Valdemoro en el cine – Cine independiente

Valdemoro ha sido escenario de cerca de treinta largometrajes. Pudimos ver la plaza de la Constitución, llena de extras valdemoreños, en Orgullo y pasión (1957), mientras Sophia Loren bailaba flamenco bajo los atentos ojos de Frank Sinatra y Cary Grant; pudimos ver Valdemoro convertido en un pueblo uzbeko de la antigua Unión Soviética en una producción internacional, Más allá de las montañas (1967), una película dirigida por el polaco Alexander Ramati, autor también de la novela homónima; y pudimos ver el Salón de Sesiones del antiguo consistorio de Valdemoro en algunas de las escenas más importantes de la película española El turismo es un gran invento (1968), dirigida por Pedro Lazaga y protagonizada por Paco Martínez Sonia y José Luis López Vázquez.

Pero en Valdemoro han puesto los ojos, también, producciones cinematográficas y cineastas de carácter más alternativo e independiente. En nuestra localidad se filmó una película con guion de Jesús Franco, el cineasta independiente por antonomasia en España; vino a filmar a Valdemoro nada menos que Orson Welles, el enfant terrible (y luego más talludito y no tan enfant) de Hollywood; y, en el año 2000, nos visitó Karra Elejalde, actor de algunas de las producciones españolas más gamberras de los últimos veinte años, para dirigir su primer largometraje, Año Mariano.

La venganza del Zorro

Alrededor de la década de 1960, cuando las grandes productoras de Hollywood aún no se habían hecho con el control mundial de la distribución y de los derechos de proyección, los cineastas independientes podían estrenar en los centros de las mejores ciudades y competir con las grandes superproducciones de Hollywood. Para poder seguir su funcionamiento, los cines de barrio, por ejemplo, elegían entre grandes películas que se habían estrenado hacía meses (a veces, hasta años) o entre pequeñas producciones independientes con títulos rimbombantes que recordaban a grandes éxitos del pasado con los que atraían a los espectadores necesarios para poder sufragar la siguiente producción.

No tenemos que irnos tan lejos en el tiempo. En ciudades como Madrid o Zaragoza, hace veinte años, había una oferta cinematográfica un treinta por ciento más alta que en la actualidad. Es decir, puede que hubiera menos pantallas de cine disponibles que hoy en día, pero el espectador podía elegir entre muchas más películas. En la actualidad, los cines ofrecen más pantallas, pero, al repetirse las mismas películas en todas las multisalas, la oferta cinematográfica es menor. Una producción cinematográfica independiente o una película de bajo presupuesto tienen muy pocas posibilidades de ser proyectadas en los cines convencionales y, con suerte, sus opciones pasan por las filmotecas o los festivales de cine.

En muchos sentidos, es una pena. Porque, a pesar de algunos problemas de factura debido a su bajo presupuesto, cuando uno ve La venganza del zorro (1962), la película dirigida por Joaquín L. Romero Marchent que arranca en la plaza de la Constitución de Valdemoro (esta vez convertida en el centro de una población de California), se da cuenta de que puede competir, sin rubor, con muchas grandes superproducciones de Hollywood. La cinta contiene unas cuantas persecuciones a caballo, el número de disparos necesarios, las piruetas y la agilidad de un Zorro que trepa por los árboles y los edificios y el duelo a espada reglamentario con el malo en la última escena de la película. Todo ello salpicado con sabrosos diálogos escritos por un Jesús Franco en buena forma.

Para aquellos que no conozcan el nombre de Jesús Franco, aquí va mi pequeño homenaje a este cineasta independiente español. Estamos hablando del director de más de doscientas películas y del escritor de otros tantos guiones. Franco se formó como ayudante de dirección de Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga o del propio Joaquín L. Romero Marchent, director de La venganza del Zorro. Gracias a su experiencia y su conocimiento del inglés, trabajó con Orson Welles en Campanadas a medianoche. Los géneros favoritos de Jesús Franco eran el cine fantástico, la ciencia ficción y el cine de terror. Trabajaron en sus películas actores de la altura de Christopher Lee o Klaus Kinski. En 2009, recibió un Goya honorífico por toda su trayectoria profesional en el cine, como director, guionista, productor y compositor musical.

