Entrevista con Nauzet Hernández

Cuando Nauzet Hernández tenía diez años, se encerraba en la habitación de sus padres a oscuras, encendía el equipo de música, colocaba en el giradiscos el vinilo de Beethoven que le había traído su padre de uno de sus viajes, lo ponía a todo volumen, se acostaba en la cama de matrimonio y se ponía a disfrutar. A gozar. Escuchaba la música y sentía cómo se estremecía cada una de las partes de su cuerpo. A tan temprana edad, se consideraba un privilegiado porque era consciente de que no todo el mundo podía obtener ese placer cuando escuchaba música. Ahí tumbado, soñaba con que algún día compondría música que en el futuro pudiera estremecer a un niño, o a muchos niños, de la forma que Beethoven lo había estremecido a él.

Unos cuantos años más tarde, Nauzet Hernández dirige una empresa, eFectrix, que crea música para la televisión (Hora punta, El programa de Ana Rosa, Supervivientes…). Se siente afortunado. Es posible que no haya cumplido el sueño del Nauzet de diez años, pero es consciente de que ese sueño era importante entonces, pues le ayudó a ser quien es hoy en día. Ese sueño le permitió mantener una relación de por vida con la música, con todos los placeres y con todos los sinsabores que nos puede aportar una relación, y ese sueño le condujo al momento en el que se encuentra, viviendo de la música que compone, concibiendo, diariamente, nuevos retos artísticos y comerciales.

Nacido en Tenerife, Nauzet llegó a Valdemoro hace diez años. Aquí vive con su esposa desde entonces. Aquí nació su hijo. Aquí ha encontrado un buen lugar donde vivir.

¿Cómo y cuándo comenzó tu afición/gusto/pasión por la música?

Hay que tener en cuenta que el folklore canario sigue muy vivo y hay mucha gente joven interesada en mantenerlo vivo. Recuerdo que, desde niño, mi familia materna y mi familia paterna se juntaban con frecuencia para hacer fiestas y allí nunca faltaba alguien que tocara una guitarra o una bandurria y siempre había música tradicional canaria tocada y cantada en vivo. Supongo que este hecho contribuyó a mi afición temprana por la música. Según cuentan mis padres, desde muy pequeño, cantaba entonando muy bien las canciones de anuncios y demás canciones que veía en la tele. La verdad es que no hay un punto de partida del que yo fuera consciente, pero recuerdo que, a eso de los seis años, ya iba a clases de órgano.

¿Estudiaste órgano durante muchos años? ¿En qué consistió tu formación?

Estudié órgano durante unos años, la verdad es que no recuerdo cuántos. Sé que antes de cumplir los diez ya estaba estudiando en el conservatorio y terminé haciendo saxofón, canto y piano. Cuando cumplí los diecisiete, me entró la curiosidad por la armonía moderna. He pasado por géneros tan conocidos como el pop o el rock y, hoy en día, sigo indagando acerca de la composición de música más enfocada al cine y a la televisión.

La música te ha dado muchas satisfacciones.

Ahora, en algunas ocasiones, maldigo la música. Me da rabia conocer tantos aspectos del mundo de la música. Me fastidia haber escuchado tanta música. Echo de menos el placer que sentía cuando escuchaba música en mi infancia. Entonces… todo era nuevo. Yo estaba aprendiendo y no entendía los procesos, los recursos, las razones de los músicos para componer como componían. En mi aprendizaje, tenía muchísimas preguntas. Ahora tengo demasiadas respuestas, entiendo cómo se hace y por qué se hace así y me divierto menos. Ahora entiendo las razones de Beethoven. Ahora entiendo muchas de las razones de Miles Davis, otro músico que, en su momento, me fascinó también. En cierto sentido, hacerse mayor no es bueno para un músico. Ya no disfrutas las cosas como la primera vez. Ya no tienes las emociones tan nuevas. Le pongo música a mi hijo de cuatro años y cada cosa que le pongo es nueva para él. Pero yo ya no siento igual. Fíjate, no me gustaría que mi hijo se dedicara a la música. He tenido fases de mi vida en las que la música me ha atormentado. Para mí, la música es cultura. Y, sin embargo, la música acaba prostituyéndose. Acaba convirtiéndose en puro entretenimiento y abandona a la cultura. Para mí, eso es triste porque yo me dedico a la música.

Háblanos de algunos de los grupos a los que has pertenecido o con los que has colaborado.

Nombrar colaboraciones, producciones o actuaciones en directo con cada uno de los grupos o proyectos que han pasado por mi carrera sería casi imposible. Incluso sería incapaz de acordarme de todo. Atrás quedan proyectos tan distantes como Lacara, mi primer proyecto de rock cuando llegue a Madrid; o mi colaboración con grupos folklóricos como la agrupación de música popular canaria Los Sabandeños; o mi trabajo con Mad Division, un grupo madrileño que fusionaba rap y reggae.

Ahora trabajas en televisión. ¿En qué consiste tu trabajo?

Nos dedicamos a cubrir todas las necesidades musicales de productoras que hacen programas de televisión. Hacemos sintonías para cabeceras, fondos musicales para ambientar cualquier tipo de situación, ráfagas de sonidos, entrada y salida de invitados, posproducción de audio, reparación de audios de grabaciones en exteriores… un sinfín de cosas de las que, muchas veces, el telespectador no se percata, pero que siempre están ahí y, a la vez, son imprescindibles para la producción de los programas.

¿Te consideras un músico original?

Creo que en España tenemos una asignatura pendiente con el tema del sonido de la música que grabamos. No es una cuestión de que lo hagamos bien o mal, sino que tenemos nuestra propia escuela y nos resulta difícil salir de ahí. A veces pienso que todos los discos que se hacen en España suenan igual. A Italia le pasa algo parecido. Escuchas discos grabados en otros lugares y todos tienen conceptos novedosos de cierto interés. Pero, en España y en Italia, estamos un poco estancados. Y a la gente como yo, que intentamos hacer algo diferente, nos cuesta mucho porque acabamos trabajando con gente de aquí que está acostumbrada a ese tipo de sonido. Aunque aquí usemos los mismos compresores que se utilizan en Estados Unidos, aunque se use el mismo tipo de mesa de mezclas, los mismos micrófonos, el mismo cableado, por mucho que queramos imitar el equipo técnico, al final, el ingeniero español tiende a dejar las cosas muy limpias. Y, sin embargo, el ingeniero de sonido estadounidense, que representa el estándar de la industria, busca mayor sencillez, utiliza técnicas menos rígidas, suena todo más suelto, más natural… y eso es muy difícil de encontrar en una grabación española. Apenas experimentamos. Hay incluso grupos españoles que se van a grabar al extranjero y luego se vienen a mezclar aquí con su ingeniero de toda la vida y todo acaba sonando igual. Esto puede verse también en el tipo de música que yo hago, en la música para televisión: las cabeceras, las entradas de invitados, las salidas… suena todo muy similar. Sin embargo, si ves, por ejemplo, el programa de MasterChef, que debe seguir el formato que viene de Estados Unidos a rajatabla, te das cuenta de las diferencias. En MasterChef, las cámaras deben obedecer a la secuenciación de los planos establecidos por el programa. Aunque el equipo técnico sea español, debe seguir unas pautas. No pueden inventar nada. Gran parte de la música viene de una biblioteca de sonidos preconcebida y creada para el programa. Escuchas esos sonidos de MasterChef y te das cuenta de que están a otro nivel. Yo lo siento diferente. Mi objetivo, cuando hago música, es no parecerme a otro. Quiero conseguir ese efecto, quiero alcanzar esa diferencia. Me gustaría que el director de ese programa se percatara de que está trabajando con un producto diferente. Para mí, es una búsqueda constante de ideas.

¿Has trabajado para el cine? ¿Te gustaría componer bandas sonoras?

He trabajado en algunos cortos. Posiblemente, en estos momentos, lo que más me gustaría es componer música para el cine. Pero es muy complicado. Los directores de cine trabajan siempre con la misma gente. Los entiendo. Si yo fuera director de cine, también jugaría sobre seguro, pediría consejo a colegas del oficio para que me recomendaran a los compositores en los que se puede confiar. Los directores de cine arriesgan con otros aspectos de la película, pero con la música no se la juegan. No sé si es porque no le dan a la música toda la importancia que le deberían dar o porque se la dan y no quieren jugársela. Por eso es muy difícil. Trabajar como compositor de bandas sonoras sería posible si comenzara a componer con alguien que empieza como director. Y, si esa película funcionara, ya podrías continuar como compositor para otros realizadores.

¿Hay algún compositor de bandas sonoras que te guste en especial?

John Williams. Por ejemplo, el tema de ET, la banda sonora es brutal. Ya no queda gente así. Sobre todo, porque no estamos preparados como él. Ese tipo de compositor que se sienta al piano junto al director, este le explica una escena y Williams se pone a tocar para él. Y, luego, me encanta cómo pasa las melodías y las ideas del piano a la orquesta sinfónica. Hoy en día, ya no se sienta el compositor con el director para componer una banda sonora. He visto hace poco la película Del revés, de Pixar, me gustó mucho la película y la banda sonora me pareció especial.

Háblanos de Pianet.

Pianet es un proyecto muy personal. Sé que nunca va a pasar nada, pero lo hago para que quede ahí. Para que mi hijo pueda guardarla y pueda enseñársela a mis nietos. Al principio, no tenía ni nombre. Yo estaba componiendo algo para la tele y, de repente, había una idea, un riff de piano, algo que me pareciera interesante y lo guardaba. Creé una carpeta con todas esas ideas que guardaba en el escritorio del ordenador. Y, el día que estaba más inspirado, me ponía un micrófono delante y comenzaba a cantar melodías sobre lo que tenía grabado. Y, lo típico, llegaba algún colega músico al estudio, se fijaba en la pantalla de mi ordenador y me preguntaba qué tenía en esa carpeta del escritorio. «Nada, chorradas», le decía yo. Lo escuchaban y me decían que les gustaban, que les parecían muy interesantes. Me fueron animando y acabé grabando un disco, un EP, con cinco, seis canciones, en mi estudio y lo colgué en las plataformas digitales. Esto fue en 2015. Luego, un amigo que tiene una productora de vídeo me viene y me dice que grabemos unos vídeos con las canciones. Ensayamos las canciones, fuimos al estudio de un colega que tiene un espacio más grande y grabamos el disco en imágenes. Y esos vídeos se los mandé a mis colegas para que los vieran. A partir de ahí, me llegaron varias propuestas de agencias de management. Una de ellas llegaba de Miguel Corral, de December Management, que son lo que llevaban a los Sunday Drivers. Miguel movió el material y, al final, grabamos un disco con Warner e hicimos una gira por toda España, que incluyó varios festivales. Fue una gira de año y medio. El último concierto lo dimos en diciembre de 2017 en Bilbao. El disco lo publicamos en junio de 2016 y se titula Watercolor. Tiene diez canciones y dos movimientos de piano. Nos grabaron un concierto en Radio 3 que emitieron por televisión. Ahí dejamos el proyecto aparcado por el momento. Sé que seguiré componiendo música como Pianet, pero no tengo tan claro si me gustaría ir de gira.

