Presentación

Entrevista con Irene Laguna y Sandra Romero

Cada entrevista va marcando sus hitos correspondientes. La de hoy no es una excepción. Por un lado, estoy sentado enfrente, no de una, sino de dos personas. Por otro lado, se trata de dos de las más jóvenes a las que hemos entrevistado. Sandra Romero e Irene Laguna tienen ambas diecisiete años y fueron campeonas de España de gimnasia rítmica cuando apenas tenían once. Las dos me reciben con una sonrisa. Estas dos valdemoreñas, tan distintas en tantos aspectos, han labrado una bonita amistad de más de diez años gracias a la gimnasia rítmica.

Irene ha terminado la ESO y está haciendo un grado medio. Sandra está estudiando segundo de bachillerato.

¿Cómo y cuándo decidisteis hacer gimnasia rítmica?

Sandra – Yo lo veía en la tele y quería hacer lo que hacían esas niñas. Me ponía a imitarlas. Siempre estaba por ahí dando volteretas. Mi madre me apuntó a ballet, pero a mí no me gustaba. Un día, me puse a llorar y le dije que, hasta que no me apuntara, no dejaría de llorar. No conocía a nadie en Valdemoro que hiciera gimnasia rítmica y ya con cinco años sabía que quería realizar este deporte. Mi madre, al final, me apuntó.

Irene – Yo fui un día al médico y me dijeron que tenía mucha flexibilidad. Me dijeron que valía para la gimnasia. Un día, mi madre me llevó para que lo probara. A mí no me gustaba. Lloraba y le decía a mi madre que no me gustaba. Ella insistió para que, al menos, viera cómo era. Me dijeron que iba a jugar con el aro y con las cintas y así comenzó todo. Tenía seis años.

Enseguida os pusisteis a competir y a ganar competiciones hasta que en 2010 ganasteis nada menos que el Campeonato de España.

Sandra – Irene iba por individual con cuatro aparatos. Yo hacía, además, equipo con ella. Ella quedó primera en individual con la suma de sus cuatro ejercicios. Y, en la suma de mi ejercicio y el suyo, también quedamos primeras por parejas.

Irene – Fue muy bonito. Nuestra entrenadora nos llevó aparte de todas las demás gimnastas y nos dijo que habíamos ganado. Cuando me dijo que era campeona de España, yo no era consciente de lo que eso significaba. A esa edad, yo aún no había cumplido los once años, a mí me daba igual haber quedado campeona o haber quedado la última. No entendía nada.

Sandra – Cuando nos apartó para darnos las buenas noticias, yo pensé que nos iba a regañar porque habíamos hecho algo malo. Antes de que nos dijera nada, Irene y yo nos mirábamos como diciendo: «¡Pero si no hemos hecho nada malo!» Cuando nos dijo que éramos campeonas de España, no entendíamos las dimensiones de esa victoria. Nosotras íbamos a entrenar porque nos gustaba y porque nos lo pasábamos bien entrenando juntas. No era un hobby porque nos lo tomábamos en serio, entrenábamos muchas horas, pero a nosotras lo que nos gustaba era pasarlo bien juntas.

            Ahora, después de unos años es cuando hemos sabido valorar esa victoria en el Campeonato de España. Con once años, no lo sabes valorar.

Irene – Ahora miramos atrás, y decimos: «Jolín, he quedado campeona de España nada menos.» El año anterior, en el campeonato de España de 2009, yo ya había conseguido una medalla de bronce en la final por aparatos de cuerda. En 2011, conseguimos la medalla de bronce por conjuntos. La medalla de oro es algo superdifícil y nosotras lo conseguimos. Ojalá pudiéramos volver a hacerlo.

¿Cómo conciliáis los entrenamientos con vuestra vida escolar y personal?

Irene – Cuando estaba en sexto de primaria, teníamos el viaje de fin de curso y recuerdo que no pude ir porque teníamos el Campeonato de España. En su momento, me habría gustado ir a ese viaje de fin de curso. Ahora no me arrepiento de no haber podido ir. Fue el año que gané el campeonato.

            Conforme te vas haciendo mayor, es más difícil compaginar los entrenamientos con los estudios, pero, si de verdad te gusta, lo llevas bien.

Sandra – Yo ahora entreno en Torrejón de Ardoz y es muy duro porque tardo mucho en ir. Voy en el tren y luego me va a buscar mi padre. En el instituto no hacen excepciones conmigo. Los exámenes son los días que son y hay que aprender a encontrar el tiempo para poder estudiar. Muchas veces me dicen que no es motivo para faltar a clase el que tengas el Campeonato de España. ¡Cuando yo he estado entrenando cuatro horas diarias para estar allí…! Es muy difícil y, a veces, no lo valoran nada.

            Los entrenamientos son unas cuatro horas, cuatro días a la semana. Casi todos los fines de semana hay, además, campeonatos. En Torrejón, en la actualidad, entreno tres horas y media los lunes, martes, miércoles y viernes.

La gimnasia os ha llevado a viajar por toda España.

Irene – La primera vez que monté en avión no lo hice con mis padres. Lo hice con mi entrenadora. Hemos viajado por todo el país y los campeonatos nos han permitido conocer a muchísimas chicas que hacen lo mismo que nosotras y con las que, todavía hoy, mantenemos buenas amistades.

Sandra – Participamos en nuestro primer Campeonato de España en 2007. Teníamos ocho años.  Éramos unas niñas e íbamos solas con nuestra entrenadora. Desde el primer momento, Irene y yo estábamos juntas en la misma clase de gimnasia y, en los viajes, siempre nos ponían juntas. Veía a Irene más que a mi hermano. En el instituto, en los entrenamientos. Irene es, para mí, como una hermana. Llevo con ella toda la vida. Ha estado conmigo en los peores momentos. Se crean unos lazos muy bonitos.

El trabajo y el sacrificio que habéis realizado es extraordinario. ¿Sois conscientes de que sin el apoyo de vuestros padres no habría sido posible?

Irene – Yo he querido borrarme en muchas ocasiones. Volvía a casa cansada de los entrenamientos. A veces, era muy duro. A veces, era frustrante. Mis padres me decían que eso era normal y yo a veces me enfadaba. Ahora lo entiendo. Ellos sabían que el esfuerzo era necesario. Ahora miro atrás y lo entiendo. Mis padres siempre han estado ahí, apoyándome.

Sandra – Mis padres también. Eso sí, nuestros padres no son los típicos padres superprotectores. Ellos entendían que quien algo quiere algo le cuesta. Que, si algo queríamos, teníamos que trabajar duro. Que nadie nos iba a regalar nada. Y menos, en este deporte. Mis padres siempre me han apoyado hasta en los días de bajón.

¿De qué popularidad goza la gimnasia rítmica en España?

Sandra – En los medios de comunicación, no nos hacen mucho caso. El equipo nacional ha sido subcampeón del mundo, bicampeón anteriormente, y nadie nos ha hecho mucho caso. Nadie sabe nada porque solo vende el fútbol. Pero es un deporte muy popular. Este año, en Guadalajara, se ha celebrado la Copa del Mundo y, a las dos horas de abrir las taquillas, se agotaron todas las entradas. No mueve más porque a los medios no les interesa que mueva. Como solo les gusta a las chicas… Pero también hay chicos y tampoco se les reconoce.

            Además, hay otro campeonato, que se llama Euskalgym, que se celebra en el País Vasco, pero que se celebra a nivel internacional. Vienen las campeonas olímpicas a modo de gala. También hay competición. En ese campeonato, lo mismo: la gente se pega por conseguir entradas. Normalmente tiene lugar en pabellones de quince mil, hasta veinte mil espectadores. Las entradas se agotan siempre. Viene gente de todo el mundo para ver a las mejores del planeta. Esos días son una fiesta para la gimnasia rítmica española. Increíble. Verlo es una gozada. Formar parte de ello, inolvidable.

¿Qué lecciones habéis aprendido para la vida gracias a la gimnasia rítmica?

Irene – A tener tiempo para todo. Para entrenar, para estudiar, para dormir, para disfrutar de la familia y los amigos. Aunque, la vida social se hace con las otras gimnastas que conoces en el equipo y en las competiciones.

Sandra – La gimnasia me ha cambiado para todo. Desde muy pequeña, he aprendido a ser independiente. Yo me hacía las maletas para ir de viaje. Aprendemos compañerismo, deportividad… Es importantísimo acercarte a las ganadoras de una competición y darles la mano y la enhorabuena. Si una compañera del equipo falla, fallamos todas, con lo que hay que animar a tus compañeras constantemente.

            En un Campeonato de España, somos de Valdemoro, pero animamos a todos los equipos de Madrid. Luego, cuando hacemos amigas de otras comunidades autónomas, animamos a otros equipos. No las vemos como nuestras rivales. Las vemos como nuestras compañeras. No puedes desear mal a nadie porque sabes que hacen los mismos esfuerzos que tú.

¿Os ha enseñado la gimnasia rítmica a llevar una dieta equilibrada, a tener el deporte como parte de vuestras vidas, a llevar una vida saludable?

Irene – Nuestra entrenadora nunca nos ha exigido una dieta. Sabe que somos responsables y que no vamos a pasarnos.

Sandra – Aprendes a comer sano. Si no comes bien, es más fácil tener una lesión. Hay que saber comer un poco de todo. Nunca nos han prohibido comer bollos. Durante los campeonatos, nuestra entrenadora nos traía bollos para todas. Hay que saber comer. Nunca hemos tenido problemas con el peso.

Tenéis diecisiete años. ¿Cuándo se acaba vuestra vida en la gimnasia rítmica?

