Amigos·Entrevistas

Entrevista con Belén García Herraiz

Todos los meses, gracias a La revista de Valdemoro, tengo la oportunidad de sentarme durante casi dos horas delante de un valdemoreño interesante. Todos los meses, pongo en marcha la grabadora de voz de mi celular, la acerco a mi entrevistado y nos ponemos a hablar. Antes de la entrevista, durante la misma o poco después de esta, la persona entrevistada me ayuda a reflexionar sobre un tema y, todos los meses, comienzo plasmando mis pensamientos sobre ese tema en la introducción de la entrevista. Obviamente, los temas elegidos están relacionados con la vida, el trabajo o la obra de las personas entrevistadas. En el caso de este mes, conocer a Belén García Herraiz y charlar con ella me han llevado a reflexionar no sobre un tema, sino sobre dos: por un lado, lo difícil que es elegir qué quieres ser en la vida; por otro, la importancia de la función pública.

Creo firmemente que cuanto más feliz es uno, más fácilmente puede ayudar a otros a alcanzar cierta felicidad. Y creo firmemente que gran parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos en la vida. Así pues, el momento en el que decidimos qué vamos a hacer en nuestra vida, normalmente a una tierna edad, es ciertamente decisivo. Intuyo que, como sociedad, deberíamos mejorar las instituciones, los mecanismos y las dinámicas que se ocupan de aconsejar a nuestros jóvenes a la hora de elegir su futuro. Solo así podríamos garantizar que el mayor número de personas pudieran elegir el desempeño vital donde pudieran crecer con mayores cotas de satisfacción personal. Belén García Herraiz siempre tuvo éxito en sus estudios y, aun así, nunca lo tuvo claro a la hora de elegir su futuro. Imaginemos ahora lo difícil que lo tienen aquellos que no tienen tanto éxito académico.

Creo tanto en la iniciativa privada como en la función pública. Ambas son necesarias para que nuestra sociedad avance. También, como sociedad, deberíamos educar a nuestros ciudadanos más jóvenes para que estos sean capaces de sacar una iniciativa personal adelante con éxito y deberíamos educarlos para trabajar en la Administración pública con la responsabilidad que esta merece.

Belén García Herraiz nació en Madrid y a los diez años se mudó con sus padres a Valdemoro.  Estudió secundaria en el IES Matías Bravo. Cursó la carrera de Derecho y, tras un largo proceso de pruebas, aprobó, como número uno, las oposiciones para convertirse en técnico de auditoría y control externo del Tribunal de Cuentas. Para tener veinticinco años, Belén se expresa con una lucidez, una claridad y un dominio de la palabra maravillosos. A ella acudo para que nos explique su hazaña.

Tendrás que empezar recordándonos qué es el Tribunal de Cuentas.

El Tribunal de Cuentas es una institución poco conocida para el público en general. Es el supremo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del Estado y del sector público español. Es un órgano independiente al que se le encomienda constitucionalmente el control externo de la gestión de los fondos o caudales públicos por parte de las distintas instituciones, tanto administraciones territoriales (ayuntamientos, comunidades autónomas, entidades locales…) como de los partidos políticos, que reciben subvenciones… Y el Tribunal de Cuentas tiene una doble función: por un lado, lleva a cabo la fiscalización o auditoría de las cuentas de todos esos organismos y, por otro lado, tiene una función de enjuiciamiento de la responsabilidad contable en que puedan incurrir aquellos que gestionan y que manejan fondos públicos. El Tribunal de Cuentas tiene dos sedes, las dos en Madrid capital. Una en la calle Padre Damián y otra en la calle Fuencarral, al lado de la estación de metro Tribunal, que se llama así por esta institución. Entre las dos sedes habrá unos ochocientos trabajadores repartidos en ocho departamentos de fiscalización y cuatro de enjuiciamiento. Mi departamento se ocupa  de los partidos políticos. Normalmente, los equipos de trabajo se componen de un auditor y dos o tres técnicos. En algunas comunidades autónomas han creado sus propios órganos de control externo que cumplen una función similar a la del Tribunal de Cuentas. Por ejemplo, en Madrid, la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid. Aun así, no tienen función jurisdiccional, solamente fiscalizadora.

¿Hay cargos políticos en el Tribunal de Cuentas?

No. El Tribunal de Cuentas tiene tres cuerpos propios de funcionarios: uno de ellos es en el que he entrado yo, que somos los técnicos de auditoría, dos cuerpos superiores del grupo A1, que son el de auditores y el de letrados. Y al frente de la institución, están los consejeros del Tribunal de Cuentas, que son elegidos por las Cortes Generales y están sujetos al mismo estatuto que los jueces en cuanto a su independencia, inamovilidad y régimen de incompatibilidades.