¿Cómo concibes tus conciertos?

Hace unos años, fuimos a un concierto de Ben Howard en el circo Price. Pagamos unos cuantos euros por cada entrada y nos imaginábamos que la sala iba a estar vacía. En ese momento, Ben Howard no era un músico popular y hacía música muy personal. Me llevé una grata sorpresa cuando nos encontramos con el circo Price de Madrid lleno de gente que había pagado un buen dinero para ver a un músico que a mí me gustaba. Fue un gran concierto y deseé que Pianet fuera algo similar. Que tuviera un público sin tener que hacer concesiones al mismo. Pero, hoy en día, es muy difícil. La industria acaba arrastrándote hacia lo comercial. Además, los festivales han reventado la industria del directo. Hay muchos grupos en España que lo hacen bien, pero no pueden hacer una gira. No pueden vivir de su música. Un festival cuesta el doble de lo que cuesta la entrada para ver un grupo en una sala, pero en el festival puedes ver ese grupo y treinta más. Sin embargo, en un festival, el público no va a verte a ti. Van a ver a todos los grupos. Y esto desvirtúa la música.

¿Cuáles son tus próximas metas?

No tengo una meta. Yo todos los días me coloco en la casilla de salida. Tengo un trabajo que me da muchas satisfacciones. Tiene una parte comercial que no me gusta, pero que es imprescindible para poder llevar a cabo la parte creativa. Entre la familia y ese trabajo se me va la vida. Pianet es un buen ejemplo. No sé cuándo lo voy a continuar. No sé siquiera si lo voy a continuar… Intento ser feliz en cada momento. Eso es lo que me ha importado siempre. La felicidad me ha llevado por donde voy ahora. No por donde iban mis sueños. Antes sacrificaba mucho tiempo de mi vida social, de pasar tiempo con los amigos, por la música. Porque creía que la música me podía dar más que un amigo y, ahora, pienso todo lo contrario. Creo que mi hijo, que mis padres, que hay gente que me aporta mucha más felicidad que la música. Me siento afortunado por poder dedicarme a lo que me gusta, pero, ahora mismo, mis prioridades son otras. Si ahora pudiera elegir una vida perfecta, tal vez decidiera volverme a Tenerife, cerca de los míos, viviendo al lado del monte para que mi hijo creciera cerca de la naturaleza y de su familia. Allí compondría en mi estudio y mandaría mis composiciones a Madrid por internet. Así tendría una vida más tranquila. Pero, luego, lo pienso y aquí estoy bien. Llevo ya siete años con la empresa, me va bien, mi hijo crece a gusto en Valdemoro, tiene aquí a sus amigos… Tenemos la vida aquí y quién sabe si mi vida perfecta en Tenerife sería tan perfecta como la imagino…

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Merece la pena escuchar las canciones de Pianet y pueden encontrarse fácilmente en internet. Pertenecen a ese tipo de producciones artísticas que tienden a recomendarse más con el boca a boca y menos frecuentemente a través de una radio-fórmula. Son melodías que no pasan inadvertidas. Nauzet y yo salimos de la cafetería donde nos hemos entrevistado y partimos en direcciones opuestas. Durante nuestro desayuno, hemos reflexionado sobre el artista y su creación, sobre la caducidad del artista, sobre la relación, de placer y dolor, entre el creador y su disciplina artística, sobre el derecho, y la obligación, que todo ser humano tiene a buscar su propia felicidad.

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Entrevista con Manuel Blanca

Esta es la historia de un músico. De un trovador trabajando por un sueño. De un joven cantautor que tocaba por los clubes y teatros de Madrid y que estuvo a punto de publicar su primer disco con Warner. Finalmente, decidieron no firmar el contrato y el protagonista de nuestra historia se vino abajo. Tras un periodo de decepción, se abrazó a lo que tradicionalmente llamamos una vida «normal»: formó una familia, tuvo tres hijos, trabajó en la empresa familiar y, veinte años más tarde, decidió volver a intentarlo. Pero, esta vez, nuestro músico, un guitarrista autodidacta con muchas historias que contar, había redefinido su concepto de éxito. No había en esta redefinición renuncia alguna. El objetivo final era el mismo: tocar el cielo a través de la música. Sin embargo, toda frustración quedaba eliminada porque el recorrido – cada concierto, cada canción, hasta cada acorde- se convertía en parte del éxito buscado. Esta es la historia de un músico. Esta es la historia de Manuel Blanca.

Manuel nació en Madrid y pasó gran parte de su infancia en Parla. En un momento dado, una oportunidad laboral de su padre llevó a toda la familia a pasar un par de años en Argentina. Fue toda una experiencia. Manuel lleva con su «chica» desde los dieciocho años. Cuando ella estaba estudiando la carrera y él intentaba despuntar como artista se fueron a vivir juntos al centro de Madrid. Era el sitio ideal hasta que tuvieron su primer hijo. En 2003, su mujer abrió una escuela infantil en Valdemoro y decidieron mudarse a nuestra localidad.

Supongo que el cambio del centro de Madrid a Valdemoro fue tremendo.

Tenía todo el sentido del mundo. Vinimos aquí con un niño y teníamos claro que queríamos más hijos. Mi mujer montó una escuela infantil en Valdemoro y mudarnos aquí haría nuestra vida mucho más fácil. Nos gustaba Valdemoro. Yo estoy encantado aquí. Es una vida muy tranquila. Nos gustó tanto que, al final, se vino toda mi familia para Valdemoro: mis padres, mis hermanos…

¿Cómo comenzaste en el mundo de la música?

Estás ahí, con quince años. Estás jugando al fútbol, estudiando informática y, de repente, aparece tu padre por casa con una guitarra que le ha tocado en una tómbola. Es el momento de tu vida en el que empiezas a escuchar música, en el que te empiezan a gustar unos grupos u otros. Estamos hablando de los años ochenta y yo me empapaba de toda esa música. Te ponías Los 40 Principales y ahí salían todos los grupos. Empecé a mostrar interés por la guitarra. Mi padrino trabajaba en el cine Carretas y, un día, un señor mayor, un buen guitarrista según parece, le regaló una guitarra. Una guitarra de calidad. Y Miguel, mi padrino, pensó en mí. De tocar con la guitarra de la tómbola a tocar con esa guitarra, cambió todo. Era una maravilla.

En Parla, por donde vivíamos, no había academias para aprender música, pero, un día, en una de las revistas que mi madre tenía por casa, vi un anuncio de un curso de guitarra y le pedí a mi madre que me lo comprara. Empecé con La cucaracha y Cielito lindo. Dejé el fútbol y la informática y convencí a los amigos del barrio de que nuestro futuro estaba en la música. A mí me empezó a gustar escribir. Con los primeros acordes, me surgieron ideas para las primeras canciones. Entre los cuatro amigos que empezamos en el primer grupo dijimos: «A ver, ¿quién va a ser el cantante?». Hicimos pruebas y dijeron: «Venga, pues canta Lolo». Me tocó cantar y así empezó todo.

Luego, lo fueron dejando todos, por una razón o por otra, y me quedé solo, pero seguí tocando. Componía, tocaba la guitarra y cantaba. Vi que podía seguir adelante yo solo. En otra revista, esta más de música, vi un anuncio y, a partir de ese anuncio, empecé a tocar en los teatros. Estudié un poquito de guitarra eléctrica, intenté hacer solfeo, pero casi todo lo que he hecho ha sido bastante autodidacta. Tengo un problema: me pongo a estudiar y, en cuanto descubro un acorde nuevo, mi cabeza comienza a componer una canción en torno a ese nuevo acorde. No tengo paciencia para ponerme a estudiar.

Cuando estaba tocando por los teatros, llegué a grabar una maqueta. Había muy buenas sensaciones. La maqueta llegó a manos de Teo Cardalda, de Cómplices, y Teo estuvo moviendo mi música con Warner. Al final no salió nada. No vieron nada comercial, supongo. Me dio un bajonazo y decidí cambiar de vida.

Te da el bajón y aparcas la música en tu vida.

Sí, hasta hace cuatro años, que volví a ponerme con la música otra vez. Con otra gente, pero, sobre todo, en solitario. Tengo un primo que toca el violín y, un día, durante uno de sus conciertos en la Sala Galileo, me invitó a acompañarle con la guitarra en una de sus canciones. Y me dije: «Aquí es donde quiero estar». Decido ponerme a tocar canciones, a componer y en mi cabeza surge ese disco que tengo pendiente. Y me lanzo de vuelta a mi carrera musical. Hace un año publiqué ese disco. En este momento se titula. Es un disco con ocho canciones. Tampoco tenía dinero para más. Tuve que hacer un crowdfunding, con amigos y conocidos, a los que estaré eternamente agradecido. Entre ellos, Miguel y Cristina, que son los que más han aportado. Todavía tengo pendiente con ellos esa deuda. La gente ha respondido muy bien con el disco. Me lo piden de muchos sitios, lo vendo en los conciertos. Yo estoy muy contento con la respuesta que está teniendo.

En abril de 2017 conocí a las hermanas Ana y Marta Contreras, unas managers de Almería, C & C Group, y firmé con ellas un contrato de representación y, gracias a ellas y a mis contactos, van saliendo cosas. Ahora ellas me ayudan también con las redes sociales.

