas del Airón, en las escaleras de la Fuente de la Villa y en alguna otra localización de Valdemoro. A la hora de hacer los vídeos siempre cuento con buenos amigos. Los dos primeros fueron un poco más caseros. Para No supe amarte, además de apoyarnos en una productora, contamos con la colaboración de la actriz Déborah Guerrero.

Tengo pendiente otro vídeo para la canción El alma y la piel, que me gustaría filmar en Gran Vía, con muchos amigos y con lenguaje de signos.

Hay muchos artistas de nuestra generación que están decidiendo sacar, como tú, su primer disco a los cuarenta años.

Es la crisis de los cuarenta (Manuel sonríe). Llegamos a los cuarenta y nos preguntamos: «¿Qué quiero hacer en la vida? ¿Qué he hecho en mi vida?» Unos se separan, otros se ponen a viajar, yo quise hacer este disco y, por eso, lo titulé En este momento. Mucha gente se pone a pensar cuando llega a los cuarenta y se dice: «He sido feliz en mi vida, pero ¿qué me falta?» A mí, me faltaba sacar mi disco.

Y, de momento, la publicación de En este momento solo me ha reportado muchas satisfacciones. Me acuerdo cuando José Antonio Abellán presentaba Tocata en los años ochenta. Recuerdo que llevaba allí a mis grupos favoritos: Duncan Dhu, Hombres G, todos los grupos de los ochenta que tanto han influido en mi música. Recientemente, José Antonio Abellán me llamó por teléfono y me entrevistó en su programa de radio. Mi música ha sonado en la radio. Esas son las satisfacciones que meto en mi saco.

Creo que, cuando un artista publica un disco a los cuarenta años, puede aportar muchas cosas que no podía aportar cuando tenía dieciséis o dieciocho años. Las canciones que escribía con dieciséis años no las podría escribir ahora. Las canciones que escribo ahora no las podría haber escrito cuando era un adolescente. Ahora tengo tres hijos, uno de ellos con diecisiete años. Es cierto que ahora no puedo vender cierta imagen, propia de la juventud, que tanto cautiva en la música pop. Ahora puedo ofrecer algo totalmente distinto. Ahora puedo vender madurez.

Continuas, sin embargo, con tu sueño de juventud de triunfar en el mundo de la música.

Me encantaría vivir de mi música, pero no sé si me gustaría perder mi anonimato. Me gusta subir al escenario pero, una vez abajo, quiero seguir siendo la misma persona, cercana a mis amigos. Estoy en un momento en el que me podría dedicar también a componer temas para otras personas. Hago canciones que podrían cantar muchos artistas españoles del momento. Tal vez podría vivir componiendo música para otras personas y eso guardaría mi anonimato. Ya no soy el chaval de veinte años que, cuando Warner le dijo que no estaban interesados, se vino abajo. Entonces tenía sueños de juventud, tocar en las grandes plazas, triunfar en todos los lados. Ahora disfruto llenando esas salas donde toco. Sin mayores pretensiones. Cada éxito llega con el trabajo. Con la tenacidad. Estamos hablando de un mundo muy complicado. Hace falta talento, suerte, constancia.

Durante todo 2017 has presentado tu disco por toda España. ¿Tienes planeado publicar un segundo disco?

Voy estrenando canciones en los conciertos. Las voy mejorando. Desde que publiqué el disco, he escrito muchas canciones y algunas me gustan más que las del disco. Las cuelgo en la red, las canto en directo. Si tienen buena respuesta, veo que son canciones que se pueden llevar a un disco. Sin embargo, esto tiene su inconveniente. Si el público ya conoce esas canciones, cuando son publicadas en un disco, ya no son una sorpresa.

También es verdad que, una vez que te metes a grabar una canción, le das otras vueltas. Aparecen nuevas ideas. Eso sí, mi disco es muy sencillo, tiene muy pocas parafernalias. No me gusta meter muchas cosas para poder defender las canciones yo solo. Meto cosas sencillas: un bajo, un violín, algún solo.

Grabé En este momento en Lasting Noise Studio. Mi intención era grabar con todos los músicos tocando a la vez. El que uno grabe la batería un día, otro el bajo otro día a mí no me gustaba. Quería que grabáramos todos a la vez. Fue una semana intensa, un periodo de creación maravilloso, donde estás viendo cómo se va gestando tu obra. No cabe duda de que me gustaría volver a vivir esa experiencia.

Has comentado que a mucha gente le gusta escuchar música en directo. ¿Qué ofrece Manuel Blanca en sus conciertos en vivo?

A mí me gusta mucho Pedro Guerra. Me gusta cómo logra que la gente colabore en los conciertos. Procuro que mis conciertos sean personales, tengan un toque de cercanía. La gira del disco fue de enero hasta junio 2017. El último concierto fue en junio. Quería despedir la gira de una forma original. A la entrada del concierto, la gente que vino a verme escribía su nombre en un papel y metía el papel en una cajita. Antes de tocar cada canción, sacaba un nombre de la cajita e invitaba a esa persona a subirse al escenario a cantar conmigo esa canción. En un momento dado, salió el nombre de mi madre y cantamos juntos El alma y la piel. Fue muy especial. Hubo también momentos divertidos, cuando la gente no se sabía bien la canción e intentaba seguirme encima del escenario.