¿Siempre quisiste estudiar abogacía?

Siempre tuve muchas dudas. Cuando estaba en el instituto, me gustaban muchas asignaturas distintas: me gustaba Lengua e Historia, pero también me gustaba Biología… Hice el primero de Bachillerato de Ciencias de la Salud, con Biología, Física y Química, y en segundo de Bachillerato, cambié de itinerario para hacer el de Ciencias Sociales. Creo que fui la única que lo hizo. Las Ciencias de la Salud se me daban bien y me gustaban, pero me di cuenta de que no me atraía ninguna profesión relacionada con ese itinerario. Cuando me cambié en segundo de Bachillerato, ya había decidido que estudiaría Derecho, o Administración y Dirección de Empresas, o Economía… también me gustaba el periodismo. Y, realmente, cuando acabé todavía no lo tenía muy claro, pero me decanté por Derecho porque, aparentemente, tenía más opciones profesionales. Estudié en la Universidad Carlos III de Getafe. Me alegro de haber estudiado la carrera de Derecho aunque, conforme iba pasando cursos, me daba cuenta de que no quería ser abogada. No obstante, me parece una carrera muy útil. Al final, el derecho está en todo. Detrás de todas las relaciones de la sociedad hay una ley y estudiar leyes te ayuda a entender las noticias diarias. Pero yo no me veía como abogada.

¿Cómo te veías, entonces?

Me gusta mucho la moda y tenía mis momentos en los que me habría gustado estudiar moda o algo más creativo que Derecho. Eran como pequeñas crisis. Durante el último año de carrera, me iba dando cuenta de que tenía que seguir estudiando. Si hubiese querido ser abogada, por ejemplo, debía seguir estudiando el máster de Derecho de acceso a la abogacía, ya que es habilitante. Así pues, mis compañeros de facultad que quisieran ser abogados debían seguir estudiando un año más. Ahí es donde yo opté por sacarme una oposición. Tengo una tía que trabaja en el Tribunal de Cuentas y, cuando le comuniqué mi decisión de estudiar oposiciones, me informó de que habían salido bastantes plazas para esta institución. Así que me puse manos a la obra.

¡Qué importante es tener información!

Estoy de acuerdo. Posiblemente, si mi tía no trabajara allí, a mí no se me habría ocurrido opositar para el Tribunal de Cuentas. Es cierto que todo se publica en el BOE (Boletín Oficial del Estado) y que todo el mundo tiene acceso a su publicación y al formato de las pruebas, pero, si nadie te informa, es muy posible que no te llame la atención porque no sabes realmente lo que es. Yo, por ejemplo, tuve dudas iniciales porque la oposición consta de dos ejercicios de derecho, que yo ya había estudiado, pero también consta de otros dos ejercicios de contabilidad, para la que yo no tenía ninguna formación.

¡Y qué importante es tener gente que actúe como mentora cuando eres un adolescente!

Sí, yo me considero muy afortunada porque mis padres son dos personas muy cultas; en mi familia en general, se ha valorado siempre mucho la cultura, les gusta estar informados. Quieras que no, eso te influye, te lo transmiten y crean un ambiente favorable para que tú te desarrolles. Luego, tú debes ser constante y tener la actitud adecuada, pero comienzas con ese entorno favorable.

Háblanos un poco más de tu afición por la moda

Como afición, siempre me ha encantado. No me he formado en la parte de diseño, pero siempre he estado tentada a planteármelo como algo profesional. Sin embargo, por una razón o por otra, siempre me invadían las dudas y me inclinaba por temas aparentemente más seguros. Como se me daba bien estudiar, la moda siempre quedaba relegada a ser un hobby. Lo curioso es que todavía no descarto que en un futuro…

¿Qué no te convencía a la hora de convertirte en abogada?

Una de las razones que me empujó a decantarme por las oposiciones y no por ser abogada es la vida que me esperaba tras mi elección: los horarios, la dedicación, los sueldos iniciales. Lo que te encuentras cuando empiezas en un bufete de abogados o en una empresa privada no es lo mismo que lo que te encuentras cuando trabajas en la función pública. Entiendo que, si tienes vocación para ser abogado, o sencillamente te apasiona, el esfuerzo que todo ello supone te merece la pena. Como yo no tenía esa pasión, vi que no me iba a compensar esa dedicación tan grande. Veo a compañeros que han decidido hacerse abogados o a familiares con negocios propios con unos horarios tan exigentes… Observo, luego, a mi madre y a tres de mis tías, que también son funcionarias, y me doy cuenta de que tienen acceso a una mayor calidad de vida, un mayor equilibrio entre la vida laboral y la vida personal y familiar.

