Textos invitados

Change – Hope – Uniqueness

If you assume that there is no hope, you guarantee that there will be no hope. If you assume that there is an instinct for freedom, that there are opportunities to change things, then there is a possibility that you can contribute to making a better world.

Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto de libertad, que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces hay una posibilidad de que contribuyas a hacer un mundo mejor.

Noam Chomsky

Anuncios
Textos invitados

Automoribundia, de Ramón Gómez de la Serna

Al hablar de las mujeres me refiero entre otras a esas mujeres que se adelantan o se intercalan en nuestro camino para que no nos casemos con otras peores.

Yo no doy importancia más que a la inteligencia original y al amor, y todo lo que no proceda de esas dos fuentes me tiene sin cuidado.

La mujer es en realidad el lazarillo del hombre y el hombre el lazarillo de la mujer en la noche inhospitalaria del mundo.

Hay que ser feliz sin que ellas lo sepan.

El hombre debe saber devolver a la noche la mujer que se empeña en irse a la noche.

Textos invitados

The Beatles Met Elvis (by Paul McCartney)

9.50pm, Friday 27 August 1965

“We met Elvis Presley at the end of our stay in LA. We’d tried for years to, but we could never get to him. We used to think we were a bit of a threat to him and Colonel Tom Parker, which ultimately we were. So although we tried many times, Colonel Tom would just show up with a few souvenirs and that would have to do us for a while. We didn’t feel brushed off; we felt we deserved to be brushed off. After all, he was Elvis, and who were we to dare to want to meet him? But we finally received an invitation to go round and see him when he was making a film in Hollywood.”

“That was the great thing for me, that he was into the bass. So there I was: ‘Well, let me show you a thing or two, El…’ Suddenly he was a mate. It was a great conversation piece for me: I could actually talk about the bass, and we sat around and just enjoyed ourselves. He was great – talkative and friendly, and a little bit shy. But that was his image: we expected that; we hoped for that.”

“She came in and I got this picture of her as a sort of Barbie doll – with a purple gingham dress, and a gingham bow in her very beehive hair, with lots of make-up. We all said ‘hello’ and then it was, ‘Right lads, hands off – she’s going.’ She didn’t stay long.

I can’t blame him, although I don’t think any of us would have made a pass at her. That was definitely not on – Elvis’s wife, you know! That was unthinkable – she didn’t need to be put away quite so quickly, we thought.”

“It was one of the great meetings of my life. I think he liked us. I think at that time he may have felt a little bit threatened, but he didn’t say anything. We certainly didn’t feel any antagonism.

I only met him that once, and then I think the success of our career started to push him out a little; which we were very sad about, because we wanted to co-exist with him. He was our greatest idol, but the styles were changing in favour of us. He was a pretty powerful image to British people.”

Textos invitados

El encuentro de Elvis con los Beatles

Priscilla Presley recuerda (extracto de ‘Elvis by the Presleys’)

elvis_beatlesBeatles Elvis

(Texto original en inglés)

