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Entrevista con Fernando Gracia Gracia

Es fácil adivinar cómo se crearon las distintas disciplinas deportivas que conforman el atletismo olímpico. Como, probablemente, habría ocurrido con anterioridad en China, Mesopotamia, Egipto o Persia, un grupo de jóvenes soldados griegos decidió averiguar quién era el más rápido corriendo, en cortas y largas distancias, quién arrojaba la lanza más lejos y con mayor precisión, quién era más certero con el arco y las flechas. Era cuestión de ver los límites de la excelencia física y psicológica del cuerpo humano. Intentar descubrir quién podía levantar más peso, lo que se convertiría más tarde en la halterofilia, formaría parte de los primeros retos que se les ocurrieron a esos soldados.

Para dar mayor legitimidad a esos deportes, los griegos pronto los trasladaron al mundo mitológico y los relacionaron con los dioses. Dos fueron los personajes mitológicos que pudieron ponerse el mayor peso conocido sobre los hombros. El primero fue por castigo. Se trata del joven titán Atlas, que encabezó la guerra de los titanes contra los dioses del Olimpo. Tras la derrota, Zeus lo condenó a cargar con el universo de por vida. Las estatuas de Atlas que han llegado a nuestros días no hacen justicia a lo que el titán estaba condenado a levantar y sostener. Se trataba no solo de la Tierra, que entonces acababa en el océano Atlántico (allí estaría Atlas levantado y, por eso, da nombre a ese océano), sino de todo el universo. Atlas debía sostener también los cielos y todas las estrellas del firmamento. El segundo personaje que pudo levantar el universo sobre sus hombros demostró ser más astuto que Atlas. Se trata de Hércules. En una de las pruebas que debió superar para erigirse como dios, se vio obligado a robar unas cuantas manzanas de oro del jardín de Hera, algo que nadie había logrado hasta entonces. El jardín estaba cuidado y vigilado por las Hespérides, que, casualmente, eran las hijas de Atlas. Hércules se dirigió a Atlas y le propuso sostener el universo para que fuera él a coger esas manzanas. Siendo sus hijas las Hespérides, le sería más fácil. Así salió todo como se había planeado. Cuando Atlas volvía hacia Hércules con las manzanas, se dio cuenta, por vez primera, de lo ligero que se sentía y, ya delante del héroe griego, decidió no volver a cargar con el universo. Le dijo a Hércules que él mismo llevaría las manzanas a Euristeo. Hércules se percató enseguida de las intenciones de Atlas y, con astucia, aceptó agradecido. «Pero, antes de irte», le dijo Hércules, «¿podrías, por favor, sujetar el universo un segundo para que me acomode la capa?». Atlas, inocente, se cargó el universo a los hombros y Hércules cogió las manzanas de oro y desapareció del plano que enfocaba a un Atlas desconcertado.

En Valdemoro, tenemos a nuestro propio Hércules, Fernando Gracia, medalla de oro en el Campeonato Mundial de Halterofilia que tuvo lugar en Barcelona en agosto de 2018. Fernando Gracia nació en Zaragoza en 1964 y vino a vivir a Valdemoro en 1994.

¿Cómo comenzó tu afición por la halterofilia?

