El oeste americano del valle del Río Puerco

      Muchos de nosotros tuvimos la suerte de crecer con las películas del Oeste americano, un territorio mitológico que, de niños, muy pocos habrían sabido señalar con precisión en los mapas y que, de más creciditos, tendríamos que encontrar siguiendo las referencias geográficas que vinieran a nuestra memoria. Las dos razones por las que no es tan fácil situar ese Oeste americano con facilidad están ciertamente conectadas: por un lado, el Oeste americano estuvo ligado con frecuencia al concepto de frontera y, por lo tanto, fue o es un territorio portátil muy amplio que empezó estando a unas millas al oeste de Jamestowne, en el estado de Virginia, y que fue trasladándose hacia el noroeste, hacia el oeste y hacia el suroeste de forma progresiva; por otro lado, el Oeste americano, más que un territorio, sería un concepto, un mundo mitológico, como hemos mencionado, que dio paso a la creación del imperio mundial que, de alguna forma, gobierna el mundo en el que hoy vivimos. Una teoría plausible señalaría la costa de California como el final de ese Oeste americano; otra, no menos acertada, extendería ese oeste hacia Alaska, Hawaii, la Polinesia entera, Tierra de Fuego, Japón, casi toda Asia, para llegar a Europa y alcanzar, de nuevo a nuestro entrañable pueblecito de Jamestowne por el Atlántico. Todo para dar la vuelta al mundo en ochenta transacciones bursátiles.

     Todos esos oestes americanos mencionados serían igual de válidos pero, si queremos encontrar la cumbre del Olimpo, necesitamos no sólo unos actores/personajes tipo/dioses a los que podamos identificar en todo momento, sino también unos paisajes a los que nuestra memoria pueda invocar con facilidad y unas circunstancias en las que podamos justificar como hazañas cada uno de nuestros tiroteos. Entonces, sólo entonces, el dedo de un viajero curtido se dirigirá sin dilación al territorio comprendido entre el río Grande y el río Pecos, en el estado de Nuevo México, para señalar su ubicación. Ahí es donde la literatura se ha recreado más a la hora de contarnos el Oeste americano. Muy posiblemente, como rezaba el cartel de introducción de la exposición histórica The Frontier Experience: New Mexico 1598-1900 (La experiencia de la Frontera: Nuevo México 1598-1900),  porque ese territorio haya sido el que durante más tiempo fue (o ha sido) parte de la frontera:

     La ‘frontera’ ha sido considerada durante mucho tiempo como un factor importante para la creación de los ideales y actitudes estadounidenses. Nuevo México es único entre el resto de los estados porque tiene una herencia de la frontera que duró más de 300 años. De hecho, ningún lugar en Norte América experimentó este proceso durante tanto tiempo. La mayoría de los territorios fueron frontera durante sólo los primeros años de sus existencias y entonces la frontera se trasladó más al oeste o más al norte.[1]

    Muy posiblemente, también, porque fue ese territorio sobre el que más artículos escribieron los periódicos de Nueva York a finales del siglo XIX para mantener el creciente interés de unos lectores que tal vez añorasen, desde la comodidad de sus ciudades, un pasado reciente en el que sus territorios habían sido Oeste americano; muy posiblemente, porque, desde muy temprano, Hollywood se encariñó de esos paisajes del suroeste de los Estados Unidos para filmar sus películas.

     En España, en todas esas películas del Oeste americano, todos los personajes hablaban en español. Luego descubrimos que no, que en realidad nosotros los oíamos en español gracias a la magia del doblaje de las películas pero que, en realidad, todos los personajes hablaban en inglés. El Oeste americano que supone el mito del nacimiento de los Estados Unidos se escribió primero en inglés y se filmó, pocos años después, en inglés. Sin embargo, si echamos un vistazo al Censo de Estados Unidos de 1890, observamos: “En Nuevo México casi dos tercios, el 65,11%, y en Arizona casi tres décimas partes, el 28,23%, de la población mayor de 9 años no sabía hablar inglés[2]”. Desafortunadamente, el censo no ofrece datos exactos de las personas de estos dos estados cuya lengua madre era el español pero, teniendo en cuenta la cifra del 65,11%, podemos imaginar que el número de niños menores de 10 años que no hablaban inglés o el número de habitantes mayores de 9 años que hablaba inglés pero cuya primera lengua era el español eran bastante elevados. Así pues, tenemos que pensar que el Oeste americano se escribió en inglés desde la costa este de los Estados Unidos y se filmó en inglés desde la costa oeste. Sin embargo, es más fácil que el Oeste americano se hubiera hablado en español y que los propios habitantes de ese Oeste americano hubieran escrito los sucesos de la zona en sus periódicos en español. No obstante, en 1889, posiblemente el momento más álgido para la prensa en español en Nuevo México, había 65 periódicos publicados en español.[3]

      En España, por lo tanto, estas películas eran dobladas del inglés al español gracias a la deliciosa ironía que suponía el hecho de que los Estados Unidos hubieran elegido como cuna del mito de su nacimiento a un territorio en el que, durante el periodo en el que ese mito se llevaba a cabo, la aplastante mayoría de la población hablaba español. El fenómeno no era nuevo: El griego Eneas, protagonista indiscutible del mito de creación de Roma, habla en latín durante toda la Eneida. Podríamos alargar la ironía un poquito más: cuando Sergio Leone filmaba sus estupendos Spagetthi Westerns en España se llevaba consigo a dos o tres actores angloparlantes a los desiertos de Almería. Leone se hizo popular con unas películas llenas de silencios porque en ellas sólo hablaban tres o cuatro actores. El resto, actores extras españoles, aparecían silenciosos porque no hablaban bien el inglés y se dedicaban a rellenar los ataúdes que luego pagaba el personaje que interpretaba el bueno de Clint Eastwood.

     Tal vez fue mejor así. Tal vez Leone hizo bien en no dejar hablar en español en sus películas. Después de todo, el español que se hablaba entre el mítico río Grande y el río Pecos no era el mismo que se hablaba en Andalucía. El español que se hablaba en Nuevo México se había configurado como una variedad más del español, con su personalidad propia, con sus giros regionales y con unas soluciones adecuadas para defenderse en esos territorios lejanos. El español de Nuevo México (especialmente aquel hablado en los dos tercios norte de Nuevo México y en el valle de San Luis, al sur del estado de Colorado) pronto llamó la atención de lingüistas prestigiosos (Aurelio Macedonio Espinosa, Amado Alonso, Rubén Cobos, Manuel Alvar, Garland Bills, Neddy Vigil, entre otros). Pronto aparecieron también reputados folkloristas como Enrique Lamadrid, John Donald Robb o Jack Loeffler y Kathrine Loeffler.

    Muy cerquita de esa Mesopotamia del suroeste de los Estados Unidos, a unos pocos kilómetros al oeste nos encontramos con otro río, tal vez más discreto pero, no por ello, menos importante para nuestro texto. Estamos hablando del río Puerco, que nace al noroeste del estado, en los picos de San Pedro, en las montañas Nacimiento y, pasa cerca de Cuba (en Nuevo México, claro), deja al este el conspicuo pico de Cabezón y el cerro del Cochino, se le une el Arroyo Chico entre la mesa San Luis y la mesa Chiuato; pasa al oeste de la mesa Prieta para atravesar más tarde la reserva india de Laguna, donde se le une el río San José, y desembocar en el río Grande a unos 32 kilómetros al sur de Belén. Estamos hablando de 370 kilómetros de una cicatriz seca durante una buena parte del año por la que, cuando le toca, se desbocan las aguas de las lluvias y el deshielo.