Cuando comenzaste con la música no existían esas redes sociales. Imagino que habrás notado grandes cambios a la hora de promocionar tu música con respecto a tu primera época.

Ahora tenemos esa suerte. Las redes sociales han revolucionado la promoción de los artistas. Antes te conocía tu grupo de amigos, se podía ampliar un poco el abanico, pero, sin el apoyo de una multinacional, era muy complejo llegar al gran público. Para mí salir en una radio fórmula o en la televisión es muy complicado. El boca a boca es fundamental y saber utilizar las redes es muy importante.

Muchos garitos están aprendiendo a promocionarse a través de los medios sociales también. Hay una parte de tu clientela a la que le gusta escuchar música en directo y, si decides llevar a artistas a tocar, debes promocionarlo. Es una forma de atraer a más clientes, de crear el ambiente adecuado para que la gente que acude a tu bar se convierta en una comunidad. Hay locales que le sacan mucho partido a los conciertos que organizan. Hoy en día, puedes grabar el concierto y, a través de un dispositivo para conectar con Facebook, puedes, incluso, retransmitir el concierto en directo.

Las redes sociales acortan las distancias, pero suponen, también, una pérdida de proximidad.

Es cierto. Nada es perfecto. Yo tengo la suerte de que, durante mis conciertos, hay gente que me graba, que me hace fotos y luego las sube a las redes. Me encanta porque luego puedo colgarlas yo. Me escribe gente desde México, de Argentina, de Colombia, de muchos sitios porque me siguen a través de esos vídeos. Pero hay una parte de mí que dice, no grabéis, disfrutad del concierto… Si grabas muchas canciones, te estás perdiendo el directo. Estás viendo todo a través de una pantalla.

¿Qué cuentas en tu disco En este momento?

Yo soy muy romántico. Hablo mucho de ese amor. En los créditos, pongo que en el disco van a encontrar amor, desamor, imaginación y cerveza. Yo absorbo un poco de todo. Me pongo a hablar con un amigo, me cuenta sus cosas y, de mi imaginación y reflexiones, puede salir una canción. En el disco hay historias que me han contado, que me han pasado a mí. La historia de la canción Un Pinocho sin Geppetto es un poco más triste, más personal; otra canción comienza tomando una cerveza. Habla de algo que echo mucho de menos: la época anterior a los móviles, cuando quedábamos a charlar y no dependíamos del wasap que nos llegara. Ahora, con tantos mensajes, al final no quedamos.

Has sacado ya varios vídeos de algunas canciones del disco.

El primero fue de la canción Una vez más, el primer single del disco. Era la canción que, en ese momento, me gustaba más. Es una canción muy popera, con una guitarra española y un solo un poquito más eléctrico. Yo digo que hago «cantapop». Luego saqué el vídeo de Un Pinocho sin Geppetto, un vídeo que monté yo solo. Se puede ver en mi canal de YouTube. Estamos toda la familia en la playa. Son unas vacaciones que tuvimos en Francia y salen imágenes de los niños cuando eran pequeños. La historia de la canción, que espero que no suceda nunca, contrasta bien con esas imágenes.

Hace un par de meses filmamos el vídeo para la canción No supe amarte. Lorena García Barrena (Lust for Art Producciones), una amiga de Barcelona, se vino con Álex López por Valdemoro un fin de semana para filmar el vídeo. Filmamos en el parque de las Bolitas del Airón, en las escaleras de la Fuente de la Villa y en alguna otra localización de Valdemoro. A la hora de hacer los vídeos siempre cuento con buenos amigos. Los dos primeros fueron un poco más caseros. Para No supe amarte, además de apoyarnos en una productora, contamos con la colaboración de la actriz Déborah Guerrero.

Tengo pendiente otro vídeo para la canción El alma y la piel, que me gustaría filmar en Gran Vía, con muchos amigos y con lenguaje de signos.

Hay muchos artistas de nuestra generación que están decidiendo sacar, como tú, su primer disco a los cuarenta años.

Es la crisis de los cuarenta (Manuel sonríe). Llegamos a los cuarenta y nos preguntamos: «¿Qué quiero hacer en la vida? ¿Qué he hecho en mi vida?» Unos se separan, otros se ponen a viajar, yo quise hacer este disco y, por eso, lo titulé En este momento. Mucha gente se pone a pensar cuando llega a los cuarenta y se dice: «He sido feliz en mi vida, pero ¿qué me falta?» A mí, me faltaba sacar mi disco.

Y, de momento, la publicación de En este momento solo me ha reportado muchas satisfacciones. Me acuerdo cuando José Antonio Abellán presentaba Tocata en los años ochenta. Recuerdo que llevaba allí a mis grupos favoritos: Duncan Dhu, Hombres G, todos los grupos de los ochenta que tanto han influido en mi música. Recientemente, José Antonio Abellán me llamó por teléfono y me entrevistó en su programa de radio. Mi música ha sonado en la radio. Esas son las satisfacciones que meto en mi saco.

Creo que, cuando un artista publica un disco a los cuarenta años, puede aportar muchas cosas que no podía aportar cuando tenía dieciséis o dieciocho años. Las canciones que escribía con dieciséis años no las podría escribir ahora. Las canciones que escribo ahora no las podría haber escrito cuando era un adolescente. Ahora tengo tres hijos, uno de ellos con diecisiete años. Es cierto que ahora no puedo vender cierta imagen, propia de la juventud, que tanto cautiva en la música pop. Ahora puedo ofrecer algo totalmente distinto. Ahora puedo vender madurez.

Continuas, sin embargo, con tu sueño de juventud de triunfar en el mundo de la música.

Me encantaría vivir de mi música, pero no sé si me gustaría perder mi anonimato. Me gusta subir al escenario pero, una vez abajo, quiero seguir siendo la misma persona, cercana a mis amigos. Estoy en un momento en el que me podría dedicar también a componer temas para otras personas. Hago canciones que podrían cantar muchos artistas españoles del momento. Tal vez podría vivir componiendo música para otras personas y eso guardaría mi anonimato. Ya no soy el chaval de veinte años que, cuando Warner le dijo que no estaban interesados, se vino abajo. Entonces tenía sueños de juventud, tocar en las grandes plazas, triunfar en todos los lados. Ahora disfruto llenando esas salas donde toco. Sin mayores pretensiones. Cada éxito llega con el trabajo. Con la tenacidad. Estamos hablando de un mundo muy complicado. Hace falta talento, suerte, constancia.

Durante todo 2017 has presentado tu disco por toda España. ¿Tienes planeado publicar un segundo disco?

Voy estrenando canciones en los conciertos. Las voy mejorando. Desde que publiqué el disco, he escrito muchas canciones y algunas me gustan más que las del disco. Las cuelgo en la red, las canto en directo. Si tienen buena respuesta, veo que son canciones que se pueden llevar a un disco. Sin embargo, esto tiene su inconveniente. Si el público ya conoce esas canciones, cuando son publicadas en un disco, ya no son una sorpresa.

También es verdad que, una vez que te metes a grabar una canción, le das otras vueltas. Aparecen nuevas ideas. Eso sí, mi disco es muy sencillo, tiene muy pocas parafernalias. No me gusta meter muchas cosas para poder defender las canciones yo solo. Meto cosas sencillas: un bajo, un violín, algún solo.

Grabé En este momento en Lasting Noise Studio. Mi intención era grabar con todos los músicos tocando a la vez. El que uno grabe la batería un día, otro el bajo otro día a mí no me gustaba. Quería que grabáramos todos a la vez. Fue una semana intensa, un periodo de creación maravilloso, donde estás viendo cómo se va gestando tu obra. No cabe duda de que me gustaría volver a vivir esa experiencia.

Has comentado que a mucha gente le gusta escuchar música en directo. ¿Qué ofrece Manuel Blanca en sus conciertos en vivo?

A mí me gusta mucho Pedro Guerra. Me gusta cómo logra que la gente colabore en los conciertos. Procuro que mis conciertos sean personales, tengan un toque de cercanía. La gira del disco fue de enero hasta junio 2017. El último concierto fue en junio. Quería despedir la gira de una forma original. A la entrada del concierto, la gente que vino a verme escribía su nombre en un papel y metía el papel en una cajita. Antes de tocar cada canción, sacaba un nombre de la cajita e invitaba a esa persona a subirse al escenario a cantar conmigo esa canción. En un momento dado, salió el nombre de mi madre y cantamos juntos El alma y la piel. Fue muy especial. Hubo también momentos divertidos, cuando la gente no se sabía bien la canción e intentaba seguirme encima del escenario.

Creo recordar que le pedí a mi mujer que se casara conmigo en un concierto (sonríe).

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Podemos escuchar muchas de las canciones de Manuel Blanca en YouTube; el 22 de febrero grabará un especial para el programa TVE es música de Televisión Española. Pero, es posible que, para poder conocer a Manuel Blanca en estado puro, ese tipo estupendo tocando su guitarra, debamos acercarnos a su página web y cerciorarnos de cuándo y dónde es su próximo concierto en directo.

Oscars 2017

Acabo de ver Moonlight, la última película nominada que me faltaba. Mi voto sigue siendo para Comanchería, de David Mackenzie. También me encantó Captain Fantastic. Como no está nominada a mejor película pero  Viggo Mortensen sí que lo esta como mejor actor, mi voto va para él.Viola Davis debería ganar el óscar a la mejor actriz secundaria, aunque no entiendo por qué no está nominada al oscar a la mejor actriz principal.

I have just watched Moonlight, the only nominated film I hadn’t watched yet. My vote still goes to Hell or High Water, by David Mackenzie. I also loved Captain Fantastic. Since it is not nominated for Best Film but Viggo Mortensen is for Best actor, my vote goes to Viggo. Viola Davis should get the oscar too. I don’t understand why she has not been nominated for Best Actress in leading role.