En muchos casos, no elegimos a qué deporte nos vamos a dedicar, sino que ese deporte nos elige a nosotros. Si te apuntas a un equipo de baloncesto o de fútbol y no encuentras tu lugar en el equipo, si te apuntas a atletismo y no obtienes los resultados deseados, cambias deporte y sigues buscando hasta que encuentras uno que se te da bien. En mi caso, estamos hablando de 1979. En Zaragoza, no había muchas piscinas cubiertas y nosotros teníamos una relativamente cerca. Los chavales del barrio de la Química, en Zaragoza, un barrio obrero, teníamos la ilusión de ir a bañarnos a la piscina en invierno. Así, unos cuantos amigos decidimos apuntarnos a una de las actividades del Centro Natación Helios para poder disfrutar de su piscina cubierta. Y, como estábamos creciendo y queríamos ponernos cachas, nos apuntamos a halterofilia, siguiendo un poco a los líderes de la manada. Hala, todos los amigos a halterofilia. Y, tras un tiempo, de todos los que nos apuntamos, el único que se quedó fui yo. Las razones, ya las he dicho. Se me dio bien. En el primer torneo interprovincial en el que participé, gané un pequeño trofeo. Casi al año de empezar, con catorce, quince años, ya logré levantar cien kilos. En 1981, fui a mi primer campeonato nacional, a Madrid, y quedé tercero. Eso es lo que te va enganchando en el deporte. De lo contrario, como todo en la vida, te desanimas y lo vas dejando.

¿Tenías algún referente?

Sí. Un referente muy cercano. Otro chaval del mismo club, José Daniel Tejero, que con esa edad, había conseguido venir a la residencia Joaquín Blume (perteneciente al Consejo Superior de Deportes del Ministerio de Cultura y Deporte de España, está situada en la Ciudad Universitaria de Madrid). Cada vez que Daniel volvía por Zaragoza, traía el chándal de la selección y nos contaba que había estado compitiendo en un lugar u otro de Europa. Yo veía que mis marcas estaban muy cercanas a las suyas y mi entrenador de aquella época, Ignacio Almau, me animaba a alcanzar los éxitos de Daniel. Y lo conseguí, pero un poco tarde. Tarde, porque el equipo nacional se nutría de chavales jóvenes (17-18 años) y, cuando yo llegué al equipo nacional en 1990, estaba a punto de cumplir los 24.

Tu entrada en el equipo nacional fue, sin embargo, fulgurante.

Para conseguir formar parte del equipo nacional, tuve que ganar dos campeonatos de España absolutos (1988 y 1989) compitiendo con los levantadores que formaban parte de ese mismo equipo nacional. Cuando llegué, me metieron en el plan ADO (de la institución española Asociación de Deportes Olímpicos), un programa que se creó para las Olimpiadas de Barcelona de 1992, cuando España jugaba en la primera división económica del deporte internacional, antes de que vinieran las distintas crisis económicas. Recibí una beca y estuve internado dos años en la Residencia Joaquín Blume. Pude competir en una docena de torneos internacionales: dos campeonatos de Europa, dos campeonatos del mundo, unos Juegos del Mediterráneo, tres torneos de la Comunidad Económica Europea (gané uno de ellos, el del año 1991). También obtuve el récord de España en la modalidad de dos tiempos, levantando 170 kilos. También en el total olímpico (302 y 305 kilos), que es la suma de las dos modalidades de la halterofilia: arrancada y dos tiempos. Las cosas marchaban bien.

Pero no conseguiste participar en las Olimpiadas de Barcelona.

Poco antes de las Olimpiadas tuve una desgraciada lesión en un abductor y no hubo forma de recuperarme a tiempo. De haber podido participar, habría llegado a las Olimpiadas con 28 años y habría sido la guinda a una buena carrera deportiva. Pero no pudo ser. Volví a Zaragoza. Volví a mi gimnasio de referencia. Allí, amablemente, me habían guardado mi puesto después de más de tres años ausente. Sin embargo, ya no me motivaba como antes. Y, como al gimnasio venía mucha gente que se estaba preparando unas oposiciones, comencé a informarme de las distintas posibilidades. Así conseguí mi plaza en la Guardia Civil. Mi mayor esperanza era obtener un puesto en Madrid, donde había dejado a mi novia, Montse, a la que había conocido cuando estaba en la residencia Blume.

Interesante la metamorfosis de atleta olímpico a guardia civil.