      Poco después de crearse la reserva para los indios navajos, entre los años 1860 y 1870, se fundaron una serie de plazas a las orillas del río Puerco, todas al sur de Cuba, muy cerca del pico de Cabezón. Gente, en su mayoría procedente del valle del río Grande (Albuquerque, Bernalillo, Algodones), pero también de lugares más lejanos, como Antón Chico, Puerto de Luna o Pecos, buscaron mejorar su vida en esa pequeña comarca. Casi todos, con muy pocas excepciones, eran hispanos e hispanohablantes y llevaron consigo toda una riqueza folklórica que se había conservado y desarrollado en Nuevo México durante más de dos siglos. Poblaciones como San Luis, Cabezón, Guadalupe y Casa Salazar conformaron una pequeña comarca de poco más de 700 habitantes que desarrollaron sus vidas a lo largo de casi un siglo hasta que la zona fue abandonada para 1950. Las dos Guerras Mundiales, que reclutaron a los jóvenes de la zona, y la falta de apoyo gubernamental hacia los pequeños rancheros del valle del río Puerco hizo que la comarca fuera perdiendo población progresivamente a partir de 1910 y para 1950 todos su habitantes habían abandonado la zona.

     El valle del río Puerco es el Oeste americano que le tocó vivir a Nasario García y el Oeste americano que él decidió contar al mundo. El recóndito y maravilloso Oeste americano de Nasario García. Los personajes que nos cuentan ese Oeste a través de Nasario habrían vivido durante los mismos años y prácticamente en el mismo territorio que aparecían en los periódicos del este y, sin embargo, los relatos que nos ofrece Nasario están muy lejos de los duelos al sol. Son historias sencillas de familias que trabajaban duro en la tierra y criando animales para salir adelante, para aumentar progresivamente sus lotes de tierra. Son historias de accidentes laborales, de supersticiones, de anécdotas en el campo o en el baile, de fe y de dudas ante lo incierto.

    Nasario García no nació en esta comarca del valle del río Puerco. A su madre la convencieron para que fuera a Bernalillo a casa de su madre, la abuela materna de Nasario, para que naciera en un lugar más “civilizado”[4]. Sin embargo, Nasario se crió en Guadalupe (Ojo del Padre) y, como autor, académico y folklorista, se ha dedicado a recuperar la memoria de la comarca en gran parte de su obra. Si es verdad que el ser humano pasa su vida buscando e intentando recuperar su infancia, Nasario es, no cabe duda, un ser humano ejemplar.

     En 1987, publicó Recuerdos de los viejitos, su primer volumen dedicado al folklore del valle del Río Puerco y, desde entonces, le siguió Abuelitos, Tata, Comadres y Más Antes. Todos estos libros contienen la frase “Valle del río Puerco” en su título y todos  recopilan historias o anécdotas relatadas por los propios protagonistas. Nasario se dedicó a grabar y, después, transcribir casi literalmente todas esas historias contadas por habitantes del valle del río Puerco nacidos entre el 1872 y el 1927. Los dos primeros tienen más similitudes; el tercero se distingue porque son todas historias que le contó su padre; para el cuarto, sólo utilizó las historias que le contaron las mujeres; el quinto recopila dichos, adivinanzas, cuentos, corridos, cartas, entriegas (versos cantados o recitados para los novios en una boda), canciones y alabados.

     Con estos cinco volúmenes, Nasario demuestra que su mayor interés es escuchar antes de ser escuchado. Aún publica dos libros más con carácter recopilatorio, Brujas, Bultos, y Brasas y ¡Chistes! antes de destapar completamente su lado poético con Tiempos lejanos. En el primero de esta lista, Nasario cambió de valle para entrevistar a pobladores del valle del río Pecos y transcribir sus cuentos sobre brujas y magia. Tocará el mismo tema en un libro posterior, Brujerías, en el que amplia, una vez más su ámbito e incluye a todo el suroeste de los Estados Unidos. En el segundo recopiló chistes en español por el norte de Nuevo México y el sur de Colorado (aquí todavía encontramos alguno recogido en el valle del río Puerco). En el 2004 publica su primer poemario con Tiempos lejanos.

   Aún publica dos libros más relacionados con el folklore y la tradición nuevomexicanos: Old Las Vegas, en 2005, y Fe y tragedias, en el 2010. En el primero, la legendaria ciudad de Las Vegas (la ciudad de Nuevo México, no la famosa de Nevada) y el segundo trata el tema de la fe en el mundo rural nuevomexicano.

    En 2009 Nasario publica dos libros de ficción llenos de cuentos para niños y para adultos: El Arco Iris y otros cuentos y Ruido de Cadenas. En estos dos libros, el autor puede encontrar cuentos que Nasario escuchó en su infancia y cuentos inspirados en sus propias experiencias.

     Su último libro (de momento) fue publicado en 2010. Bolitas de Oro es un poemario exquisito, otro maravilloso homenaje a su infancia en Guadalupe, en el valle del río Puerco, un homenaje a las canicas, a las bolitas de oro, como ellos las llamaban. Y es con este libro, y con su vuelta al valle del río Puerco, con el que Nasario se universaliza. La amplitud del territorio cubierto y la progresión venían reflejadas en los títulos de sus libros: valle del río Puerco, Norte de Nuevo México y sur de Colorado, suroeste de los Estados Unidos…cualquier muchacho del mundo que haya jugado a las canicas, que haya llevado pantalones cortos y las rodillas llenas de costras encontrará poemas en este libro con los que sentirse identificado.

      Tres aspectos llaman la atención en los libros de Nasario: el primero es el hecho de que Nasario no renuncie al español en ninguna de sus obras puesto que la mayoría de los textos aparecen en español y en inglés; el segundo es el respeto y la admiración del autor por los mayores, por los viejitos, de su cultura; el tercero es su afán de no idealizar en exceso el mundo que intenta describirnos. En Abuelitos, hace una clara declaración de intenciones al respecto:

      Mientras reflexiono sobre mi infancia en Guadalupe y en el valle del Río Puerco, se mantienen en mi mente numerosos y placenteros recuerdos imborrables, pero, al mismo tiempo, sería injusto regocijarnos en ellos sin admitir que, en muchas ocasiones, la tristeza, la tragedia y la pobreza también convivían con los habitantes de la zona.  Si dejamos de lado a esa realidad corremos el riesgo de dar un toque excesivamente romántico y distorsionar una forma de vida muy real. Desafortunadamente, esta tendencia asoma de vez en cuando por los relatos sobre las comunidades rurales hispanas de Nuevo México, especialmente cuando los autores son forasteros que se quedan cautivados y, tal vez, perplejos ante Nuevo México, la Tierra Encantada. [5]

      Es refrescante descubrir que tras el Oeste americano de celuloide con el que muchos de nosotros nos criamos hubo otros oestes americanos. El oeste americano forjado en español y con folklore hispano tuvo la suerte de ser encontrado, escuchado, recopilado y transcrito por el nuevomexicano Nasario García. Hubo otros oestes americanos que, desde aquí, invitamos al lector a descubrir: aquellos oestes americanos que se vivieron en navajo, en apache, en keres, en tigua, en tehua, en towa y en zuñi.

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[1] La traducción es nuestra y la cita aparece recogida por Thomas Chávez en su libro An Illustrated History of New Mexico. Albuquerque: University of New Mexico Press, 2002 [1992], p. 238, y cuyo texto original es: “The frontier experience has long been considered a major contributor to the development of American ideals and attitudes. New Mexico is unique among states in having a frontier heritage that lasted over 300 years. In fact, no place in North America experienced the process longer. Most areas were frontiers for only the first years of their existence and then the frontier moved further west or north.”