Irene – Yo me retiré tras el Campeonato de España individual de 2015, en Pontevedra. Mi entrenadora pensaba que aún podía seguir, pero yo preferí dejarlo ahí. En 2016, me animaron para que me preparara un ejercicio y lo hice a modo de exhibición. Me acuerdo de que todas mis compañeras, en especial Sandra, me apoyaron muchísimo.

Sandra – Yo me estaba planteando el retirarme este año 2016, tras el Campeonato de España en diciembre. Pero, estoy en muy buena forma para mi edad, y he decidido continuar mientras pueda.

            Empecé en Valdemoro a los cinco años. Éramos un equipo fantástico, pero, poco a poco, de mi edad, he quedado yo nada más. Es por eso que tuve que ir a Torrejón, para formar parte de un equipo. Allí, todo el mundo me ha tratado muy bien. Me han apoyado mucho. He aprendido otra forma de hacer gimnasia. Me lo pensé, porque sabía que los desplazamientos iban a ser largos, pero ha sido la mejor decisión que podía haber tomado. Ahora, me sigo sintiendo muy respaldada por mis entrenadoras y, por eso, quiero seguir otro año e intentar volver al Campeonato de España.

Además, las dos tenéis intención de continuar en la gimnasia rítmica como entrenadoras.

Sandra – De momento, me gustaría seguir participando en los campeonatos como gimnasta. Me gustaría, además, sacarme el título de entrenadora y formar a unas niñas como me han formado a mí. Quiero que otras niñas aprendan todo lo que yo he aprendido. Me encantaría llevar el nombre del club de Valdemoro hasta lo más alto.

Irene – Hemos tenido unas entrenadoras buenísimas, aquí en Valdemoro (Charo Ross, Verónica Faraldos, Beatriz Romero y la profesora de ballet, Marieta Álvarez). Una entrenadora es como una segunda madre. Llevan un montón de tiempo diciéndome que me saque el curso de entrenadora. El verano que viene espero sacarme el curso. Son tres niveles. El primer nivel es el más básico y te vale para dar clases en la escuela. Con ese primer curso, veré cómo se me da antes de seguir con el siguiente porque son cursos muy caros. Si me dejan, sería entrenadora del club de Valdemoro. Si no es posible, intentaría dar clases extraescolares en un colegio. Me encantaría entrenar a niñas junto a Sandra.

Sandra –El primer curso cuesta más de mil euros. Son muy caros. Los cursos los organiza la federación madrileña, pero hay veces que debes hacer los cursos en otros lugares de España. Una gimnasta de aquí de Valdemoro tuvo que hacerlo en Valencia. Intentaremos hacer el primer nivel este verano que viene.

 ****************

Irene y Sandra terminan recordando esas noches de hotel en las que participantes de varios equipos se juntaban en la misma habitación y forjaban amistades que llegan hasta hoy en día. Podían meterse hasta veinte niñas en la habitación y jugaban al Party o, cómo no, al Twister…

Anuncios
Amigos·Presentación

Entrevista con Ronnie Romero

Imagínense el mundo como un enorme puzle de innumerables piezas dispuesto sobre una superficie casi infinita. En ese mundo que yo concibo, hay un sitio para cada uno de nosotros. Un sitio en el que cada uno de nosotros se siente bien, encuentra su lugar, encuentra su razón de ser y hasta de existir. Un sitio en el que brillamos más que en cualquier otro lugar. Un sitio en el que encajamos a la perfección con las otras piezas del puzle que se colocan a nuestro alrededor. Un hermoso emplazamiento dentro de ese enorme rompecabezas donde nuestra única misión es insertarnos sin fricción y sin fisuras. Algunos pensarán que nos estamos adentrando en el mundo de la magia.

A la aldea global conectada a través de las nuevas tecnologías debemos agradecerle muchas ventajas. Gracias al campo virtual que proyecta sobre una pantalla, nos puede ayudar a encontrar, más fácilmente, las coordenadas de nuestro lugar en el puzzle. Este fue el caso de Ronnie Romero al que Facebook, Youtube y Twitter le han ayudado a encontrar su lugar en el mundo. Viviendo en su Chile natal, conoció a Emilia, una chica de Madrid, gracias a Facebook. Conectaron. Emi viajó a Santiago de Chile y, tras un tiempo, decidieron venir a España y vivir en Valdemoro. Ronnie Romero recuerda la fecha exacta de su llegada a nuestra localidad: 2 de mayo de 2009.

¿Qué te pareció Valdemoro a tu llegada?

Vivir en el centro de Madrid tiene sus ventajas, teniendo todo tan cerca, pero a mí me gustan las localidades tranquilas, como Valdemoro. Me recuerda a mi ciudad natal, Talagante, también al sur de la capital de Chile, a unos 35 kilómetros, y con una población similar a la de Valdemoro, unos 65000 habitantes. Son dos ciudades, Valdemoro y Talagante, bien conectadas con la capital. Desde que llegué aquí me encontré supercómodo porque, físicamente, las dos ciudades se parecen mucho y porque la forma de comportarse de los españoles y de los chilenos es muy similar. En Valdemoro, me han tratado siempre muy bien desde mi llegada.

¿Cuándo empiezas a cantar?

Yo empecé muy pequeñito, vengo de una familia con tradición musical. Mi abuelo tenía una big band, que ya no se ven mucho. Él era saxofonista. Bueno, más bien, era multiinstrumentista pero en la orquesta tocaba el saxofón. Mi padre era el cantante. Por otro lado, mi madre cantaba y tocaba la guitarra también… Mi hermano mayor tocaba la batería. Crecí, pues, rodeado de todos esos instrumentos por casa, en mi habitación… Mis padres eran cristianos evangélicos y la música es importante en las ceremonias religiosas. Yo empecé a cantar en la iglesia, con 6 o 7 años.

¿Aprendiste a tocar alguno de esos instrumentos?

Los tocaba todos un poquito. A la hora de componer, siempre viene bien saber para apoyarte en un instrumento, pero nunca me especialicé en ninguno porque, desde el primer momento, me concentré en cantar. Recuerdo con cariño la flauta travesera que me regaló mi abuelo. Fue, tal vez, el instrumento que más trabajé.

¿Cuándo formas tu primera banda?

Creo que tenía unos 14 años. A mi mejor amigo del colegio le dio por aprender a tocar la guitarra. Y resulta que su padre era un gran aficionado del rock clásico. Cada vez que íbamos a casa de mi amigo, su padre nos venía con una canción, con un álbum o con un grupo para que los escucháramos. «Escuchad esto», nos decía. Así conocimos Kansas, Pink Floyd, Toto, Journey… Deep Purple, por su puesto, Rainbow, las bandas clásicas de los setenta y de los ochenta. Recuerdo que escuchábamos mucho a Barón Rojo.

Cuando mi amigo comenzó a tocar la guitarra, nos pusimos a tocar canciones de esos grupos para probar. Comenzamos a hacer versiones de los Whitesnake, por ejemplo. Dio la casualidad de que su hermano tocaba la batería y su primo, el bajo. Así que nos pusimos a ensayar y tocar canciones de Jimi Hendrix, Led Zeppelin… Poco después, se unió otro compañero del cole, que también tocaba la guitarra y recuerdo que llegamos a tocar en un auditorio delante de más de quinientas personas. Creo que nos llamábamos Barracuda. Luego nos llegamos a llamar Bucéfalo. Nombres sonoros para una banda, pero que, con el tiempo y gracias a Internet, descubrimos que otros grupos habían elegido antes que nosotros.

Veo que la música siempre ha formado parte de tu vida.

Sí, pero, hasta que llegué a España, la música era algo secundario para mí, una buena excusa para juntarme con los amigos los fines de semana. A lo mejor conseguíamos un bolo para tocar toda la noche en un sitio y nos pagaban 20 o 30 euros, o nos pagaban las cervezas… Con 17, 18 y 19 años, nos creíamos verdaderas estrellas del rock: tocábamos en garitos de mala muerte y nos pagaban las cervezas por tocar. La gente aplaudía y estaba bien.

Pero la familia no te deja continuar. La familia no te dice: «Sí, sí, tú dedícate a la música rock y sigue haciendo conciertos como los que haces». No, la familia sabe que no vas a poder vivir de eso. Así que me puse a estudiar Ingeniería Forestal y luego me puse a trabajar. Hice de todo menos trabajos relacionados con mi ingeniería… Trabajé cortando el césped, trabajé en una carnicería, acarreando carretillas de arena en una obra, en lo que fuera… Tenía 22 años, tenía un hijo y había que buscarse la vida. Empiezas a abandonar el mundo de la música porque vas dejando de tener tiempo para ese hobby. Nos conformábamos con poder juntarnos en el local un fin de semana y ensayar un par de temas.

Cuando llegas a España, ¿tenías la intención de dedicarte a la música?

Para nada. Llegué aquí para buscarme la vida. En Chile, tenía un buen trabajo pero me vine aquí para estar con Emi. Me traje unos ahorros pero vine a trabajar de lo que saliera. Trabajé de comercial, pintando pisos y de un montón de cosas más.

Yo seguía haciendo algo de música los fines de semana pero nada serio. Gracias a los vídeos que colgaba en Youtube, empezaron a ponerse en contacto conmigo para cantar de forma más profesional. Aunque estuve poco tiempo trabajando con él, uno de los primeros que me llamó para trabajar fue Jero Ramiro, que ha tocado con Saratoga, Ñu y Santa.

Y, de repente, te encuentras trabajando con Armando de Castro, el mítico guitarrista de Barón Rojo.