Jesús Franco no llegó a filmar oficialmente en Valdemoro como director. Sin embargo, llegó a tener una relación muy especial con un valdemoreño de nacimiento, Fernando García Morcillo. La carrera musical de García Morcillo fue larga. Nació en 1916. Miembro de una familia de músicos, fue director de la casa de discos RCA y dirigió numerosos programas musicales en directo para Radio Nacional de España y Radio Madrid. Fernando García Morcillo fue el compositor de numerosos temas del cancionero español contemporáneo, entre los que destacan La tuna compostelana y Mi vaca lechera. Sus canciones fueron interpretadas por María Dolores Pradera, Sara Montiel, Frank Sinatra y Carmen Sevilla (estos dos últimos habían estado en Valdemoro durante la filmación de Orgullo y pasión, pues Sinatra era uno de los protagonistas de la cinta y la tonadillera había ayudado a Sophia Loren a preparar la escena que tiene lugar en la plaza de la Constitución). En la década de 1940, el maestro Morcillo se dedicó a hacer música para la comedia musical y la revista. A partir de la década de 1950, comenzó a componer para el cine. Sus colaboraciones con Jesús Franco empezaron con la película El secreto del Dr. Orloff (1964) y Morcillo puso la banda sonora de, al menos, tres películas más de Franco. Su relación con el cine independiente no se limitó a la música que compuso para Jesús Franco. También trabajó en numerosas ocasiones con el director madrileño Paul Naschy (nombre artístico de Jacinto Molina Álvarez), más conocido por ser uno de los actores más elogiados internacionalmente por su interpretación del hombre lobo. Fernando García Morcillo fue también el compositor de la música de la mayoría de las películas del director José María Elorrieta. Casualmente, dos de ellas fueron filmadas parcialmente en Valdemoro: El milagro del sacristán (1954) y Torero por alegrías (1957).

En La venganza del zorro, de Joaquín L. Romero Marchent, la plaza de la Constitución de Valdemoro se reconoce fácilmente y se utiliza en varias ocasiones como espacio multiusos de la película. También cobra gran protagonismo la ermita del Cristo de la Salud (tanto por fuera como por dentro), pues es el lugar donde tiene lugar el asesinato que dispara toda la intriga de la película.

Una historia inmortal

Jesús Franco llegó a decir que no le gustaba ninguna de sus películas. Que a él le habría gustado dirigir Ciudadano Kane, la obra maestra de Orson Welles. Tuvo la suerte de trabajar con Welles en Campanadas a medianoche, filmada en España en 1965. Curiosamente, tres años más tarde, Orson Welles vino a Valdemoro para rodar el telefilm Una historia inmortal.

¿Qué se puede decir de un artista como Orson Welles? Con veintitrés años, aterrorizó Estados Unidos con una dramatización radiofónica de La guerra de los mundos, el famoso libro de H. G. Wells; con veinticinco años, dirigió su primera película y muchos críticos y cinéfilos siguen considerándola uno de los mejores largometrajes de la historia del cine. Estamos hablando de Ciudadano Kane, que ganó el Óscar al mejor guion original y tuvo nominaciones a mejor película y mejor director.

Una historia inmortal fue concebida como una película para la televisión francesa, pero acabó estrenada en el cine. Estuvo filmada en varios lugares de España, incluidos Chinchón y Valdemoro. En este caso, la plaza de la Constitución de Valdemoro formaría parte del entramado urbano de una imaginaria Macao, la colonia portuguesa en China. Efectivamente, podemos ver carteles en chino por todas partes (aquellos que saben leer chino criticaron el hecho de que algunos de esos carteles estaban boca abajo). Orson Welles, uno de los cuatro protagonistas de la película, entra en la plaza conducido en una calesa tirada por caballos y puede distinguirse claramente. Orson Welles estuvo en Valdemoro. Coprotagoniza la cinta del director norteamericano Jeanne Moreau, la actriz francesa que falleció recientemente (31 de julio de 2017).

La película es una adaptación exquisita de una novela deliciosa, obra de la escritora danesa Karen Blixen. Tal vez Una historia inmortal no sea su libro más famoso, pero algunas otras de sus novelas han sido llevadas al cine y son ampliamente conocidas: Memorias de África y El festín de Babette.

La adaptación cinematográfica es muy teatral y podría haberse llevado a cabo con tan solo los cuatro protagonistas europeos. Cuando el espectador piensa que Orson Welles quiso ahorrarse en extras o que, sencillamente, en aquellos años, no pudo encontrar actores chinos en España, el director nos sorprende con dos o tres escenas en las que los extras asiáticos enriquecen la cinta extraordinariamente, gracias, también, a una fotografía impecable.

Año Mariano

Gran parte de Año Mariano, la película dirigida por Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo en el año 2000, fue filmada en los cerros del Espartal (en la finca El Espartal, según aparece en los créditos). Utilizaron un buen número de extras, que llegaron de varias poblaciones. En los créditos finales, aparecen agradecimientos a los excelentísimos Ayuntamientos de Madrid, Almería, