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La educación bilingüe en Valdemoro

Los españoles miramos con envidia a los países del norte de Europa debido a la facilidad que muestran con las lenguas extranjeras. En el mundo global y competitivo en el que nos ha tocado vivir, hablar varios idiomas y dominar el inglés permite a los habitantes de Holanda, Dinamarca y Suecia (por poner algunos ejemplos) comenzar en una posición aventajada a la hora de conseguir un trabajo bien remunerado. Es por eso que, como sociedad, los españoles llevamos varias décadas haciendo grandes esfuerzos para aprender el idioma de Shakespeare. Hablar bien inglés se ha convertido en un requisito imprescindible a la hora de presentarse a muchísimas entrevistas de trabajo. Las Escuelas Oficiales de Idiomas y las numerosas academias de inglés que han ido abriendo en cada barrio de nuestras ciudades se han ocupado de la enseñanza de los idiomas extranjeros.

Muchos treintañeros y un gran número de españoles entrados en los cuarenta se han dado cuenta de un par de verdades bastante descorazonadoras: la primera es que, a pesar de lo que prometían en su momento muchos métodos innovadores, una lengua extranjera no se aprende en quince días. Tampoco en tres meses. Si alguien quiere aprender un idioma extranjero le debe dedicar un buen número de años. Normalmente, tantos años como para aprender a tocar bien un instrumento de música. La segunda desilusión que se han llevado muchos españoles es que no solo hay que estudiar inglés durante muchos años, sino que hay que estudiarlo siguiendo la metodología correcta. El inglés comenzó a sustituir al francés de forma generalizada en todas las escuelas públicas españolas a comienzos de los años ochenta. Toda esa generación de españoles ha estudiado inglés durante toda su vida y, desgraciadamente, debido a la metodología utilizada, no han aprendido inglés. Cada curso que empezaban, los estudiantes repetían, una y otra vez, el verbo to be, un montón de gramática y largas listas de palabras descontextualizadas.

No hay milagros

Queda claro, entonces, que el aprendizaje de un idioma lleva tiempo. Si queremos aprender bien una lengua, debemos estudiarla durante muchos años y, durante ese tiempo, debemos estar expuestos a esa lengua durante varias horas diarias de una forma natural (así adquirimos nuestra propia lengua madre). Un niño de cinco años todavía no ha recibido una instrucción lingüística formal y, sin embargo, ya ha adquirido una buena parte de su primera lengua. Lo ha hecho estando expuesto a esa lengua a través de juegos, canciones y de experiencias vitales en ese idioma. Un niño de cinco años ha adquirido gran parte de su primera lengua practicándola un día tras otro y recibiendo conocimientos en ese idioma. Esa es, también, la mejor forma de adquirir una segunda lengua.

¿Cómo podríamos conseguir, entonces, que las nuevas generaciones crezcan bilingües? Deberemos establecer un sistema de enseñanza en el que los estudiantes estén expuestos a una segunda lengua durante un buen número de horas al día a lo largo de todos sus años escolares. ¿Cuántas horas al día? El modelo 90-10 de inmersión dual, que ha obtenido los mejores resultados, propone que, en primero de primaria, los estudiantes reciban el 90% de las clases en inglés y el 10% en español; en segundo de primaria, el 80% en inglés y el 20% en español; en tercero, 70% en inglés y 30% en español; en cuarto, 60% en inglés y 40% en español; por último, a partir de quinto de primaria y hasta terminar bachillerato, 50% en cada idioma. Obviamente, para llevar a cabo este modelo, los maestros necesitan una alta preparación y la misma motivación que un niño en la puerta del parque Warner. A veces, la comunidad todavía no está preparada para el 90-10 y se opta por un  modelo 50-50, en el que los estudiantes reciben el 50% de la instrucción en cada uno de los idiomas. Aunque el requisito que exige la Comunidad de Madrid para que una escuela sea bilingüe es que ofrezcan, al menos el 30% de la instrucción en inglés, en la práctica, la mayoría de los centros bilingües ofrecen un modelo cercano al 50-50.

La oferta bilingüe en Valdemoro

En el curso académico 2004-2005, la Comunidad de Madrid comenzó el Programa de Educación Bilingüe. Dos escuelas públicas de Valdemoro se apuntaron enseguida al programa como centros bilingües: el CEIP (Colegio de Educación Infantil y Primaria) Doña Leonor del Álamo y el CEIP Nuestra Señora del Rosario. En 2014, el CEIP Diego Muñoz Torrero se convirtió, también, en un colegio bilingüe y este junio se gradúa la primera promoción de esta escuela. Valdemoro cuenta, también, con un instituto bilingüe de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato: el IES Neil Armstrong. Dentro de la educación pública, la localidad cuenta con diez escuelas de primaria y cinco institutos. Esto supone que un 30% de las escuelas públicas de primaria y un 20% de los institutos públicos pertenecen al Programa de Educación Bilingüe. Según los datos ofrecidos por la Comunidad de Madrid en su página web, durante el curso 2017-18, el 46% de las escuelas públicas de primaria y el 51% de los institutos públicos de la Comunidad pertenecían al Programa de Educación Bilingüe.