Se nos ocurrió formar una banda tributo al grupo Rainbow, hacer conciertos con sus canciones y ganarnos un dinero. Yo llamé al baterista de mi grupo, Lords of Black, y un día nos dicen: «ya tenemos un guitarra». Recuerdo ese día perfectamente. Quedamos en el local de ensayo y cuando llegué me encontré allí con Armando de Castro. Cuando era niño yo solo escuchaba dos bandas en español: Barón Rojo, de España y Rata Blanca, un grupo de Argentina. A nosotros, de jóvenes, escuchar rock en español se nos hacía siempre muy raro pero Barón Rojo era especial. Recuerdo que el primer disco que me compré con mi dinero fue el Volumen Brutal de Barón Rojo.

Así que llego al local de ensayo y me encuentro con uno de mis ídolos. Y tuve la suerte de trabajar con él en esta banda tributo a Rainbow durante dos años. Armando lo hacía genial porque tiene un sonido muy Ritchie Blackmore. Iniciamos este proyecto tributo, que se llamaba Rising, y tocamos en festivales importantes, en diversas salas en Madrid. A la gente le gustaba mucho. Decían que mi voz se parecía mucho a la de Ronnie James Dio. Creo que teníamos un sonido bastante fiel a los Rainbow de los primeros años. Hasta que me llamó Ritchie…

Tuve que decirles que ya no podía cantar con ellos en los próximos conciertos previstos con la banda, pero no podía decirles el porqué.

Cuéntanos cómo se puso en contacto contigo el mismísimo Ritchie Blackmore, legendario guitarrista de Deep Purple y el creador de la banda Rainbow.

Eran las ocho y media de la mañana y estaba haciendo unas prácticas en la Concejalía de Juventud, aquí en Valdemoro. Tenía mi teléfono móvil a un lado. De repente, me llega una notificación de Twitter. Dice: «Candice Knight te sigue en Twitter». A mí ya me sonaba el nombre. Miré su perfil y vi que, efectivamente, era la mujer de Ritchie Blackmore. Pensé que sería otra persona con una cuenta falsa o algo así. Y, a los cinco minutos, me llega un mensaje privado de ella. «Hola, soy Candice Knight, la mujer de Ritchie Blackmore. ¿Sabes quién es? Hemos estado viendo vídeos tuyos en YouTube interpretando canciones de Rainbow y estamos bastante impresionados. Ritchie se pondrá en contacto en un ratito. Le gustaría hablar contigo».

Recuerdo que lo primero que hice fue llamar a Emilia y miré a mi alrededor. Yo creía que todo era una broma y que me estaban filmando para un programa de televisión o algo así. Me puse a buscar para ver si veía alguna cámara escondida.

Esto fue en mayo de 2015.

Sí. Al rato, me escribió un mensaje Ritchie Blackmore. Candice me ha venido a contar que Ritchie ya casi había abandonado la idea de continuar el proyecto Rainbow pues no encontraban el cantante idóneo. Pero ella siguió buscando por ahí hasta que dio con los vídeos que yo tenía colgados en YouTube. Era un proyecto muy especial tanto para Ritchie como para Candice. Así que Ritchie se puso en contacto conmigo en mayo y me invitaron a cenar juntos en junio.

¿Dónde queda a cenar Ritchie Blackmore para una situación como esta?

Fue gracioso. Me dijo que nos debíamos conocer en Munich, en Alemania. Yo no había estado nunca allí, con lo que miré en Internet lugares que visitar, ya que iba a estar allí unos días. Llegué al aeropuerto y me vinieron a recoger en una furgoneta. Nos alejamos de Munich, una hora y media o así. Todo esto con desconocidos, sin ningún rastro de Ritchie. Me llevaron a un sitio perdido entre las montañas hasta que llegamos a un castillo del siglo XV, reconvertido ahora en un hotel.

Yo me bajé de la furgoneta como un niño que va por primera vez al cole. Ilusionado. Nervioso. Hasta ese momento, todo podía ser todavía una broma. Y justo en ese momento, escucho un silbido. Miro arriba y, en la ventana de una de las torres, veo a Ritchie Blackmore. «Vale, es él», me dije, «de momento, vamos bien». Me llevaron a mi habitación y, enseguida, él tocó en la puerta y se presentó. Golpeó la puerta, yo la abrí y recuerdo que lo primero que me dijo fue «lo conseguiste». Me presentó a la mujer, a la suegra, a los hijos, a toda la familia que andaba por allí. A la media hora, quedamos abajo para cenar. Durante la cena me contó sus planes con respecto a Rainbow.

Nada más cenar, subimos a la habitación para tocar algunos temas. Eso fue bastante estresante para mí. Iba a cantar unas canciones compuestas por Ritchie Blackmore y tocadas a la guitarra por él mismo. No podía permitirme el lujo de equivocarme o de inventarme la letra. No podía equivocarme en la estructura de la canción porque él conoce sus canciones mejor que nadie. Y, de repente, comienza tocando el Perfect Strangers de Deep Purple. Y yo me quedo un poco confundido. Y, educadamente, le digo: «Creo que ese no es el tono de esa canción. En el disco está grabado en otra tonalidad». Y él se quedó también extrañado. Me miró y me dijo: « ¿En qué tonalidad está grabada?» La comencé a cantar como yo creía y él enseguida se enganchó y ya quedó estupenda. Al final me dice: «Es que llevo mucho tiempo sin tocar esta canción…»

Tal vez te estaba probando…

Puede ser. Tocamos unas cinco canciones juntos. Hicimos The Man on the Silver Mountain, I Surrender y alguna más. Y luego hicimos un par de temas de Queen. Me dijo que le gustaba mucho Queen y que mi voz le recordaba mucho a Freddie Mercury. Recuerdo que tocamos Who Wants to Live Forever.

Hicimos las canciones sentados al lado de una mesa, él con la guitarra y yo cantando. Candice, su mujer, estaba sentada junto a la ventana, mirando al exterior pero escuchando nuestras canciones. Ritchie me dio el OK. Se volvió hacia Candice y le preguntó su opinión. Ella sonrió y levantó el dedo pulgar. Ritchie se volvió hacia mí de nuevo y dijo: «Si ella sonríe, todo está correcto». Me dijo que su suegra, que es también su manager, se pondría en contacto conmigo y me mandaría el contrato para que lo firmara. Desde entonces, la comunicación con ellos ha sido fantástica. Son gente muy cariñosa, muy atenta y me han ido informando de todo constantemente.

Aún así, fueron unos meses difíciles. Desde junio hasta noviembre de 2015, tuve que aguantar sin decir nada hasta que se publicó oficialmente la noticia.

¿Cómo ensayasteis para los conciertos?

Hicimos dos rondas de ensayos en Nueva York, que es donde vive él. Una ronda en noviembre y otra en abril. No hizo falta ensayar mucho porque todos los músicos estaban muy bien preparados. Él iba pensando cambios y nosotros intentábamos seguirle. Incluso, durante los conciertos, proponía cambios en canciones.

Habrás aprendido mucho

Muchísimo. He aprendido del mejor, para mí. No solamente en el apartado musical. También he aprendido cómo se lleva el negocio, cómo se puede trabajar a un alto nivel profesional. Yo he ido apuntando todo.

Háblanos de los conciertos en los que has participado como nuevo cantante de Rainbow.

Han sido tres conciertos. Han sido dos en Alemania, como parte de dos festivales de rock en ese país. El tercer concierto ha sido en Birmingham, en Inglaterra. Este último éramos solo nosotros. Para este concierto, se agotaron las entradas a las dos o tres horas de haberse puesto a la venta. Habría unos 18000 espectadores. Rainbow no tocaba en su tierra desde hacía veinticinco años. En los bises, Ritchie se puso a tocar un tema, Burn, de los Deep Purple, que no habíamos ensayado, que formaba del repertorio previsto pero que, por una razón o por otra, no habíamos ensayado. Salió todo muy bien.

Estoy seguro de que haber formado parte del grupo Rainbow ha sido un verdadero regalo, recompensa a todos tus años de trabajo. Sin embargo, tu actual carrera profesional está centrada en tu grupo Lords of Black.

Formamos el grupo en 2013. Me llamó Tony Hernando, que había salido de Saratoga y tenía un proyecto para una banda nueva. Conectamos muy bien desde el comienzo. Grabamos un disco y fue muy bien recibido. Por gente de fuera, sobre todo, porque hacemos heavy, power metal en inglés. Nos sigue mucha gente en Alemania, Rusia, Gran Bretaña. Y, desde ese momento, creí que nos podíamos dedicar a esto.

Además, cuando sale la noticia de que voy a cantar con Rainbow, todas las miradas se centran en mí y en la banda Lords of Black, de la que soy cantante. Eso nos ha dado mucha popularidad. El sello discográfico italiano Frontiers Records se puso en contacto con nosotros y nos ofreció grabar un disco. Nos empezaron a llamar para tocar en todos los sitios. Tocamos en varios festivales por Europa. En octubre nos vamos a Japón.

Ha sido todo tan rápido.

 *****************************

       La minigira con Rainbow por Europa fue muy bien y podría haber más conciertos en un futuro no muy lejano. Lords of Black y su cantante Ronnie Romero leerán esta entrevista desde Japón. Emilia, Ronnie y yo nos hemos conocido alrededor de una comida india cocinada en Valdemoro. Me da la sensación de que esta nueva aldea global va a permitir que muchos valdemoreños encuentren su lugar en el mundo en distintos rincones del planeta y me da la sensación, también, de que valdemoreños nacidos en otros lugares de esta pelota que gira alrededor del sol van a llegar a nuestra localidad buscando encajar en esta particular sección del puzle humano.

Presentación

Entrevista con Ángel Utrillas

El próximo 14 de mayo, a las doce de mediodía, en la biblioteca pública Ana María Matute, Ángel Utrillas presentará su última entrega literaria, Y otros cuentos. Si los vientos soplan a favor, estará acompañado por la ilustradora del libro, Sonia Navas.

 El escritor Ángel Utrillas es, sobre todo, un contador de historias. Abres cada uno de sus libros para leer una historia y te ofrece, de regalo, al menos diez más. Sus relatos parten de la realidad para llevarnos a un mundo de imaginación y, si queremos, a un mundo de compromiso personal y social. Ángel es un defensor de la palabra como herramienta de construcción y como arma de defensa. Interesado en agitar la vida cultural de Valdemoro, durante varios años fue uno de los precursores protagonistas de la celebración del Día internacional de la palabra como vínculo de la humanidad, en la que se consiguió reunir a muchos de los autores locales de la villa.

Aunque nació en Teruel -y da fe de que, contra todo pronóstico, la ciudad aragonesa existe- lleva viviendo en Valdemoro desde 1991. Lo conocí hace ya cuatro años. No hemos dejado de vernos desde entonces. A veces en un café. Otras, quedando para caminar por Valdemoro como si fuéramos caballeros del siglo XIX que salen a andar todos los días, cuando «baja la calor», y repasan las noticias destacadas del día. Definitivamente, pasear con Ángel por Valdemoro me hace sentir como un caballero de otros tiempos. Si hubiera sido posible, esta entrevista la habríamos hecho caminando.

En 2007, publicas tu primera novela, Silbando en la oscuridad. Me gustaría que comenzaras esta entrevista hablándonos del Ángel Utrillas escritor antes de este libro.

En realidad antes de este libro el escritor no existía. Dudo, incluso de que hoy exista, pero, entonces, está claro que no. A mí me gustaba la historia, me gustaba leer y escribía relatos cortos, breves cuentos de terror, letras de canciones… escribía por puro placer.

Amaneció un día en el cual decidí contar una serie de situaciones que ocurrían en mi trabajo, en el convento de las Arrecogidas. Por eso, siempre digo, medio en broma medio en serio, que escribo por motivos laborales. Entonces hubo personas que me animaron y me guiaron. El resultado fue Silbando en la oscuridad, mi primera novela, que terminé de escribir en 1999 y se publicó en 2007. En todo ese intervalo de tiempo, me recorrí muchas editoriales y me fui decepcionando porque yo creía que mi novela era muy buena y nadie tenía interés en publicármela. Entre tanto, también escribí mi segunda novela, Tiempo de cerezas, pensando que nunca llegaría a publicar ninguna de ellas.

Una respuesta así me obliga a preguntarte qué significa, para ti, ser escritor.

Ser escritor es muy importante. Por eso, prefiero ser solo contador de historias, un juglar, un novelista. Ser escritor conlleva una gran responsabilidad. Hay personas que leerán lo que has escrito y serán influidos por tus palabras. Puedes causarles alegría o tristeza. Cuando iba a publicar El castillo del Águila, puse en una red social un fragmento del libro. Era duro, un texto contundente sobre una persona que debe decir a unos padres que su hija ha muerto. Alguien me escribió y me dijo que había estado en esa situación. Me dijo que a ella se lo habían dicho. Por un momento, pensé en no publicar el libro. Podía causar daño a quien hubiera pasado por esa situación y yo no quería hacer daño a nadie. Al final lo cambié, «lo suavicé».

También creo que un escritor debe ser una persona comprometida con los sucesos de su tiempo. No me vale que un poeta escriba lo bonita que es la primavera. Debe añadir lo jodida que la hacen los políticos de este país a algunas personas. Un escritor debe gritar contra las injusticias que contempla, alzar su voz contra el paro, contra el terrorismo, contra la corrupción, contra la violencia; y defender, por encima de todo, como única arma, LA PALABRA. Así, con mayúsculas. LA PALABRA.

Hace unos años, me pidieron que ayudara a una causa. Iban a cerrar la fábrica de Huesitos de Ateca. Les dije que contaran conmigo para lo que modestamente pudiera hacer. Se me ocurrió llevar su camiseta de protesta en la feria del libro de Madrid el día que firmaba libros, regalar Huesitos y recoger firmas contra aquel atropello. Y lo hice. Allí estuve con mi camiseta amarilla (el escritor, diputado y amigo Chesús Yuste la lució en el congreso). El mismo día que yo, firmaban otros tres escritores importantes a los cuales conocía y con los que tenía cierta confianza. Les envié un correo y les pedí que hicieran lo mismo. Solo ponerse la camiseta. No lo hicieron. Dos ni me contestaron. El tercero, un premio Planeta, por cierto, me dijo que, cuando recibió el correo, ya había pasado y que vaya pena. Sí, pensé yo, qué pena. Buena forma de quedar bien sin hacer nada. No he vuelto a comprar un libro de esos «escritores» que ostentan un título que no les pertenece.

Y, por cierto, incluso sin ellos, la fábrica de Huesitos de Ateca se salvó.

A los lectores que hayan llegado hasta aquí no les cabrá ninguna duda de que te importa la realidad. En tu ficción, la realidad también es muy importante. Como dices, tu primer libro fue inspirado por algo que te pasaba a ti personalmente; tu segundo libro, Tiempo de cerezas, también está basado en hechos reales; otro de tus libros, El último secreto del Titanic, está ambientado en un acontecimiento histórico. Sin embargo, al mismo tiempo, no tienes ningún reparo en alterar esa realidad en tus novelas. ¿Vive la realidad de Ángel Utrillas al servicio de su ficción? ¿Vive su ficción al servicio de su realidad?

Yo sueño la ficción y vivo la realidad. Siempre digo que mis novelas no son históricas. Me documento mucho sobre el tema que escribo pero, luego, tergiverso a mi antojo. Siempre pongo como ejemplo que puedo poner a Bisbal cantando en el Titanic. Lo que pretendo con mis novelas es conducir a mis lectores a temas en los que no habían reparado, que les interesen, y que ellos busquen su propia información. Mis novelas tienen dos lecturas: una fácil, que pretende sacar de la realidad a la gente por un momento, que se olviden de las facturas, la situación política, y que se diviertan; y otra lectura más didáctica, que demanda más esfuerzo y que induce a pensar y a crearte opinión. El 95% de mis lectores optan por la primera posibilidad y el otro 5% se aferran a las dos. 

El pasado 20 de abril salió a la luz tu libro, La canción del pirata y su verdugo y otros cuentos. ¿Quieres hablarnos un poco de esta última entrega literaria?

Mi nueva obra son dos libros en uno. El título general es Y otros cuentos. Se trata de un libro de relatos ilustrados con dos portadas porque quiero que sea una obra que no tiene fin. Lo pongas como lo pongas, siempre empieza. No tiene final, solo principio. De un lado, está La canción del pirata y su verdugo, que es un alegato contra la pena de muerte, y otros cuentos, trece relatos en total; del otro lado, pero siempre en el mismo libro, El cuerpo 227, la verdadera historia de J. Dawson, el protagonista de la película Titanic, que está basado en un personaje real, junto a otros cuentos titánicos, cinco en total. Es un libro un poco contradictorio. Al no tener final, quiero comunicar y deseo a mis lectores que la palabra nunca les falte, que nunca nos debe faltar, que debe ser un arma, la única, para conseguir nuestros objetivos. Especialmente erradicar la violencia. Y se contradice porque las palabras dejan espacio a las imágenes, ceden protagonismo tanto a la portada como a las veintidós ilustraciones, que ha hecho mi gran amiga y genial artista Sonia Navas. Solo por ver los dibujos de Sonia merece la pena comprar el libro.

También para mí, la palabra, el uso adecuado de la palabra, es muy importante. Me consta que eres un autor muy prolijo y sé también, lo he podido disfrutar, que eres un buen conversador. ¿Crees, sin embargo, que hay momentos en los que el silencio es más importante que la palabra?

No. A mí el silencio me mata. El silencio solo es bueno para pensar, estudiar, leer o escribir. Para mí, el silencio implica soledad. Incluso para esas situaciones que te he comentado, para escribir, leer y pensar, me pongo música. Puedo aceptar que una imagen sustituya a la palabra o la complemente, pero el silencio nunca. Dicen que el que calla otorga. Yo digo que el que calla es que no tiene nada importante que decir. Dicen que si tus palabras no son más bonitas que el silencio, no lo rompas. Bueno, pues, las palabras siempre son más bonitas que el silencio y el que no lo crea que lea mi último libro.

Empezamos la entrevista hablando de las características del buen escritor. Parece que en el siglo XXI, el escritor tiene que hacer, además, las tareas de editor, distribuidor y vendedor. En un mundo en el que la distribución y venta de libros ha sido revolucionado por internet, ¿crees que todavía hay espacio para el editor? ¿Qué función tendría el editor de nuestros tiempos?

Yo no prescindiría de ningún eslabón de la cadena y, por tanto, creo que hay espacio para todos. Un escritor con un buen libro precisa de un buen editor y de otros muchos profesionales. No nos olvidemos de los correctores. La corrección y maquetación, el diseño de la portada me parecen muy importantes. También lo son una buena distribución y una buena librería que conozca el producto y sepa a quién ofrecerlo y esto sí que se está extinguiendo, la figura del buen librero. ¿No te ha pasado que vas a una librería, preguntas por un título y te dicen: «no lo sé, mira en el escaparate»? Es algo que no puedo soportar. A mí me acusan de que no me sé vender. ¡Pues claro que no! Me gusta escribir, no vender, ni distribuir. Para eso tengo a un editor que se juega su dinero en la inversión y se preocupa de esas circunstancias, aunque yo ayude en todo lo posible.