Algunas estrellas quieren conocer a otras estrellas. Algunas estrellas necesitan rodearse de otras estrellas. No era el caso de Elvis. No puedo recordar una sola vez en la que le pidiera al Coronel que organizara un encuentro con alguien famoso. Veía Hollywood como el hogar de lo postizo. Él se sentía verdaderamente fuera de lugar, por lo que en cuanto la película se terminaba, él desaparecía. Una tarde memorable, el Coronel preparó un encuentro entre Elvis y cuatro celebridades. Pero creo que eran los Beatles los que estaban deseosos de conocer a Elvis, y no al revés. De hecho, cuando John, Paul, Ringo y George entraron por la puerta, Elvis estaba en el sofá, relajándose, viendo la tele con el volumen bajado. Apenas se molestó en levantarse. Obviamente, sentía curiosidad sobre los Beatles. Los respetaba. En especial respetaba la forma en la que habían conseguido tanta libertad artística. Veía que podían hacer lo que querían. Apreciaba la calidad de sus canciones y, sobre todo, su película Qué noche la de aquel día (A Hard Day’s Night), donde se transmitían tan poderosamente su creatividad y su sentido lúdico. Acababan de lanzar Help!, o estaban a punto de hacerlo. También admiraba a Bob Dylan y apreciaba la profundidad de sus canciones. Pero Elvis, como el resto de iconos del espectáculo, era consciente de sus competidores. Entendía que los ídolos generacionales van y vienen, y, para la nueva generación, los Beatles eran los nuevos ídolos. Observaba este nuevo mundo musical que llegaba desde Inglaterra (los Beatles, los Rolling y los Dave Clark Five) con tremendo interés y, supongo que, también, con inquietud. Reconocía su talento y su energía (me lo dijo en muchas ocasiones) pero le preocupaba perder popularidad. Y en 1965, nadie era más popular que los Beatles. La noche que llegaron a nuestra casa en Perugia Way en Bel Air, había tantos guardas de seguridad como fans. Definitivamente, se trató el encuentro como si fuera una cumbre internacional. El hecho de que Elvis los saludara con una estudiada informalidad no significaba que no le importaba. Le importaba. Simplemente, se reafirmaba como el Rey original. Los Beatles respetaban ese papel enormemente. Cuando fueron escoltados hasta nuestro cuarto de estar y saludaron finalmente a Elvis, lo único que se les ocurrió fue quedarse mirándolo, especialmente John y Paul. En sus caras podía leerse que se sentían intimidados. No pudieron mostrar más humildad. Al principio resultó incómodo. Miraron a Elvis para que tomara la iniciativa. Elvis claramente llevaba la voz cantante. Pero a Elvis le bastaba con estar tumbado en el sofá y ver la tele sin sonido para sentirse cómodo. ¿Todas las actividades de esa tarde se iban a limitar a esto? Cuando pasaron unos treinta minutos, Elvis se levantó, puso un tema en el tocadiscos, cogió el bajo y se puso a tocar siguiendo la canción. Creo que era una canción de Charlie Rich, no estoy segura, pero sirvió para romper el hielo. Sacaron las guitarras y comenzó la jam session. A Paul le sorprendió que Elvis tocara el bajo. El caso es que llevaba una temporada aprendiendo a tocar el bajo por su cuenta y, dado su talento natural, ya lo dominaba bastante bien. Durante el resto de la tarde, hubo más música que palabras. No creo que Elvis les hiciera ni una sola pregunta y me consta que los Beatles estaban demasiado abrumados para preguntarle algo a Elvis. Pero se llevaron bien e hicieron buena música juntos. Siento muchísimo que ninguno tuviera una cámara o una grabadora para dejar constancia de ese momento histórico. Cuando Elvis mostró sus ganas de dejarlo, se acabó el encuentro, pero eso ocurrió después de  varias horas de música y de conversaciones informales que todos pudimos disfrutar. John y Paul invitaron a Elvis a su casa (habían alquilado una cerca de Benedict Canyon) para el día siguiente. No cabía duda de que deseaban mantener y estrechar su relación con Elvis. Elvis sonrió y dijo “ya veremos.” Pero yo sabía que no tenía intención de devolver la visita. Elvis rara vez salía por Hollywood, ni siquiera con la intención de promocionarse. Sin embargo, algunos de los chicos de Elvis aceptaron la invitación. Cuando volvieron al día siguiente, dijeron que John quería que Elvis supiera que, sin él, los Beatles no habrían existido. Él era su mayor y su mejor fuente de inspiración. A Elvis le gustó el comentario pero, ni siquiera un cumplido como ese fue suficiente para que los volviera a invitar a casa.

Textos invitados

Elvis met the Beatles (as remembered by Priscilla Presley)

Elvis met the Beatles (as remembered by Priscilla Presley)