 

Entrevista con Reyes Martínez Hernández

Conocí a Reyes Martínez en la presentación de su último libro juvenil, Diseña a tu familia. Pincha AQUÍ, en la biblioteca Ana María Matute de Valdemoro el pasado diciembre. La sala estaba repleta de gente. Todos con ganas de arropar a la escritora. Había muchos niños acompañados de sus padres. Se notaba que Reyes era querida en la sala. Isabel Mesa, la representante de la Concejalía de Cultura en el evento, presentó a Reyes como a alguien de la casa. Comenzó mostrando una diapositiva en la que Reyes, para su sonrojo, tenía la misma edad que los niños allí presentes. Podía verse el cariño que Isabel tenía por la autora. Y es que Reyes Martínez, a pesar de los años que lleva viviendo en Gijón por motivos laborales, sigue siendo una mujer, una escritora de la casa, resultado del último tercio del siglo XX de la villa de Valdemoro y fruto, en gran medida, del trabajo y la acción cultural valdemoreña de los últimos años del milenio anterior. No obstante, Reyes fue, durante muchos años, la hija de la bibliotecaria de Valdemoro y tengo la sensación de que vivió de cerca muchas de las iniciativas culturales de su madre.

En la actualidad, concilia como un superhéroe de cómic sus labores de madre de tres hijos, su trabajo como técnico de rayos X (eso también da superpoderes, seguro) y su gran afición por la escritura. Reyes Martínez ha publicado, hasta la fecha, cuatro libros infantiles, dos libros juveniles y tres novelas policíacas para adultos.

Normalmente, la carrera literaria de un escritor no comienza con la publicación de su primer libro. Tú publicaste tu primer cuento infantil en 2011. Háblanos de la escritora Reyes Martínez desde sus comienzos hasta diciembre de 2011, cuando ve la luz tu Candela y el misterio de la puerta entreabierta.

Desde niña me gustó escribir. Cuando en séptimo de E.G.B. se lo dije a Carmen, mi profesora de Lengua, ella me animó muchísimo. Los lunes por la mañana recuerdo que teníamos que entregar una redacción, con una extensión determinada. Y a mí me costaba ajustarme a aquella extensión.

Después me pareció que la de escritora no era una profesión muy segura y me decanté por otras cosas, pero siempre tenía entre manos cartas o cualquier cosa que me permitiese escribir.

Fue en verano de 2010 cuando mi hijo mayor, que entones tenía siete años, me pidió que escribiera un cuento para un amigo suyo que se marchaba a vivir a Vigo. A partir de ahí, era como si hubiera abierto un grifo. Me surgieron tantas ideas que tenía que sacarlas de algún modo y entonces surgió Candela.

Y Candela ha sido la protagonista de cuatro de tus libros infantiles. Háblanos de este personaje.

Candela es una niña curiosa, atrevida, soñadora, fuerte y con gran corazón. El problema es que siempre está metida en líos, tanto si los busca como si no. Le ocurren cosas « extrañas ». Sus amigos ya la conocen y le permiten prácticamente todo.

No siempre se le ocurre la solución a sus problemas y mucho menos a la primera, así que tiene que tirar de su pandilla para conseguirlo. Valora la amistad, casi por encima de todo, y ellos lo saben. Es intrépida, alocada, valiente… Tiene un pequeño punto de rebeldía que provoca la mayor parte de sus problemas. Según mi madre, es igualita que yo de pequeña; no estoy de acuerdo… del todo.

Entiendo que primero te publicaste el primer libro tú misma pero que, luego, una editorial se sintió atraída por los libros de Candela. ¿Cuál ha sido tu experiencia con estas dos modalidades de publicación?

Al principio fue como una aventura. La sensación de tener en tus manos un libro que lleva tu nombre… en fin, es indescriptible. Me decidí por la autoedición porque en aquel momento las editoriales con las que me puse en contacto no querían ningún escritor novel. Lo podía haber intentado con alguna más o esperar un poco, pero me pudo la impaciencia y me decidí por Círculo Rojo, que es una editorial que trabaja con autoediciones y me gustó la seriedad, el trato, el precio y el resultado final.

La editorial Bambú, de Casals editorial, decidió apostar por Candela y el misterio de la puerta entreabierta cuando llevaba agotadas cuatro ediciones y, posteriormente, se interesaron por Candela y el rey de papel – por cierto, fue gracias a uno de sus comerciales de la zona norte de España, José Manuel, al que le llamó la atención el libro y quiso ponerse en contacto conmigo; a veces, la suerte está donde menos te lo esperas…-

En mi opinión, cualquiera de las dos modalidades, siempre que compense, es buena. Con la autoedición tienes la limitación de tener que hacer también de distribuidor, pero la cantidad que se gana por libro es mayor. Si una editorial apuesta por ti, tienes la ventaja de que llega a muchos más rincones, pero la cantidad que se gana es menor. Las dos maneras tienen ventajas e inconvenientes. Depende de la meta que cada uno se proponga. 

Por lo visto, no solo tienes cosas que contar a los más pequeños. En 2014, publicas tu primera novela para adultos. Una novela policíaca titulada El arcano número 13. Y la protagonista es otra mujer, Sara Benítez.

Sí, la novela negra es un «capricho». Yo empecé a escribir por mi hijo mayor, que es un lector insaciable y, después, intenté dar forma a algunas ideas que me surgían sobre el género que a mí me gusta, que es la novela policíaca. Así surgió El arcano número 13. Como bien dices, la protagonista es la inspectora Sara Benítez, que está totalmente complementada por el inspector Leandro Gómez. Ella se muestra escéptica ante cualquier tema que no pueda demostrar y, sin embargo, él es más abierto a lo intangible. Ella es la razón y él, por así decirlo, la fe. Entre los dos forman un equilibrio perfecto. Son dos personajes que dan mucho juego. De hecho, la novela que acabo de publicar es una secuela y tiene a los dos inspectores como protagonistas de nuevo.

Estás hablando de tu tercera novela para adultos, El primer pecado, un libro que está a la venta desde hace tan solo unas semanas. ¿Qué nuevos alicientes nos ofrece este libro?

Sí, es la tercera novela para adultos y que podría considerarse secuela de El arcano número 13. Se trata de un nuevo caso para la inspectora Benítez y el inspector Gómez, aunque en esta ocasión me los traigo a Gijón. En esta novela, quería un ambiente menos agresivo que el que puede ofrecer Madrid, debido a la diferencia de población, entre otras cosas, y quería también homenajear, de alguna manera, a una ciudad que me ha acogido con los brazos abiertos. Me hacía mucha ilusión hablar de la zona donde vivo y donde me muevo: incluso hablo de gente a la que conozco y a la que tengo especial cariño. Además, voy a continuar con estos dos personajes porque, aparte de que dan mucho juego, digamos «que me caen bien» ja, ja, ja.

Supongo que vas siguiendo el crecimiento de tu hijo mayor y es, por eso, por lo que los dos libros anteriores a esta última novela policíaca están clasificados dentro de la literatura juvenil. ¿Qué retos se te presentaron a la hora de escribir Siete formas de perder el pelo (2015) y Diseña a tu familia. Pincha AQUÍ (2016)?

Desde luego, las novelas juveniles fueron las más difíciles de escribir para mí, porque enfrentarse a adolescentes, aunque sea en el papel, es todo un reto. En Siete formas de perder el pelo me encontré con que la editorial con la que publico los libros infantiles me proponía aumentar la edad a algún libro destinado a los alumnos de la ESO. Tras muchos intentos, me di cuenta de que la mejor manera de llegar a ellos era a través de la fantasía o a través del enfrentamiento a los problemas sin que se note que se están enfrentando a ellos. Los dos libros juveniles tratan sobre temas que pueden preocupar a los adolescentes en algún momento, pero trato de llevarlos con mucho humor, dinamismo y, eso sí, con «moraleja». Para mí, un libro que no aporte nada a un niño o a un adolescente es un libro desaprovechado. Creo que cualquier momento es bueno para inculcar en los jóvenes unos valores que puedan poner en práctica en el futuro.

Para terminar el repaso a toda tu bibliografía, nos queda hablar de tu segunda novela para adultos, Me llamo Roberto. ¿Qué proponías a los lectores en este libro?

Tengo que confesarte una cosa. Me llamo Roberto fue la primera novela que escribí tras Candela y el misterio de la puerta entreabierta, pero, cuando se la di a leer a mi familia, mi hermana me dijo literalmente: «Muy bien, pero no tiene ni una sola descripción». Y tenía toda la razón. Me había centrado en la trama, en que no chirriara, en los nombres y fechas y, en mi cabeza, sabía perfectamente cómo eran los personajes y los escenarios, pero al lector no se los proporcionaba en ningún momento. Así que, mientras me ponía a trabajar en ella, escribí El Arcano número 13 fijándome mucho más en esos detalles.

En Me llamo Roberto intento exteriorizar mi repulsa ante la violencia de género, pero siempre dando un poco de esperanza. Los niños sufren tanto como el que recibe el maltrato y, además, se les está dando una lección equivocada sobre lo que es una familia, esté compuesta de la manera que sea. Hay personas que se encargan de que los niños superen este tipo de situaciones y esa será, en la novela, la labor de Clara, una asistente social que, de pronto, se ve metida en varios casos similares al mismo tiempo.

Tu capacidad de trabajo es extraordinaria. ¿Cómo consigues conciliar tu trabajo, tu familia y la literatura?

Conciliar, lo que se dice conciliar… A veces tengo la sensación de dejar todo a medias, de que no llego a ninguna de las cosas que hago. Luego, cuando las termino, la satisfacción es mayor. Siempre digo lo mismo, cuando se quiere hacer algo, se hace. Simplemente se da prioridad a una u otra cosa. Por ejemplo, yo tengo la suerte de dormir poco y eso me deja algunas horas más que ocupar.

Hay dos frases que me molestan y que intento no decir, aunque a veces se me escapan. Una es «no tengo tiempo» porque soy de la opinión de que, cuando dices «no tengo tiempo», en realidad estas diciendo «no tengo tiempo para esto en concreto». Y la otra es «no puedo», porque creo que, de entrada, no debemos limitarnos con la palabra. Hay que mirar siempre hacia delante.  

Estoy totalmente de acuerdo contigo: hay una serie de frases hechas y usadas con bastante frecuencia que nos limitan, en muchísimos sentidos, por el mero hecho de decirlas. Muchas personas son conscientes del poder de las palabras de los otros y olvidan la gran influencia que tienen sobre nosotros mismos las palabras que salen de nuestras bocas de forma casi automática. Me gustaría que mi última pregunta fuera todo lo contrario, que supusiera una declaración de intenciones sobre tus metas a corto y largo plazo. Háblanos de cuáles son tus proyectos literarios más inmediatos y de dónde te gustaría estar literariamente (que no virtualmente) dentro de diez o veinte años.