Además de estos centros, varias escuelas concertadas de nuestro municipio ofrecen programas de enriquecimiento bilingüe. Las presentamos aquí brevemente en el orden en el que recibimos la información que les solicitamos. El colegio Valle del Miro ofrece el programa bilingüe Jolly Phonics desde educación infantil y durante el inicio de primaria. En educación primaria, el colegio Valle del Miro forma parte, también, de la red de centros bilingües de la Comunidad de Madrid. Eso supone cuatro horas semanales de lengua inglesa y cuatro horas de ciencias sociales y naturales a la semana en inglés. Durante la ESO, tienen un programa bicultural que amplía el número semanal de horas en inglés y los contenidos culturales. Desde hace diez años, tienen, además, un programa de intercambio con institutos alemanes. En bachillerato, ofrecen un programa dual que permite obtener el título de bachillerato español y el diploma estadounidense de High School. Sus alumnos de FP pueden realizar sus prácticas en un país europeo gracias a las becas de Erasmus+ de la Comisión Europea y del SEPIE (Servicio Español Para la Internacionalización de la Educación). El colegio Nobelis propone el proyecto Nobenglish. La idea es aumentar progresivamente la exposición al inglés de los estudiantes, comenzando desde los dos años de edad. Cuando llegan a primaria, además de la asignatura de Inglés, reciben la instrucción de la clase de Arte en inglés. Desde quinto de primaria y en secundaria, realizan diversas inmersiones lingüísticas en Reino Unido y en Irlanda, bien durante el curso escolar, bien en verano. El colegio Hélicon tiene un programa bicultural. Esta escuela está adscrita a un programa bilingüe, certificado por Eduqatia y la Universidad de San Diego, que se llama Bilingual Excellent School (BES). Cuentan con nueve auxiliares de conversación que apoyan el trabajo de los profesores de idiomas. De cara al curso 2019-2020, Hélicon quiere ofrecer el Bachillerato Dual con el que los alumnos podrán obtener la doble titulación, española y estadounidense.

Para aquellos adultos de Valdemoro que desean aprender inglés y otros idiomas extranjeros, recomendamos la oferta pública en la Escuela Oficial de Idiomas. Los mayores de 14 años pueden comenzar sus estudios de francés y de alemán y los mayores de 16 años pueden comenzar sus estudios de inglés. Los estudiantes pueden empezar desde un nivel cero (A2.1) o hacer una prueba de clasificación e iniciar sus estudios desde el nivel que demuestren en dicha prueba. Los estudios de la Escuela Oficial de Idiomas terminan en el nivel C2, que supone tener un dominio académico del idioma extranjero y que permite cursar estudios universitarios en dicho idioma. Los interesados en matricularse en la Escuela Oficial de Idiomas normalmente pueden formalizar la preinscripción durante los meses de mayo, junio, julio y septiembre. La Escuela Oficial de Idiomas ofrece viajes culturales a sus estudiantes (este curso académico, a Dublín y a Basilea). Además, propone una oferta cultural gratuita en los diversos idiomas para toda la comunidad educativa.

Mitos y leyendas sobre la educación bilingüe

«Saber o no saber inglés», «tener el aprendizaje del inglés como asignatura pendiente en nuestras vidas» o «llevar o no llevar a nuestros hijos a una escuela bilingüe» son temas de conversación bastante habituales en nuestras vidas. Es normal, por lo tanto, que haya una serie de mitos y leyendas que se oyen con frecuencia. Hablaremos de algunas de ellas:

  1. «Tengo un vecino que no ha ido a una escuela bilingüe y habla inglés mejor que los estudiantes que van a este tipo de centros escolares». ¿De qué se quieren convencer las personas que comparten este argumento? Déjenme llevarlo al terreno del deporte: a lo largo de los diez años que viví en los Estados Unidos, conocí a una persona que jugaba al baloncesto mejor que algunos jugadores de la NBA. ¿Es eso posible? Claro que sí. Sin embargo, no estamos hablando de excepciones. Estamos hablando de un grupo numeroso de estudiantes. De la misma forma que lo más fácil es encontrar a los mejores jugadores de baloncesto jugando en la NBA, será también mucho más fácil encontrar al mayor número de estudiantes con un nivel decente de inglés dentro de una escuela bilingüe. Estamos hablando de que hasta los alumnos con el nivel más bajo de inglés dentro de una escuela bilingüe, a lo largo de los cursos, habrán adquirido una serie de destrezas y conocimientos en el idioma extranjero que les permitirán defenderse mucho mejor que los alumnos con el nivel más bajo de inglés en una escuela que no sea bilingüe.
  2. «Estudiar Ciencias Naturales y Sociales en inglés supone sacrificar muchos contenidos curriculares». Una vez más, se trata de una leyenda urbana que, tristemente, se difunde en nuestra comunidad. Según la legislación vigente, los contenidos curriculares de todas las asignaturas son los mismos para las escuelas bilingües y para las escuelas no bilingües. Estudiar contenidos como los de Ciencias Naturales y Sociales en inglés solo nos reporta grandes beneficios. En primer lugar, si el maestro está bien preparado en la enseñanza de contenidos en inglés, se las ingeniará para enseñar todos los contenidos. Las metodologías utilizadas para la enseñanza del contenido en inglés suponen mayor repetición de los contenidos a través de estrategias diferentes para asegurarse de que todos los estudiantes los entienden. Cuando utilizas diferentes estrategias para enseñar un mismo contenido llegas a un mayor número de estudiantes, pues cada uno de nosotros aprendemos de formas distintas. Los estudiantes que estudian todas sus asignaturas en español se exponen a una monotonía lingüística que, en muchas ocasiones, supone que el estudiante desconecte más fácilmente de la clase. Un estudiante de un centro bilingüe va cambiando idioma dependiendo de la asignatura. Eso activa diferentes partes del cerebro que estimulan la atención ante los cambios de código. Ambos hemisferios del cerebro se mantienen en activo con más facilidad. El aprender unos contenidos en un idioma que no es nuestra lengua madre exige que el estudiante desarrolle mucho más su sentido de la deducción. Los estudiantes de las escuelas bilingües son mucho más imaginativos, pues su cerebro debe estar funcionando en todo momento de la clase. Un cerebro más deductivo y más imaginativo expuesto a comparar lo que sabe en su propio idioma con lo que recibe en el segundo idioma expande su pensamiento crítico de manera exponencial, algo fundamental para el desarrollo cognitivo que se produce, en su mayor parte, hasta los dieciséis años.
  3. «En las escuelas bilingües, los estudiantes aprenden vocabulario en inglés y luego son examinados en español para acceder a la universidad». Eso es cierto. Pero, volvamos al desarrollo cognitivo. Cuando ese desarrollo cognitivo llega a altos niveles durante el bachillerato, todos los estudiantes bilingües que estudiaron contenidos en inglés hacen las conexiones cerebrales necesarias y acaban sabiendo estos contenidos en ambos idiomas. Recordemos que el 70% del vocabulario inglés viene del latín. Gran parte del vocabulario científico es muy similar en muchos idiomas y tiene sus orígenes en el griego clásico y en el latín. Eso permite que los estudiantes hagan las conexiones y transferencias necesarias de una lengua a otra. En muchas ocasiones, en inglés se utiliza una palabra culta que tiene similitudes con otra palabra culta española que no utilizamos en nuestra vida diaria. Eso permite no solo que los estudiantes conozcan el vocabulario en ambos idiomas, sino que, además, su léxico en español es, por lo general, mucho más rico que el de los estudiantes no bilingües.