[2] La referencia proviene del informe “Progress of the Nation. Part II,” p. lxiii del Censo de 1890. XI Censo de los Estados Unidos. Su título original fue: Department of the Interior, Census Office. Report on the Population of the United States At the Eleventh Census: 1890, Washington D.C.: Government Printing Office, 1895. El texto original es: “In New Mexico very nearly two-thirds, or 65.11 per cent, and in Arizona very nearly three tenths, or 28.23 per cent, of the population 10 years of age and over could not speak English.”

[3] Para ampliar y contextualizar véase Habermann-López, Mary Jean. “Multilingualism in New Mexico”. Nuevo México. Ed. Roberto Mondragón. Nuevo México: New Mexico Highlands University, 2009, p. 122.

[4] Es el propio Nasario García quien utiliza esta expresión, “so that I would be born in more ‘civilized’ surroundings,” en su obra Abuelitos. Stories of the Río Puerco Valley. (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1992, p.1. Published in cooperation with the Historical Society of New Mexico).

[5] El texto original es: “As I reflect in my childhood in Guadalupe and the Río Puerco Valley, countless pleasant memories remain indelible in my mind, but, at the same time, it would be unfair to dwell on this aspect without acknowledging that sadness, tragedy, and poverty often plagued the inhabitants as well. To ignore this reality is to invite the risk of romanticizing and to distort a very real way of life. This tendency, regrettably, has appeared from time to time in writings about rural Hispano communities in New Mexico, particularly by outsiders who become enthralled and perhaps bemused by the Land of Enchantment.”

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Entrevista con Tony Mares

Quedamos en el café Barelas, en Albuquerque, restaurante tradicional nuevomexicano donde, dicen, se han tomado más decisiones políticas que en el Capitolio de Santa Fe. A pesar de que el chile verde y el chile rojo nos tientan desde las mesas vecinas, hoy nos limitamos a unos cafés, mientras charlamos de lo humano y lo divino. Tony vive a unos bloques del lugar y ha llegado con una gorra calada en la que se lee Woody Guthrie, uno de sus héroes y uno de sus músicos favoritos. Tony estuvo recientemente leyendo poesía en el festival anual de música folk que homenajea a Woody Guthrie en Okemah, Oklahoma. Tony no deja de sonreír. Es una sonrisa bilingüe y multicultural. A veces, su sonrisa se parece a la del galán de una película de Hollywood. Bien americana. Otras veces, su sonrisa se asoma picarona, como la que lucen los niños españoles cuando se relamen de una reciente travesura. Por último, se descubre su sonrisa nuevomexicana, la más mestiza de todas, la más gentil. Una de esas sonrisas que se muestran cuando uno abre la puerta de su casa y te da la bienvenida. La cafeína comienza a estimular nuestra conversación.

Fernando Martín Pescador: Titulaste tu primer libro the unicorn poem (el poema del unicornio), todo con minúsculas. Tuviste la suerte de que lo prologara el poeta Ángel González, que definió el poema como “una elegía serena, sin lágrimas, en la que el dolor ante lo perdido está compensado, casi hasta el punto de la ocultación, por un vigoroso aliento épico.” Elegía y épica. Pérdida y búsqueda, siempre heroica. ¿Es ese el destino del hombre?

Tony Mares: Como todo ser humano, no sé el último destino del hombre, ni si se puede hablar de tal cosa.  Al mismo tiempo, desde el momento de nacer hasta la muerte, la vida, como decía Ortega y Gasset, es “un qué hacer.”  Y entre el hacer y el siguiente hacer se va acumulando el pasado con sus tragedias y también sus momentos efímeros de la alegría de hondo sentimiento. Sí, siempre hay pérdida y búsqueda, pero tampoco sé si es heroica o no. Lo que pasa es que el concepto del heroísmo en mi país se vuelve cada vez más chocante, militante, imperialista, de un patriotismo agrio que hace vomitar.

FMP: En los títulos de tus tres libros siguientes (Las Vegas, New Mexico: A Portrait, Padre Martínez: New Perspectives from Taos y I Returned and Saw Under the Sun: Padre Martínez of Taos) aparece explícito uno de los temas más recurrentes de tu obra: tu tierra, Nuevo México, su historia y su gente. ¿Es ahí donde el poeta, dramaturgo e historiador Tony Mares comienza su búsqueda?

TM: Sí. Desde niño, mis padres me hicieron saber que la historia nuevomexicana era mucho más de lo que contaban en la enseñanza oficial. Aquí comenzó la búsqueda.  Pero no acaba aquí. Como se ve en muchos de mis poemas, con todo respeto a mis raíces nuevomejicanas, el mundo es mucho más amplio.

FMP: Efectivamente, te doctoraste en Historia de Europa y me consta que sientes curiosidad por el mundo que te rodea. Otra prueba de ello es que, en la actualidad, estás terminando un libro de poemas que conectan la Guerra Civil española con nuestro presente. Haciendo gala, una vez más, de tu generosidad, has compartido conmigo parte del Tony Mares en plena efervescencia creativa y te he visto gozoso. Ilusionado. ¿Qué supone para ti la creatividad literaria?

TM: Hay muchas maneras de obrar, de trabajar en el mundo.  Una persona puede ser carpintero, herrero, secretaria, escritor, lo que sea. Lo importante, para mí, es hacer algo, algo constructivo que añade a lo menos un poquito de valor a este gran teatro del ser humano. Entonces, para mí la creatividad literaria, como la creatividad del pintor o del músico, ayuda a explicarnos a nosotros mismos. Y eso vale la pena porque estamos muy lejos de entendernos, de hacer de la vida algo que se pudiera compartir entre todos con paz y con respeto para todos. Esto implica un nivel de amor a nuestra especie que todavía se ve allá, más allá del horizonte del mundo contemporáneo. Las cosas, los animales, las personas que conocemos, el verdadero ambiente físico y emotivo en que vivimos vale mucho más que las ideologías gastadas, las abstracciones que matan.

FMP: Ideologías. Me has contado en más de una ocasión que al tema de las ideologías le has dedicado tus buenos ratos de pensamiento. Dicen, aunque yo no estoy completamente de acuerdo con esa afirmación, que la Guerra Civil Española fue la última guerra que se luchó por ideales. Por ideologías enfrentadas. ¿Crees que es esta ha sido una de las razones que te han llevado a escribir este libro? ¿Qué otras razones te han motivado a escribir sobre una guerra? ¿Sobre una guerra civil? ¿Sobre la guerra de España?

TM: Ojalá que fuera la Guerra Civil Española la última guerra ideológica, pero, lástima, no creo que vaya a ser así. Nomás hay que leer los periódicos de cada día para ver que las ideologías predominan en el mundo político y social. Para mí, las ideologías, incluso las más fuertes, que son todas las religiones, corresponden a una dura necesidad humana de estructuras verticales de autoridad moral que tienen fuertes raíces en un pasado remoto, un poco misterioso. Entonces, como lo veo yo, estamos en proceso de una lenta evolución histórica que pudiera durar siglos y siglos hasta que lleguemos, bien cansados del largo camino, a una época sin ideologías. Entonces comenzará la verdadera historia humana y nuestros descendientes se harán la pregunta: ¿Cómo pudimos salir de esos largos tiempos salvajes?