Proyectos literarios tengo varios. Como escribo para niños, adolescentes y adultos, suelo tener varias ideas que van tomando forma según mi estado de ánimo. Ahora mismo, tengo una novela policíaca que sería continuación -o al menos con los mismos personajes- de El primer pecado, y tengo casi terminada la quinta entrega de la saga de Candela. También ando documentándome sobre el acoso escolar para una novela juvenil. Me parece muy interesante que los chavales sepan a lo que se enfrentan y cómo hacerlo.

Me preguntas dónde me gustaría estar literariamente dentro de unos cuantos años. La verdad, me encantaría estar en todas las librerías del mundo (Reyes se ríe, con ganas, de su propio comentario). Al menos, soñar es gratis y me lo puedo permitir. Simplemente, me gustaría poder vivir de lo que escribo. Sobre todo, por poder dedicarle mucho más tiempo. Ahora mismo, el resto de mis obligaciones no me lo permiten.

Como mínimo, me veo (con toda seguridad) con el boli en la mano y escribiendo y escribiendo…

Entrevista con Irene Laguna y Sandra Romero

Cada entrevista va marcando sus hitos correspondientes. La de hoy no es una excepción. Por un lado, estoy sentado enfrente, no de una, sino de dos personas. Por otro lado, se trata de dos de las más jóvenes a las que hemos entrevistado. Sandra Romero e Irene Laguna tienen ambas diecisiete años y fueron campeonas de España de gimnasia rítmica cuando apenas tenían once. Las dos me reciben con una sonrisa. Estas dos valdemoreñas, tan distintas en tantos aspectos, han labrado una bonita amistad de más de diez años gracias a la gimnasia rítmica.

Irene ha terminado la ESO y está haciendo un grado medio. Sandra está estudiando segundo de bachillerato.

¿Cómo y cuándo decidisteis hacer gimnasia rítmica?

Sandra – Yo lo veía en la tele y quería hacer lo que hacían esas niñas. Me ponía a imitarlas. Siempre estaba por ahí dando volteretas. Mi madre me apuntó a ballet, pero a mí no me gustaba. Un día, me puse a llorar y le dije que, hasta que no me apuntara, no dejaría de llorar. No conocía a nadie en Valdemoro que hiciera gimnasia rítmica y ya con cinco años sabía que quería realizar este deporte. Mi madre, al final, me apuntó.

Irene – Yo fui un día al médico y me dijeron que tenía mucha flexibilidad. Me dijeron que valía para la gimnasia. Un día, mi madre me llevó para que lo probara. A mí no me gustaba. Lloraba y le decía a mi madre que no me gustaba. Ella insistió para que, al menos, viera cómo era. Me dijeron que iba a jugar con el aro y con las cintas y así comenzó todo. Tenía seis años.

Enseguida os pusisteis a competir y a ganar competiciones hasta que en 2010 ganasteis nada menos que el Campeonato de España.

Sandra – Irene iba por individual con cuatro aparatos. Yo hacía, además, equipo con ella. Ella quedó primera en individual con la suma de sus cuatro ejercicios. Y, en la suma de mi ejercicio y el suyo, también quedamos primeras por parejas.

Irene – Fue muy bonito. Nuestra entrenadora nos llevó aparte de todas las demás gimnastas y nos dijo que habíamos ganado. Cuando me dijo que era campeona de España, yo no era consciente de lo que eso significaba. A esa edad, yo aún no había cumplido los once años, a mí me daba igual haber quedado campeona o haber quedado la última. No entendía nada.

Sandra – Cuando nos apartó para darnos las buenas noticias, yo pensé que nos iba a regañar porque habíamos hecho algo malo. Antes de que nos dijera nada, Irene y yo nos mirábamos como diciendo: «¡Pero si no hemos hecho nada malo!» Cuando nos dijo que éramos campeonas de España, no entendíamos las dimensiones de esa victoria. Nosotras íbamos a entrenar porque nos gustaba y porque nos lo pasábamos bien entrenando juntas. No era un hobby porque nos lo tomábamos en serio, entrenábamos muchas horas, pero a nosotras lo que nos gustaba era pasarlo bien juntas.

            Ahora, después de unos años es cuando hemos sabido valorar esa victoria en el Campeonato de España. Con once años, no lo sabes valorar.

Irene – Ahora miramos atrás, y decimos: «Jolín, he quedado campeona de España nada menos.» El año anterior, en el campeonato de España de 2009, yo ya había conseguido una medalla de bronce en la final por aparatos de cuerda. En 2011, conseguimos la medalla de bronce por conjuntos. La medalla de oro es algo superdifícil y nosotras lo conseguimos. Ojalá pudiéramos volver a hacerlo.

¿Cómo conciliáis los entrenamientos con vuestra vida escolar y personal?

Irene – Cuando estaba en sexto de primaria, teníamos el viaje de fin de curso y recuerdo que no pude ir porque teníamos el Campeonato de España. En su momento, me habría gustado ir a ese viaje de fin de curso. Ahora no me arrepiento de no haber podido ir. Fue el año que gané el campeonato.

            Conforme te vas haciendo mayor, es más difícil compaginar los entrenamientos con los estudios, pero, si de verdad te gusta, lo llevas bien.

Sandra – Yo ahora entreno en Torrejón de Ardoz y es muy duro porque tardo mucho en ir. Voy en el tren y luego me va a buscar mi padre. En el instituto no hacen excepciones conmigo. Los exámenes son los días que son y hay que aprender a encontrar el tiempo para poder estudiar. Muchas veces me dicen que no es motivo para faltar a clase el que tengas el Campeonato de España. ¡Cuando yo he estado entrenando cuatro horas diarias para estar allí…! Es muy difícil y, a veces, no lo valoran nada.

            Los entrenamientos son unas cuatro horas, cuatro días a la semana. Casi todos los fines de semana hay, además, campeonatos. En Torrejón, en la actualidad, entreno tres horas y media los lunes, martes, miércoles y viernes.

La gimnasia os ha llevado a viajar por toda España.

Irene – La primera vez que monté en avión no lo hice con mis padres. Lo hice con mi entrenadora. Hemos viajado por todo el país y los campeonatos nos han permitido conocer a muchísimas chicas que hacen lo mismo que nosotras y con las que, todavía hoy, mantenemos buenas amistades.

Sandra – Participamos en nuestro primer Campeonato de España en 2007. Teníamos ocho años.  Éramos unas niñas e íbamos solas con nuestra entrenadora. Desde el primer momento, Irene y yo estábamos juntas en la misma clase de gimnasia y, en los viajes, siempre nos ponían juntas. Veía a Irene más que a mi hermano. En el instituto, en los entrenamientos. Irene es, para mí, como una hermana. Llevo con ella toda la vida. Ha estado conmigo en los peores momentos. Se crean unos lazos muy bonitos.

El trabajo y el sacrificio que habéis realizado es extraordinario. ¿Sois conscientes de que sin el apoyo de vuestros padres no habría sido posible?

Irene – Yo he querido borrarme en muchas ocasiones. Volvía a casa cansada de los entrenamientos. A veces, era muy duro. A veces, era frustrante. Mis padres me decían que eso era normal y yo a veces me enfadaba. Ahora lo entiendo. Ellos sabían que el esfuerzo era necesario. Ahora miro atrás y lo entiendo. Mis padres siempre han estado ahí, apoyándome.

Sandra – Mis padres también. Eso sí, nuestros padres no son los típicos padres superprotectores. Ellos entendían que quien algo quiere algo le cuesta. Que, si algo queríamos, teníamos que trabajar duro. Que nadie nos iba a regalar nada. Y menos, en este deporte. Mis padres siempre me han apoyado hasta en los días de bajón.

¿De qué popularidad goza la gimnasia rítmica en España?

Sandra – En los medios de comunicación, no nos hacen mucho caso. El equipo nacional ha sido subcampeón del mundo, bicampeón anteriormente, y nadie nos ha hecho mucho caso. Nadie sabe nada porque solo vende el fútbol. Pero es un deporte muy popular. Este año, en Guadalajara, se ha celebrado la Copa del Mundo y, a las dos horas de abrir las taquillas, se agotaron todas las entradas. No mueve más porque a los medios no les interesa que mueva. Como solo les gusta a las chicas… Pero también hay chicos y tampoco se les reconoce.

            Además, hay otro campeonato, que se llama Euskalgym, que se celebra en el País Vasco, pero que se celebra a nivel internacional. Vienen las campeonas olímpicas a modo de gala. También hay competición. En ese campeonato, lo mismo: la gente se pega por conseguir entradas. Normalmente tiene lugar en pabellones de quince mil, hasta veinte mil espectadores. Las entradas se agotan siempre. Viene gente de todo el mundo para ver a las mejores del planeta. Esos días son una fiesta para la gimnasia rítmica española. Increíble. Verlo es una gozada. Formar parte de ello, inolvidable.

¿Qué lecciones habéis aprendido para la vida gracias a la gimnasia rítmica?

Irene – A tener tiempo para todo. Para entrenar, para estudiar, para dormir, para disfrutar de la familia y los amigos. Aunque, la vida social se hace con las otras gimnastas que conoces en el equipo y en las competiciones.

Sandra – La gimnasia me ha cambiado para todo. Desde muy pequeña, he aprendido a ser independiente. Yo me hacía las maletas para ir de viaje. Aprendemos compañerismo, deportividad… Es importantísimo acercarte a las ganadoras de una competición y darles la mano y la enhorabuena. Si una compañera del equipo falla, fallamos todas, con lo que hay que animar a tus compañeras constantemente.

            En un Campeonato de España, somos de Valdemoro, pero animamos a todos los equipos de Madrid. Luego, cuando hacemos amigas de otras comunidades autónomas, animamos a otros equipos. No las vemos como nuestras rivales. Las vemos como nuestras compañeras. No puedes desear mal a nadie porque sabes que hacen los mismos esfuerzos que tú.

¿Os ha enseñado la gimnasia rítmica a llevar una dieta equilibrada, a tener el deporte como parte de vuestras vidas, a llevar una vida saludable?