Tuve suerte. Cuando ingresé en la Guardia Civil, gracias al Consejo Superior de Deportes, se me ofreció la posibilidad de ir destinado a un centro de enseñanza donde yo pudiera desarrollar una actividad laboral acorde a mi formación. Estuve veintidós años en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro como instructor y monitor deportivo. En el año 2000, tuve que completar un curso de monitor de Educación Física, para el cual tuve que reciclarme completamente. Gran parte de este curso es correr, correr y correr. Y yo, para correr, nunca he sido muy allá. Pero me puse las pilas, conseguí hacer el curso a los 36 años, ya talludito, y eso me permitió continuar con mi carrera profesional dentro de la Guardia Civil.

Entiendo que dejaste aparcada la halterofilia.

En el año 2010, mi amigo Daniel Tejero me llamó y me contó que iban a comenzar con las competiciones de halterofilia para veteranos. Yo había dejado la halterofilia en 1996. Hacía catorce años. Yo ya estaba en otras historias. Pero Daniel me dijo que la primera competición para veteranos se iba a celebrar en Zaragoza y que yo no podía faltar. Me preparé, fui, competí… gané. Y volví a mis orígenes. Volví a entrenar y he ido participando en varios campeonatos de España de veteranos. Se ha ido apuntando más gente, porque, al principio, éramos unos quince. En el último campeonato de España hemos sido más de cien. Como puedes imaginar, con esto nadie gana dinero. Te tienes que pagar tú todo. Así que, ir a campeonatos del mundo, o acaso de Europa, es difícil. Pagar el avión, los hoteles… ya que vas, te llevas a la familia… El mundial de 2017 fue en Nueva Zelanda. Allí pudo ir muy poca gente. Creo que no fue ningún español.

Pero en 2018, el campeonato mundial se celebró en Barcelona.

Para ir a Barcelona ya no había excusas. Fui a Barcelona y tuve la suerte de ganar el campeonato del mundo. También hay que decir que el año 2018 ha sido un año de transición para la halterofilia mundial. Han sido muy rigurosos con el tema del doping. Hay una serie de países en los que el doping en la halterofilia está organizado a nivel estatal. Esos países han llegado a darnos muy mala fama como deporte. La mayoría son países del este: China, Rusia, Kazajistán, Bielorrusia… Todo eso amenazaba con excluir a la halterofilia del ciclo olímpico. Para evitar que nos excluyan, hemos tenido que hacer ver que vamos a luchar contra el doping de verdad. Lo primero que ha hecho la Federación Internacional es sancionar a nueve países. Coincide que esos nueve países son de los más fuertes en halterofilia. Por eso, debo admitir que yo me he beneficiado de esa sanción para ganar el campeonato del mundo. Para el año 2019, ya están todos los países rehabilitados y, por lo tanto, será algo diferente.

¿Dirías que los halterófilos españoles no acuden al doping?

La Federación Internacional ha intensificado los controles. Normalmente se coge a los tres del pódium y, por sorteo, a unos pocos más. Yo creo que en España y en muchos otros países, en la halterofilia, hay una cultura en la que nadie utiliza las técnicas de dopaje. El Consejo Superior de Deportes, por encima de la federación nacional de halterofilia, es muy estricto y recuerdo que, cuando pasé por el equipo nacional, los controles por sorpresa eran muy frecuentes. Sin embargo, hay países, Corea del Norte es un buen ejemplo, en los que los logros de sus atletas se han vendido como éxito de su modelo de estado y la cultura del dopaje se fomenta desde todas las instituciones de gobierno. De hecho, nuestra referente actual, Lidia Valentín, acaba de recibir medallas de Pekín 2008 porque muestras, que estaban congeladas, se han vuelto a analizar con unos sistemas de detección más eficaces que los que había en esos años. Si antes detectaban la ingesta de doping hasta un mes antes, ahora pueden detectarla hasta tres o cuatro meses antes de la competición. En Londres 2012, Lidia Valentín quedó cuarta. Todo el pódium ha dado positivo tras pasar los nuevos análisis. El próximo 28 de febrero, está previsto que le den el oro de Londres 2012. Pero ya no es lo mismo. Ni los beneficios económicos, ni la gloria de subirte al podio con tu bandera, ni los incentivos estatales… A España no le interesa. Si nos sacan del ciclo olímpico, la halterofilia, que ya de por sí es minoritaria, dejaría de recibir subvenciones del Estado. En España, en los últimos veinte años, ha habido dos casos de doping. Uno dio positivo, pero el otro se desestimó porque se demostró que era un error. En este deporte cantan mucho las marcas.