Muchas cosas me han llevado a escribir este libro: el recuerdo de charlas ocasionales sobre la Guerra Civil Española en mi casa; el impacto de las conferencias y novelas de Ramón Sender; la experiencia mía con gente de izquierdas (como yo) en el movimiento de derechos civiles (the Civil Rights Movement) en el que yo fui activista y tengo mucho orgullo de haber participado de una manera bastante activa; las charlas con veteranos de la Brigada Lincoln (perteneciente a las Brigadas Internacionales); hasta las canciones de Woody Guthrie, que tenían muchas veces que ver con la Ruta 66. Pues, desde el patio posterior de la casa de mi abuela, de niño yo podía tirar piedras a la Ruta 66. Jugaba yo muchas veces en la mera Ruta 66 que pasaba muy cerca de la plaza vieja de Albuquerque.

Debiera añadir que al parecer mío los EEUU, como una nación, está bien metida en un vulgar y destructivo imperialismo. Y las actitudes de ciertos americanos (hablo de los adinerados y poderosos en este país) me recuerdan mucho a sus tercos y fatídicos homólogos españoles. Entonces tengo el deseo de decir a mis compatriotas, especialmente a los jóvenes, que ya estamos en rumbo peligrosísimo. Creo que la única manera de evitar un cruel porvenir universal es, a lo menos, empezar a reflexionar en el daño que nos hemos hecho, pensar en el porvenir, y tratar de vivir con más compasión para los que no creen como nosotros. Pero tendrá que ser compasión de todos para todos. Y, aunque estemos muy lejos de eso, con mi libro de poemas quiero hacer algo de arte que pudiera, con suerte, empujarnos a todos un poco más allá hacia la frontera de un mundo mejor, algo que nos recuerde que la Guerra Civil Española, aunque sí que fue una tragedia, sigue siendo tragedia hoy día y espejo terrible de lo que está ocurriendo en el mundo y probablemente seguirá ocurriendo. Mas hay que empezar un cambio. Para mí, este pequeño libro de poesía es un paso, y solo un paso, hacia ese mejor porvenir tan deseado. Como dijo Jesús o Gandhi, si lo hubiera pensado, “todo cambio en el mundo comienza con la persona y el primer paso que da hacia ese cambio.”

FMP: Te iba a preguntar cuántos poemas crees que son necesarios para detener la detonación de una pistola pero creo que, de alguna forma, lo has respondido ya. Cambiaré de derroteros. Has publicado poesía, ensayo, teatro, columna de opinión periodística, relatos breves, publicaste un libro con poemas de Ángel González traducidos al inglés… Aquí van mis mil preguntas en una: ¿qué género escribes con más comodidad? ¿Qué escribes con más placer? ¿Hay alguna razón por la que no hayas publicado una novela?

TM: Bueno, es una lástima, pero parece que no hay poema que pueda detener la bala de una pistola. Al mismo tiempo, la combinación de todas las balas, bombas, granadas y cohetes de tantas guerras, no han podido acabar con la necesidad humana de hacer arte en múltiples formas, incluso la poesía. De esa necesidad, a lo menos para mí, viene la esperanza de que algún día, en un futuro muy lejano, aprenderemos a vivir en paz, gozar de todo lo bueno de la vida, y dejar atrás para siempre esta obsesión de matar al prójimo. No creo (a diferencia de los fieles de religiones autoritarias) que estemos condenados con un pecado original que configura el mundo como una lucha maniquea entre lo bueno y lo malo hasta el fin del mundo. Creo que, de veras, podemos evolucionar, pero claro eso cuesta mucho tiempo, posiblemente demasiado tiempo. Mientras, tenemos la esperanza del arte y, por supuesto, del buen ejemplo de tantas personas buenas en el mundo.

De todos los géneros al alcance del escritor/a, favorezco la poesía.  Es para mí la más natural manera de compartir una visión del mundo con todos. Y además, escribir poemas es un gran placer porque se acerca a la música y a todo el mundo (menos quizás a los tristones) le gusta la música. 

He pensado mucho en la cuestión de la novela. Aprecio mucho a los novelistas, y ya sabes que leo novelas en inglés y en español. Trato de leer las mejores novelas contemporáneas pero no soy un Marcelino Menéndez Pelayo (de quien se dice que leyó todos los libros de la Biblioteca Nacional, aunque no lo creo) y, a veces, leo muy despacio. La novela es un gran cuento, como un tren compuesto de muchos coches, y que contiene muchos cuentos cortos. Para los que quieren compartir un gran cuento de la vida con los demás en una novela, pues eso me parece perfectamente bien y se lo agradezco a los novelistas.

Ya que escribo muchos poemas narrativos, en cierto sentido, hay a lo menos una novela implícita en estos poemas. Pero leer y pensar en la poesía requiere una atención, un poder de concentración formidable que a muchos lectores no les gusta.  Se puede leer fácilmente cien páginas de una novela en una sentada, a veces, pero los poemas se leen como una lucha por la vida, para seguir viviendo, poema tras poema. Para de veras ser poeta, o tener interés en la poesía, hay que ser más o menos un guerrero literario, un guarda, hasta la muerte, de esta forma estética tan intransigente en proclamar verdades hondas en forma de metáforas, símbolos, y varias estructuras verbales y visuales, y de sonidos (a veces sonidos interiores, en la cabeza). Debiera añadir que creo que es verdad lo que Philip Levine atribuye a Yvor Winters, que todo poeta “coqueteaba con la locura y con su propia autodestrucción…” (“According to Winters, all who wrote poetry flirted with madness and self-destruction…” Levine, The Bread of Time, p. 239). Y también quiero añadir que, aunque ya muy viejo y, quizás, ya muy tarde, como Rubén Darío, todavía me acerco a los rosales del jardín (la novela), y aunque no sea probable, quién sabe si hago algo o no con la novela. Quién sabe, ¡pudiera yo resultar un viejo verde de la novela!

FMP: No será porque te falte la inspiración. Vives con una novelista formidable, Carolyn Meyer, tu esposa. ¿Cómo convive un matrimonio de escritores? ¿Habláis de literatura en el desayuno? ¿Almorzáis leyendo los manuscritos del otro? ¿Conformáis el parnaso de la Avenida Gold, en Albuquerque? ¿Os habéis apoyado en vuestras carreras literarias a lo largo de todos estos años?

TM: Cómo dices, Fernando, Carolyn Meyer es una novelista formidable. Siempre lo llevamos muy bien. Siempre nos hemos apoyado en nuestras distintas pero relacionadas carreras. Como novelista de obras para adolescentes, y al parecer mío para adultos también, Carolyn es la más disciplinada escritora que he conocido.  Trabaja horas y horas en escribir sus novelas.

Creo que convivimos bien porque respetamos mucho la manera distinta de escribir que tenemos. Ella organiza el horario de una manera regular. Yo, aunque escribo muchas horas, tengo un horario que sigue mis estados interiores y no el reloj.  Es decir, algunas veces, muy raras veces, escribo muy de mañana. Generalmente, escribo después de las diez de la mañana, y por la tarde escribo de vez en cuando.  De noche, estoy a mis anchas como escritor. Me gusta escribir desde más o menos las siete de la tarde hasta medianoche.

En el desayuno y el almuerzo, hablamos de muchas cosas. A veces ella comparte conmigo un problema narrativo que está tratando de resolver. Otras veces, yo le hablo de  ciertas dificultades de la poesía. Ella me escucha con compasión y trata de ayudarme cuando eso es posible. Me ayuda especialmente con ciertas palabras del inglés, que es un idioma con sus propios misterios. También, de vez en cuando, leemos secciones de las obras que venimos escribiendo.

En cuanto al parnaso, pues, los dos hemos viajados juntos al Monte Parnaso en la Grecia y creo que nos quedamos con un impacto fuerte de los dioses, y diosas, literarios que gozan de la vida allí, y que, por buena fortuna, visitan, de vez en cuando,  la Avenida Gold, donde vivimos en Albuquerque, a veces disfrazados de transeúntes y, otras,  de clientes de las cafeterías que hay debajo de nuestra casa. En todo caso, son dioses que aparecen como grandes consumidores de café.