Creo recordar que le pedí a mi mujer que se casara conmigo en un concierto (sonríe).

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Podemos escuchar muchas de las canciones de Manuel Blanca en YouTube; el 22 de febrero grabará un especial para el programa TVE es música de Televisión Española. Pero, es posible que, para poder conocer a Manuel Blanca en estado puro, ese tipo estupendo tocando su guitarra, debamos acercarnos a su página web y cerciorarnos de cuándo y dónde es su próximo concierto en directo.

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Entrevista con Serafín Faraldos

Serafín Faraldos Moreno es el octavo alcalde de Valdemoro desde las elecciones democráticas de 1979. Treinta y ocho años de alcaldes democráticos. Es curioso ver que solo hubo dos alcaldes en los primeros veinte años (Antonio Pariente Cuesta, por la UCD, de 1979 a 1983, y José Huete López, por el PSOE, de 1983 a 1999) y en los últimos dieciocho años ha habido seis alcaldes. La brevedad se agudiza en la actualidad: ha habido tres alcaldes en los últimos tres años (David Conde, por el PP, de 2014 a 2015; Guillermo Gross, por Ciudadanos, de 2015 a 2017; y Serafín Faraldos, que comenzó en su puesto a mediados de julio de 2017). Entre los dos primeros y estos tres recientes, quedan, en medio, tres alcaldes del PP: Francisco Granados, de 1999 a 2003; José Miguel Moreno, de 2003 a 2011; y José Carlos Boza, de 2011 a 2014.

Sin entrar en preferencias políticas, algo que, a veces, puede nublarnos la razón, sería interesante reflexionar, durante un rato, sobre cuáles deberían ser los rasgos personales que definen a un buen alcalde. ¿Es importante su edad? ¿Es importante que pertenezca a un partido político mayoritario a nivel nacional? ¿Es mejor que sea de un partido político local? ¿Es importante que haya nacido y vivido en la localidad que gobierna? ¿Es importante que sea un buen gestor económico? ¿Cuáles deberían ser sus prioridades de bienestar social? ¿Es positivo que gobierne en mayoría o, tal vez, conviene que, en minoría, deba comprometerse con otros partidos políticos de la localidad? ¿Es importante que sea una persona consagrada a la política o, tal vez, es mejor que sea un profesional o un empresario?

Serafín Faraldos es un alcalde joven, tiene 35 años. Ha vivido en Valdemoro toda su vida, en el barrio de Río Nilo. Su padre, nacido en Villaverde, electricista, trabajador de AENA en el aeropuerto de Barajas; su madre, con orígenes en Sevilla y Badajoz, dejó su trabajo para criar a sus tres hijos -Serafín es el mayor- y volvió al mismo, como limpiadora en una escuela, cuando los niños crecieron. Serafín ama Valdemoro porque es la ciudad donde se formó como persona y ama Sevilla y su provincia, porque pasó buenas partes de su infancia en la tierra de su madre y sus abuelos. Estudió en el colegio público Vicente Aleixandre y en el instituto Villa de Valdemoro.

Hace veinticinco años, esta localidad era muy diferente. Háblame de tus primeros recuerdos de Valdemoro.

Tengo recuerdos de cuando era bien pequeño. Yo he visto pasar las ovejas por la calle Grande. Recuerdo el recinto ferial que hoy es el parque de las Eras. Recuerdo el depósito de agua que había en el parque del Cristo. Recuerdo que, en mi barrio, había una granja, en lo que hoy es la calle Dalí. La granja de Colás. Y ahí había un descampado donde jugábamos al fútbol. Recuerdo ir a la granja de Colás a por leche, a por huevos… En la calle del Cristo de la Salud terminaba el pueblo. Allí ya no había nada más. Donde hoy está la pista de hielo, allí estaba el campo de fútbol de Valdemoro. Un campo de tierra, con unas porterías oxidadas. De Valdemoro a Pinto, era todo campos sembrados. Íbamos caminando de un lado para otro y, cuando la cebada estaba alta, recuerdo jugar a escondernos en el campo de cebada. Y, luego, nos caía una buena regañina cuando llegábamos a casa con los chándales todo verdes, de habernos restregado entre la cebada. Recuerdo cuando el mercadillo de los viernes se ponía en la plaza. Recuerdo un Valdemoro muy desperdigado: los del puente eran unos, los de Brezo eran otros, los de la Villa eran otros. Te estoy hablando de Valdemoro como un pueblo. En esa época no tendría ni diez mil habitantes. Recuerdo que, donde ahora hay una óptica, estaba el Banco Central. Tengo recuerdos muy bonitos de ese Valdemoro. Y creo que yo crecí, y me desarrollé personalmente, a la par que la ciudad de Valdemoro.