¿A qué categoría perteneces? ¿En cuál has ganado el oro en 2018?

La halterofilia se organiza por los pesos de los atletas y, para los veteranos, además, por edades. En el último mundial, yo participé en la categoría de menos de 77 kilos, para lo cual tuve que hacer una dieta importante porque mi naturaleza me lleva a pesar normalmente 80-81 kilos. Sin embargo, ahora han cambiado las categorías y ya no existe la de menos de 77 kilos, que ha pasado a ser de menos de 73 kilos. La siguiente categoría sería de menos de 81 kilos, la cual parece que la han diseñado a medida para mí, pues es mi peso natural. También este año cambio de categoría de edad. El año pasado competí en la categoría M4, que era para atletas entre 50 y 54 años, y este año competiré en la categoría M5, que es para atletas de 55 a 59 años. El año pasado jugaba con cierta desventaja, porque era el más viejo de la categoría. Este año, seré de los más jóvenes.

¿Hasta qué edades compiten los halterófilos veteranos?

No hay límite de edad. Yo he visto competir a gente de hasta 82-83 años. Obviamente, conforme va avanzando la edad, hay menos atletas en esa categoría.

¿Dónde es el mundial en 2019?

Este año es en Montreal. Yo me he animado gracias a mi éxito en Barcelona, pero hay que echar cuentas para ver por cuánto sale. Busco patrocinadores [sonríe]. Mi mayor problema, además, son mis rodillas. Llevo haciendo deporte desde los catorce años y mis rodillas no han descansado. Fui operado ya de menisco, con 15 años. Y la halterofilia es un deporte muy exigente. Como cualquier deporte de élite a nivel de alta competición. Exige mucho y, si no estás bien armado… Todo lo que sea hacer un poco el bruto pasa factura. Yo ahora entreno bien un día y debo pasar los dos siguientes entre algodones. Con hielo, con antiinflamatorios… y mi mujer me pregunta que hasta cuándo. Y no solo es cuestión de edad, porque hay atletas de mi edad que no tienen los mismos problemas. Cuando yo salgo a competir, me pongo unas rodilleras y, encima de las rodilleras, me pongo una venda elástica. Debajo de la rodillera, tengo que ponerme un linimento. Tengo que hacer un calentamiento exhaustivo… y luego ves a gente de mi edad que puede salir a competir sin ningún tipo de protección y no les duele nada. No están tan castigados como yo. Claro, cuando estuve en el equipo nacional, eran nueve sesiones de entrenamiento a la semana, tres días con sesión doble. Con intensidades muy altas. Con cargas muy altas. El desarrollo de la fuerza es mover kilos, no es hacer series de cien repeticiones. No. En halterofilia, las series van de una a cuatro repeticiones con cargas que van del ochenta al cien por cien de tu máximo. Eso es muy traumático para nuestros cuerpos.

El deporte es saludable hasta que deja de serlo.

El concepto que tiene la población sobre la salud que aporta el deporte es perfectamente válido mientras se haga con una intensidad moderada. Dependiendo del deporte, podemos irnos hasta una intensidad media. Pero, en cuanto nos vamos a la alta competición, el deporte deja de ser saludable. Salir a caminar, a trotar, hacer unas cuantas abdominales, apuntarte a un gimnasio para ir tres días a la semana y hacer spinning… todo eso es saludable. Subir cien kilos por encima de la cabeza es hacer un poco el bruto.