¿Qué opciones tienen los jóvenes españoles a la hora de incorporarse en el mercado laboral?

Las opciones de los jóvenes españoles son complicadas. Creo, además, que, en el ámbito del derecho, concurre otro factor. Cuando uno va a un proceso de selección, entre que somos muchos los licenciados en Derecho y que, ahora mismo, son pocas las opciones profesionales buenas en las que te vayan a pagar un salario acorde a tu formación, hay mucha competencia. Y, en la mayoría de los casos, si quieres entrar en un buen despacho de abogados, o eres el mejor de tu promoción (solo puede haber uno o dos por promoción) o los requisitos son demasiado exigentes. No solo en términos intelectuales, sino también en términos económicos. Me explico: no todo el mundo puede poner en su currículum que ha estudiado un año en Estados Unidos, o que ha hecho un máster en el extranjero, o que sabe tres idiomas. No todo el mundo se puede permitir ese tipo de formación. Por eso, las oposiciones son un lugar donde accedes en mayor igualdad de condiciones.

¿Crees que las oposiciones seleccionan a las personas adecuadas?

Tendría que llevar más tiempo en el trabajo para poder contestarte correctamente a esa pregunta. En estos momentos, aún no llevo el tiempo suficiente para saber si yo misma soy la persona adecuada para el puesto que he conseguido. Pero debemos apuntar que, en el caso de esta oposición en particular, yo diría que es un proceso de selección bastante completo. Lo que no tiene es una entrevista de vertiente más personal. Pero no tengo claro si esa entrevista personal sería necesaria puesto que, en cuanto hay una entrevista personal, hay también mayor grado de subjetividad. La objetividad solo se encuentra, a mi entender, cuando se juzgan únicamente conocimientos. Podríamos pensar que no se está juzgando, por ejemplo, la motivación de los candidatos, pero el hecho de que una persona decida prepararse para un proceso de selección de estas características demuestra ya una motivación. Prepararse para una oposición de este calado supone renunciar a otras facetas de tu vida durante el proceso de selección. Se necesita esa motivación para conseguir la plaza.

¿Cuál fue tu plan de estudio para aprobar las oposiciones?

Cuando terminé la carrera, me tomé el verano libre para reflexionar sobre mi decisión. En octubre de 2017, comencé a prepararme para un proceso que iba a transcurrir durante buena parte de 2018 y los dos primeros meses de 2019. La primera prueba tuvo lugar en junio de 2018, la siguiente en septiembre, la próxima en octubre y el último ejercicio fue en febrero de 2019. Cada prueba era eliminatoria. Tuve que apuntarme a clases para prepararme los dos ejercicios de contabilidad. No hay ninguna academia que se dedique a preparar para esta oposición de forma específica, ya que no hay un suficiente número de personas que estén dispuestas a presentarse. Así que éramos un grupito que nos preparábamos juntos para cada una de las pruebas, pero con distintas personas. Empecé las clases en octubre y comencé a estudiar en serio a partir de enero. Estudiaba unas ocho horas diarias, cuatro por la mañana y cuatro después de comer. Es decir, me lo planteé como un trabajo. Al inicio, libraba el fin de semana entero. Cuando faltaban unos dos meses para cada prueba, solo me tomaba un día libre a la semana. Los quince días antes de cada prueba no libraba ningún día. La intensidad de estudio aumentaba conforme se acercaba la fecha de la prueba. Muchos días estudiaba en la Biblioteca Ana María Matute. Allí he ido a estudiar mucho cuando cursaba Bachillerato y durante toda mi carrera. Otros días, si no me apetecía salir, me quedaba en casa a estudiar. Allí también tengo un cuarto preparado para el estudio.

¿Cuánta gente se presentó a la oposición para el Tribunal de Cuentas?¿Cuántas plazas había?

Te sorprenderás con lo que te voy a decir, pero había veintitrés plazas para toda España. Y solo nos presentamos unas treinta personas. Tal vez por desconocimiento, tal vez porque la sede solo está en Madrid, se presentaron pocas personas en comparación con otras oposiciones, que están más masificadas. A diferencia de otras oposiciones, al combinar exámenes de dos disciplinas, se presenta menos gente. Otra razón pudo ser que durante muchos años no ha habido constancia en la convocatoria de plazas. Mucha gente se prepara para oposiciones que ofertan plazas todos los años para que los estudios les sirvan para varias convocatorias. El caso es que nos presentamos solo unas treinta personas. Mi lucha, pues, era con las pruebas y el temario. No debía competir contra los otros opositores. Por otra parte, a mí trabajar en Madrid, me conviene pero hay gente que no está dispuesta a trasladarse a Madrid. Al final, hemos aprobado unas once personas. Se han quedado desiertas doce plazas. La mayoría de las personas que se presentaban tenían el doble grado de Derecho y ADE, o el máster de Economía. En mi caso, he tenido que esforzarme un poco más, pero me he llevado una grata sorpresa al estudiar contabilidad porque me ha gustado mucho.