Las grandes ventajas del bilingüismo

España, una de las quince economías más importantes del mundo, tiene la necesidad de educar a ciudadanos competitivos que hablen dos o más idiomas para poder competir en un mercado laboral cada vez más internacionalizado. Como hemos indicado al comienzo de este artículo, la sociedad española en su totalidad (desde el gobierno hasta las familias) ha aceptado el reto que nos plantea el siglo XXI.

Pero ser bilingüe tiene muchas más ventajas que no podemos olvidar. A corto plazo, el estudio de las lenguas nos expone a culturas ajenas a las nuestras. Los estudiantes aprenden a apreciar las costumbres de otros pueblos y desarrollan mayor empatía hacia los demás. Esta apreciación de la geografía, historia y cultura de otras naciones aumenta cuando los estudiantes de estos programas bilingües deben viajar al extranjero desde muy jóvenes para mejorar el aprendizaje de la lengua extranjera. El CEIP Doña Leonor del Álamo organiza viajes frecuentes a Inglaterra; los estudiantes del IES Neil Armstrong tienen la oportunidad de viajar a Hastings, al sur de Londres. Nuestros jóvenes serán, así, gente de mundo. A más largo plazo, las personas bilingües son bien vistas y reconocidas socialmente. Y, a mayor plazo todavía, está demostrado científicamente que, en las personas propensas a sufrir alzhéimer, el bilingüismo retrasa sus síntomas hasta cinco años.

Retos de la educación bilingüe

España entera se ha volcado en la educación bilingüe. Eso no significa que el camino sea fácil. El mayor sacrificio lo deben hacer los padres y el personal docente de las escuelas. Por un lado, muchos padres que no saben inglés se ven impotentes a la hora de poder ayudar a sus hijos con los deberes de la escuela. Eso debería ayudar a replantearnos cuántas y qué tareas deberían mandarse para casa. Cuando algún estudiante se encuentra con graves dificultades de aprendizaje y está en una escuela bilingüe, los padres pueden sentirse también indefensos. En un municipio como Valdemoro, no es tan fácil cambiarse de centro una vez comenzados los estudios y, si a un estudiante le toca en una escuela bilingüe a la hora de la escolarización, deberá concienciarse de que ese es su camino. Sin embargo, en la práctica, pocos son los estudiantes de las escuelas bilingües valdemoreñas que solicitan cambiarse de escuela por la mera razón de que su centro sea bilingüe. Y, en estos momentos, tal vez por razones académicas, tal vez por cómo está distribuida la población en Valdemoro, la escuela primaria con más listas de espera es un centro público bilingüe.

Los maestros y profesores han sido otro de los sectores sociales que más sacrificio han debido hacer. Si quieren obtener el certificado bilingüe de la Comunidad de Madrid que permite conseguir una plaza para enseñar una materia en inglés deben profundizar en sus estudios de inglés mientras siguen trabajando y preparándose para enseñar sus clases. Muchos docentes más cercanos a la jubilación se encuentran ante una empresa realmente difícil y es ahí donde deben demostrar la eterna juventud del docente.

Este septiembre, los programas de Educación Bilingüe de la Comunidad de Madrid en Valdemoro cumplen quince años. Algunos de los estudiantes que comenzaron en estos programas a los seis años están ya en la universidad y los datos académicos que recibimos sobre ellos son muy positivos. Sin embargo, los programas no son perfectos y deberíamos aprender de su andadura. Deberíamos comenzar a escuchar a los equipos directivos, a los docentes, a los estudiantes y a los padres que han pasado por los programas, que ya están consolidados, para comenzar a mejorarlos. Se deberán crear mejores protocolos a la hora de ayudar a los estudiantes que se encuentran en escuelas bilingües y necesitan adaptaciones curriculares. Es hora también de que las escuelas públicas bilingües comiencen a divulgar los logros obtenidos sin complejos. Para garantizar la continuidad y la mejora de cualquier programa es muy importante que los que creemos en él lo defendamos públicamente. Propaguemos sus maravillas. La generación de nuestros hijos se desenvolverá en inglés infinitamente mejor que la nuestra. Si seguimos trabajando, no tendremos nada que envidiar de los holandeses, daneses o suecos, por poner algunos ejemplos.

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Enero

Gracias a enero, noviembre no es el único mes del año que empieza por «n». Enero debe su nombre al dios romano Jano (del latín iānuārius, pasó al latín vulgar jānuāirō y se convirtió en janero en el español medieval). Jano es el dios de las puertas, los comienzos, los portales, las transiciones y los finales. Por eso, lo eligieron para dar nombre al primer mes del año. En España, enero es el mes de la cuesta. Una cuesta arriba que, a veces, se hace eterna por los excesos de la navidad. Y, hasta hace unos años, enero era el mes de las rebajas. Pero ahora hay rebajas durante todo el año camufladas tras una excusa u otra. En enero, muchos dan el pistoletazo a su particular operación bikini. El atolón Bikini consta de 36 islas y es uno de los atolones que conforman las islas Marshall. Los habitantes de Bikini nunca llevaron bikinis. El atolón Bikini se hizo famoso en el mundo en 1946, cuando el gobierno de los Estados Unidos decidió probar una de sus primeras bombas nucleares en esa zona del mundo. Entonces vivían allí 167 personas y fueron evacuadas voluntariamente a otra isla vecina. Les hicieron pensar que podrían volver poco después de la explosión. Volvieron en 1970, pero pronto los científicos estadounidenses les dijeron que la alta radiación acabaría con ellos si se quedaban allí. En 1946, cinco días después de la explosión nuclear en el atolón Bikini, el francés Louis Réard lanzó un nuevo diseño de traje de baño femenino con el mismo nombre que el atolón. El atolón Bikini fue avistado por primera vez en septiembre de 1529. Septiembre, no enero. Lo que fue avistado por primera vez en enero fue Río de Janeiro y, de ahí, su nombre (Bahía de enero en español). Enero, el mes dedicado a Jano. El dios Jano es representado con dos caras mirando a ambos lados de su perfil. Los romanos creían que Jano había inventado el dinero, la navegación y la agricultura. También, según ellos, aseguraba buenos finales. Pero, en el caso de esta entrada de blog, ha fracasado estrepitosamente.