¿Crees que la práctica de la halterofilia goza de buena salud?

Creo que sí. Por un lado, ya la hemos mencionado antes, los éxitos de Lidia Valentín han dado una visibilidad a la halterofilia española que no teníamos. Ayuda el hecho de que sea mujer, de que sea guapa, de que sea simpática, de que sea muy expresiva (cuando termina un levantamiento, hace un gesto con las manos muy característico en forma de corazón). Por otro lado, gracias al crossfit, la halterofilia ha ganado adeptos. Traído de los Estados Unidos, dicen que el crossfit es la base absoluta del entrenamiento de sus marines. Llegó a España hace unos diez años y está en pleno apogeo. Un tercio del crossfit lo componen ejercicios gimnásticos, en un tercio se utilizan máquinas, remos, unas bicicletas especiales adaptadas y un último tercio lo componen ejercicios de halterofilia, además de carrera y natación. Hasta que llegó el crossfit, había unas mil licencias de halterofilia. El crossfit ha conseguido triplicar ese número de licencias. Y, como la halterofilia es un tercio del mismo, nos ha dado mucha visibilidad. Ellos hacen muchas competiciones. Atletas que empiezan con el crossfit luego pasan a la halterofilia o compaginan las dos actividades. Por ejemplo, en Valdemoro, no hay ningún gimnasio de halterofilia, pero hay, al menos, dos de crossfit. Muchos gimnasios de crossfit están montando un club adicional de halterofilia. Así ocurrió en el gimnasio de crossfit de Rivas-Vaciamadrid (Madrid-Gymnastic) en el que yo entreno. Sin embargo, debemos olvidar que las personas que practican crossfit suelen tener una edad de inicio que no les permite alcanzar la alta competición. La federación lleva unos años mejorando sus números gracias a esos deportistas, pero no hay que olvidar que, si queremos campeones olímpicos hay que empezar con chavales que comiencen a practicar a edades más tempranas y que se acerquen a la halterofilia a partir de los doce años.

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Fernando Gracia Gracia se siente agradecido con su mujer y con su hijo, su familia más cercana. Es consciente de que sus éxitos son posibles gracias a los sacrificios que hace no solo él, sino la unidad familiar. Ellos son los que soportan su mal humor, sobre todo cuando se lesiona o cuando siente esos dolores que no le permiten rendir como a él le gustaría. Son ellos los que, también, acaban adaptándose a sus comidas, a su alimentación. Eso es una batalla diaria que la familia lucha junto al atleta. También se siente agradecido con la unidad de la Guardia Civil en la que está destinado (Escuela de Especialización – Área de Idiomas), porque siempre se lo ha puesto fácil para que pueda acudir a los campeonatos.

Tras la entrevista, me voy caminando a casa con una pequeña reflexión. Fernando Gracia, los halterófilos en general, los hércules de nuestros días, tienen una gran lección para nosotros. En una época en la que todos nos vamos cargando con responsabilidades y obligaciones, a veces innecesarias; en unos tiempos en los que siempre parecemos ocupados en las más nimias actividades, la halterofilia nos enseña que ser capaces de levantar un gran peso es tan importante como saber dejarlo caer al suelo tras conseguir la marca. La halterofilia nos enseña a sacudirnos el universo de los hombros. A quitarnos cualquier peso de encima.

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Editoriales

Rayo de líder

Lleva dieciséis años viviendo en Valdemoro, donde disfruta de su jubilación. Se llama “Rayo del líder” y fue un regalo personal del dictador libio Muamar el Gadafi al presidente José María Aznar. Llegó a Barajas, en avión desde Libia junto a una misión diplomática de ese país. Se trata de un caballo del desierto, raza equina de pequeña envergadura, descendiente de las mejores yeguadas del presidente libio. Tiene diecinueve años y se aloja en un box de doce metros cuadrados de los establos del Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil. Tristemente para su ilustre linaje, no se le ha conocido yegua.