Hay cierta nostalgia por el Valdemoro de entonces. Se hace palpable entre la gente mayor e, incluso, entre la gente de tu generación.

Las ciudades tienen que prosperar. Tienen que crecer. Que ahora seamos muchos conlleva más servicios y más responsabilidades que, desgraciadamente, en gobiernos anteriores no han ido a la par. Es decir, el crecimiento poblacional no ha venido acompasado con el crecimiento de servicios. Pero cada momento tiene su afán. El Valdemoro de mi infancia era un lugar diferente. Y sufrió una transformación tremenda. Se abrió el teatro, la Casa de la Juventud, el centro comercial El Restón, el parque Tierno Galván…, pero Valdemoro sigue conservando parte de ese encanto de mi infancia. Hace unos días, hubo un reencuentro para celebrar el disco bar La Villa. Allí nos encontramos gente que hacía quince años que prácticamente no nos veíamos. La mayoría sigue viviendo por aquí, pero con estas cosas de que la gente trabaja, tiene su vida, no te encuentras tan fácilmente. Sin embargo, a mí me ha gustado seguir saliendo por los sitios típicos de Valdemoro.

Ahora los jóvenes no salen tanto por Valdemoro.

Había más sitios para salir antes que ahora. Tenemos que entender que ir a Madrid antes era más complicado que ahora. Si vivías en Valdemoro, dependías del coche. Ahora el transporte urbano es más frecuente, los fines de semana por la noche hay muchos búhos y puedes volver a Valdemoro durante toda la noche. Ahora con dieciocho años, hay más gente con carné y con coche… pero, es verdad, yo recuerdo con dieciséis y diecisiete años saliendo por Súper 8, La Luna, el Kaos, el Q, del Quinito, La Villa… esos eran los sitios por los que salíamos. A esa edad, también, íbamos a los recreativos Paraíso, que estaban en la calle Alarcón, los recreativos de la Villa…

Todo eso ha cambiado. Ahora los chavales, para muchas cosas, tienen una etapa de maduración más anticipada, se hacen adolescentes antes que nosotros. No hay oferta de ocio para ellos. No hay una oferta de ocio saludable para ellos. Eso puede ser un problema que hay que resolver. A los chavales hay que proporcionarles espacios. Tienen que recuperar los espacios públicos. Si el Ayuntamiento está saneado económicamente, no hay problema. Los Ayuntamientos que no estamos saneados económicamente lo tenemos más difícil. Yo estaría encantado de abrir espacios públicos los fines de semana para potenciar fiestas light, sin alcohol. Creo que no invertir en actividades culturales públicas para los jóvenes, porque no son rentables, puede salirnos más caro a la larga. Yo, si pudiera, -pero no puedo por problemas de personal, por problemas económicos- si pudiera, abriríamos el polideportivo para organizar actividades de todo tipo (música, cultura…). Si a esos chavales de trece a diecisiete años no les proporcionas espacios públicos, ellos se los buscan. Buscan donde hay. Y eso puede generar problemas de convivencia ciudadana, con deterioros de los lugares públicos por el mal uso de los mismos.

Los jóvenes deben sentir que los espacios públicos son suyos. Si las instituciones públicas siguen cerradas a los jóvenes, estos nunca las considerarán suyas. Esto tiene mucho que ver con la democratización de la vida política porque, si no consideran que esas instituciones públicas son suyas, difícilmente vamos a conseguir que participen como ciudadanos, que se involucren, que se impliquen en la vida pública. Desde los trece años, les has enseñado que esto es un castillo cerrado para ellos. Luego no les pidas que voten, que participen, que tengan un pensamiento crítico.

Tú, sin embargo, enseguida te sentiste atraído a participar políticamente en la sociedad.

Tanto por parte de padre como de madre, vengo de una familia con profundas convicciones políticas y sociales. Mayoritariamente socialistas. También es verdad que mis padres nunca fueron activistas. Pero mi abuela paterna fue hija de alcalde socialista en una pedanía de El Burgo de Osma, en Soria -ahora, además de hija, es abuela de alcalde-. Mis abuelos maternos se conocieron en la cárcel. En la familia, hasta cinco tíos abuelos fueron desaparecidos por la Guerra Civil. Eso en la familia materna ha marcado siempre mucho. Sin rencor, pero con mucho dolor. Afortunadamente, no me han inculcado ningún odio a nada ni a nadie. Cada época tiene su momento, y el momento de esa época fue otro, pero en la familia ha estado ese dolor. Así que vengo de una familia con unas convicciones, yo siempre digo, socialistas que no pesoístas. Más de la ideología que del partidismo. Yo siempre diré que soy un socialista dentro del PSOE. Quiero mucho al Partido Socialista y creo que tanto la etapa de Felipe González como la de Zapatero fueron un alarde de avances sociales, que serán recordados durante muchos años.