            La función del editor en esta época es cuidar al escritor y mimar al libro.

Como hemos dicho, acabas de publicar un libro. ¿Qué otros proyectos literarios tienes entre manos?

Tengo varios proyectos pero, en realidad, ninguno merece el título de proyecto. Actualmente estoy escribiendo tres novelas diferentes. Trabajo en una o en otra según me apetece, sin ninguna prisa por terminarlas y sin ningún objetivo que no sea disfrutar de la escritura. Una de ellas es una continuación de mi séptima obra, El castillo del Águila; otra es una historia rara, con trama policiaca en torno a un cuadro de El Greco; y la última, una historia de misterio con tres personajes protagonistas que narran los acontecimientos, cada uno de ellos en primera persona, y que nace de un suceso poco importante que me ocurrió hace poco, pero que, a mí, me llamó mucho la atención. Una historia callejera, se podría decir. En esta tercera aventura literaria es donde más entusiasmo estoy poniendo. Supongo que porque es la última que ha entrado en mi cabeza.

Y tengo un libro terminado, una obra digna de un lunático como yo. No tengo claro ni el título. Podría titularse Morí en buena luna o, quizá, Luna de mazapán, pero no sé cuándo verá la luz, si es que llega a verla. En todo caso, si la ve, será la luz de la luna.

Amigos·Presentación

Entrevista con Silvia Espigado

Hija de emigrantes españoles, Silvia Espigado nació en Berna, Suiza. Cuando tenía 9 años, su familia se fue a vivir a Estepona (Málaga), que entonces era un pueblecito pesquero, que todavía vivía de la pesca y la agricultura. Allí pasó parte de su infancia y de su adolescencia hasta que se mudó a Madrid, donde enseguida encontró trabajo como bailarina en la compañía teatral de Lina Morgan. También como bailarina, consiguió trabajar en las últimas etapas del Un, dos, tres… responda otra vez. Decidió, entonces, continuar su carrera en el mundo de la interpretación. Ha trabajado en el teatro, en el cine y en varias series de televisión. En una de estas series, Cuéntame cómo pasó, de TVE, ha conseguido su mayor popularidad interpretando al personaje de Clara Jiménez y es, en esta serie, donde lleva trabajando desde 2001. Se vino a vivir a Valdemoro hace unos diez años, en busca de calidad de vida, después de vivir en el centro de Madrid durante más de veinte años.

¿Cuándo empezaron tus inquietudes artísticas?

Cuando vivía en Suiza, a la edad de seis años, ya empecé con el ballet clásico. Pero  cuando nos vinimos a vivir a España, en el pueblecito de Estepona, eso del ballet clásico no existía todavía. Aun así, a mí el gusanillo del baile no se me quitó. Pasados los años ya empezaron a abrir academias de baile y, en aquella época en la que series como Fama eran el boom de la televisión, retomé mis clases de baile con una bailarina y coreógrafa  americana, Dolores la Negra, que trajo al pueblo el más puro jazz americano y que nos revolucionó a  más de uno. Cuando vine a vivir a Madrid, continué mis clases de baile aquí.

¿Viniste a Madrid para trabajar como bailarina?

En realidad, no. Yo vine a estudiar maquillaje y caracterización, pero, como seguía bailando, estaba al tanto de todas las audiciones de baile que se hacían. Me presenté a una audición para el ballet de la compañía de Lina Morgan y me cogieron. Ahí empezó todo. Fue la primera vez que me subí al escenario. En la compañía de Lina estuve cuatro años. Sus comedias musicales tenían mucho éxito. En esa época, la revista musical funcionaba muy bien. Y sus obras se representaban en el teatro de La Latina durante tres años llenando dos funciones  diarias. Hasta que la emitían por televisión, normalmente en nochevieja.

 Con ella aprendí mucho. Aprendí lo que es el escenario y a actuar delante del público. Se me metió el veneno en el cuerpo, como yo digo, que no es otra cosa que ese amor y esa pasión que tengo por el escenario. Gracias a todo esto, me salieron algunas oportunidades. Estaba en el cuerpo de baile y me dieron un papel pequeño como actriz. Aunque en aquel entonces yo no era muy consciente de que no lo hacía del todo bien, sí supe que, si quería dedicar mi vida a esta profesión, tendría que prepararme; así que empecé a estudiar interpretación. Y comencé a estudiar arte dramático en el laboratorio de William Layton.

Pasaste antes por el Un, dos, tres.

Parece increíble. El otro día salía el Un, dos, tres en uno de los episodios de la serie de Cuéntame. Es uno de los programas míticos de la historia televisiva de este país. Yo lo comparo con el Cuéntame de ahora. Yo era pequeña cuando nos juntábamos toda la familia para ver el programa los viernes por la noche. Aquello era el acontecimiento de la semana. A mí me encantaba. Quién me iba a mi a decir entonces que, de mayor, yo trabajaría en el Un, dos, tres. Y, cuando ahora hay gente que me dice que sus hijos se han criado con Cuéntame, me siento muy orgullosa.

¿Cómo conseguiste formar parte del equipo de Cuéntame cómo pasó?

Todo se remonta a cuando participé en la serie de Querido maestro, en la que yo interpreté un pequeño personaje, la novia despechada del personaje de Imanol Arias. Parte del equipo de producción y artístico es el mismo que el de Cuéntame. La directora de casting, que ya había contado conmigo para varios proyectos, me llamó para hacer un casting. El personaje era el de una madre, ama de casa, y ella me veía muy bien en ese perfil. Recuerdo que esa prueba no era para Cuéntame. Creo que era para la serie de Manolito Gafotas. Bueno, el caso es que, en esa ocasión, no me cogieron, pero, cuando surgió el proyecto de Cuéntame, ya me llamaron directamente para interpretar el papel de la madre de uno de los niños del barrio.

¿Cómo se creó tu personaje, Clara Jiménez?

   Empecé siendo la mamá de Josete. Recuerdo que en el guion no tenía ni nombre. Era sencillamente «la mamá de Josete». Así, en la primera temporada, mi papel era muy cortito. No tenía mucha relevancia. Pero, después, en la segunda temporada, a mi personaje ya le pusieron un nombre, Clara, y, poco a poco, ya fue teniendo un pasado y una historia. La historia de una madre soltera en una época en la que tener un hijo sin estar casada era un estigma social. En la tercera temporada, Clara fue una de las afectadas por las estafas de construcción en Nueva York. Toda un trama que termina con el capítulo titulado Tocando fondo. Un capítulo que cerró la temporada con uno de los mayores récords de audiencia. Más de siete millones de espectadores vieron esa noche el desenlace de una historia que afectó a los Alcántara y a parte de San Genaro. Clara fue una de las muchas personas que había perdido todo su dinero, al invertir en unos pisos que nunca se construyeron, y acusa a Antonio de ser el culpable de su ruina, sin saber que él también había sido engañado. Le llama ladrón y le arrea un bofetón delante de todo el barrio. Aquel bofetón fue sonadísimo. En el plató, la gente se asomaba por la ventana durante el rodaje de la secuencia, todo el mundo estaba impresionado. Funcionó muy bien y los guionistas decidieron darme una trama  más potente en la siguiente temporada. La idea era liarme con Tony, el hijo mayor de los Alcántara. Querían hacer una historia similar a la de El graduado, de Dustin Hoffman, el jovencito que se enamora de la mujer madura. Pero, claro, eso trasladado a un barrio obrero del Madrid de los años setenta. El resultado fue la historia de un amor imposible que duró toda la temporada. Fue un éxito, mi personaje creció mucho y a mí me aportó mucho como actriz. Aunque yo había intervenido en muchas series de televisión, por fin había llegado ese personaje, que de alguna manera, había calado hondo en el espectador. La gente te puede recordar por algunos trabajos o algún momento concreto de alguna actuación, pero, en el momento en el que sientes el reconocimiento del público, es cuando, de alguna manera, has dejado huella. Desde entonces, Clara ha tenido muchas vivencias. Se casó con Desi. Sufrió por su infidelidad, supo perdonar, enviudó… Ahora, Clara es una mujer que está superando esa pérdida, una mujer emprendedora, que evoluciona con su tiempo y mira la vida con optimismo. Bueno, quince años de historia nada menos.

Tu personaje comenzaba como madre soltera y esa situación había que entenderla en los años en los que transcurre la serie y no ahora.

Hay que entender que la serie comienza en el año 1968, en una España gobernada por una dictadura desde hacía más de treinta años. El papel de la mujer en esa sociedad, y durante muchos años, fue el de la perfecta casada, esposa obediente y madre abnegada. La mujer no se independizaba, pasaba de la tutela del padre a la del marido y, por supuesto, debía  llegar virgen al matrimonio. Una mujer no se podía ir a vivir con su novio, ni tener relaciones prematrimoniales, ni usar anticonceptivos. En 1960, la ley castigaba el uso de anticonceptivos y, evidentemente, el aborto. Los valores morales de la época se basaban en la pureza y la decencia y cualquier mujer que perdiera la honra era una desvergonzada que ya no conseguiría marido y a la que todo el mundo señalaría. Pobres aquellas mujeres que se quedaban embarazadas fuera del matrimonio. La mujer de nuestro siglo, afortunadamente, ha evolucionado mucho y tiene la libertad y la capacidad de decidir sobre su vida. Tiene el derecho a una sexualidad libre y al control de la natalidad. Pero, en aquellos años, la mujer estaba adoctrinada generalmente por unos códigos de conducta sociales, muy distintos a los de ahora, que había que respetar. Las rebeldes eran una minoría y lo pagaban caro.