elvis_beatlesBeatles Elvis

Some stars want to meet other stars. Some stars have to hang out with other stars. Not Elvis. I can’t remember him once telling the Colonel to arrange a meeting with anyone famous. He saw Hollywood as the home of phonies. He certainly felt out of place, which is why the minute the movie wrapped he was gone. One memorable evening, the Colonel arranged for Elvis to meet four famous people. But I believe it was the Beatles who were eager to meet Elvis, not the other way around. In fact, when John, Paul, Ringo and George walked in, Elvis was relaxing on the couch, looking at TV without the sound. He barely bothered to get up. Naturally he was curious about the Beatles. He respected them. Mostly he respected the way they had achieved their artistic freedom. He saw how they did whatever they liked to do. He appreciated their songs and especially their film ‘A Hard Day’s Night’ where their creativity and sense of fun came through so powerfully. ‘Help!’ was out or just about to be released. He also admired Bob Dylan and appreciated Dylan’s serious songwriting. But Elvis, like all iconic entertainers, was conscious of competitors. He understood that generational idols come and go, and that, for this new generation, the Beatles were the new idols. He viewed this whole world of music coming from England – the Beatles and Stones and the Dave Clark Five – with tremendous interest and I suppose some trepidation. He acknowledged their talent and energy – he told me so on many occasions – but he worried about losing popularity. And in 1965, no one was more popular than the Beatles. The night they arrived at our house on Perugia Way in Bel Air there were nearly as many security men outside as fans. This was definitely treated as a summit. The fact that Elvis greeted them with studied casualness didn’t mean he didn’t care. He did. He was simply affirming his role as Original King. The Beatles respected that role enormously. When they were escorted into our living room and finally greeted Elvis, all they could do was stare, especially John and Paul. Intimidation was written all over their faces. They couldn’t have been more humble. At first it was awkward. They looked to Elvis for an agenda. Clearly Elvis was running the show. But Elvis was simply content to recline on the couch and watch soundless TV. Was this going to be the extent of the evening’s activities? Thirty minutes or so into their visit, Elvis got up, put a song on the stereo, picked up his bass and began playing along with the music. It might have been something by Charlie Rich, I’m not sure, but it broke the ice. Out came the guitars and a jam session was under way. Paul was surprised Elvis played bass. The truth is that Elvis had been teaching himself bass for a while and, given his natural talent, was accomplished within no time. For the rest of the evening there was more music than talk. I don’t think Elvis asked the Beatles a single question and I know the Beatles were too overwhelmed to ask a question of Elvis. But they got along and made sweet music together. I regret that no one had a camera or tape recorder to record the historic moment. When it seemed Elvis was ready to retire, the evening came to an end, but not until we all enjoyed several hours of music and idle chatter. John and Paul invited Elvis to their place – they had leased a house in nearby Benedict Canyon – the next night. Clearly they wanted to maintain and extend this relationship. Elvis smiled and said, ‘We’ll see’. But I knew he had no intention of returning the visit. Elvis rarely went out in Hollywood, not even for show business royalty. Several of Elvis’ boys, though, took up the offer. When they returned they said that John wanted Elvis to know that without him there would be no Beatles. He was their first and best inspiration. Elvis liked hearing that, but even such a compliment wasn’t enough to invite them back.

Priscilla Presley Remembers (from ‘Elvis by the Presleys’)

Espectador en serie·Textos invitados

Sevillanas de los cuatro detectives

Sevillanas de los cuatro detectives por Pepe Da Rosa (De la colección Espectador en serie)

Robaron un camión de chirimoyas, aquí el teniente Kojak. Aquí el teniente Kojak de servicio, en plena vigilancia contra el vicio, que nadie se me ponga en plan chuleta. Aquí se me obedece y se respeta o formo un estropicio. Me pongo en la cabeza un sombrerito que es malo que me caiga el relentito, me pongo a resolver lo que me toca, le quito a un chupa chups su papelito me lo pongo en la boca. Yo soy un detective inteligente por eso en vez de cabo soy teniente. A mí ni se me engaña ni se enrolla, no quiero que de mí diga la gente que soy un gilipollas.

Se busca, que hay un caso y tiene tongo, al teniente Colombo. El pobre tiene cara de aburrido y llega con colilla y encogido, pregunta por el dueño de la casa y luego que le cuenta lo que pasa no queda convencido. Se pone a rastrear, que no se fía, igual que un perro en una cacería, se mete por el ojo de una aguja, se fija en una simple tontería y da con el granuja. A mí que este Colombo me empepina, me gusta, me entretiene, me domina y pienso, como muchos ciudadanos, para verlo trabajar sin gabardina, ya llegará el verano.

Un banco de Chicago han atracao, que busquen a MacCloud. Que busquen a MacCloud por donde sea, que el jefe está que chilla y que berrea, y en vez de presentarse como un rayo, las calles de Chicago pisotea, montando en un caballo. Con planta de vaquero muy castizo resuelve los asuntos sin permiso, él tiene sus ideas y sus razones, lo mismo sabe dónde están Los Chichos que coge a unos ladrones. Lo malo es como tiene esa manía. Es el follón que forma cada día y, en vista de que sigue el cachondeo, al pobre de su jefe, cualquier día, lo mata de un cabreo.

Acaban de robarme en el chalé, que venga Banaché. Que venga Banaché que me fascina, me aturde, me encocora y me trajina. Que venga por favor, no se entretenga, si quiere le pago en moneda china, lo que quiero es que venga. Que venga con su coche tan potente, que venga con su chofer tan prudente, que venga que hay que ver cómo está el tío, que traiga esa carita de inocente y el purito encendido. No sé lo que el fulano me habrá dado mirando de ese modo descarado. Que tiene cuando mira un no sé qué. Ni Kojak, ni Colombo ni MacCloud, que venga Banaché.

                                                                                                                                            Pepe Da Rosa