A los dieciséis años comencé mi carrera política. Participé en las manifestaciones contra la Guerra de Irak, me movilicé con el tema del Prestige, participé en las movilizaciones contra la LOMCE, contra la LOU… todo eso curte. Luchas y trabajas por una serie de causas justas sin ningún aliciente económico. Lo haces porque crees que es justo, porque crees que es tu deber como ciudadano.

Estudiaste Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid.

Sí, y cometí el error de abandonar la carrera en mi cuarto año. Error que ahora estoy subsanando y espero terminar las tres asignaturas que me faltan del grado en junio de 2018. Leí mi trabajo de fin de grado ocho días antes de mi investidura como alcalde. Creo que es importante tener una carrera. Afortunadamente, mucha gente puede tener una carrera en España. Creo que hacer vida política es tan importante como tener una carrera. Hay mucha gente que tiene una carrera y, luego, no tiene ni idea de lo que es hacer política y de lo que es la administración pública. Veo que a muchas personas que se han apuntado a los nuevos partidos, tanto de derechas como de izquierdas, les falta activismo político. Han entrado en la administración pública, fruto de un enfado comprensible con mi partido y con el PP, pero no vienen del activismo. Desconocen el concepto de servidor público, de atender a la gente.

Antes de ser alcalde, yo he trabajado de cincuenta mil cosas. A mis treinta y cinco años tengo casi quince años de vida laboral. No he dejado de trabajar. En mi casa éramos varios hermanos y mis padres me han enseñado que, si quería tener el carné de conducir o un coche, me lo tenía que conseguir yo. He trabajado de guarda de seguridad en el Bernabéu, en atención telefónica, en la gerencia del hospital de Fuenlabrada, en la función pública. Y todo eso lo he ido acompasando con los estudios. Es verdad que me hubiera gustado acabarlos antes, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Creo que, ahora que soy alcalde, me ayudan mucho mis conocimientos de derecho, mi conocimiento de la administración como vecino y mi conocimiento de la administración como líder de la oposición. Es prácticamente imposible gobernar un pueblo que uno no conoce. Un alcalde que no sufre con el pueblo para el que gobierna anda cojo. Según mi concepto, claro.

¿Se ven las cosas de forma diferente desde el sillón del alcalde?

Se ven las cosas igual. Veo las cosas igual porque soy vecino de Valdemoro. Como líder de la oposición veía muchos problemas sin resolver y como alcalde veo incluso más problemas sin resolver. La perspectiva, eso sí, es diferente. Cuando estaba en la oposición, mi deber era denunciar esos problemas. Ahora, siendo alcalde, mi deber es resolverlos. ¿Que hay problemas difíciles de solucionar? Totalmente de acuerdo. Pero es importante que el gobierno de la ciudad conozca y se interese por esos problemas. Porque un gobierno que se encierra en el castillo y no sale a comprobar los problemas de la localidad más allá de la plaza del ayuntamiento tendrá muy complicado solucionarlos. Ese es mi mayor miedo: incurrir en la teoría de la negación desde el ayuntamiento. Vivir en un mundo feliz. La autocomplacencia. Siempre va a haber problemas. Negarlos no es una solución. El pueblo tiene un problema de tráfico. Lo tiene. Somos casi ochenta mil vecinos y tenemos 43.000 coches censados. ¿Cómo no va a haber un problema de tráfico? Es verdad que la gente debe demandarnos soluciones y nosotros lo que tenemos que hacer es, dentro de los pocos medios que tenemos, buscar las soluciones. Hay un problema de limpieza. Bueno, entre que se privatizaron los servicios y hay cierta cuestión de civismo a la que habría que darle una vuelta, entre que somos muchos viviendo en el municipio… pues claro que hay que solucionar el tema de la limpieza en el municipio.

Cuando un vecino viene a quejarse al Ayuntamiento, me está ayudando a hacer mi trabajo. Tiene todo el derecho a quejarse. Yo nunca me lo tomaré a mal. Al contrario, lo agradezco mucho. Es verdad que puede haber demandas que rocen el esperpento. Pero también merecen ser escuchadas. 

Eres muy joven. Supongo que tu intención es seguir trabajando como alcalde para ser reelegido en las próximas elecciones municipales. ¿Te ves trabajando en la política más allá del nivel local, dentro de una política regional o nacional?

No. Lógicamente, cuando uno se presenta para alcalde, su ciclo político, su programa de gobierno debería proyectarse para ocho, diez años. Si quieres desarrollar tu proyecto de concepto de ciudad, necesitas, al menos, dos legislaturas, dos mandatos para llevar a cabo tus planes. Eso, al menos. Tampoco soy partidario de que un alcalde esté durante más tiempo en su puesto. Para empezar, porque la gente no lo tolera. Pero, además, creo que llega un momento en el que ya no estás al nivel de lo que la gente necesita. La sociedad cambia, también. Tras diez, quince años, la gente va demandando cosas nuevas. ¿Hay excepciones? Claro que las hay, pero también hay que ser honesto. Si te dedicas a la alcaldía full time, a tope, intensamente, no hay cuerpo que lo resista. Además, el ser humano tiende a acomodarse. Por eso, si quieres ofrecer lo mejor, dos legislaturas completas son suficientes.