  Clara pertenece a ese grupo de mujeres marcadas por la vergüenza de haber quedado   embarazadas y de tener a sus hijos fuera del matrimonio. Ella viene de un pueblo de Extremadura y se ha quedado embarazada de su novio, que se ha desentendido totalmente de ella y de su hijo. Para evitar el escándalo, los padres la echan de casa y ella se tiene que ir del pueblo. Se viene a Madrid a sacar a su hijo adelante. Pero, en Madrid, en el barrio en el que vive, tampoco es aceptada por el hecho de ser madre soltera. Esta mujer no podía tener una relación normal con otro hombre, ni siquiera de amistad, sin que fuese señalada como una  mujer de dudosa reputación. Afortunadamente, tiene la amistad de Mercedes, que siempre la defendió, y de Inés Alcántara, la hija, que tenía una mente mucho más liberal. Pero realmente, cuando el personaje de Clara encuentra el respeto de los demás es en el momento en el que se casa con Desiderio.

¿El hecho de que seas una mujer del siglo XXI interpretando a una mujer del último tercio del siglo XX te ha planteado alguna vez algún problema de conciencia?

 No, no exactamente. Yo no me parezco mucho a Clara pero trato de entenderla y saber cuáles son las razones y las circunstancias que la hacen ser como es. A Clara le ha tocado vivir en una sociedad que la ha discriminado, pero es una buena mujer. Cuando Clara se enamora de Tony, un chico veinte años más joven que ella, esta se siente como una persona que está haciendo algo malo, algo sucio. Se esconde por la vergüenza y el miedo que le da que descubran que se relaciona con un hombre, independientemente de que sea más joven. También se escondía cuando empezó a conocer a Desi por «el qué dirán». Yo, desde mi mentalidad de mujer del siglo XXI, tenía que lograr entender por qué Clara no se comportaba como la mujer libre que era, por qué no luchaba para que ese amor saliera adelante. Pero a mí no me pillan tan lejos esos años en que las mujeres todavía no ejercían su libertad plenamente. Es la generación de mi abuela, que dejó huella en la de mi madre y que todavía salpicó la mía. Y, aunque sí que pertenezco a la generación del cambio y he  defendido ser una mujer libre e independiente, conozco y puedo comprender a mujeres de entonces, como Clara.

Otro ejemplo se dio ya después de casada con Desi. Este engaña a Clara con una prima suya. Y yo peleaba por defender aquello desde la mentalidad de ahora. El director que dirigía ese capítulo me decía que, en esa época, muchas mujeres consentían y callaban. Había que perdonar el desliz. Yo tenía que justificar, desde la mujer que soy ahora, las razones por las que Clara perdonó entonces. No entendía por qué tenía que consentir y perdonar una traición como esa y me peleaba mucho con los guiones. Pero encontré una buena y poderosa razón. Encontré un lugar común entre Clara y yo. El amor. El perdón llegó gracias al amor que sentía por su marido. Para mí y mi conciencia, era más reconciliador que el hecho de que la mujer consintiera por una imposición social.

Cuéntanos tu experiencia en el mundo del cine.

He trabajado con Miguel Hermoso en Fugitivas, mi primera película, un largometraje muy bonito que está rodado, en gran parte, en toda la costa de Andalucía. También con Miguel Hermoso hice La luz prodigiosa y Lola. Luego tengo pequeñas intervenciones en otras películas. Trabajé en La vida mancha, de Enrique Urbizu, y en Deseo, de Gerardo Vera. También he protagonizado cortometrajes. Uno de ellos, Sájara, una comedia dirigida por Juanan Martínez, ha recibido numerosos premios. Una historia que habla de la comunicación entre padres e hijos con respecto a la sexualidad. En este corto, podemos ver que aún nos cuesta hablar libremente de algunos temas.

Creo que tu carrera como actriz de teatro ha sido mucho más extensa.

El teatro me apasiona. El teatro tiene magia. Es donde se produce el encuentro directo con el actor y el público. Me gusta subirme al escenario, trabajar en equipo, sentir la energía, la emoción y el vínculo que se establece con el espectador y con los compañeros. Y aprender de los grandes autores y los grandes maestros. La última obra que hice fue Montenegro, una adaptación de las Comedias bárbaras de Valle-Inclán, en el Centro Dramático Nacional, dirigida por Ernesto Caballero y con un elenco de veintidós actores. Es la primera vez que me he enfrentado a un Valle-Inclán, haciendo de tres personajes diferentes. Y ha sido una experiencia muy enriquecedora.

Háblanos de tus proyectos presentes y futuros.

Ahora mismo, estamos en pleno rodaje de Cuéntame. Luego pararemos unos meses hasta la siguiente temporada. Estar comprometida con esta serie no me da muchas opciones a tener otros proyectos televisivos pero sí para hacer teatro. En este momento, formo parte de un grupo de teatro. Hemos creado un laboratorio de investigación. Los actores tenemos que estar en activo, estudiar, entrenar y reinventarnos continuamente. No debemos limitarnos a ser creativos en la parte artística, sino que también hay que ser creativos en la parte comercial. Es un momento crítico para el mundo del teatro. La necesidad de trabajar nos está obligando a aprender cómo se lleva una producción, cómo se financia una obra, cómo se distribuye, cómo se hace un montaje. Es una parte muy complicada y tiene grandes riesgos.

Mi ilusión es montar mi propio espectáculo y, para ello, me estoy preparando. Pero es algo complicado. Por eso me rodeo de personas con las mismas inquietudes. Aprendemos y emprendemos juntos. En estos momentos, estamos desarrollando una idea que se llama Runners, que habla del mundo de los corredores, de una forma de vida que se está poniendo muy de moda. Trata de un matrimonio de mediana edad que siente que sus vidas van pasando y que empiezan a envejecer. Quieren buscar nuevos alicientes a través del deporte. Es una crítica a las nuevas tendencias de vida sana, al mundo del fitness y del deporte y al culto al cuerpo, que se ha extendido a muchos sectores de nuestra sociedad. La idea original es de Karina Garantivá y la dirección es de Ernesto Caballero. El trabajo de investigación está dando su fruto y estamos en la fase de preproducción, para empezar a mostrar la obra y buscar el modo de financiarla y producirla. Estamos con mucha ilusión. Esperemos que este proyecto vea pronto la luz. Quién sabe, a lo mejor la representamos algún día en el teatro Juan Prado de Valdemoro. Eso me encantaría.

***********

Mi conversación con Silvia ha sido un revulsivo de energía. Compruebo que, tras nuestra entrevista, mi batería vital está cargada al cien por ciento. Hemos dejado varias conversaciones inconclusas y me da la sensación de que a los dos nos gustaría continuarlas en un próximo encuentro. Me quedo con un último comentario que Silvia deja sobre la mesa. En un algún momento, le encantaría crear algún tipo de proyecto artístico en Valdemoro. Aún no define su idea pero le encantaría ser partícipe del enriquecimiento cultural de la villa, bien a través de su trabajo como actriz o, tal vez, creando algún tipo de actividad en la que la interpretación sea protagonista. Me voy a casa saboreando esa idea.

Amigos·Presentación

Entrevista con Remedios Nieto Lorca

 

Detalles. Pequeños detalles. Supongo que la poesía está compuesta de un setenta y tres por ciento de detalles. El otro veintisiete por ciento lo pone la vida. Conocí a Remedios a finales de 2012 y, desde entonces, hemos coincidido en un puñado de ocasiones. Sin embargo, en cada uno de nuestros encuentros, he notado detalles. Ciertos detalles que hacían de Remedios una persona y una escritora especial. Por eso tenía unas ganas feroces de entrevistarla para esta revista.

Remedios Nieto Lorca nació en Montefrío, provincia de Granada, pero vive en Valdemoro desde 1978. Es la autora de varios libros de poesía, de un libro de recetas tradicionales en quintillas con pasajes en prosa y de un libro para niños. Remedios es, además, una de las fundadoras del grupo literario De Par en Par de Valdemoro.

P – Siempre me ha fascinado indagar en las razones por las que una persona decide dedicarse a escribir y, de forma especial, a escribir poesía. ¿Qué te mueve a escribir? ¿Qué te mueve a escribir poesía?

R – La necesidad de escribir nace después de un intenso recorrido por el mundo de la lectura y de unas lecturas de todo tipo y género. Mi insaciable curiosidad, mi ansia por conocer e ir mucho más allá de lo que mis ojos podían abarcar a simple vista, hizo de este interés por la lectura una necesidad que sólo podía verse satisfecha, finalmente, con el hecho de escribir.

Y es en la poesía donde me sentí completa, donde comprobé que todo lo que quería o necesitaba transmitir se conjugaba de manera casi absoluta.

P – Empecemos, pues, hablando de tu poesía. Publicaste recientemente El paseo de Alexander y anteriormente Los espacios vacíos. ¿Qué querías transmitir con cada uno de esos dos libros?

R – Los espacios vacíos fue mi primera publicación poética en solitario. Antes había compartido poemario con los compañeros del grupo literario de De Par en Par, y varios miembros de la Asociación “Francisco Bayeu” de pintura, con un total de quince poemas. Una experiencia extraordinaria, basada en el intercambio de trabajos pictóricos de una parte, y creaciones literarias de otra, de los que tuvimos que inspirarnos mutuamente. Esta peculiaridad hizo de todo ello una forma de expresión absolutamente enriquecedora y única. El poemario en cuestión se llama Poemas para una exposición.

Respecto a Los espacios vacíos, fue la consecuencia de un estado de ánimo muy particular, en el que volqué todo el dolor, la añoranza y aceptación de la pérdida de un ser muy querido: mi padre. Es por tanto, toda una elegía dedicada a su memoria, cuyo contenido, aunque en un principio parece que parte de lo particular, así como la perspectiva desde la que se enfoca el tema, abarcan toda una universalidad, como lo es el hecho de perder a alguien tan querido.  

Desde este primer poemario a El paseo de Alexander, mi última publicación, existe un largo recorrido. En él confluyen realidad y ficción, dando como resultado la expresión imaginada de aquellos que, por una u otra causa, se ven obligados al sometimiento del silencio. Es, pues, un recorrido imaginario por la vida de quienes carecen de voz para expresar lo que ven, lo que sienten y lo que les preocupa, contemplándolo todo desde un plano inferior y diferente.

P – Dar voz a los que normalmente no la tienen en nuestra sociedad. Me consta que la idea de este concepto surge de tu situación personal. En la misma línea iba tu libro escrito en prosa poética Has de saber.

R – Así es. Es lo que tiene vivir una circunstancia tan excepcional: que nos suele dejar marcados de por vida. En mi caso, tener un hijo con “capacidades diferentes” me ha dejado la piel al descubierto en este sentido. Por consiguiente, es un tema inevitablemente recurrente. Lo fue de manera absolutamente consciente en Has de saber, y de manera casi inconsciente en El paseo de Alexander. En este, si no se explica, no se advierte.

P – Tienes un libro delicioso, Entre rimas y pucheros, que mezcla verso y prosa poética, intimista también, con recetas de cocina tradicionales de tu tierra natal. Cuéntanos cómo se te ocurrió esta aventura literaria.

R – «Intimista». Es la primera vez que alguien observa ese aspecto de Entre rimas y pucheros. O, por lo menos, nadie me ha hecho esa observación. Tal vez, salvo en ti, haya quedado solo esa primera sensación de un libro intrascendente y bastante lúdico, por haber escrito las recetas en quintillas clásicas, y las anécdotas, vivencias y recuerdos de aquellos años en los que se ubica el texto en prosa. Una prosa que raya casi en la poética.

            Y es que es íntima, y muy personal también, la temática de este «casual libro», convertido en un homenaje a mi madre y a mis abuelas, de las que tanto bebí y aprendí, y, por ende, también a mi pueblo, Montefrío, un lugar precioso del poniente granadino, considerado hoy por National Geographic, como uno de los diez pueblos con mejores vistas del mundo.

Y digo «casual», porque fue en respuesta a una especie de reto lanzado por un cuñado mío, muy buen gourmet, conociendo mi afición por la escritura y, al mismo tiempo, por todo lo que tiene que ver con la gastronomía.

            Un proceso bastante largo el de este libro. No fue nada fácil conjugar receta y verso. Así que lo tomé como una especie de divertimento. Como divertimento lo fue también para la ilustradora, Pilar González Bastanchuri, quien tanto se esmeró en esas extraordinarias «aguas»” que dan más vida aún si cabe al texto en sí.

P – Si no me equivoco, también colaboraste con Pilar González Bastanchuri en tu libro para niños Pablo bajó al establo. Háblanos, también, de esta publicación.

R – Bueno, la colaboración fue suya, aunque finalmente, dada la magnitud e importancia del trabajo ilustrativo, se convirtió en una coedición. De modo que se trata de un trabajo compartido, en el que ella aporta la imagen y yo el texto. Un texto que ya estaba escrito y, que cuando Pilar lo leyó, no pudo resistirse a ilustrarlo.

Pablo bajó al establo, como casi todo lo que llevo publicado hasta ahora, nace de la casualidad. No estaba en mis proyectos tocar este tipo de literatura. Siempre me ha parecido un género muy serio, de mucha responsabilidad, pues de ello dependen los futuros lectores.

Este libro, pues, surge de una colaboración que se me pidió en la Biblioteca Ana María Matute, y para la que preferí escribir mi propio cuento en lugar de contar el de otro autor.

Se trata de un cuento escrito en pareados endecasílabos, dirigido a niños de entre cinco y diez años y con unas propuestas de trabajo educativas. Sin embargo, aunque pedagógicamente el cuento esté cualificado para esas edades, realmente sirve para cualquier edad: el ritmo del verso y la expresividad de la imagen hacen de él un medio magnífico para el área cognitiva de cualquier niño, incluido aquel que aún no ha aprendido a leer, incluso ni a hablar.

P – Llevas mucho tiempo en Valdemoro y estoy seguro de que Valdemoro, de alguna manera, forma parte de tu literatura. De hecho, tu activismo literario se refleja en la fundación en Valdemoro del grupo literario De Par en Par, que, si no me equivoco, ha organizado, durante muchos años, el Certamen de Poesía Mística Martín Descalzo. ¿Podrías contarnos un poco sobre el origen de este grupo y sobre su actividad literaria?

R – Efectivamente, Valdemoro ocupa un lugar importantísimo en mi vida, tanto a nivel familiar como literario. Aquí hice nido, tuve el gran privilegio de compartir poesía y tiempo con José Hierro, Premio Cervantes de literatura entre otros muchos premios, y he ido creciendo con mayor o menor fortuna en todos los órdenes de la vida. También literariamente, a raíz de este contacto inicial importante en mi vida y de la creación del grupo De Par en Par, fundado en 1988. Asociación que nace con la sola idea de crear un espacio de encuentro entre amantes de la literatura. Una asociación sin ánimo de lucro que solo persigue fines exclusivamente culturales y que busca, dentro de sus limitaciones, servir de cauce e impulso a la creación literaria, fundamentalmente la de los jóvenes.

Aunque inicialmente se circunscribió solamente al ámbito local, tras los años, ha  sido y es reconocida internacionalmente. Debo decir que a esta fundación se debe la institucionalización en Valdemoro del “Día de la Poesía”, que anualmente, cada catorce de diciembre, conmemora el día de los poetas y homenajea a su patrón, San Juan de la Cruz, otorgando los premios de los certámenes convocados: el Leocadio Blanco, para jóvenes alumnos de centros de enseñanza; Premio De Par en Par, dirigido a personas o grupos de personas como reconocimiento a la contribución desinteresada en favor de la cultura;  y Certamen Nacional e Internacional de Poesía Mística Martín Descalzo, en el que se premiaron nombres como Jorge de Arco, Manuel Terrín Benavides, Gabriel Insausti, Teodoro Rubio, Luis de Blas, Ana Garrido, Miriam Alcázar… Así hasta una veintena de autores de gran relevancia poética, con los que aún seguimos manteniendo relación. Del mismo modo que la tuvimos también, por haber formado parte del jurado, con los poetas Leopoldo de Luis, Rafael Morales, Luis López Anglada (premios nacionales todos ellos y fallecidos hace algún tiempo) y Benito de Lucas, entre otros.

La asociación sigue, aunque ya de una manera menos activa. Lo fue hasta el 2009, en que se nos retiró la subvención de la que dependíamos para las actividades proyectadas, que no solamente se materializaban y concluían en los certámenes, sino también en otras muchas de carácter social y cultural, como fue la de organizar actos para ayudar económicamente a las víctimas de desastres naturales en distintas partes del mundo y para formar parte activa en las celebraciones del cuatrocientos aniversario de la muerte de San Juan de la Cruz, que se organizaron a nivel mundial, y con las que nosotros contribuimos realizando conferencias, representaciones teatrales, actos poéticos y exposiciones de pintura.

P – Es hora de que hablemos de lo que tienes entre manos en estos momentos. ¿En qué proyectos estás trabajando? ¿Cuáles son tus planes literarios para el próximo futuro?

R – Siempre hay algo entre las manos, Fernando. Este es un oficio que comienza, por lo menos en mí,  por puro placer y que, poco a poco, se va convirtiendo en una necesidad. Algo de lo que ya no se puede uno desprender, tanto si es para publicar o para dejarlo en un cajón.

            Aunque los proyectos son varios y en espera de ser organizados y revisados, actualmente estoy trabajando en dos de ellos: Sobre pasos de hojarascas y Almidón sobre la luna. Dos poemarios con registros muy distintos, que espero consigan trasmitir, sorprender y emocionar a los posibles lectores.

            En cuanto a mis planes futuros, es algo que ni yo misma los sé. Nunca miro al horizonte en busca de nada, ni me planteo ningún mañana para algo.  Tal vez sea el de seguir en este empeño por comunicar y hacerlo a mi manera, aunque a nadie importe o nadie escuche. Estar llenos de «futuro» nos impide ver más allá de nuestras propias narices. Estar libres de todo, en cambio, nos puede permitir llenarnos de eso que, a cada paso, vamos hallando en el camino, como digo en esta composición que me ha sugerido Ángel Crespo a través de uno de sus magníficos poemas:

Miradme las manos. Observad hasta

qué extremo están vacías: nunca

nada puso nadie en ellas. No importa:

así ninguna mirada hiela, ninguna

angustia ajena queda inútilmente

presa.

 

Miradme las manos. Observad hasta

qué extremo están vacías.

 

Nada. Nada en las manos:

Mejor la nada para así poder

tener el todo.

 

Presentación

Entrevista con Gema Lozano

Gema Lozano me recibe en su casa. Muestra una seguridad de la que, tal vez, ni ella es consciente. Me encanta. Esto le permite ser natural y tiene como resultado el que los dos nos sintamos a gusto durante la entrevista. Gema se considera una persona con mucha suerte. Una suerte que le ha llevado a estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Gracias a su suerte, ha podido embarcarse en proyectos que no son fáciles de conseguir. Transmite una humildad y una modestia sinceras. El caso es que, cuando ha tenido esas oportunidades laborales, Gema ha cumplido con su parte y su profesionalidad es la que le ha permitido estar en el próximo lugar adecuado y en el próximo momento adecuado para seguir adelante con su carrera profesional.