¿Qué impresión te han dado tus primeros días de trabajo?

Tras aprobar las oposiciones, recibimos un curso de formación de mayo a julio. Me incorporé a mi puesto en septiembre y el acto de posesión de mi plaza tuvo lugar el 25 de octubre. Sé que me llevará un tiempo aprender los entresijos de mi puesto. Hasta ahora, sobre todo, estoy muy contenta con el trato humano de mis compañeros. El primer día que llegué, fui a hablar con mi director técnico. Estuve hablando con él, luego me fue presentando a mis compañeros. Salí con una sensación muy positiva. Me sentí valorada. Creo que eso debería ocurrir en todos los trabajos, pero me consta que no siempre sucede. Como, tras aprobar la oposición, nosotros elegíamos el departamento en función del número de orden en el que habíamos aprobado, el primer día me llegaron a agradecer el que eligiera ese departamento que controla el gasto público de los partidos políticos.

¿En qué consistirá tu trabajo una vez te establezcas definitivamente en él?

Siempre me ha interesado la política y yo elegí el departamento encargado de la fiscalización de los partidos políticos. Nuestro trabajo varía mucho según los departamentos y, dentro del departamento, según el área en que tú trabajes. Una de las razones por las que yo he elegido este departamento es porque se sale bastante de la institución. Por ley, debemos analizar la contabilidad de los partidos políticos anualmente. Así, cuando yo comience a trabajar plenamente en mi departamento, pasaremos unos dos meses en las sedes de los partidos para comenzar con la fiscalización de sus cuentas. Esto puede ser en Madrid o en otros lugares de España.

¿Qué posibilidades de promoción tienes en estos momentos?

Debo esperar, al menos, dos años para poder acceder a la promoción interna. Quiero ver si me gusta mi nueva posición antes de decidir si quiero promocionar. Se puede promocionar. Como técnico, puedes prepararte la promoción interna para el cuerpo superior de letrados o de auditores. Para pasar a ser letrado, hace falta ser graduado en derecho. Para pasar a ser auditor, no hay un grado universitario específico requerido.

¿Cuál es tu opinión sobre la función pública?

Cuando uno decide dedicarse a la función pública, debería haber un mínimo de motivación. Trabajar para la Administración debería significar dedicar tu potencial profesional a la sociedad en la que vives. En una empresa trabajas para tu jefe. Si eres funcionario, trabajas para la sociedad en general. Supongo que no todos los que trabajan para la Administración pública tienen esa vocación. Pero, como en todos los trabajos, al final todo depende de cada uno de nosotros y de cómo abordamos nuestras obligaciones. Todo depende de nuestro sentido de la responsabilidad. Dentro del funcionariado, te encuentras con personas que han ido cambiando su puesto para no dejar de aprender y otras que han preferido no cambiar y que pueden ser igualmente válidas, pues su experiencia les permite abordar ciertas tareas con más conocimiento de causa. Hay funcionarios más válidos y profesionales que otros, de la misma forma que, en la empresa privada, hay trabajadores más válidos que otros.

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Belén es una joven española que se acaba de incorporar al mercado laboral por la puerta grande. Me dice que, cuando tuvo dudas, se dejó aconsejar por las personas que más le quieren en el mundo, que son sus padres. Belén admite que es un momento difícil para los jóvenes, pero añade que, si te mueves, puedes encontrar oportunidades. Las oportunidades nunca irán a buscarte. Belén cree que vienen buenos años para aquellos que quieran trabajar para la Administración. Por un lado, se acerca el momento de un relevo generacional en la función pública. Por otro lado, es cierto que se presentan muchas personas a la mayoría de las oposiciones, pero la mitad (o más de la mitad) de los que opositan, por las razones que sean, no van preparados al cien por cien. Belén cree que debemos buscar algo que verdaderamente nos guste y trabajar para conseguirlo. Nunca es tarde. Nunca.

Entrevistas·Valdemoro en el cine

Entrevista con Alberto Ovejero

Tenemos que escuchar más. Escuchar de verdad. Aguzar los oídos e intentar percibir sonidos que, con las prisas, desdeñamos, reprimimos, discriminamos. Solo así podremos disfrutar de sensaciones acústicas nuevas. Solo así podremos comprender el verdadero sentido de las palabras que emiten las personas que nos están hablando. Solo así podremos entender con mayor precisión el mundo que nos rodea.

Alberto Ovejero comenzó a cerrar los ojos en la intimidad de su casa. Cerraba los ojos y se concentraba en cada uno de los sonidos que acudían a sus oídos. Luego aprendió a llevar a cabo la misma tarea sin cerrar los ojos. Para no llamar la atención. Se sienta en el cercanías y se pone a escuchar los ruidos que le rodean. Camina por Estrella de Elola e intenta distinguir y localizar frenazos, resbalones, susurros, gritos, besos, charcos, silbidos, palmadas en los hombros… Alberto Ovejero intenta recordarlos bien porque su trabajo consiste luego en recrear ambientes audiovisuales a través del sonido.

Alberto nació y creció en la zona de Estrecho, en Madrid, y recuerda sonidos característicos de su barrio de la infancia. En el año 2000 se fue a vivir a Barcelona y estoy seguro de que recuerda con precisión algunos de los ruidos y melodías de la Ciudad Condal. Tres años más tarde volvió a la Comunidad de Madrid y la banda sonora de su barrio había cambiado demasiado. Sus padres y su hermano vivían ya en Valdemoro. Venía a visitarlos con frecuencia, conoció nuestra villa, le encantó su sonido ambiente, y Begoña, su mujer, Rodrigo, su hijo, y Alberto decidieron venirse a vivir en el año 2006.

Lleva treinta años trabajando en el campo del sonido para el cine, pero apenas cinco formando parte de equipos creativos dentro de las producciones cinematográficas españolas. Durante estos últimos cinco años, ha sido nominado para los Premios Sur otorgados por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en el apartado de sonido por Betibú (2014); también fue nominado, dentro de la misma categoría, para los premios Goya por El autor (2017) y este mismo año fue uno de los nominados por la película Yuli (2018).

¿Cómo acabas trabajando como técnico de sonido para el cine?

Francamente, de casualidad. A los diecisiete años, le dije a mi padre que no quería seguir estudiando. Que quería trabajar de lo que fuera. Nunca se me dieron bien los estudios. Y mi padre decidió que, si no iba a aprovechar el tiempo, que lo mejor sería que me pusiera a currar. Primero comencé en un tallercito pequeño aprendiendo a reparar aparatos electrónicos. Luego me fui a la mili y, cuando volví, había perdido el puesto. Hice una entrevista para un estudio de sonido, Sincronía, en la calle San Enrique. Me contrataron. Comencé de proyeccionista, aprendiendo, desde el escalafón más bajo en el que podías empezar. Y, en cuanto descubrí el mundo del sonido, todo cambió. Decidí que quería aprender sobre el sonido. Vi que era a lo que yo quería dedicarme. Me encantaba destripar el sonido y trabajar sobre él. Me atraían las posibilidades creativas que me ofrecía. Estudié sonido durante dos años en la Escuela CES, en Madrid. También es verdad que tuve suerte. Cuando comencé a estudiar y ya estaba trabajando, un compañero decidió marcharse de la empresa y el equipo de mezcladores se quedó cojo. A pesar de mi juventud, vieron en mí tanto interés que me propusieron reemplazarlo. No fue fácil. Yo tenía solo 24 años y había gente muy veterana. No me arrugué, acepté el puesto y salí adelante. Creo que todas las ganas que yo tenía de trabajar en sonido me ayudaron para que se me diera bien. Metí muchas horas. Creo que también decidió mi carácter. En sonido, tenemos que pasar muchas horas junto al cliente metidos en la cabina. También vieron que sabía manejar bien esas relaciones. Hay días que puedes pasar catorce horas trabajando hombro con hombro con una persona y el aguante y la mano izquierda son fundamentales. La película es de un señor, el director, y es su niño pequeño e intenta mimarlo. Y tú tienes que orientar al director cuando intuyes que algo no funciona del todo. Pero, siempre, como digo, con mucha mano izquierda.

Entiendo que tuviste un mentor que te ayudó cuando comenzaste.

Como he dicho, los comienzos no fueron fáciles, pero un compañero, Alberto Herena, me ayudó desde el primer momento. Fue mi maestro. Él me fue guiando. Me ayudó, me orientó y me enseñó. Recuerdo que, al principio, había técnicos de mezclas que, cuando se ponían a ecualizar, te tapaban la mesa de mezclas con el cuerpo para que no les pudieras copiar el efecto que estaban creando. Un técnico de sonido sabe que su ayudante va a ser su competencia dentro de dos años. Conmigo, Alberto Herena hacía lo contrario. Me pedía que me fijara bien en lo que se disponía a hacer. Quería que aprendiera bien mi oficio. También tuve la suerte de conocer a Pelayo Gutiérrez (tres Goyas y un montón de nominaciones en la categoría de sonido), que confió en mí para trabajar en Tarde para la ira (2016), un punto de inflexión en mi carrera.

Al principio, te dedicaste al doblaje de películas extranjeras.

Puede que las mezclas que debemos llevar a cabo en un trabajo de doblaje no requieran un esfuerzo de creatividad tan alto como cuando formas parte del equipo de una producción original, pero me gusta mucho el doblaje porque te permite aprender un montón. He dedicado gran parte de mi carrera profesional al doblaje de películas extranjeras. Tienes que respetar todos los sonidos originales y luego meter las voces en español. Tienes que tratar las voces de doblaje dependiendo de dónde estén, imitando el tratamiento que recibieron las voces en versión original. Es un trabajo muy minucioso que no se valora. Recientemente, trabajé en el doblaje de dos musicales, Bohemian Rhapsody y Ha nacido una estrella. Son películas en las que el actor está hablando y puede comenzar a cantar dentro de su discurso. Cuando entra la voz del protagonista en original debemos intentar que sea lo más parecida a la que tú tienes en español y que la transición se perciba lo menos posible. Debe haber una continuidad.

¿Recuerdas alguna película cuyo doblaje te exigiera un mayor esfuerzo?

Me acuerdo de una película, Días extraños (1995), cuyo doblaje tuvimos que hacer entre dos técnicos por todas las dificultades que entrañaba. Pero lo disfrutamos un montón… Es una película que se filmó mayoritariamente cámara en mano. Eso implica el que los sonidos y los ruidos vienen de distintos lados y van cambiando constantemente.  E integrar el sonido directo con el del doblaje fue muy complicado. El trabajo de los dobladores entraña, también, muchas sutilezas. El mismo Antonio Banderas se dio cuenta cuando comenzó su carrera en Hollywood. Él mismo se dobló en la película de Fernando Trueba Two Much (1995). En el mismo año, protagonizó el thriller Nunca hables con extraños (1995) con Rebecca De Mornay. En esta película, le dobló al español otro actor. Antonio Banderas escuchó ambos doblajes y le gustó más el segundo. Entendió que había gente especializada que podía hacer mejor ese trabajo. Hay muchas ocasiones en las que los actores deben venir al estudio a volver a grabar un diálogo que no se captó bien cuando se filmaba la película. Creo que sería buena idea que los actores aprendieran a doblarse a sí mismos en estas situaciones.

¿Podrías mencionar alguna película extranjera en la que te haya gustado cómo estaba mezclado el sonido?

Hay muchas. El padrino, un clásico, es buena en todos los sentidos, hasta en el apartado que a mí me compete. Un trabajo más reciente, Alita: Ángel de combate (2019), como película no me pareció tan buena, pero en el apartado de sonido, yo me ocupé del doblaje al español de la película y me pareció fantástica. Tiene una gran cantidad de ambientaciones y de efectos sonoros muy logrados. 

¿En qué consiste exactamente tu trabajo en una producción española?

Primero está el montaje de todos los audios. El montaje y preparación de los audios puede llevar unas ocho semanas. Al estudio nos llega todo el material de sonido del rodaje: el sonido directo, las grabaciones del sonido ambiente, los pájaros, los coches… Recibimos todo el sonido y hay que abrirlo. Se hace un montaje previo de la película y nosotros debemos montar los diálogos sobre ese primer montaje. Después de los diálogos, debemos preparar todos los sonidos que se nos puedan ocurrir. Todo ese previo lo hacemos nosotros. Luego aparece el director y te explica qué tipo de película tiene en mente. Te dice cómo la quiere. Pueden querer una película muy suavecita, con todo muy bajito, sin estruendos. Hay gente que quiere todo lo contrario. Volúmenes altos. Cuando ya está todo montado, entramos a mezclar. Esta parte del trabajo nos lleva entre dos y tres semanas. Del sonido directo nos valen ciertas cosas, los diálogos hay que sacarlos como sea. Si no es posible, como he dicho antes, se hacen grabaciones en estudio. Cuando el director se mete conmigo en el estudio, yo voy trabajando en la mezcla y él me va diciendo si le gusta la sintonía entre lo que ve y lo que oye. Y me va dando indicaciones.

¿Es el mismo proceso para las series de televisión?

El trabajo es similar, pero la tele es otro mundo. Los presupuestos son más pequeños. Te obligan a recortar tiempos. Si te obligan a recortar tiempos, te ves obligado a recortar en creatividad, en medios técnicos. A veces, faltan pajaritos de fondo. Otras veces, no se oyen los pasos cuando una persona camina. Muchas veces, echo de menos los sonidos que tienen las habitaciones. Últimamente, he estado trabajando en la segunda temporada de La peste. Para seis capítulos, hemos estado trabajando en el sonido durante tres meses.

¿Trabajas tú solo?

En muchas ocasiones tengo un ayudante al lado. Son muchas cosas las que hay que hacer a la vez y viene bien un ayudante. También es verdad que ahora el sistema ha cambiado bastante. Antes, digamos, teníamos que mezclar en directo. Ibas trabajando e ibas grabando a la vez y el producto se convertía en la versión final. Ahora te puedes permitir el lujo de pausar, echar para atrás, repetir, escuchar todo lo que has hecho hasta ese momento… En la actualidad, trabajo con una ayudante, Valeria Arcieri, que tiene delante un futuro profesional tremendo.

Has vivido el paso de lo analógico a lo digital. ¿Cómo ha cambiado tu trabajo con esta transición?

Del mundo analógico puedes echar de menos la calidez del sonido. Puedes conseguir esa calidez, pero debes trabajar mucho más para conseguirla. Pasa algo similar a lo que pasa con el color analógico. Hay gente que echa de menos la textura que se conseguía con el granulado. Por eso, Tarde para la ira está rodada con toda intención en súper 16 y ves el grano. Luego la digitalizaron. Con la tecnología digital, tenemos más realismo. Ahora tienes más recursos. Con una sola máquina y diferentes pluggins, consigues lo que quieres. Es más fácil, sobre todo porque puedes equivocarte y no pasa nada. Echas para atrás y corriges. Antes, como grababas sobre la marcha, si la primera vez te quedaba bien, no te molestabas en intentar que te quedara mejor. Ahora sí. Vamos un poquito más allá. A ver hasta dónde llegamos. Ahora nos exigimos y nos exigen mucho más. Ahora se puede hacer cualquier cosa con el sonido. Te llevará más o menos tiempo, pero puede conseguirse.

Háblanos de las películas en las que has podido desarrollar tu capacidad creativa al máximo.

Una de ellas es Tarde para la ira. Creo que conseguimos grandes cosas en esa película. Consiguió muchos premios importantes, incluidos los Goya a mejor director novel, mejor guion original y mejor película. Me alegré mucho por Beatriz Bodegas porque es una productora muy pequeña y llegó a hipotecar su casa por producir la película. El trabajo de sonido que hicimos fue muy interesante porque hay muchos sonidos que no tienen que ver con la película, pero que encajaron perfectamente cuando los incluimos. Hay también muchos momentos en que con sonidos muy normales conseguimos crear mucha tensión. Conseguimos narrar lo que estaba sucediendo sin que el sonido tuviera que ver con lo que estábamos viendo. Otra película con la que disfruté mucho fue El autor, de Manuel Martín Cuenca. Es la primera película por la que estuve nominado a los Goya. Es una película que merece la pena verse. Es la historia de un escritor frustrado, interpretado por Javier Gutiérrez, que intenta sacar ideas de lo que les pasa a sus vecinos. Así que se dedica a escuchar a través de su patio de vecinos. Ese patio no lo llegamos a ver en la película, pero sí fue recreado acústicamente. La recreación de ese patio fue un trabajo muy divertido y muy gratificante. La tercera película en la que tuve que emplearme a fondo, creativamente hablando, fue El último traje, una película argentina que no hizo mucho ruido, pero que a mí me gustó mucho. El protagonista es un polaco emigrado a Argentina y que, llegado a cierta edad, decide volver a Polonia para reencontrarse con su mejor amigo de juventud. Pudimos darle a la película un montón de sonidos que ayudaron a embellecer la historia. Eran sonidos muy cotidianos, pero intentamos transmitir miles de cosas a través de ellos.

A parte de la personalidad que intentas imprimir en tus trabajos, ¿incluyes algún guiño sonoro en las películas?

Hago mías todas las películas en las que trabajo. Todas forman parte de mí. Dejó mucho de mí, también. Es verdad que, para este trabajo, hace falta tener buen oído, pero también es verdad que el oído se educa. De tanto escuchar te vas dando cuenta de lo que es agradable, de lo que provoca una sensación u otra. Trabajar con el sonido es como pintar un cuadro. Tienes ahí los elementos y debes combinarlos. Cada técnico tiene su estilo y su gusto. Creo que a todos nos define nuestra profesionalidad y nuestro querer hacer las cosas bien. Sí que es verdad que, a veces, nos metemos literalmente en la película que estamos trabajando. Conozco a un técnico que intenta meter un sonido de ballena en muchas de las películas en las que trabaja. Busca el momento y el volumen adecuado para camuflar ese sonido entre todos los demás y siempre queda bien. En mi caso, a veces casualmente otras no, en casi todas las películas he metido mi voz. Normalmente, poniendo la voz a un figurante que pasa delante de la cámara y conviene que diga algo, aunque sea sencillo.

¿Has quedado insatisfecho con alguno de tus trabajos?

Estuve trabajando muy duro en una serie y, como es habitual, tenía curiosidad de ver el resultado en televisión. Aquel día, trabajé hasta las dos de la mañana. Volví a casa y sabía que la habían emitido. Me puse a verla y me llevé un chasco grandísimo. Primero, pensé que podía haber sido culpa mía. Podía ser que yo tuviera la sala desajustada. Pronto descarté esa posibilidad. Creo que se debió a la compresión de archivos a la hora de emitir la serie. Puede que, para emitirla, hayan comprimido excesivamente los datos de imagen y sonido y el resultado fue terrible. Acabó teniendo una pobre definición de imagen y sonido. En el caso del sonido, parecía como antiguo. No había sido mi trabajo porque jamás he trabajado así, no me gusta ese tipo de sonido y jamás lo haría así. Pero me llevé una gran decepción.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? ¿En qué te gustaría trabajar?

He trabajado dieciocho años en la misma empresa. Hace tres meses, decidí cambiar de aires. Necesitaba nuevos proyectos. Necesitaba sentirme vivo. Me apasiona mi trabajo. No sé hacer otra cosa. Es pura vocación, porque, de lo contrario, no valdrías para este oficio. Inviertes mucho tiempo en cada proyecto. Trabajas a ochenta y cinco decibelios todo el día. Yo no uso los cascos. Trabajo con altavoz. Estar mucho tiempo bajo esa presión sonora es agotador. Ahora trabajo para Mediapro. Me pidieron arrancar un proyecto muy interesante y el cambio ha sido bestial. A tope. Mediapro acaba de crear Mediapro Studio para producir series, películas y demás. Y nosotros somos parte del grupo. Como la mayor parte de mi carrera me he dedicado al doblaje, llevo poco tiempo trabajando con el cine español de forma continuada. Me encantaría colaborar en una producción de terror. O algo tipo Matrix (1999). Las posibilidades son tantas. Porque, en esa clase de películas, todo es mentira. Todo es fruto de la imaginación. También me gustaría hacer algo similar a los efectos conseguidos en la película 300 (2006). En esa película, me encantaba como hacían pausas de sonido cuando iniciaban una cámara lenta y la terminaban con estruendos ocasionados por los golpes de la batalla. Las nuevas tecnologías nos van a aportar grandes avances sonoros tanto para las salas de cine, con el sonido envolvente (Dolby Atmos), como para la visualización de películas y series en nuestra propia casa (Atmos Home). Trabajar con todos esos avances me permite tener las mismas ganas de trabajar con el sonido que cuando empecé a los veinticuatro años.

Para la entrega de los Óscar 2019, los organizadores propusieron que algunas categorías, como la del sonido, fueran entregadas durante los anuncios.

Me pareció patético. Es un menosprecio total. El mundo del cine somos muchísima gente. Hay más gente detrás de la cámara que delante. El futuro del cine depende de todos los que colaboramos en él. El director y los actores son importantes. Los guionistas son importantes. Pero una obra maestra es el fruto del trabajo y de la ilusión de cientos de personas. Algunas aparecen en los créditos. Otras no. Creo que los niños deberían estudiar cultura audiovisual en las escuelas. Les ayudaría a entender mejor el mundo en el que vivimos. Comprenderían también que trabajar en el cine está al alcance de cualquiera. Que no es solamente para privilegiados. Hoy en día, la industria del cine necesita de gran cantidad de técnicos de sonido, de imagen, cámaras, decoración, maquillaje…

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Alberto Ovejero quiere terminar de convencerme de la importancia del sonido en el cine. Me pone el ejemplo de una cabeza chocando contra una valla. Obviamente el golpe no es real. La cabeza no llega a golpear la valla o la golpea suavemente. Si no pones sonido, te das cuenta enseguida de que la cabeza no llega a golpearse con la valla. En el momento en el que pones el ruido del choque, aunque la cabeza no llegue a tocar la valla, te da la sensación de que el golpe ha sido descomunal. Algunas personas, llegadas a cierta edad, afirman vehementemente que ya lo han visto todo. Es posible. Lo que está claro es que, por muchas cosas que hayamos visto, todavía nos quedan muchas más por escuchar.