En cuanto a trabajar en otro cargo político, a mí, en principio, no me atrae. Creo que, en política, estamos los municipalistas, los del pueblo, los de la ciudad, a los que nos gusta la gestión de lo cotidiano, lo cercano, los asuntos que podemos solucionar del vecino. Luego hay otros que, lógicamente, están en los gobiernos regionales o nacionales. A día de hoy, no es mi aspiración. Y tengo mi experiencia. He estado cinco años, casi seis, trabajando en las Cortes Generales. Es otra faceta. Cuando acabe esta etapa de alcalde, cuando los vecinos decidan que lo haga, posiblemente me dedicaré a otra cosa, pero siempre en el ámbito local. Me gusta más ese espacio. Eso sí, nunca se puede decir de este agua no beberás.

Nos has contado que te dedicas a la alcaldía a tiempo completo. ¿Cómo concilias tu trabajo con tu vida personal? ¿Estás casado? ¿Tienes familia?

No hay conciliación. No estoy casado. No tengo hijos a los que atender. Y, sin embargo, no hay conciliación. Hay mucha gente que dice que los alcaldes están muy bien pagados. Pues, según cómo lo mires. Si comparas sus sueldos con los de muchas personas de este país que están bien preparadas y que están encadenando un contrato basura con el siguiente, pues hay que decir que sí. Pero no es que la política esté bien pagada. Es que esas personas bien preparadas están mal pagadas. Y habría que equiparar sueldos. Yo me he bajado el sueldo por ejemplaridad. Nada más entrar, me bajé el sueldo un veinticinco por ciento. Creo que hay gente pasándolo mal y no quería que se pensara que la motivación de la moción de censura fuera por el sueldo. Creo firmemente que hay que dar ejemplo.

Sin embargo, si quieres hacer tu trabajo como alcalde a tiempo completo, faltándote horas para atender a todas las cuestiones a las que quieres llegar, pues no creas que está tan bien pagado. A partir del 14 de julio, he renunciado a mi vida personal, trabajo quince, dieciséis horas al día. Pierdes todo tipo de privacidad y de anonimato. Renuncias a todo eso. Pero, como yo digo, en este caso, esa es la cuchara con la que yo he elegido comer. Y reconozco que lo vivo con mucha pasión. Todo depende de la personalidad de cada uno, pero yo sí soy de los que se lleva los problemas a casa. Esa es mi forma de ser y no la voy a cambiar. Salgo del trabajo y sigo dándole vueltas a las cosas. No soy de los que se conforman con la primera solución que se nos ocurre.

¿Has renunciado, entonces, a tus hobbies?

Ahora tengo pocos, sí. Sigo escuchando música. Me gusta trabajar con música. Necesito la música. Escucho mucha música cuando voy en el coche. Me gusta, en general, la música española. Y me encanta el flamenco. Todas las variantes del flamenco. Y el poquito tiempo que me queda, lo guardo para los amigos. Los amigos del barrio de toda la vida. Somos de tomar cañas por el pueblo. Tal vez, ir de cena. Pero todo en Valdemoro. Ya en plan tranquilo. Antes de ser alcalde, me gustaba leer muchísimo. Soy de novela histórica. Ensayo y novela histórica. He leído mucho a Javier Cercas. En su momento, también algo de Almudena Grandes. En una etapa más joven, me gustaba mucho la saga del capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte. Hoy en día me llevo a casa los informes del Ayuntamiento. En cuanto al cine, me gusta mucho el cine español de los últimos años. En su momento, me gustaba mucho Fernando Trueba. Ahora me encanta Álex de la Iglesia. Me gusta mucho, también, el trabajo de Alberto Rodríguez… No soy mucho del cine americano.

¿Te da tiempo a leer prensa? ¿Atender a las redes sociales?

Eso a primera hora del día. Y, a veces, por la noche. Me gusta leer mucha prensa digital. Me ocupo también de las redes sociales, son una herramienta más para comunicarme con los vecinos, pero procuro que ninguna de las dos cosas condicione mi vida.

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Agradezco a Serafín su tiempo y su amabilidad mientras sigo reflexionando sobre las características que deberían definir a un buen alcalde. Supongo que, una vez más, la respuesta está en cada individuo, en cada habitante de una localidad. ¿Qué características definen a un buen ciudadano? El civismo, el respeto al resto de ciudadanos, el respeto y, si es posible, el amor a la ciudad que nos rodea, la participación solidaria en nuestra comunidad, la búsqueda de soluciones con las que todos salgamos ganando un mucho, a veces, y un poco, otras. Cuando todos, como ciudadanos, pongamos nuestro granito de arena, podremos mirar a nuestro alrededor y, con certeza, hallaremos a las personas que más voluntades aúnan en nuestra comunidad.