FMP: Estoy de acuerdo contigo: cada idioma tiene sus misterios. A ti, desde pequeño, te enseñaron a desvelar muchos de esos misterios en dos idiomas, el español y el inglés y nunca has renunciado a ninguna de esas dos lenguas. Todo lo contrario, siempre has intentado seguir descifrando los misterios de la vida y de tu literatura en ambos idiomas. ¿Cómo ha sido tu experiencia vital y literaria en los dos idiomas?

TM: Pues, quizás es natural que haya publicado más en inglés, ya que vivo en un país que muchas veces se jacta de su condición fatal de monolingüismo.  Al mismo tiempo, desde joven adolescente, me preocupaba que tantos nuevomejicanos que yo conocía despreciaran a los mexicanos y se creían “puros españoles,” porque tenían la mitología de que eran descendientes de los conquistadores españoles y no sé qué.  Creían y, por supuesto algunos de estos siguen creyendo, que hay una separación radical de sangre entre los mexicanos y los “españoles” de este lado del río Grande.  Es decir, es una forma de racismo que desafortunadamente se practica también al otro lado de la frontera (también mítica, aunque vestida con trapos de un feo nacionalismo a los dos lados de la frontera).  Un ejemplo es cuando los mexicanos se refieren a los hispanoparlantes de este lado del río como “pochos,” y que hablamos un español “pocho.” Como si nosotros tuviéramos la culpa de haber nacido aquí en EEUU y no en México. Pues esa actitud no mejora la comprensión entre estas dos manifestaciones de culturas complejas que no se pueden reducir a categorías banales que los trogloditas de la política a veces quieren imponer.

Debiera añadir, aquí, algo que me ha desilusionado con ciertos aspectos del movimiento chicano. Es el énfasis negativo que muchos chicanos han puesto en la colonización española. Al parecer mío, no se debe confundir lo malo de cualquier colonización con el valor del idioma. ¿Rechazar a Shakespeare o a Cervantes o sus idiomas porque los colonizadores eran muy, muy malos con nosotros? Es una estupidez que da asco. Hacer vivir y ayudar a mantener la vitalidad de los idiomas indígenas, ¡pues eso sí! Expresarse bien al hablar y escribir idiomas, ¡pues eso también sí! Para los hispanoparlantes de EEUU, o los hijos o nietos de hispanoparlantes, si todavía les queda un eco, un recuerdo, del hablar de algunos de sus antepasados, pues creo que pudieran enormemente amplificar su propia cultura y llegar, al mismo tiempo, a un entendimiento más profundo del mundo y del rumbo hacia el porvenir en que todos abrimos camino.

Ya que quizás por la vejez me queda poco tiempo para escribir, quiero hacer más esfuerzos en español porque así, con un poco de suerte, podré, por medio de poemas, ensayos, ficciones, dialogar con el mundo que se forma a nuestro alrededor.  Y ese mundo será multilingüe, multicultural, pese a los torpes nacionalistas que abundan por dondequiera.

Esta es una respuesta un poco larga para decir que mi experiencia vital y literaria sigue adelante a todo vapor.

FMP: Experiencia vital y literaria. Parece que, en tu ser, han ido de la mano a lo largo de toda tu existencia. En la Universidad de Nuevo México, fuiste alumno de Ramón J. Sender; más tarde, colega, amigo y traductor de Ángel González; tu nombre, Tony Mares, coincide con el nombre del protagonista de Bendíceme, Última (Antonio Márez), de Rudolfo Anaya, la novela nuevomexicana por antonomasia (no me olvido de tu primer nombre y algún día te preguntaré sobre la importancia de llamarse Ernesto)…Recuerdo que un día me contaste una anécdota de tu juventud que no se me ha ido de la cabeza. Andabas de estudiante en la Universidad, intentando decidir qué querías hacer con tu futuro, cuando, un día, entraste en la biblioteca central de la Universidad. Miraste hacia todo el mar de libros y a la gente estudiando en silencio. Saliste al jardín del campus inmediatamente y miraste a todas las chicas hermosas que estaban sentadas en la hierba, en grupos o solas, leyendo un libro a la sombra de un árbol. Volviste a entrar en la biblioteca y te preguntaste: “Tony, ¿es esta la vida que quieres llevar?” Me consta que has llevado (y llevas) una vida plena, entre libros pero también llena de experiencias vitales enriquecedoras. Cuéntanos qué experiencias literarias y qué experiencias vitales han influido más e influyen, todavía, en tu literatura y en tu forma de vivir.

TM: Voy a responder a estas preguntas pero, primero, déjeme hablar un poco de mi actitud frente a la educación.  Nada puede igualar el ambiente del hogar si la familia es inteligente y aprecia la educación. Mis padres querían una educación universitaria pero los terribles años de la depresión mundial les cortó esa posibilidad, aunque los dos sí obtuvieron más educación en sus años maduros.  Mi padre era maquinista, mi madre, secretaria en una unión de obreros. Él cumplió casi dos años de estudios universitarios y mi madre hacía varios estudios, leía muchísimo, y resultó ser una de las periodistas para una publicación de obreros. Menciono todo esto porque el ambiente casero era uno de mucho discutir, pensar, debatir, de todo – de la política, de la religión, de las guerras, y un sinfín de cosas. Es decir, sin necesidad de mencionarlo, mis padres demostraron un ambiente culto de leer, reflejar, y considerar opciones de ganar el pan.  Aun antes de salir de la escuela secundaria, mis hermanos y yo trabajábamos, como se dice aquí “con la pica y la pala” en proyectos de construcción. Pronto aprendimos que la educación universitaria nos daría más posibilidades en el futuro. Lo resultado es que mi hermano más menor es un músico sobresaliente, el menor es profesor de biología y dirigió el museo de historia natural en la universidad de Oklahoma, y ha ganado muchos honores.  Entonces resulta que yo, el mayor, aunque educado en varias universidades, aunque con el doctorado en Historia de Europa, nunca me sentí de veras en mi casa en el mundo de la educación organizada. Yo diría esto: para ganar el pan es bueno tener una educación formal, si uno no nace rico.  Pero hay que tener en cuenta que la universidad generalmente existe para mantener el status quo de las instituciones y organizaciones de la educación. Es decir, con raras excepciones, la universidad no existe para promover la creatividad artística.

Por ejemplo, yo de joven estudiante graduado, de veras creía, como ingenuo, casi como simplón, diría yo ahora, que las universidades creían en la educación multidisciplinaria. En la mayoría de los casos es mentira. Si uno quiere estudiar al nivel avanzado, por ejemplo, algún aspecto de la historia de España y la música griega de la misma época, y si uno tiene la gran fortuna de encontrar una universidad donde se puede tomar cursos o asistir a conferencias de crédito académico en esos dos campos, pronto descubrirás que, si estás metido en un departamento, una “disciplina,” como se dice, entonces estudiar en otro departamento quita dinero al primer departamento. En el caso más negativo, la universidad puede ser un batiburrillo de intereses creados. Todo esto viene a decir que si uno tiene una gran curiosidad para entender algo del mundo, para contribuir algo a ese mundo, pues hay que desplegar las velas de tu barco y lanzarte al mar siempre incierto de la creatividad.