Irene – Nuestra entrenadora nunca nos ha exigido una dieta. Sabe que somos responsables y que no vamos a pasarnos.

Sandra – Aprendes a comer sano. Si no comes bien, es más fácil tener una lesión. Hay que saber comer un poco de todo. Nunca nos han prohibido comer bollos. Durante los campeonatos, nuestra entrenadora nos traía bollos para todas. Hay que saber comer. Nunca hemos tenido problemas con el peso.

Tenéis diecisiete años. ¿Cuándo se acaba vuestra vida en la gimnasia rítmica?

Irene – Yo me retiré tras el Campeonato de España individual de 2015, en Pontevedra. Mi entrenadora pensaba que aún podía seguir, pero yo preferí dejarlo ahí. En 2016, me animaron para que me preparara un ejercicio y lo hice a modo de exhibición. Me acuerdo de que todas mis compañeras, en especial Sandra, me apoyaron muchísimo.

Sandra – Yo me estaba planteando el retirarme este año 2016, tras el Campeonato de España en diciembre. Pero, estoy en muy buena forma para mi edad, y he decidido continuar mientras pueda.

            Empecé en Valdemoro a los cinco años. Éramos un equipo fantástico, pero, poco a poco, de mi edad, he quedado yo nada más. Es por eso que tuve que ir a Torrejón, para formar parte de un equipo. Allí, todo el mundo me ha tratado muy bien. Me han apoyado mucho. He aprendido otra forma de hacer gimnasia. Me lo pensé, porque sabía que los desplazamientos iban a ser largos, pero ha sido la mejor decisión que podía haber tomado. Ahora, me sigo sintiendo muy respaldada por mis entrenadoras y, por eso, quiero seguir otro año e intentar volver al Campeonato de España.

Además, las dos tenéis intención de continuar en la gimnasia rítmica como entrenadoras.

Sandra – De momento, me gustaría seguir participando en los campeonatos como gimnasta. Me gustaría, además, sacarme el título de entrenadora y formar a unas niñas como me han formado a mí. Quiero que otras niñas aprendan todo lo que yo he aprendido. Me encantaría llevar el nombre del club de Valdemoro hasta lo más alto.

Irene – Hemos tenido unas entrenadoras buenísimas, aquí en Valdemoro (Charo Ross, Verónica Faraldos, Beatriz Romero y la profesora de ballet, Marieta Álvarez). Una entrenadora es como una segunda madre. Llevan un montón de tiempo diciéndome que me saque el curso de entrenadora. El verano que viene espero sacarme el curso. Son tres niveles. El primer nivel es el más básico y te vale para dar clases en la escuela. Con ese primer curso, veré cómo se me da antes de seguir con el siguiente porque son cursos muy caros. Si me dejan, sería entrenadora del club de Valdemoro. Si no es posible, intentaría dar clases extraescolares en un colegio. Me encantaría entrenar a niñas junto a Sandra.

Sandra –El primer curso cuesta más de mil euros. Son muy caros. Los cursos los organiza la federación madrileña, pero hay veces que debes hacer los cursos en otros lugares de España. Una gimnasta de aquí de Valdemoro tuvo que hacerlo en Valencia. Intentaremos hacer el primer nivel este verano que viene.

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Irene y Sandra terminan recordando esas noches de hotel en las que participantes de varios equipos se juntaban en la misma habitación y forjaban amistades que llegan hasta hoy en día. Podían meterse hasta veinte niñas en la habitación y jugaban al Party o, cómo no, al Twister…

Entrevista con Ronnie Romero

Imagínense el mundo como un enorme puzle de innumerables piezas dispuesto sobre una superficie casi infinita. En ese mundo que yo concibo, hay un sitio para cada uno de nosotros. Un sitio en el que cada uno de nosotros se siente bien, encuentra su lugar, encuentra su razón de ser y hasta de existir. Un sitio en el que brillamos más que en cualquier otro lugar. Un sitio en el que encajamos a la perfección con las otras piezas del puzle que se colocan a nuestro alrededor. Un hermoso emplazamiento dentro de ese enorme rompecabezas donde nuestra única misión es insertarnos sin fricción y sin fisuras. Algunos pensarán que nos estamos adentrando en el mundo de la magia.

A la aldea global conectada a través de las nuevas tecnologías debemos agradecerle muchas ventajas. Gracias al campo virtual que proyecta sobre una pantalla, nos puede ayudar a encontrar, más fácilmente, las coordenadas de nuestro lugar en el puzzle. Este fue el caso de Ronnie Romero al que Facebook, Youtube y Twitter le han ayudado a encontrar su lugar en el mundo. Viviendo en su Chile natal, conoció a Emilia, una chica de Madrid, gracias a Facebook. Conectaron. Emi viajó a Santiago de Chile y, tras un tiempo, decidieron venir a España y vivir en Valdemoro. Ronnie Romero recuerda la fecha exacta de su llegada a nuestra localidad: 2 de mayo de 2009.

¿Qué te pareció Valdemoro a tu llegada?

Vivir en el centro de Madrid tiene sus ventajas, teniendo todo tan cerca, pero a mí me gustan las localidades tranquilas, como Valdemoro. Me recuerda a mi ciudad natal, Talagante, también al sur de la capital de Chile, a unos 35 kilómetros, y con una población similar a la de Valdemoro, unos 65000 habitantes. Son dos ciudades, Valdemoro y Talagante, bien conectadas con la capital. Desde que llegué aquí me encontré supercómodo porque, físicamente, las dos ciudades se parecen mucho y porque la forma de comportarse de los españoles y de los chilenos es muy similar. En Valdemoro, me han tratado siempre muy bien desde mi llegada.

¿Cuándo empiezas a cantar?

Yo empecé muy pequeñito, vengo de una familia con tradición musical. Mi abuelo tenía una big band, que ya no se ven mucho. Él era saxofonista. Bueno, más bien, era multiinstrumentista pero en la orquesta tocaba el saxofón. Mi padre era el cantante. Por otro lado, mi madre cantaba y tocaba la guitarra también… Mi hermano mayor tocaba la batería. Crecí, pues, rodeado de todos esos instrumentos por casa, en mi habitación… Mis padres eran cristianos evangélicos y la música es importante en las ceremonias religiosas. Yo empecé a cantar en la iglesia, con 6 o 7 años.

¿Aprendiste a tocar alguno de esos instrumentos?

Los tocaba todos un poquito. A la hora de componer, siempre viene bien saber para apoyarte en un instrumento, pero nunca me especialicé en ninguno porque, desde el primer momento, me concentré en cantar. Recuerdo con cariño la flauta travesera que me regaló mi abuelo. Fue, tal vez, el instrumento que más trabajé.

¿Cuándo formas tu primera banda?

Creo que tenía unos 14 años. A mi mejor amigo del colegio le dio por aprender a tocar la guitarra. Y resulta que su padre era un gran aficionado del rock clásico. Cada vez que íbamos a casa de mi amigo, su padre nos venía con una canción, con un álbum o con un grupo para que los escucháramos. «Escuchad esto», nos decía. Así conocimos Kansas, Pink Floyd, Toto, Journey… Deep Purple, por su puesto, Rainbow, las bandas clásicas de los setenta y de los ochenta. Recuerdo que escuchábamos mucho a Barón Rojo.

Cuando mi amigo comenzó a tocar la guitarra, nos pusimos a tocar canciones de esos grupos para probar. Comenzamos a hacer versiones de los Whitesnake, por ejemplo. Dio la casualidad de que su hermano tocaba la batería y su primo, el bajo. Así que nos pusimos a ensayar y tocar canciones de Jimi Hendrix, Led Zeppelin… Poco después, se unió otro compañero del cole, que también tocaba la guitarra y recuerdo que llegamos a tocar en un auditorio delante de más de quinientas personas. Creo que nos llamábamos Barracuda. Luego nos llegamos a llamar Bucéfalo. Nombres sonoros para una banda, pero que, con el tiempo y gracias a Internet, descubrimos que otros grupos habían elegido antes que nosotros.

Veo que la música siempre ha formado parte de tu vida.

Sí, pero, hasta que llegué a España, la música era algo secundario para mí, una buena excusa para juntarme con los amigos los fines de semana. A lo mejor conseguíamos un bolo para tocar toda la noche en un sitio y nos pagaban 20 o 30 euros, o nos pagaban las cervezas… Con 17, 18 y 19 años, nos creíamos verdaderas estrellas del rock: tocábamos en garitos de mala muerte y nos pagaban las cervezas por tocar. La gente aplaudía y estaba bien.

Pero la familia no te deja continuar. La familia no te dice: «Sí, sí, tú dedícate a la música rock y sigue haciendo conciertos como los que haces». No, la familia sabe que no vas a poder vivir de eso. Así que me puse a estudiar Ingeniería Forestal y luego me puse a trabajar. Hice de todo menos trabajos relacionados con mi ingeniería… Trabajé cortando el césped, trabajé en una carnicería, acarreando carretillas de arena en una obra, en lo que fuera… Tenía 22 años, tenía un hijo y había que buscarse la vida. Empiezas a abandonar el mundo de la música porque vas dejando de tener tiempo para ese hobby. Nos conformábamos con poder juntarnos en el local un fin de semana y ensayar un par de temas.

Cuando llegas a España, ¿tenías la intención de dedicarte a la música?

Para nada. Llegué aquí para buscarme la vida. En Chile, tenía un buen trabajo pero me vine aquí para estar con Emi. Me traje unos ahorros pero vine a trabajar de lo que saliera. Trabajé de comercial, pintando pisos y de un montón de cosas más.

Yo seguía haciendo algo de música los fines de semana pero nada serio. Gracias a los vídeos que colgaba en Youtube, empezaron a ponerse en contacto conmigo para cantar de forma más profesional. Aunque estuve poco tiempo trabajando con él, uno de los primeros que me llamó para trabajar fue Jero Ramiro, que ha tocado con Saratoga, Ñu y Santa.

Y, de repente, te encuentras trabajando con Armando de Castro, el mítico guitarrista de Barón Rojo.