Nacida en Jerez de la Frontera, Gema lleva siete años viviendo en Valdemoro, de los catorce que ha vivido en la Comunidad de Madrid, y es algo por lo que también se siente afortunada. Le gusta la herencia andaluza de la localidad, que le hace sentirse como en casa, y ese sabor a pueblo pequeño que Valdemoro aún mantiene en algunas zonas. De hecho, Valdemoro, sus habitantes y sus alrededores forman parte del universo de sus vídeos.

Gema Lozano ha dirigido vídeos musicales para artistas como India Martínez, Vanesa Martín, David DeMaría, Victoria Riba, Merche, Andrés Suárez y Amaia Montero; ha trabajado con David Bisbal, Axel, Abel Pintos y Alex Ubago. En 2014, trabajando también para Sony Music, filmó un webisodio de Seat Ibiza 30 años con Russian Red.

—¿Qué te lleva a dedicarte a filmar vídeos musicales?

—Parece que todo haya ido pasando por casualidad. Nunca tuve claro lo que quería  ser de mayor. Un día, en la playa, en mi tierra, un famoso coreógrafo de Pasarela Cibeles se fijó en mí, me hizo unas fotos, se las enseñó a una agencia y al día siguiente tenía un trabajo como modelo en Madrid. Una agencia en la que estuve trabajando… ¡diez años!

En todo ese tiempo, enseguida me di cuenta de que lo que más me gustaba era todo lo que pasaba, no enfrente de las cámaras, sino detrás de ellas. Me envolvía aquella magia que se respiraba en el plató: la gente de producción, los técnicos, las luces, los guiones, el maquillaje, la ropa… Me fui enamorando de todo aquello. Trabajar de modelo me permitió ir conociendo a mucha gente involucrada en este mundo y eso me ha facilitado las cosas.

—De la forma en la que hablas parece que no sólo te interesa la dirección artística sino también todo lo relacionado con la producción.

—No vivimos unos tiempos en los que haya grandes presupuestos para realizar videoclips. Me toca hacer un poco de todo: creo la idea, hago la producción, coordino el equipo de trabajo, edito el vídeo. Debo gestionar tanto la parte creativa como los presupuestos. Por eso me gusta trabajar siempre con el mismo equipo. Gente en la que puedo confiar porque conocen su oficio y dominan su faceta artística. Trabajo con el estilista Juan Acuña, con el director de fotografía Íñigo Zubicaray y con Arturo Gómez en producción. También suelo trabajar con los mismos operadores, tanto Germán Bueso como Santiago Cayuela, que trabaja con drones para poder filmar imágenes aéreas.

—¿Hay algún videoclip del que te sientas más orgullosa o que hayas disfrutado más haciendo?

—Hay un videoclip que ha sido un punto de inflexión en mi carrera. Es el que hice con India Martínez y David Bisbal. Fue en 2014 y se titula Olvidé respirar. Este vídeo me ha permitido subir  un peldaño más en mi carrera y ampliar el volumen de trabajo desde entonces. Por otro lado, también despertó el nivel de exigencia por parte de los clientes que me contratan.

Otro vídeo de especial revelancia para mí fue Corazón hambriento, por las características del rodaje. Lo rodamos, en su mayoría, en Tigre (Buenos Aires),  con India y un cantante argentino llamado Abel Pintos, al cual admiro profundamente. Fue mágico. En esta ocasión, tuve que trabajar con un equipo local, un grupo de profesionales a los que no conocía de nada, y fue también un buen reto. Pero todos los trabajos que he hecho han tenido algo especial.

—¿Cómo recuerdas tus primeros pasos por el mundo audiovisual?

R- Empecé realizando making-ofs: David DeMaría, India Martínez, Vanesa Martín… También hice un vídeo de India, muy sencillo, donde interpretaba con sonido directo Vencer al amor, que suma ya millones de visualizaciones en internet. Después de todo esto, las compañías empezaron a encargarme trabajos cada vez más relevantes.

—¿Qué dificultades te encuentras a la hora de hacer los videoclips?

—En muchas ocasiones, solamente tenemos un día de rodaje y no hay tiempo para muchas tomas. Con esas limitaciones de tiempo, tenemos que lograr que los artistas interpreten bien el tema con un playback potente, que se vean bien y a veces incluso que puedan interpretar un pequeño papel en la historia creada.

También me gusta crear un buen ambiente de trabajo, en el que tanto los artistas como el equipo se sientan a gusto.

—El mundo del videoclip tuvo su boom en los años ochenta. Las discográficas vivían sus mejores años. Directores de cine hacían videoclips para los grupos más punteros y, en algunos casos como en el vídeo de Thriller, de Michael Jackson, se trataba de verdaderas grandes producciones. ¿En qué situación se encuentra hoy en día la industria del videoclip?

—Es posible que, en esos años, los presupuestos fueran mayores. Sin embargo, ahora se hacen productos sobre todo para internet. Este es el principal escaparate de los artistas. Para los que trabajamos en el medio, también puede ser ventajoso, porque no solo se hacen videoclips musicales, sino otro tipo de vídeos que suelen ser muy interesantes para los seguidores de los artistas: making-ofs, grabaciones de vídeos acústicos, entrevistas, documentales…

—¿Cuál es el proceso creativo que sigues a la hora de rodar un videoclip?

—Empiezas poniéndote la canción diez mil veces. Intentas imaginar algo a partir de la canción. Buscas referencias en fotografías, en imágenes, en exposiciones, en películas, en cosas cotidianas, en el ámbito de la moda, del cual provengo…  De pronto ves una imagen y, a partir de esa imagen, es como tirar de una maraña, de una madeja desordenada.

Estoy aprendiendo en todo momento. Cuando voy al cine, ya no me siento a ver la película como todo el mundo. Me fijo en la historia, en la fotografía, en los planos, en cómo se mueve la cámara…

—¿Cuándo sabes que un videoclip está completamente terminado?

—Yo nunca veo el vídeo terminado completamente. Nunca al cien por cien. Pero, claro, en algún momento hay que entregarlo. Es cuando ha pasado el tiempo, cuando lo veo más convencida. Entonces tengo la sensación de que el producto era mejor de lo que yo creía una vez acabado.

—Me consta que encuentras mucha inspiración y muchos colaboradores para tus vídeos en Valdemoro.

—Normalmente trabajo con mucha gente de Valdemoro. Por ejemplo, con Germán Bueso, como operador de cámara. También colabora conmigo Pablo Ortega, técnico del teatro del Ayuntamiento e Inés Sánchez Prado, estudiante de Comunicación Audiovisual. Alguna vez también he contado con amigos del pueblo para interpretar algún papel. Por ejemplo, María León y Pablo González colaboraron en el videoclip solidario Algo más que una canción; los tres niños protagonistas del videoclip de Merche Dos Amigos también son de aquí: Carmen Ortega, Violeta Amer y Hugo Álvarez; o Raúl Santisteban, el cual también protagoniza uno de los vídeos de Vanesa Martín, Frenar enero.

En el parque de Bolitas del Airón también he grabado algunas cosas: por ejemplo, en el último videoclip de Andrés Suárez, Voy a volver a quererte.

También hemos filmado en el teatro de Valdemoro varios acústicos con India y Vanesa. La buena predisposición de la Concejalía de Cultura siempre ha estado presente.

—¿En qué proyecto te gustaría embarcarte en estos momentos? ¿Qué otros proyectos te gustaría abordar en un futuro cercano?

—Soy consciente de que todavía estoy en el camino. Creo que es pronto para hablar de largometrajes, pero lo que más ilusión me hace en este momento es hacer cosas diferentes de las que estoy haciendo. Me apetece grabar un fashion film, que es algo más artístico, más relacionado con la moda y la fotografía. Estaría bien un cortometraje, con una historia potente. Pero mi objetivo a medio plazo es hacer publicidad. La he vivido como modelo y me gusta. Conozco ese mundo. Sé que es muy complicado, pero veo las cosas que se hacen y me siento totalmente capaz de realizarlas.

Presentación

Tres años de bitácora electrónica

Países desde los que nos han visitado en nuestros tres años de bitácora electrónica: 104.

España, Estados Unidos, México, Argentina, Perú, Chile, Colombia, Reino Unido, Costa Rica, Italia, Ecuador, Francia, El Salvador, Brasil, República Dominicana, Guatemala, Uruguay, Puerto Rico, Alemania, Venezuela, Nicaragua, Panamá, Grecia, Portugal, Irlanda, Israel, Japón, Taiwán, Bolivia, Suiza, Bélgica, República Checa, Jamaica, Dinamarca, Canadá, Vietnam, Turquía, Austria, Corea del sur, Marruecos, Polonia, Honduras, Finlandia, Rumanía, Malasia, Kazajistán , Paraguay, Australia, India, Filipinas, Angola, Bahamas, Albania, Suecia, Indonesia, Serbia, Aruba, Noruega, Rusia, Bulgaria, Islandia, Jordania, Hungría, Armenia, Andorra, Eslovaquia, Kuwait, Argelia,  Singapur, Arabia Saudí, San Vicente y las Granadinas, Estonia, Senegal, Mozambique, Túnez, Nueva Zelanda, Bosnia y Herzegovina, Georgia, Trinidad y Tobago, Países Bajos, Camboya, Sudáfrica, Ghana, Mauritania, Holanda, Pakistán, Azerbaiyán, Egipto, Omán, Qatar, Irán, Líbano, Palestina, Arabia Saudí, Bahréin, Iraq, Moldavia, Tailandia, Belice, Reunión, Sri Lanka, Macedonia, Croacia y Letonia.