Ahora bien, no todos tenemos buen ejemplo de educación en la casa.  Entonces, claro, se necesitan buenos maestros para estimular a los estudiantes a aprender. Mucho más fácil decirlo que hacerlo, lo sé.  Pero quiero decir algo aquí.  Para mí, hay un conflicto horrible en el capitalismo que no se puede resolver.  El sistema capitalista requiere una masa de consumidores de productos. Pues, esa masa necesita a lo menos un nivel mínimo de educación para convertirse en seres consumidores. Si la educación inspira demasiado análisis, hace demasiadas preguntas, pues ese camino pudiera dar a otras maneras de ajustar la logística económica a las necesidades humanas más profundas que el consumo. ¿Pensar? ¿Hacer análisis? ¿Entender y cambiar el mundo? ¡Qué horror!  Al mismo tiempo, cada uno de nosotros, a mí se me hace, con la música, con el arte, con la literatura, con la ciencia, y a todo vapor y con la vela izada en nuestro propio barco, podemos hacer algo, algo, como dice mi amigo Nasario García, para no perder el tiempo para nosotros y para el mundo que nos queda.

Entonces, sí he llevado, y llevo, una vida plena de pensar, reflexionar y escribir.  He trabajado como obrero, como camarero (mala experiencia para los comensales), de camionero, de burócrata en varias agencias de salud y educación, de conservador de museo, de maestro y profesor en varias escuelas y universidades. He aprendido mucho, naturalmente, en estos empleos.

Mas como escritor, como poeta, he aprendido más dando un paseo por la calle, viajando en autobús por España y Portugal, caminando a pie por la ensenada de Cook en Alaska, que en cualquiera clase universitaria, con algunas buenas y raras excepciones, naturalmente.

Las influencias literarias en mi vida han sido plurales y de muchas fuentes. He leído mucho de la literatura española de todos los siglos. Algunos que especialmente me han influido, por supuesto, los grandes como Cervantes, Lope de Vega, Góngora el poeta, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, y el gran anónimo que escribió una de mis novelas favoritas, Lazarillo de Tormes. Entre los más recientes, los novelistas Benito Pérez Galdós, Valle Inclán, Ramón Sender, y un sinfín de poetas contemporáneos y casi contemporáneos.  Nomás voy a mencionar a Antonio Machado, Neruda, Vallejo, Lorca, León Felipe, Jaime Sabines, Miguel Hernández, José Hierro, Blas de Otero, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Luis Montero, y muchos, muchos más.  Claro, no hace falta mencionar a Ángel González.

Voy a pasar por alto algunos escritores en español que todo el mundo ha leído y también los escritores norteamericanos, de los cuales he leído “un montón,” como decimos aquí, de estos poetas y novelistas.

En el mundo chicano literario, hay tantos buenos escritores, incluso muchos que yo conozco personalmente, que no quiero mencionar algunos y así excluir a otros.  Entonces me limito a mencionar solamente tres de estos escritores. Rudolfo Anaya, que es, como tú lo expresas, el novelista sobresaliente nuevomejicano y de mucha fama y que yo aprecio, como decimos aquí, porque es buena gente. Por pura casualidad, el protagonista de su novela famosa se llama Antonio Marez. Y me gusta el personaje. Otro escritor, poeta que debiera recibir más atención, es mi viejo amigo Leroy Quintana, que vive ahora en California. Finalmente, quiero mencionar un gran pensador y filósofo nuevomejicano a quien también se debiera leer más, Tomás Atencio.

Para el porvenir, que nunca llega, como decía Ángel González, he comenzado una nueva colección de poesía lírica.  Vamos a ver a dónde llega.  Mientras tanto, vivir y vivir, gozar de la vida y dejar que los demás vivan y gocen también.

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Nuestras tazas de café han sido rellenadas varias veces. La camarera, bilingüe como el estado de Nuevo México y como la realidad que rodea el barrio de Barelas, en Albuquerque, se ha dirigido a nosotros en inglés, primero, y en español en cuanto ha escuchado algunas de nuestras palabras. He notado que así actúa al acercarse a cada mesa. Ninguno de los dos teníamos muchas ganas de levantarnos pero, al final, hemos pagado a la entrada y nos hemos despedido con un abrazo. He esperado a que Tony llegara hasta su coche y he disfrutado la última sonrisa que me ha concedido mientras el acelerador de su camioneta nos alejaba espacialmente en la cuadrícula callejera de la ciudad de Burque.

 

La Escuela Oficial de Idiomas de Valdemoro

Camino desde casa y, cuando salgo de la rotonda para comenzar el descenso de la avenida de Hispanoamérica, me encuentro frente a dos de mis edificios favoritos en Valdemoro. A mi izquierda se encuentra la biblioteca municipal Ana María Matute y a la derecha el centro educativo que alberga la Escuela de Música, la Escuela de Adultos, la UNED y la Escuela Oficial de Idiomas (EOI). Puede que haya personas que den por sentado que esos dos edificios estén ahí, formando parte del paisaje urbano de Valdemoro. Sin embargo, yo no dejo de recordarme que ambos son dos victorias de nuestra democracia. Dos victorias que, estoy seguro, no fueron fáciles. Dos victorias que, estoy seguro, no se consiguieron sin alguna cicatriz en el camino. Dos victorias que saboreo mientras desciendo hacia el edificio en mi camino al trabajo.

La misma institución de las Escuelas de Idiomas representa un gran logro dentro de la historia de la educación en España. Tras la pérdida de las últimas colonias americanas (Cuba y Puerto Rico) y Filipinas, en 1898, el gobierno español debía responder a la crisis intentando preparar a los españoles para que estos pudieran integrarse en el nuevo mundo del siglo XX. En 1907, se creó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas; en 1910 se inauguró la famosa Residencia de Estudiantes, donde, pocos años más tarde, se conocerían Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí; y en 1911, se creó la Escuela Central de Idiomas en Madrid.

Dos objetivos destacaban a la hora de establecer esta institución: el primero, asegurarse de que estuviera abierta a todos, hombres y mujeres (es en 1910 cuando el ministro Julio Burell abre las puertas de la universidad a la mujer), jóvenes y adultos, con independencia de su profesión y su clase social; querían además que los estudiantes pudieran compatibilizar sus estudios de idiomas con otros estudios, con el trabajo o con la universidad; el segundo objetivo era conseguir que la institución se convirtiera en un centro de pedagogía superior donde se pudieran formar los futuros profesores de lenguas vivas en todos los centros oficiales.

La Escuela de Idiomas de Valdemoro se abrió a comienzos de la última década del siglo XX, dentro de la época de mayor expansión de la red nacional de EOIs, que en la actualidad supera las doscientas cincuenta escuelas. Comenzó compartiendo edificio con el instituto Villa de Valdemoro. A los pocos años de su creación, con el traspaso de competencias educativas a los gobiernos autonómicos, pasó a depender de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid (Educamadrid), con lo que la EOI de Valdemoro es una de las cerca de treinta escuelas que hay en la Comunidad de Madrid.

Hay que entender que las Escuelas de Idiomas pertenecen a la enseñanza pública, lo cual permite (bien por precios, bien por el sistema de becas) estudiar idiomas extranjeros a todos los ciudadanos hasta conseguir un alto nivel de competencia en las cuatro destrezas lingüísticas: comprensión lectora y auditiva y expresión oral y escrita. Ningún otro país del mundo ofrece a sus ciudadanos un sistema de enseñanza de las lenguas extranjeras con estos parámetros. En otros países las universidades o centros privados pueden ofrecer un sistema similar pero nunca tan asequible económicamente. Y los Ayuntamientos o los Gobiernos de otros países pueden ofrecer clases de idiomas extranjeros a precios asequibles pero siempre se quedan en niveles de principiantes. Solo en España, las Escuelas de Idiomas ofrecen un sistema asequible con una continuidad hasta los niveles más altos.

En 2001, el Consejo de Europa publicó un informe exhaustivo sobre cómo se aprendían y se enseñaban los idiomas: Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación. En él analizaba las necesidades de un estudiante de idiomas, las destrezas que se requieren para aprender bien una lengua y las tareas que una persona que hable, escuche, lea o escriba en una lengua extranjera debe saber llevar a cabo con éxito. A partir de este estudio, se establecían seis niveles de conocimiento de las lenguas extranjeras, empezando por el A1, pasando por el A2, el B1, el B2, el C1 y terminando con el C2, un nivel de maestría para el que se necesita un conocimiento y un dominio de la lengua extranjera propios de académicos universitarios.

Las Escuelas de Idiomas pronto supieron adaptarse a estos niveles establecidos por el Consejo de Europa y prepararon una serie de niveles y de exámenes para que los estudiantes pudieran llegar al nivel B2, que sería el necesario para que una persona pueda moverse con comodidad en su lengua extranjera a la hora de relacionarse personal y laboralmente en el día a día del siglo XXI. Un estudiante que supera el nivel B2 es capaz de desenvolverse con comodidad en una entrevista laboral en el idioma extranjero, a la hora de leer cartas, prensa y literatura contemporánea y a la hora de ver cine y televisión de los países donde se habla esa lengua.

En las Escuelas de Idiomas son conscientes, sin embargo, de que una lengua va siempre más allá, de que el mundo laboral internacional es cada vez más competitivo, de que hay que seguir preparando al profesorado de idiomas extranjeros de nuestros hijos y, por eso, en la Comunidad de Madrid, a partir del curso 2016-2017, se van a ofrecer cursos oficiales del nivel C1. De hecho, en abril de 2016, las Escuelas de Idiomas van a realizar pruebas de examen del nivel C1 para el personal docente de enseñanzas no universitarias de la Comunidad de Madrid con el objetivo de poder certificar oficialmente a aquellos profesores que ya tengan dicho nivel.

Los idiomas más populares son el inglés, el francés y el alemán. Aquellos alumnos que quieran estudiar otros idiomas (incluso español como lengua extranjera) pueden informarse sobre qué Escuelas de Idiomas de la Comunidad de Madrid ofrecen dichas lenguas. En la Escuela de Jesús Maestro en Madrid, donde la oferta de idiomas (hasta veintidós diferentes) y de cursos monográficos es mucho más amplia, se ofrece, por ejemplo, ruso, italiano, griego moderno, chino…

La Escuela de Idiomas de Valdemoro ofrece clases de francés e inglés en horarios de mañana y tarde y clases de alemán en horarios de tarde. Los cursos académicos se desarrollan en estos momentos a razón de dos sesiones de dos horas y media semanales, de octubre a mayo, consiguiendo así, ofrecer a sus estudiantes un número de horas anual superior al que recomienda el Consejo de Europa para poder adquirir el conocimiento y el dominio de todas las destrezas de la lengua. En junio, se llevan a cabo los exámenes finales y en septiembre, se examina, además, a todos aquellos alumnos que quieran obtener los certificados oficiales de las Escuelas de Idiomas de forma no presencial.

Pero, para los más de 700 estudiantes anuales de la EOI de Valdemoro, estudiar una lengua extranjera de forma presencial es mucho más que ir a clase. La EOI organiza actividades culturales que enriquecen la experiencia lingüística a lo largo del curso escolar. En los últimos años se han llevado a cabo viajes a Berlín, a Irlanda y a Gran Bretaña; se ha colaborado con el Ayuntamiento de Valdemoro y con los cines de la localidad para proyectar películas en versión original; se han organizado conciertos, monólogos y conferencias en los diversos idiomas que se estudian en la escuela; se organizan anualmente concursos literarios y artísticos que fomentan no solo la lectura y la observación sino que, además, propician el que los estudiantes desarrollen su creatividad en la lengua extranjera.

Para poder matricularse en la Escuela de Idiomas de Valdemoro, hace falta tener, al menos, catorce años y tener aprobado 2º de la ESO, en el caso de alemán y francés, y dieciséis años, en el caso de inglés. La preinscripción es normalmente en primavera y es, entonces, cuando los alumnos pueden solicitar acceder a un nivel superior a través de una prueba de nivel. Toda la información necesaria sobre fechas de preinscripción y matrícula, así como las programaciones y objetivos anuales de cada curso e idioma y las actividades culturales organizadas por la EOI de Valdemoro a lo largo del año académico, pueden encontrarse en la página web del centro: http://www.eoivaldemoro.es/.

El curso que viene, la Escuela de Idiomas de Valdemoro cumplirá veinticinco años. Será un buen momento para celebrar que nuestra localidad tiene el lujo y el privilegio de gozar de un centro educativo público y de calidad donde poder adquirir una lengua extranjera y donde poder aprender un poco más sobre el mundo que nos rodea. No cabe duda de que nuestra EOI es un edificio con unas vistas maravillosas al mundo del siglo XXI.

Artículo con fotos.

Dual Immersion Programs within Bilingual Education in the US and Spain

Since it began to shape up around 1850, both in the USA and in Spain, Public Education has been the most important democratizing force and the most powerful socioeconomic equalizer in the history of these two countries. Once it got started, its first important challenge was becoming completely free and truly universal. It hasn’t been an easy task. Getting that accomplished entails a serious social effort and an enormous government investment. In exchange, though, Public Education has provided both countries with great doctors, lawyers, engineers, scientists and, above all, with great law abiding citizens, people who understood that differences should be solved through dialogue and respect. Public Education has mainly brought about harmony, peace, progress and beauty to our societies.

The contents that should be taught at school have always been discussed and argued about. Old plans tended to concentrate on teaching the kids as many facts and data as possible: students should learn how to spell correctly; they should study the capitals of the world, all the rivers and their tributaries, every single important date in history, multiplication tables… Those plans seemed to work well for our new industrial societies and the children who were not good at school still had a good opportunity in life by working in a manual trade.

The end of the 20th Century and the beginning of the 21st Century brought three new challenges to our Public Education systems. For starters, enjoying a true universal Public Education system means having a big portion of kids at school who are not good at learning all the information taught through the old plans. Besides, our post-industrial societies don’t make it easy for students to drop out of school and learn a manual trade any more. There are not enough of such jobs. Enjoying a true universal Public Education system also entails accepting lots of kids with a limited (or none whatsoever) command of the English language, in the case of the United States. We are talking about the fastest growing population. We are talking about 1 every 9 students in 2008; but the US Census predicts that they will make up 40% of the school population by 2030[1].

The second new challenge brought some solutions for the first one: the presence of computers and all kinds of electronic devices in every nook and cranny of our current lives makes it easy for the students. They no longer need to memorize all the information, they can quickly find it in their screens; word processing programs correct their spelling for them and calculators take seconds to find the most difficult square root. It will no longer be necessary to study all the contents by heart. It was not all that useful for most students, anyway, since most of the memorized lessons were soon forgotten. However, students must now be trained to become computer literate. They have to be taught how to tap all that information from the right sources.

What should we teach our students then if we want them to (1) lead a successful life (whatever they decide “successful” means) and (2) take care of us when we get the chance to retire? If contents seem to be easily forgotten and they can quickly be found on the Internet, if students are not likely to work on many factory lines in the future, if the future citizens are likely to move around the world and the world markets in the same way the previous generations moved around their country, it makes sense that the 21st century Public Education systems leave most contents aside and concentrate on developing the right skills in the students. Most skills are likely to remain with us all our lives: tying our shoelaces, using cutlery and scissors, typing, riding a bike, swimming, listening to others, taking turns when discussing with others, working in teams, critical thinking, using your imagination, respecting others’ opinions, playing a musical instrument… All those above are very important skills to be learned.