Entrevista con Juan Carlos Rodríguez Búrdalo

Muchas búsquedas de la vida se originan y comienzan con un encuentro. En el año 2012, después de haber estado viviendo cinco años en Nuevo México y a punto de volverme para España, conocí al profesor universitario Alfredo Rodríguez. Ya jubilado, me recibió en su casa de Albuquerque junto a su esposa, Lita Rodríguez. El motivo de mi visita era entrevistarlo para un artículo sobre el poeta Ángel González. Alfredo y Ángel habían sido grandísimos amigos. Fue un encuentro delicioso. Me enteré de que Alfredo había publicado también varias novelas. Supe que había nacido en Brooklyn, de padres españoles. Me contó que, a lo largo de su vida, había conocido a tres grandes poetas: trabajó junto al poeta aragonés Ildefonso Manuel Gil en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, y llegaron a ser vecinos, comprándose, a la vez, una casa al lado de la otra; fue compañero de departamento del poeta asturiano Ángel González, en la Universidad de Nuevo México, y fueron grandes amigos durante muchísimos años; y, por último, cuando le pregunté por sus propias novelas (una inédita, sobre Ramón J. Sender), Alfredo me dijo que el verdadero escritor en la familia Rodríguez era su primo hermano Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, poeta y guardia civil, residente en Valdemoro. «A ese Rodríguez tienes que entrevistar y no a mí», me soltó Alfredo mientras me despedía de su esposa antes de salir de la casa.

Por eso, hoy, mientras Juan Carlos Rodríguez Búrdalo me regala su tiempo generosamente, mientras disfruto de su articulada conversación, yo me recreo en el final de mi búsqueda, en la búsqueda que comenzó el día que me encontré a Alfredo Rodríguez y me hizo saber de la existencia de su primo hermano. Frente a un café, hablamos de la obra poética y de la carrera profesional de Juan Carlos Rodríguez Búrdalo.

Durante toda tu vida laboral has compaginado la poesía con tu trabajo como general de la Guardia Civil. ¿Dónde han confluido las dos actividades? ¿Se han enriquecido ambas al encontrarse dentro de la misma persona?

Antes de intentar una respuesta, creo necesaria una precisión. La poesía ha sido, es, siempre compañera de vida, no solo en los últimos años como general de la Guardia Civil; por lo que he procurado, desde muy joven, compaginar lo mejor posible la profesión militar con la pasión por la poesía, tanto a nivel de lector como de escritor -guardo mis primeros versos de adolescente, y mi último libro es de hace dos años-. Así es que, conmigo, profesión y poesía han sido compañeras de piso. He procurado que se lleven bien, aunque la exigencia de dedicación extraordinaria propias del ejercicio de la profesión de guardia civil no le ha permitido a la poesía el tiempo que demandaba. Pese a que cada una de ellas, profesión y poesía, han tenido su propio discurrir, es cierto que ha existido un enriquecimiento mutuo. Y la confluencia más visible me parece que se produce en el libro De un oficio infinito, publicado en 1986, al obtener el Premio Adalid de Literatura Militar.

No es el único premio que ha recibido tu poesía. Muchos de tus libros han sido publicados gracias a ganar prestigiosos galardones en Madrid, en Jaén, en Salamanca, en Castellón, en Dos Hermanas (Sevilla), en Torrevieja (Alicante) y en Alcalá de Henares. Se te ha publicado en italiano y has sido traducido al holandés. Todos estos reconocimientos sitúan tu obra, sin lugar a duda, en un buen lugar dentro de la poesía contemporánea. ¿Qué intentas transmitir con tus poemas? ¿Cuáles son tus temas más recurrentes? ¿A quién van dirigidos?

¿Qué intento transmitir con mis versos? Pues verás, permíteme que preceda a mi respuesta un pensamiento de alto vuelo, escrito por el poeta Adolfo Alonso, al publicar, hace unos años, su libro Poemas del claustro. Dice Alonso: «El Hombre no concibe el universo, pues cuando mira el cielo de las noches, cuando las ve quebradas por luz incontenible en el espejo opaco de los dedos, no sabe qué decir, solo suspira y camina despacio; después cuenta sus cosas, reconoce la tierra que lo labra». La escritura de Adolfo Alonso, que tanto me impresionó, me viene al pelo para decir que entiendo mi poesía como búsqueda para explicar lo inexplicable de este ser transitivo que es el hombre, criatura para pasar, ser temporal que busca en la belleza redención de ese destino inexorable. En el camino, heridos por la luz que deslumbró momentos memorables, el equipaje que nos acompaña durante el viaje: los olvidos perdonados y rescatados en el poema.