Se nos ocurrió formar una banda tributo al grupo Rainbow, hacer conciertos con sus canciones y ganarnos un dinero. Yo llamé al baterista de mi grupo, Lords of Black, y un día nos dicen: «ya tenemos un guitarra». Recuerdo ese día perfectamente. Quedamos en el local de ensayo y cuando llegué me encontré allí con Armando de Castro. Cuando era niño yo solo escuchaba dos bandas en español: Barón Rojo, de España y Rata Blanca, un grupo de Argentina. A nosotros, de jóvenes, escuchar rock en español se nos hacía siempre muy raro pero Barón Rojo era especial. Recuerdo que el primer disco que me compré con mi dinero fue el Volumen Brutal de Barón Rojo.

Así que llego al local de ensayo y me encuentro con uno de mis ídolos. Y tuve la suerte de trabajar con él en esta banda tributo a Rainbow durante dos años. Armando lo hacía genial porque tiene un sonido muy Ritchie Blackmore. Iniciamos este proyecto tributo, que se llamaba Rising, y tocamos en festivales importantes, en diversas salas en Madrid. A la gente le gustaba mucho. Decían que mi voz se parecía mucho a la de Ronnie James Dio. Creo que teníamos un sonido bastante fiel a los Rainbow de los primeros años. Hasta que me llamó Ritchie…

Tuve que decirles que ya no podía cantar con ellos en los próximos conciertos previstos con la banda, pero no podía decirles el porqué.

Cuéntanos cómo se puso en contacto contigo el mismísimo Ritchie Blackmore, legendario guitarrista de Deep Purple y el creador de la banda Rainbow.

Eran las ocho y media de la mañana y estaba haciendo unas prácticas en la Concejalía de Juventud, aquí en Valdemoro. Tenía mi teléfono móvil a un lado. De repente, me llega una notificación de Twitter. Dice: «Candice Knight te sigue en Twitter». A mí ya me sonaba el nombre. Miré su perfil y vi que, efectivamente, era la mujer de Ritchie Blackmore. Pensé que sería otra persona con una cuenta falsa o algo así. Y, a los cinco minutos, me llega un mensaje privado de ella. «Hola, soy Candice Knight, la mujer de Ritchie Blackmore. ¿Sabes quién es? Hemos estado viendo vídeos tuyos en YouTube interpretando canciones de Rainbow y estamos bastante impresionados. Ritchie se pondrá en contacto en un ratito. Le gustaría hablar contigo».

Recuerdo que lo primero que hice fue llamar a Emilia y miré a mi alrededor. Yo creía que todo era una broma y que me estaban filmando para un programa de televisión o algo así. Me puse a buscar para ver si veía alguna cámara escondida.

Esto fue en mayo de 2015.

Sí. Al rato, me escribió un mensaje Ritchie Blackmore. Candice me ha venido a contar que Ritchie ya casi había abandonado la idea de continuar el proyecto Rainbow pues no encontraban el cantante idóneo. Pero ella siguió buscando por ahí hasta que dio con los vídeos que yo tenía colgados en YouTube. Era un proyecto muy especial tanto para Ritchie como para Candice. Así que Ritchie se puso en contacto conmigo en mayo y me invitaron a cenar juntos en junio.

¿Dónde queda a cenar Ritchie Blackmore para una situación como esta?

Fue gracioso. Me dijo que nos debíamos conocer en Munich, en Alemania. Yo no había estado nunca allí, con lo que miré en Internet lugares que visitar, ya que iba a estar allí unos días. Llegué al aeropuerto y me vinieron a recoger en una furgoneta. Nos alejamos de Munich, una hora y media o así. Todo esto con desconocidos, sin ningún rastro de Ritchie. Me llevaron a un sitio perdido entre las montañas hasta que llegamos a un castillo del siglo XV, reconvertido ahora en un hotel.

Yo me bajé de la furgoneta como un niño que va por primera vez al cole. Ilusionado. Nervioso. Hasta ese momento, todo podía ser todavía una broma. Y justo en ese momento, escucho un silbido. Miro arriba y, en la ventana de una de las torres, veo a Ritchie Blackmore. «Vale, es él», me dije, «de momento, vamos bien». Me llevaron a mi habitación y, enseguida, él tocó en la puerta y se presentó. Golpeó la puerta, yo la abrí y recuerdo que lo primero que me dijo fue «lo conseguiste». Me presentó a la mujer, a la suegra, a los hijos, a toda la familia que andaba por allí. A la media hora, quedamos abajo para cenar. Durante la cena me contó sus planes con respecto a Rainbow.

Nada más cenar, subimos a la habitación para tocar algunos temas. Eso fue bastante estresante para mí. Iba a cantar unas canciones compuestas por Ritchie Blackmore y tocadas a la guitarra por él mismo. No podía permitirme el lujo de equivocarme o de inventarme la letra. No podía equivocarme en la estructura de la canción porque él conoce sus canciones mejor que nadie. Y, de repente, comienza tocando el Perfect Strangers de Deep Purple. Y yo me quedo un poco confundido. Y, educadamente, le digo: «Creo que ese no es el tono de esa canción. En el disco está grabado en otra tonalidad». Y él se quedó también extrañado. Me miró y me dijo: « ¿En qué tonalidad está grabada?» La comencé a cantar como yo creía y él enseguida se enganchó y ya quedó estupenda. Al final me dice: «Es que llevo mucho tiempo sin tocar esta canción…»

Tal vez te estaba probando…

Puede ser. Tocamos unas cinco canciones juntos. Hicimos The Man on the Silver Mountain, I Surrender y alguna más. Y luego hicimos un par de temas de Queen. Me dijo que le gustaba mucho Queen y que mi voz le recordaba mucho a Freddie Mercury. Recuerdo que tocamos Who Wants to Live Forever.

Hicimos las canciones sentados al lado de una mesa, él con la guitarra y yo cantando. Candice, su mujer, estaba sentada junto a la ventana, mirando al exterior pero escuchando nuestras canciones. Ritchie me dio el OK. Se volvió hacia Candice y le preguntó su opinión. Ella sonrió y levantó el dedo pulgar. Ritchie se volvió hacia mí de nuevo y dijo: «Si ella sonríe, todo está correcto». Me dijo que su suegra, que es también su manager, se pondría en contacto conmigo y me mandaría el contrato para que lo firmara. Desde entonces, la comunicación con ellos ha sido fantástica. Son gente muy cariñosa, muy atenta y me han ido informando de todo constantemente.

Aún así, fueron unos meses difíciles. Desde junio hasta noviembre de 2015, tuve que aguantar sin decir nada hasta que se publicó oficialmente la noticia.

¿Cómo ensayasteis para los conciertos?

Hicimos dos rondas de ensayos en Nueva York, que es donde vive él. Una ronda en noviembre y otra en abril. No hizo falta ensayar mucho porque todos los músicos estaban muy bien preparados. Él iba pensando cambios y nosotros intentábamos seguirle. Incluso, durante los conciertos, proponía cambios en canciones.

Habrás aprendido mucho

Muchísimo. He aprendido del mejor, para mí. No solamente en el apartado musical. También he aprendido cómo se lleva el negocio, cómo se puede trabajar a un alto nivel profesional. Yo he ido apuntando todo.

Háblanos de los conciertos en los que has participado como nuevo cantante de Rainbow.

Han sido tres conciertos. Han sido dos en Alemania, como parte de dos festivales de rock en ese país. El tercer concierto ha sido en Birmingham, en Inglaterra. Este último éramos solo nosotros. Para este concierto, se agotaron las entradas a las dos o tres horas de haberse puesto a la venta. Habría unos 18000 espectadores. Rainbow no tocaba en su tierra desde hacía veinticinco años. En los bises, Ritchie se puso a tocar un tema, Burn, de los Deep Purple, que no habíamos ensayado, que formaba del repertorio previsto pero que, por una razón o por otra, no habíamos ensayado. Salió todo muy bien.

Estoy seguro de que haber formado parte del grupo Rainbow ha sido un verdadero regalo, recompensa a todos tus años de trabajo. Sin embargo, tu actual carrera profesional está centrada en tu grupo Lords of Black.

Formamos el grupo en 2013. Me llamó Tony Hernando, que había salido de Saratoga y tenía un proyecto para una banda nueva. Conectamos muy bien desde el comienzo. Grabamos un disco y fue muy bien recibido. Por gente de fuera, sobre todo, porque hacemos heavy, power metal en inglés. Nos sigue mucha gente en Alemania, Rusia, Gran Bretaña. Y, desde ese momento, creí que nos podíamos dedicar a esto.

Además, cuando sale la noticia de que voy a cantar con Rainbow, todas las miradas se centran en mí y en la banda Lords of Black, de la que soy cantante. Eso nos ha dado mucha popularidad. El sello discográfico italiano Frontiers Records se puso en contacto con nosotros y nos ofreció grabar un disco. Nos empezaron a llamar para tocar en todos los sitios. Tocamos en varios festivales por Europa. En octubre nos vamos a Japón.

Ha sido todo tan rápido.

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       La minigira con Rainbow por Europa fue muy bien y podría haber más conciertos en un futuro no muy lejano. Lords of Black y su cantante Ronnie Romero leerán esta entrevista desde Japón. Emilia, Ronnie y yo nos hemos conocido alrededor de una comida india cocinada en Valdemoro. Me da la sensación de que esta nueva aldea global va a permitir que muchos valdemoreños encuentren su lugar en el mundo en distintos rincones del planeta y me da la sensación, también, de que valdemoreños nacidos en otros lugares de esta pelota que gira alrededor del sol van a llegar a nuestra localidad buscando encajar en esta particular sección del puzle humano.

Entrevista con Ángel Utrillas

El próximo 14 de mayo, a las doce de mediodía, en la biblioteca pública Ana María Matute, Ángel Utrillas presentará su última entrega literaria, Y otros cuentos. Si los vientos soplan a favor, estará acompañado por la ilustradora del libro, Sonia Navas.

 El escritor Ángel Utrillas es, sobre todo, un contador de historias. Abres cada uno de sus libros para leer una historia y te ofrece, de regalo, al menos diez más. Sus relatos parten de la realidad para llevarnos a un mundo de imaginación y, si queremos, a un mundo de compromiso personal y social. Ángel es un defensor de la palabra como herramienta de construcción y como arma de defensa. Interesado en agitar la vida cultural de Valdemoro, durante varios años fue uno de los precursores protagonistas de la celebración del Día internacional de la palabra como vínculo de la humanidad, en la que se consiguió reunir a muchos de los autores locales de la villa.