Raising our kids to be bilingual might be one of the best skills we can teach them from a very early age. Raising our kids to be bilingual and to create a bilingual and multicultural society can help us to live in a better world since learning other languages and about other cultures raises people’s awareness about the others. Raising our kids to be bilingual can help students who start school with a poor command of English to succeed academically and therefore professionally[2]. Raising our kids to be bilingual will help our children to compete in the world markets of the future.

Neither Spain nor the States have a great reputation for learning foreign languages. In Spain, since English has become an international language, Spaniards have been making a great effort to learn this language. First there was a transition, since French used to be the foreign language everybody studied in Spain up to the early 1980s. Once English became the most popular foreign language in Spain, until the 21st Century, students studied mainly grammar and vocabulary and the listening comprehension skill and the oral expression skill were rarely taught at school. Every generation has proven to have a better command of English than the previous ones but there is still a long way to go if we compare ourselves to many European countries. At the turn of the century, most Comunidades Autónomas (the regional governments upon which Public Education depends) started Escuelas bilingües (bilingual schools) in their territories. At these schools, English was taught or used as the primary language to teach other content subjects during nearly 50% of the school time. Then secondary school Escuelas bilingües were created so that students could keep learning English (and in English) up to their senior year in high school.

Escuelas bilingües are normally popular in the community and they soon get very high enrolment rates. Public schools could become Escuelas bilingües if their School Board decided so. The school faculty normally has control over the school board so it is the faculties that normally make such important decision. If the faculty of a school has a large number of veteran teachers who studied French when they were younger, for example, it won’t be easy for a school to become an Escuela bilingüe. Once the school decides to become bilingual, the school administration has to send an application to the regional government. If the application deadlines are met, the regional government will be likely to accept the application and that school will begin as an Escuela bilingüe the following academic year. If teachers wish to participate in the bilingual program of that school, they will need to have the right University degree or they will need to get the bilingual endorsement (acreditación bilingüe). They are normally required to have a B2 level of proficiency in English, which is not so easy for many teachers to achieve at the moment.

Elementary Escuelas bilingües don’t usually have a non-bilingual strand; as a result, if students start in one of these schools and they decide that they don’t want to continue in a bilingual class, they have to change school to do so. In the Secondary school Escuelas bilingües there are normally two strands, a bilingual one and a non-bilingual one. A ‘tracking effect’ sometimes takes place at this level and the most successful students tend to end up in the bilingual strand whereas the ones who are not so successful tend to go to the non-bilingual strand. ‘Tracking’ has seldom proven to be positive for students.

In the United States, Bilingual Education has become a negative term over the years[3]. Many people, including educators, have associated the word “bilingual” with those students who have a limited command of English[4] and the main goal of bilingual education has become to teach English to those students.[5] If those students lost their mother tongue while learning English seemed quite convenient for many people.[6] These educational trends have proven fatal to many US students, who, as a result, have dropped out of school or have failed to meet the high school graduation requirements.

It was observed that if you teach a kid in a language which is not same as the one they speak at home, their cognitive, linguistic and academic development is interrupted and therefore, they fall behind and they are not likely to catch up with the norm group during the following school years. After some research, some Canadian schools started Dual Immersion programs, in which students were instructed in two languages throughout their elementary education. Some schools in the US decided to follow the Canadian example. It seemed to work well with the students with limited English proficiency. In the schools where there was a large population with the same language (Spanish, for example), students would start Kindergarten receiving 90% of the instruction in Spanish and 10% in English. The following year it would be 80% and 20%. The following year would be 70% and 30% respectively. The students would finish their elementary school receiving 50% of the instruction in English and 50% in Spanish. That way, their cognitive, linguistic and academic development wouldn’t be interrupted and students in these programs end up getting better results than the norm group. Some other schools just have a 50-50 model in which students receive 50% in English from the very first year[7].

Dual Immersion programs can be one way or two ways. One-way programs are the ones in which all the students, or most of them, speak the same language. Two-way programs are the ones in which you have a nice share of students whose home language is one of the two languages of the program and another nice share of students who speak the other language. You can have one-way programs in schools in which most students are Spanish speaking or in schools in which most students are English speaking. Two-way programs are much more interesting and successful[8]. If the program is, for example, with Chinese and English, the Chinese speaking children will be the models for the English speaking kids and viceversa.

Dual Immersion programs are very popular in Texas, New Mexico and California but they are rapidly spreading all over the States. School districts normally have the power to decide if they wish to create Dual Immersion programs in their schools. Financing, personnel administration, curricula creation, the bad reputation of bilingual education in the States and national and local politics are normally the main obstacles a school has to overcome in order to make their Dual Immersion programs successful. Finding teachers with the appropriate certification is not easy, either. Many teachers have a good command of the second language but they don’t know how to teach content areas and content areas teachers don’t normally speak the second language well. Dual Immersion schools normally have two strands so children can choose to be part of the Dual Immersion program. Schools with Dual Immersion programs are more or less popular depending on how well they implement such programs.

Spanish Escuelas bilingües have programs and use many teaching techniques which are very similar to Dual Immersion programs. Dual Immersion programs are leading the way within Bilingual Education in the US and Spain. However, it is not only a matter of choosing these programs for our kids. It needs the support of the whole educational community. There must be a social demand for these models, there must be a strong institutional and governmental support, the curricula must be customized for every community, the right teachers and the right administrators must be hired. Teachers and administrators need a great deal of professional development courses. There should be a comprehensive follow up of the implemented programs and research on the topic should be an ongoing part of the process.

Dual immersion programs can be very successful. We are actually receiving outstanding results yet the challenges are not a few. Thus far, it seems that these models are quite solid in Elementary Education but there is still a long way to implement the right programs in Secondary school and in Higher Education. Funding is a key matter; believing in the programs and helping the rest of the community believe in them is another one. Both public and private education should embrace these programs so that our children can be raised in a bilingual and multicultural society.

If Public Education succeeds in this endeavour, this will help Public Education face the third challenge of the 21st Century: its own existence. In a time in which the efficiency of every public service is being questioned, proving that Public Education is successful might allow us and our next generations to enjoy such a democratic privilege.

Bibliography

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[1] Ortiz, Arlene U. & Woika, Shirley A., “Teaching to the Letter of the Law,” en Language Magazine, vol. 12, No. 11, Topanga, California, (July 2013), p. 24.

[2] Nancy Cloud, Fred Genesee y Else Hamayan, Dual Language Instruction: A handbook for Enriched Education Heinle & Heinle Publishers, Boston, 2000, pp. 9-49.

[3] Sacchetti, Maria and Jan, Tracy, “Bilingual law fails first test – Most students not learning English quickly,”The Boston Globe (21 de mayo de 2006).

[4] Chitester, Deborah, “Bilingual Comprehension,” Language Magazine, vol. 8, No. 2, (Octubre 2008), pp. 23-24.

[5] Baker, Colin, Foundations of Bilingual Education and bilingualism, Multilingual Matters Ltd, New York, 2006, pp. 188-211.

[6] Jim Cummins, Empowering Minority Students, California Association for Bilingual Education, Sacramento, 1989, pp. 21-34.

[7] Virginia P. Collier & Wayne P. Thomas, Educating English Learners for a Transformed World, Fuente Press, Albuquerque, 2009.

[8] Virginia P. Collier & Wayne P. Thomas, Dual Language Education for a Transformed World, Fuente Press, Albuquerque, 2012, p. 75.