Y ¿a través de qué temas? No me parece descubrir nada nuevo si digo que en la obra de todos los poetas suelen aparecer la infancia y juventud o su recuerdo; el amor y el desamor; la soledad; el paso del tiempo; en fin la muerte. Lo que diferencia a los poetas en su escritura es la personalidad de cada uno en la manera de abordar estos temas, en la forma de acercarse a ellos y expresarlos. Por lo que a mí respecta, desde la conciencia del misterio que el hecho poético encierra, solo se me alcanza que determinados estados de ánimo, sensaciones, situaciones, recuerdos… me provocan la necesidad de la escritura poética. En 1999, ya publicados mis primeros siete libros de versos, aparece en la editorial Calambur, de Madrid, En el dócil fulgor de las palabras, una antología de mi obra hasta ese momento. El profesor y crítico literario Lama Hernández, escribe para encabezarla un extenso estudio con este título: «La poesía de Juan Carlos Rodríguez Búrdalo: Razón de vida», texto con el que no puedo estar más de acuerdo.

Y, si mi poesía es razón de vida, la contemplación sobre el mundo y sus elementos, la infancia y juventud rememoradas, el amor y el desamor y la reflexión sobre el tiempo y la muerte son algunos de los lugares sobre los que mi poesía vuelve una y otra vez en las diferentes muestras poéticas. Hoy, al cabo de veinte libros de versos, quienes tienen la amabilidad de ocuparse y escribir sobre ellos, coinciden en señalarme poeta elegíaco, metido en soledad y con piso de alquiler en la memoria. El profesor Lama Hernández finalizaba el estudio sobre mi poesía con estas palabras: «Pero cualquier recuento de los temas frecuentados por el poeta a lo largo de sus libros acabará en la constatación de la insistencia en uno de ellos, bajo cuyo prisma se observan todos los demás: el tiempo. Poéticamente, podríamos añadir, el tiempo machadiano».

Y ¿a quién van dirigidos mis poemas? Creo poder afirmar que hago poesía a través de mi experiencia, de la memoria de mi experiencia y de la imaginación de lo que pudo ser experiencia. Las razones son casi siempre oscuras respuestas al hermoso accidente que es vivir. Obviamente material y herramienta es la palabra. Con otros coincido en estimar la escritura poética como ejercicio de salvación personal, con uno mismo como destinatario primero, y creación de tránsito y comunicación a los demás.

En poesía, todo lo que no es autobiografía es plagio, nos dejó advertido el clásico. La Editora Regional Extremeña publicó hace pocos años una antología del poeta portugués Fernando Pinto do Amaral con el título Exactamente mi vida; nuestro José Hierro tituló uno de sus libros más importantes Cuanto sé de mí; con el poeta mallorquín José Carlos Llop, debo abundar en el asunto advirtiendo que no entiendo la poesía sin biografía, de manera que mis poemas no son sino fragmentos de vida y mis libros sucesivas entregas autobiográficas. Como él, pretendo con mis poemas decir mi vida y que sea verdad.

La poesía como íntima bitácora del viaje que es la vida. La poesía como última tabla de salvación. Pero, además del obvio intimismo, muchos poetas deciden también compartir y difundir la poesía contemporánea con el resto de la comunidad. Así, a finales del siglo pasado, durante ocho años dirigiste las aulas de poesía «José Luis Sampedro», del Ayuntamiento de Aranjuez, y «Pedro Antonio de Alarcón», del Ayuntamiento de Valdemoro. Me consta que invitaste a poetas de primera línea, que se acercaron a la localidad y los valdemoreños pudieron conocerlos en persona. Háblanos un poco de esa experiencia y cuéntanos tus impresiones al respecto.

Ciertamente, el 16 de noviembre de 1999, ante los entonces alcalde y concejala de Cultura de Valdemoro, echaba a andar el Aula Pedro Antonio de Alarcón, acto y proyecto del que alguna prensa nacional se hizo eco. De las diferentes modalidades para difundir la poesía elegí la de aula porque me pareció la más completa. Precedida de suficiente información sobre la bibliografía del poeta invitado – los colegios de Enseñanza Secundaria entre los destinatarios- cada sesión se desarrollaba a través de tres espacios o secuencias: en el primero, el director del aula presentaba a los asistentes las claves de la obra del poeta visitante, siempre con más de cinco libros publicados y personalidad reconocida en el mundo de las letras. A continuación, el poeta visitante leía una selección de su obra y, finalmente, se abría un coloquio entre poeta y asistentes.

Bajo esta fórmula, leyeron sus versos en Valdemoro, entre otros, poetas como Luis López Anglada, Ángel García López, Rafael Morales, Rafael Guillén… todos ellos galardonados con el Premio Nacional de Poesía. Cito aparte a Leopoldo de Luis, que además de Premio Nacional había sido reconocido con el Premio de Las Letras Españolas. Si miramos cuántas ciudades con la población de Valdemoro contaban / cuentan con un aula de poesía de ámbito nacional, creo que se cuentan con los dedos de una mano; si repasamos la calidad de la nómina de poetas que intervinieron en ella, tal vez nos sorprenda comprobar que Valdemoro es caso singular.

Pero el tiempo no perdona y hoy, de aquellos grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX, solo vive Ángel García López. También falleció nuestro gran pintor Juan Prado, asistente incondicional y activo participante en los coloquios de las sesiones del Aula.