Aunque nació en Teruel -y da fe de que, contra todo pronóstico, la ciudad aragonesa existe- lleva viviendo en Valdemoro desde 1991. Lo conocí hace ya cuatro años. No hemos dejado de vernos desde entonces. A veces en un café. Otras, quedando para caminar por Valdemoro como si fuéramos caballeros del siglo XIX que salen a andar todos los días, cuando «baja la calor», y repasan las noticias destacadas del día. Definitivamente, pasear con Ángel por Valdemoro me hace sentir como un caballero de otros tiempos. Si hubiera sido posible, esta entrevista la habríamos hecho caminando.

En 2007, publicas tu primera novela, Silbando en la oscuridad. Me gustaría que comenzaras esta entrevista hablándonos del Ángel Utrillas escritor antes de este libro.

En realidad antes de este libro el escritor no existía. Dudo, incluso de que hoy exista, pero, entonces, está claro que no. A mí me gustaba la historia, me gustaba leer y escribía relatos cortos, breves cuentos de terror, letras de canciones… escribía por puro placer.

Amaneció un día en el cual decidí contar una serie de situaciones que ocurrían en mi trabajo, en el convento de las Arrecogidas. Por eso, siempre digo, medio en broma medio en serio, que escribo por motivos laborales. Entonces hubo personas que me animaron y me guiaron. El resultado fue Silbando en la oscuridad, mi primera novela, que terminé de escribir en 1999 y se publicó en 2007. En todo ese intervalo de tiempo, me recorrí muchas editoriales y me fui decepcionando porque yo creía que mi novela era muy buena y nadie tenía interés en publicármela. Entre tanto, también escribí mi segunda novela, Tiempo de cerezas, pensando que nunca llegaría a publicar ninguna de ellas.

Una respuesta así me obliga a preguntarte qué significa, para ti, ser escritor.

Ser escritor es muy importante. Por eso, prefiero ser solo contador de historias, un juglar, un novelista. Ser escritor conlleva una gran responsabilidad. Hay personas que leerán lo que has escrito y serán influidos por tus palabras. Puedes causarles alegría o tristeza. Cuando iba a publicar El castillo del Águila, puse en una red social un fragmento del libro. Era duro, un texto contundente sobre una persona que debe decir a unos padres que su hija ha muerto. Alguien me escribió y me dijo que había estado en esa situación. Me dijo que a ella se lo habían dicho. Por un momento, pensé en no publicar el libro. Podía causar daño a quien hubiera pasado por esa situación y yo no quería hacer daño a nadie. Al final lo cambié, «lo suavicé».

También creo que un escritor debe ser una persona comprometida con los sucesos de su tiempo. No me vale que un poeta escriba lo bonita que es la primavera. Debe añadir lo jodida que la hacen los políticos de este país a algunas personas. Un escritor debe gritar contra las injusticias que contempla, alzar su voz contra el paro, contra el terrorismo, contra la corrupción, contra la violencia; y defender, por encima de todo, como única arma, LA PALABRA. Así, con mayúsculas. LA PALABRA.

Hace unos años, me pidieron que ayudara a una causa. Iban a cerrar la fábrica de Huesitos de Ateca. Les dije que contaran conmigo para lo que modestamente pudiera hacer. Se me ocurrió llevar su camiseta de protesta en la feria del libro de Madrid el día que firmaba libros, regalar Huesitos y recoger firmas contra aquel atropello. Y lo hice. Allí estuve con mi camiseta amarilla (el escritor, diputado y amigo Chesús Yuste la lució en el congreso). El mismo día que yo, firmaban otros tres escritores importantes a los cuales conocía y con los que tenía cierta confianza. Les envié un correo y les pedí que hicieran lo mismo. Solo ponerse la camiseta. No lo hicieron. Dos ni me contestaron. El tercero, un premio Planeta, por cierto, me dijo que, cuando recibió el correo, ya había pasado y que vaya pena. Sí, pensé yo, qué pena. Buena forma de quedar bien sin hacer nada. No he vuelto a comprar un libro de esos «escritores» que ostentan un título que no les pertenece.

Y, por cierto, incluso sin ellos, la fábrica de Huesitos de Ateca se salvó.

A los lectores que hayan llegado hasta aquí no les cabrá ninguna duda de que te importa la realidad. En tu ficción, la realidad también es muy importante. Como dices, tu primer libro fue inspirado por algo que te pasaba a ti personalmente; tu segundo libro, Tiempo de cerezas, también está basado en hechos reales; otro de tus libros, El último secreto del Titanic, está ambientado en un acontecimiento histórico. Sin embargo, al mismo tiempo, no tienes ningún reparo en alterar esa realidad en tus novelas. ¿Vive la realidad de Ángel Utrillas al servicio de su ficción? ¿Vive su ficción al servicio de su realidad?

Yo sueño la ficción y vivo la realidad. Siempre digo que mis novelas no son históricas. Me documento mucho sobre el tema que escribo pero, luego, tergiverso a mi antojo. Siempre pongo como ejemplo que puedo poner a Bisbal cantando en el Titanic. Lo que pretendo con mis novelas es conducir a mis lectores a temas en los que no habían reparado, que les interesen, y que ellos busquen su propia información. Mis novelas tienen dos lecturas: una fácil, que pretende sacar de la realidad a la gente por un momento, que se olviden de las facturas, la situación política, y que se diviertan; y otra lectura más didáctica, que demanda más esfuerzo y que induce a pensar y a crearte opinión. El 95% de mis lectores optan por la primera posibilidad y el otro 5% se aferran a las dos. 

El pasado 20 de abril salió a la luz tu libro, La canción del pirata y su verdugo y otros cuentos. ¿Quieres hablarnos un poco de esta última entrega literaria?

Mi nueva obra son dos libros en uno. El título general es Y otros cuentos. Se trata de un libro de relatos ilustrados con dos portadas porque quiero que sea una obra que no tiene fin. Lo pongas como lo pongas, siempre empieza. No tiene final, solo principio. De un lado, está La canción del pirata y su verdugo, que es un alegato contra la pena de muerte, y otros cuentos, trece relatos en total; del otro lado, pero siempre en el mismo libro, El cuerpo 227, la verdadera historia de J. Dawson, el protagonista de la película Titanic, que está basado en un personaje real, junto a otros cuentos titánicos, cinco en total. Es un libro un poco contradictorio. Al no tener final, quiero comunicar y deseo a mis lectores que la palabra nunca les falte, que nunca nos debe faltar, que debe ser un arma, la única, para conseguir nuestros objetivos. Especialmente erradicar la violencia. Y se contradice porque las palabras dejan espacio a las imágenes, ceden protagonismo tanto a la portada como a las veintidós ilustraciones, que ha hecho mi gran amiga y genial artista Sonia Navas. Solo por ver los dibujos de Sonia merece la pena comprar el libro.

También para mí, la palabra, el uso adecuado de la palabra, es muy importante. Me consta que eres un autor muy prolijo y sé también, lo he podido disfrutar, que eres un buen conversador. ¿Crees, sin embargo, que hay momentos en los que el silencio es más importante que la palabra?

No. A mí el silencio me mata. El silencio solo es bueno para pensar, estudiar, leer o escribir. Para mí, el silencio implica soledad. Incluso para esas situaciones que te he comentado, para escribir, leer y pensar, me pongo música. Puedo aceptar que una imagen sustituya a la palabra o la complemente, pero el silencio nunca. Dicen que el que calla otorga. Yo digo que el que calla es que no tiene nada importante que decir. Dicen que si tus palabras no son más bonitas que el silencio, no lo rompas. Bueno, pues, las palabras siempre son más bonitas que el silencio y el que no lo crea que lea mi último libro.

Empezamos la entrevista hablando de las características del buen escritor. Parece que en el siglo XXI, el escritor tiene que hacer, además, las tareas de editor, distribuidor y vendedor. En un mundo en el que la distribución y venta de libros ha sido revolucionado por internet, ¿crees que todavía hay espacio para el editor? ¿Qué función tendría el editor de nuestros tiempos?

Yo no prescindiría de ningún eslabón de la cadena y, por tanto, creo que hay espacio para todos. Un escritor con un buen libro precisa de un buen editor y de otros muchos profesionales. No nos olvidemos de los correctores. La corrección y maquetación, el diseño de la portada me parecen muy importantes. También lo son una buena distribución y una buena librería que conozca el producto y sepa a quién ofrecerlo y esto sí que se está extinguiendo, la figura del buen librero. ¿No te ha pasado que vas a una librería, preguntas por un título y te dicen: «no lo sé, mira en el escaparate»? Es algo que no puedo soportar. A mí me acusan de que no me sé vender. ¡Pues claro que no! Me gusta escribir, no vender, ni distribuir. Para eso tengo a un editor que se juega su dinero en la inversión y se preocupa de esas circunstancias, aunque yo ayude en todo lo posible.

            La función del editor en esta época es cuidar al escritor y mimar al libro.

Como hemos dicho, acabas de publicar un libro. ¿Qué otros proyectos literarios tienes entre manos?

Tengo varios proyectos pero, en realidad, ninguno merece el título de proyecto. Actualmente estoy escribiendo tres novelas diferentes. Trabajo en una o en otra según me apetece, sin ninguna prisa por terminarlas y sin ningún objetivo que no sea disfrutar de la escritura. Una de ellas es una continuación de mi séptima obra, El castillo del Águila; otra es una historia rara, con trama policiaca en torno a un cuadro de El Greco; y la última, una historia de misterio con tres personajes protagonistas que narran los acontecimientos, cada uno de ellos en primera persona, y que nace de un suceso poco importante que me ocurrió hace poco, pero que, a mí, me llamó mucho la atención. Una historia callejera, se podría decir. En esta tercera aventura literaria es donde más entusiasmo estoy poniendo. Supongo que porque es la última que ha entrado en mi cabeza.

Y tengo un libro terminado, una obra digna de un lunático como yo. No tengo claro ni el título. Podría titularse Morí en buena luna o, quizá, Luna de mazapán, pero no sé cuándo verá la luz, si es que llega a verla. En todo caso, si la ve, será la luz de la luna.