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El oeste americano del valle del Río Puerco

      Muchos de nosotros tuvimos la suerte de crecer con las películas del Oeste americano, un territorio mitológico que, de niños, muy pocos habrían sabido señalar con precisión en los mapas y que, de más creciditos, tendríamos que encontrar siguiendo las referencias geográficas que vinieran a nuestra memoria. Las dos razones por las que no es tan fácil situar ese Oeste americano con facilidad están ciertamente conectadas: por un lado, el Oeste americano estuvo ligado con frecuencia al concepto de frontera y, por lo tanto, fue o es un territorio portátil muy amplio que empezó estando a unas millas al oeste de Jamestowne, en el estado de Virginia, y que fue trasladándose hacia el noroeste, hacia el oeste y hacia el suroeste de forma progresiva; por otro lado, el Oeste americano, más que un territorio, sería un concepto, un mundo mitológico, como hemos mencionado, que dio paso a la creación del imperio mundial que, de alguna forma, gobierna el mundo en el que hoy vivimos. Una teoría plausible señalaría la costa de California como el final de ese Oeste americano; otra, no menos acertada, extendería ese oeste hacia Alaska, Hawaii, la Polinesia entera, Tierra de Fuego, Japón, casi toda Asia, para llegar a Europa y alcanzar, de nuevo a nuestro entrañable pueblecito de Jamestowne por el Atlántico. Todo para dar la vuelta al mundo en ochenta transacciones bursátiles.

     Todos esos oestes americanos mencionados serían igual de válidos pero, si queremos encontrar la cumbre del Olimpo, necesitamos no sólo unos actores/personajes tipo/dioses a los que podamos identificar en todo momento, sino también unos paisajes a los que nuestra memoria pueda invocar con facilidad y unas circunstancias en las que podamos justificar como hazañas cada uno de nuestros tiroteos. Entonces, sólo entonces, el dedo de un viajero curtido se dirigirá sin dilación al territorio comprendido entre el río Grande y el río Pecos, en el estado de Nuevo México, para señalar su ubicación. Ahí es donde la literatura se ha recreado más a la hora de contarnos el Oeste americano. Muy posiblemente, como rezaba el cartel de introducción de la exposición histórica The Frontier Experience: New Mexico 1598-1900 (La experiencia de la Frontera: Nuevo México 1598-1900),  porque ese territorio haya sido el que durante más tiempo fue (o ha sido) parte de la frontera:

     La ‘frontera’ ha sido considerada durante mucho tiempo como un factor importante para la creación de los ideales y actitudes estadounidenses. Nuevo México es único entre el resto de los estados porque tiene una herencia de la frontera que duró más de 300 años. De hecho, ningún lugar en Norte América experimentó este proceso durante tanto tiempo. La mayoría de los territorios fueron frontera durante sólo los primeros años de sus existencias y entonces la frontera se trasladó más al oeste o más al norte.[1]

    Muy posiblemente, también, porque fue ese territorio sobre el que más artículos escribieron los periódicos de Nueva York a finales del siglo XIX para mantener el creciente interés de unos lectores que tal vez añorasen, desde la comodidad de sus ciudades, un pasado reciente en el que sus territorios habían sido Oeste americano; muy posiblemente, porque, desde muy temprano, Hollywood se encariñó de esos paisajes del suroeste de los Estados Unidos para filmar sus películas.

     En España, en todas esas películas del Oeste americano, todos los personajes hablaban en español. Luego descubrimos que no, que en realidad nosotros los oíamos en español gracias a la magia del doblaje de las películas pero que, en realidad, todos los personajes hablaban en inglés. El Oeste americano que supone el mito del nacimiento de los Estados Unidos se escribió primero en inglés y se filmó, pocos años después, en inglés. Sin embargo, si echamos un vistazo al Censo de Estados Unidos de 1890, observamos: “En Nuevo México casi dos tercios, el 65,11%, y en Arizona casi tres décimas partes, el 28,23%, de la población mayor de 9 años no sabía hablar inglés[2]”. Desafortunadamente, el censo no ofrece datos exactos de las personas de estos dos estados cuya lengua madre era el español pero, teniendo en cuenta la cifra del 65,11%, podemos imaginar que el número de niños menores de 10 años que no hablaban inglés o el número de habitantes mayores de 9 años que hablaba inglés pero cuya primera lengua era el español eran bastante elevados. Así pues, tenemos que pensar que el Oeste americano se escribió en inglés desde la costa este de los Estados Unidos y se filmó en inglés desde la costa oeste. Sin embargo, es más fácil que el Oeste americano se hubiera hablado en español y que los propios habitantes de ese Oeste americano hubieran escrito los sucesos de la zona en sus periódicos en español. No obstante, en 1889, posiblemente el momento más álgido para la prensa en español en Nuevo México, había 65 periódicos publicados en español.[3]

      En España, por lo tanto, estas películas eran dobladas del inglés al español gracias a la deliciosa ironía que suponía el hecho de que los Estados Unidos hubieran elegido como cuna del mito de su nacimiento a un territorio en el que, durante el periodo en el que ese mito se llevaba a cabo, la aplastante mayoría de la población hablaba español. El fenómeno no era nuevo: El griego Eneas, protagonista indiscutible del mito de creación de Roma, habla en latín durante toda la Eneida. Podríamos alargar la ironía un poquito más: cuando Sergio Leone filmaba sus estupendos Spagetthi Westerns en España se llevaba consigo a dos o tres actores angloparlantes a los desiertos de Almería. Leone se hizo popular con unas películas llenas de silencios porque en ellas sólo hablaban tres o cuatro actores. El resto, actores extras españoles, aparecían silenciosos porque no hablaban bien el inglés y se dedicaban a rellenar los ataúdes que luego pagaba el personaje que interpretaba el bueno de Clint Eastwood.

     Tal vez fue mejor así. Tal vez Leone hizo bien en no dejar hablar en español en sus películas. Después de todo, el español que se hablaba entre el mítico río Grande y el río Pecos no era el mismo que se hablaba en Andalucía. El español que se hablaba en Nuevo México se había configurado como una variedad más del español, con su personalidad propia, con sus giros regionales y con unas soluciones adecuadas para defenderse en esos territorios lejanos. El español de Nuevo México (especialmente aquel hablado en los dos tercios norte de Nuevo México y en el valle de San Luis, al sur del estado de Colorado) pronto llamó la atención de lingüistas prestigiosos (Aurelio Macedonio Espinosa, Amado Alonso, Rubén Cobos, Manuel Alvar, Garland Bills, Neddy Vigil, entre otros). Pronto aparecieron también reputados folkloristas como Enrique Lamadrid, John Donald Robb o Jack Loeffler y Kathrine Loeffler.

    Muy cerquita de esa Mesopotamia del suroeste de los Estados Unidos, a unos pocos kilómetros al oeste nos encontramos con otro río, tal vez más discreto pero, no por ello, menos importante para nuestro texto. Estamos hablando del río Puerco, que nace al noroeste del estado, en los picos de San Pedro, en las montañas Nacimiento y, pasa cerca de Cuba (en Nuevo México, claro), deja al este el conspicuo pico de Cabezón y el cerro del Cochino, se le une el Arroyo Chico entre la mesa San Luis y la mesa Chiuato; pasa al oeste de la mesa Prieta para atravesar más tarde la reserva india de Laguna, donde se le une el río San José, y desembocar en el río Grande a unos 32 kilómetros al sur de Belén. Estamos hablando de 370 kilómetros de una cicatriz seca durante una buena parte del año por la que, cuando le toca, se desbocan las aguas de las lluvias y el deshielo.

      Poco después de crearse la reserva para los indios navajos, entre los años 1860 y 1870, se fundaron una serie de plazas a las orillas del río Puerco, todas al sur de Cuba, muy cerca del pico de Cabezón. Gente, en su mayoría procedente del valle del río Grande (Albuquerque, Bernalillo, Algodones), pero también de lugares más lejanos, como Antón Chico, Puerto de Luna o Pecos, buscaron mejorar su vida en esa pequeña comarca. Casi todos, con muy pocas excepciones, eran hispanos e hispanohablantes y llevaron consigo toda una riqueza folklórica que se había conservado y desarrollado en Nuevo México durante más de dos siglos. Poblaciones como San Luis, Cabezón, Guadalupe y Casa Salazar conformaron una pequeña comarca de poco más de 700 habitantes que desarrollaron sus vidas a lo largo de casi un siglo hasta que la zona fue abandonada para 1950. Las dos Guerras Mundiales, que reclutaron a los jóvenes de la zona, y la falta de apoyo gubernamental hacia los pequeños rancheros del valle del río Puerco hizo que la comarca fuera perdiendo población progresivamente a partir de 1910 y para 1950 todos su habitantes habían abandonado la zona.

     El valle del río Puerco es el Oeste americano que le tocó vivir a Nasario García y el Oeste americano que él decidió contar al mundo. El recóndito y maravilloso Oeste americano de Nasario García. Los personajes que nos cuentan ese Oeste a través de Nasario habrían vivido durante los mismos años y prácticamente en el mismo territorio que aparecían en los periódicos del este y, sin embargo, los relatos que nos ofrece Nasario están muy lejos de los duelos al sol. Son historias sencillas de familias que trabajaban duro en la tierra y criando animales para salir adelante, para aumentar progresivamente sus lotes de tierra. Son historias de accidentes laborales, de supersticiones, de anécdotas en el campo o en el baile, de fe y de dudas ante lo incierto.

    Nasario García no nació en esta comarca del valle del río Puerco. A su madre la convencieron para que fuera a Bernalillo a casa de su madre, la abuela materna de Nasario, para que naciera en un lugar más “civilizado”[4]. Sin embargo, Nasario se crió en Guadalupe (Ojo del Padre) y, como autor, académico y folklorista, se ha dedicado a recuperar la memoria de la comarca en gran parte de su obra. Si es verdad que el ser humano pasa su vida buscando e intentando recuperar su infancia, Nasario es, no cabe duda, un ser humano ejemplar.

     En 1987, publicó Recuerdos de los viejitos, su primer volumen dedicado al folklore del valle del Río Puerco y, desde entonces, le siguió Abuelitos, Tata, Comadres y Más Antes. Todos estos libros contienen la frase “Valle del río Puerco” en su título y todos  recopilan historias o anécdotas relatadas por los propios protagonistas. Nasario se dedicó a grabar y, después, transcribir casi literalmente todas esas historias contadas por habitantes del valle del río Puerco nacidos entre el 1872 y el 1927. Los dos primeros tienen más similitudes; el tercero se distingue porque son todas historias que le contó su padre; para el cuarto, sólo utilizó las historias que le contaron las mujeres; el quinto recopila dichos, adivinanzas, cuentos, corridos, cartas, entriegas (versos cantados o recitados para los novios en una boda), canciones y alabados.

     Con estos cinco volúmenes, Nasario demuestra que su mayor interés es escuchar antes de ser escuchado. Aún publica dos libros más con carácter recopilatorio, Brujas, Bultos, y Brasas y ¡Chistes! antes de destapar completamente su lado poético con Tiempos lejanos. En el primero de esta lista, Nasario cambió de valle para entrevistar a pobladores del valle del río Pecos y transcribir sus cuentos sobre brujas y magia. Tocará el mismo tema en un libro posterior, Brujerías, en el que amplia, una vez más su ámbito e incluye a todo el suroeste de los Estados Unidos. En el segundo recopiló chistes en español por el norte de Nuevo México y el sur de Colorado (aquí todavía encontramos alguno recogido en el valle del río Puerco). En el 2004 publica su primer poemario con Tiempos lejanos.

   Aún publica dos libros más relacionados con el folklore y la tradición nuevomexicanos: Old Las Vegas, en 2005, y Fe y tragedias, en el 2010. En el primero, la legendaria ciudad de Las Vegas (la ciudad de Nuevo México, no la famosa de Nevada) y el segundo trata el tema de la fe en el mundo rural nuevomexicano.

    En 2009 Nasario publica dos libros de ficción llenos de cuentos para niños y para adultos: El Arco Iris y otros cuentos y Ruido de Cadenas. En estos dos libros, el autor puede encontrar cuentos que Nasario escuchó en su infancia y cuentos inspirados en sus propias experiencias.

     Su último libro (de momento) fue publicado en 2010. Bolitas de Oro es un poemario exquisito, otro maravilloso homenaje a su infancia en Guadalupe, en el valle del río Puerco, un homenaje a las canicas, a las bolitas de oro, como ellos las llamaban. Y es con este libro, y con su vuelta al valle del río Puerco, con el que Nasario se universaliza. La amplitud del territorio cubierto y la progresión venían reflejadas en los títulos de sus libros: valle del río Puerco, Norte de Nuevo México y sur de Colorado, suroeste de los Estados Unidos…cualquier muchacho del mundo que haya jugado a las canicas, que haya llevado pantalones cortos y las rodillas llenas de costras encontrará poemas en este libro con los que sentirse identificado.

      Tres aspectos llaman la atención en los libros de Nasario: el primero es el hecho de que Nasario no renuncie al español en ninguna de sus obras puesto que la mayoría de los textos aparecen en español y en inglés; el segundo es el respeto y la admiración del autor por los mayores, por los viejitos, de su cultura; el tercero es su afán de no idealizar en exceso el mundo que intenta describirnos. En Abuelitos, hace una clara declaración de intenciones al respecto:

      Mientras reflexiono sobre mi infancia en Guadalupe y en el valle del Río Puerco, se mantienen en mi mente numerosos y placenteros recuerdos imborrables, pero, al mismo tiempo, sería injusto regocijarnos en ellos sin admitir que, en muchas ocasiones, la tristeza, la tragedia y la pobreza también convivían con los habitantes de la zona.  Si dejamos de lado a esa realidad corremos el riesgo de dar un toque excesivamente romántico y distorsionar una forma de vida muy real. Desafortunadamente, esta tendencia asoma de vez en cuando por los relatos sobre las comunidades rurales hispanas de Nuevo México, especialmente cuando los autores son forasteros que se quedan cautivados y, tal vez, perplejos ante Nuevo México, la Tierra Encantada. [5]

      Es refrescante descubrir que tras el Oeste americano de celuloide con el que muchos de nosotros nos criamos hubo otros oestes americanos. El oeste americano forjado en español y con folklore hispano tuvo la suerte de ser encontrado, escuchado, recopilado y transcrito por el nuevomexicano Nasario García. Hubo otros oestes americanos que, desde aquí, invitamos al lector a descubrir: aquellos oestes americanos que se vivieron en navajo, en apache, en keres, en tigua, en tehua, en towa y en zuñi.

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[1] La traducción es nuestra y la cita aparece recogida por Thomas Chávez en su libro An Illustrated History of New Mexico. Albuquerque: University of New Mexico Press, 2002 [1992], p. 238, y cuyo texto original es: “The frontier experience has long been considered a major contributor to the development of American ideals and attitudes. New Mexico is unique among states in having a frontier heritage that lasted over 300 years. In fact, no place in North America experienced the process longer. Most areas were frontiers for only the first years of their existence and then the frontier moved further west or north.”

[2] La referencia proviene del informe “Progress of the Nation. Part II,” p. lxiii del Censo de 1890. XI Censo de los Estados Unidos. Su título original fue: Department of the Interior, Census Office. Report on the Population of the United States At the Eleventh Census: 1890, Washington D.C.: Government Printing Office, 1895. El texto original es: “In New Mexico very nearly two-thirds, or 65.11 per cent, and in Arizona very nearly three tenths, or 28.23 per cent, of the population 10 years of age and over could not speak English.”

[3] Para ampliar y contextualizar véase Habermann-López, Mary Jean. “Multilingualism in New Mexico”. Nuevo México. Ed. Roberto Mondragón. Nuevo México: New Mexico Highlands University, 2009, p. 122.

[4] Es el propio Nasario García quien utiliza esta expresión, “so that I would be born in more ‘civilized’ surroundings,” en su obra Abuelitos. Stories of the Río Puerco Valley. (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1992, p.1. Published in cooperation with the Historical Society of New Mexico).

[5] El texto original es: “As I reflect in my childhood in Guadalupe and the Río Puerco Valley, countless pleasant memories remain indelible in my mind, but, at the same time, it would be unfair to dwell on this aspect without acknowledging that sadness, tragedy, and poverty often plagued the inhabitants as well. To ignore this reality is to invite the risk of romanticizing and to distort a very real way of life. This tendency, regrettably, has appeared from time to time in writings about rural Hispano communities in New Mexico, particularly by outsiders who become enthralled and perhaps bemused by the Land of Enchantment.”

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Celebridades de Valdemoro

Valdemoro ha sido cuna de personajes célebres a lo largo de toda su historia y su cercanía con la capital de España ha favorecido el paso de grandes personajes de la historia de España por la localidad. Miguel de Cervantes se casó en Esquivias (a veintitrés kilómetros de Valdemoro) y vivió allí durante tres años, con lo que es muy posible que se pasara por esta villa; Miguel Hernández estuvo en las trincheras de Cubas de la Sagra (a dieciocho kilómetros de Valdemoro) y parece que utilizó la oficina de correos de Valdemoro para enviar parte de su correspondencia. Ramón Sender Barayón, el hijo de Ramón J. Sender, cuenta en su libro Muerte en Zamora que su padre estuvo destacado en Valdemoro durante la Guerra Civil y que fue en esta localidad donde tuvo su famoso altercado con Líster. Parece ser, también, que está documentado el paso de San Juan de la Cruz por la localidad. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción puede presumir de un Goya, de cuadros de los hermanos Bayeu, pinturas de Claudio Coello y de los frescos de Antonio Van de Pere. En este artículo haremos un pequeño repaso de algunos de los personajes célebres que nacieron o residieron en Valdemoro a lo largo de la historia.

Aunque no se sabe el día exacto de su nacimiento, la primera de esas celebridades es Fray Pedro de Aguado. Sabemos que nació en Valdemoro y que fue bautizado hacia el año 1513. Alrededor del año 1560, parte para el Nuevo Mundo como misionero franciscano. Es considerado el primer historiador de Venezuela. Escribió Testimonio historial, que dedicó a Felipe II y que dividió en dos partes: Conquista y población de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada (1581) e Historia de Venezuela (1582).

«No deven ser olbidados por silencio los hechos y obras tan eroicas de nuestros naturales españoles, en especial aquellos que para honrra y gloria de Dios sean hechos, y como quiera que por la mayor parte sean los honbres de flaca y fragil memoria, prouee nuestro Dios, con su grande sabiduría, a mober los coraçones de algunos para que escriviendo las tales obras y haziendo libros e historias, sean por esta manera rreduzidos a la memoria, a lo qual con façilidad son mobidos por el gusto y contento que dello rreciben, por la memoria que dellos queda en los libros que conponen de obras virtuosas y notables hechos pasados: por que como dize Balerio, no ay humildad en el mundo, por grande que sea, que no sea tocada de dulçura y contento, y porque la memoria de los hechos y hazañas pasadas es vn exemplo para consultar las verdaderas.»
 Fray Pedro de Aguado (1918) [1582], Historia de Venezuela, Madrid: Publicaciones de la Real Academia de la Historia.

Pocos años más tarde, en abril de 1571, nació en Valdemoro Diego de Pantoja. Llegó a Macao, la antigua colonia portuguesa en China, el 20 de julio de 1597 como misionero jesuita. Junto a Matteo Ricci consiguió llegar a Pekín y allí consiguió trato de favor por parte del emperador para vivir allí convirtiendo a un buen número de chinos al catolicismo a pesar de que la ley imperial tenía prohibida la entrada a los extranjeros. Fue, junto a Ricci, partidario de introducir la religión católica en China a través de una política de adaptación frente a aquellos que habrían preferido intentar invadir China y convertir a todo el país.

En 1602, Pantoja escribió una carta al obispo de Toledo Luis de Guzmán, en la que ofrecía todo un tratado sobre la geografía, la historia, la cultura y los sistemas de gobierno chinos. La carta se convirtió en un tratado difundido por toda España y traducido al francés, alemán, latín e inglés. Escribió un buen número de obras en chino, descubrió que el Catay del que hablaba Marco Polo correspondía efectivamente con China y comenzó a desarrollar un sistema de transcripción del chino al alfabeto latino que culminaría Nicolás Trigault en 1623. Diego de Pantoja murió en Macao el 9 de julio de 1618.

En la Biblioteca Digital Mundial, se puede acceder a la Crónica de tierras extranjeras (https://www.wdl.org/en/item/227/view/1/1/). A partir de un mapa de China diseñado por Matteo Ricci siguiendo los sistemas europeos de cartografía, el emperador solicitó la elaboración de un texto en chino, que explicara el mapa. Como Ricci murió, comenzó el trabajo Pantoja, que tampoco pudo terminarlo pero que lo dejó muy avanzado para que lo acabara Giulio Aleni.

En 1971, con la presencia de miembros de la Embajada de China en Madrid, se colocó una placa en la pared principal de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción en conmemoración del 400 aniversario del nacimiento de Diego de Pantoja y en reconocimiento de su trabajo a la hora de acercar la lengua y la cultura chinas a Occidente.

Manuel Bretón de los Herreros no nació en Valdemoro pero vivió en la localidad. Dramaturgo, poeta y periodista, nació en Quel, La Rioja, en 1796. Fue también miembro de la Real Academia de la Lengua Española -además de secretario perpetuo- bibliotecario de la Biblioteca Nacional y director de la Imprenta Nacional. Se alistó voluntario en la guerra de la Independencia y fue soldado durante diez años. Se cree que su carrera militar no prosperó debido a sus ideas liberales – llegó a luchar contra los Cien Mil Hijos de San Luis-. En su comedia en un acto Medidas extraordinarias o Los parientes de mi mujer, uno de los personajes de Bretón pide permiso para sentarse porque ha llegado caminando a Madrid desde Valdemoro. Murió en 1873.

En 1828, nace en Málaga una de las figuras políticas más influyentes del siglo XIX español. Estamos hablando de Antonio Cánovas del Castillo. Fue político, historiador, presidente del Consejo de Ministros y fue asesinado en Mondragón por el anarquista italiano Michele Angiolillo. Su nombre sirvió para acuñar una corriente política, el canovismo, que tenía por fondo la implantación de una democracia no revolucionaria y tradicional al modelo británico. Estaba sustentada en la monarquía y creía en el bipartidismo y la alternancia del poder. Antonio Cánovas del Castillo compró una casa de verano en Valdemoro, posiblemente porque su hermano Emilio (diputado a Cortes, consejero de Estado y senador vitalicio) fijó su residencia en Valdemoro desde 1873 hasta 1910.

También vivió en Valdemoro su sobrino, el hijo de su hermano Emilio, Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo (1864-1933), conocido como Dalton Kaulak o simplemente Kaulak. Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo fue un famoso fotógrafo. Sus retratos recogieron imágenes de los más importantes políticos de su época como Antonio Maura, escritores como José de Echegaray, compañeros de la Real Sociedad Fotográfica como Guirao Girada, toreros como Manuel Granero y, por supuesto, la familia real.