Fue aquella una experiencia hermosa dirigida a todos los valdemoreños, muy especialmente a los que aman la literatura; a quienes un rato de lectura supone un regalo para el espíritu; a los jóvenes estudiantes que empiezan a sentir pasión por la escritura, la turbación del verso; a esos maestros y profesores que saben encender en sus alumnos el fuego del arte, la siembra más provechosa para el crecimiento enriquecido de su personalidad.

Escribió el poeta Wordsworth: «Aunque pase la época de gloria y el esplendor en la hierba se marchite, no te aflijas, porque la belleza subsiste en el recuerdo».

¿Crees que la poesía tiene la suficiente presencia en nuestra sociedad? ¿Crees que debería estar más presente? ¿Crees que la poesía puede mejorar la vida de la mayoría de las personas? ¿Crees que la poesía podría mejorar el mundo en el que vivimos?

Se ha dicho y escrito muchas veces que la poesía es un género minoritario, pese a estar muy ligado al sentimiento (de hecho, una corriente de la célebre «poesía de la experiencia» es conocida como «la otra sentimentalidad»), muy valorado en cuanto género literario por excelencia, sublimación de la palabra, etc. etc. pero con pocos lectores si la comparamos con la novela, el ensayo, la narrativa en general, ¿por qué? Quizás por un exceso de hermetismo en la poesía de casi todo el siglo XX (dadaísmo, surrealismo…) Pero a mi juicio, ciertamente hoy su presencia e influencia es escasa en la sociedad lectora. Y sí, pienso que debiera estar más presente. Son muchas las personas que, tras asistir a una lectura de buena poesía, se confiesan complacidas, incluso hablan de descubrimiento y deseos de leer o escuchar poesía. En otro tiempo se escribió que la voz de los poetas movía el mundo, es claro que hoy no. Ojalá se cumpla el pronóstico de Gabriel Celaya acerca de la poesía como arma cargada de futuro. Tal vez hoy, en nuestros modos de vida, Celaya lo diría de otra forma: «La poesía es un magnífico vehículo para llegar al futuro».

Siento curiosidad sobre tu método de trabajo. ¿Cómo escribe sus poemas el poeta Juan Carlos Rodríguez Búrdalo? ¿Cómo nacen las ideas para tus poemas? ¿Con qué frecuencia trabajas sobre ellos? ¿Cuándo decides que un poema está listo para ser publicado?

Como testigo interesado en cuanto me rodea, trato de llevar al poema lo que sucede en mi cercanía y me pide expresión poética, ya sea en el momento ya sea más tarde, recuperado a través de la memoria. Determinados estados de ánimo, una palabra escuchada en el metro que me aviva sensaciones, un recuerdo de infancia o juventud, una lluvia inesperada… Creo poder afirmar que hago poesía a través de mi experiencia, de la memoria de mi experiencia y de la imaginación de lo que pudo ser experiencia.

En ocasiones he pretendido indagar nuevas formas expresivas y estróficas, moverme entre la filosofía y la poesía mediante textos de intensa concentración conceptual: poemas breves en el decir y largos en el meditar. En otras, mi poesía se ha manifestado de manera más hímnica, expresión gozosa o jubilar de algo, gozo de sentir, de experimentar sensaciones de la belleza o el arte.

No soy escritor metódico, más bien intuitivo. No acostumbro a dedicar un tiempo diario a la escritura, aunque debiera. Solo cuando escribo para un libro de unidad temática (De un oficio infinito, por ejemplo) he sido disciplinado en este sentido. En cambio, sí que soy muy exigente con el visto bueno final del poema, mucho más de un libro; leo, releo, corrijo, tacho, rompo… antes de guardar el poema en la carpeta de definitivos. Y, a pesar de ello, cuando he retomado algunos textos luego de unos años, para una antología por ejemplo, vuelvo a corregir puntuaciones sobre todo y, en ocasiones, pocas, algún adjetivo o adverbio. Sí me reconozco perfeccionista.

¿Consideras que estás en un buen momento poético? Háblanos de tus próximos proyectos.

Desde el punto de vista creativo, no es el mejor momento; hace algún tiempo que repaso mis dos libros inéditos, corrijo, pulo versos que me parece que lo requieren, etc. Eso no quita que, si aparece un motivo inspirador, escriba algunos versos que guardo para poemas futuros. Según lo anterior, el proyecto a corto plazo sería la publicación de mis dos libros inéditos, Nieve cautiva (Poemas en Nueva York) y Señales en la luz. Mientras llega, leo bastante; ahora estoy con la Poesía Completa de Antonio Colinas y repaso nuevamente a Claudio Rodríguez.

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Juan Carlos me cuenta que, el año pasado, estuvo una semana en Albuquerque, Nuevo México, visitando a su primo hermano. Debido a su delicada salud, Alfredo lleva cuatro años sin venir a España en el verano. A él y a Lita, su esposa, les gustaba venir a Tabernas, en Almería, todos los años. Esta entrevista, que cierra el círculo, va para ellos.