«Hastiado de la corte política y literaria de España hace mucho tiempo, decidí levantar mi casa y venir a sentar mis reales y a emplearlos en este rincón pacífico que no envidia por la paz y el silencio a los profundos desiertos del África. Con todo el capital que en 17 años de trabajo incesante logré reunir, lo he empleado en la para mí deliciosa posesión que he construido y la única renta que me proporciona es la tranquilidad con que vivo, la libertad con que trabajo, la quietud egoísta en que vegeto y la salud y alegría de mis hijos.»

Así escribía Luis Mariano de Larra y Wetoret en una carta a un amigo en 1870, cuando decidió venir a vivir a Valdemoro. Lo único que le pesaban era «recorrer las cuatro leguas que de Madrid me separan». Luis Mariano de Larra y Wetoret (1830-1901) fue, que se sepa, el primogénito del famoso Mariano José de Larra y era rara la ocasión en la que no se le presentaba como tal, como hijo del gran Fígaro – incluso el día de su boda-. Tiene su aquel el ser siempre el hijo de alguien. Consiguió gran éxito literario como libretista de zarzuelas, siendo el autor de una de las mejores obras maestras del género (El barberillo de Lavapiés). Fue, además, periodista, dramaturgo y novelista.

Sus dos hijos, Luis de Larra y Ossorio y Mariano de Larra y Ossorio, siguieron la tradición familiar de la escritura y también continuaron su vinculación con Valdemoro. Luis de Larra escribió casi un centenar de obras. A pesar de sus constantes giras, siempre encontraba muchos momentos para disfrutar de sus amigos y parientes en su finca familiar de Valdemoro. Mariano de Larra, además de escritor de obras de teatro, fue un actor muy admirado en España y en Cuba, donde recibió el encargo de dirigir el prestigioso teatro Albisú. Murió en Valdemoro en 1926.

Pedro Antonio de Alarcón -cuyo nombre completo era Pedro Antonio Joaquín Melitón de Alarcón y Ariza- nació en Guadix, Granada, en 1833 y murió en 1891 en Valdemoro, donde vivió una buena parte de su vida. Además de una rica vida periodística y literaria, el autor de El sombrero de tres picos, fue consejero de Estado con Alfonso XII en 1875. Fue también diputado, senador y embajador en Noruega y en Suecia. Además fue académico de la Real Academia de la Lengua Española desde 1877.

A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, Valdemoro, con unos 3000 habitantes, gozaba de una animada vida cultural. En verano, la población aumentaba notablemente gracias a la llegada de una colonia veraniega anual que estaba compuesta por miembros de la burguesía y la aristocracia madrileñas. El 11 de noviembre de 1914, el periódico La Región publicaba un artículo en el que decía: «Valdemoro, por su proximidad a la capital de España, por los Colegios de la Guardia Civil… porque fue y es albergador de hombres ilustres, por el nombre y los títulos de sus primeros contribuyentes, tanto en lo territorial como en lo urbano, por las personalidades que le visitan constantemente, no es un poblacho. Es un pueblo muy importante, digno de cabeza de más relieve, de más ilustración y mayor posición social.» En esos años, se crearon tertulias, encuentros y veladas, eran numerosas las representaciones teatrales y prosperaron las «sociedades de recreo». En 1892 se fundó el casino El Círculo de la Amistad pero enseguida coincidieron muchos más como El Círculo del Progreso, La Flor, El Recreo y El Círculo de la Unión.

En 1891, el médico y cronista Anastasio de la Calle -al que debemos en Valdemoro ese magnífico cartel pseudopalindrómico «Calle doctor La Calle»- intentaba explicar las razones de la afluencia de tantas celebridades en el verano: «…la situación de esta villa, su aire libre, sus buenos alimentos, urbanización y carácter del vecindario, así como sus aguas, hacen su estancia altamente recomendable.»

De entre las personalidades que vivían o veraneaban en Valdemoro en esos años, encontramos al periodista León Carbonero y Sol, al escritor Manuel Carbonero y Sol y Merás, autor de un libro con un título que promete por lo exhaustivo: Fin funesto de los perseguidores y enemigos de la iglesia desde Herodes el Grande hasta nuestros días (1875); se encuentra en esta lista de personalidades, también, Luis Cortés Suaña, taquígrafo, autor dramático, periodista y director del diario de sesiones del Senado; el prolífico libretista de zarzuelas Manuel Fernández de la Puente; el escritor de obras de tema administrativo Ramón López Borreguero, autor de otro título de vigente actualidad: Ligera indicación sobre la ruina de la Hacienda pública y su remedio (1873). También el arquitecto y filántropo Mariano de Lázaro, el ministro plenipotenciario Fernando Osorio y Elola, marido de Estrella de Elola y Folgueira.

Un personaje muy especial une esa época de los primeros años del siglo XX con nuestros días. Nos estamos refiriendo al maestro Morcillo, Fernando García Morcillo, nacido en 1916 en Valdemoro y fallecido en el año 2002. Miembro de una familia de músicos, fue director de la casa de discos RCA y dirigió numerosos programas musicales en directo para Radio Nacional de España y Radio Madrid. Fernando García Morcillo fue el compositor de numerosos temas del cancionero español contemporáneo, destacando La tuna compostelana y Mi vaca lechera. Sus canciones fueron interpretadas por María Dolores Pradera, Sara Montiel, Frank Sinatra y Carmen Sevilla.

A lo largo de los números anteriores de La revista de Valdemoro, hemos ido conociendo a distintas celebridades nacidas o residentes en Valdemoro. Hemos descubierto que tenemos grandes músicos, escritores, atletas, pintores y estrellas de la televisión viviendo entre nosotros. Continúan tan solo con una tradición que viene desde los orígenes de la fundación de la villa y tengo la certeza de que inspirarán a los jóvenes valdemoreños a brillar en todas las facetas de la vida.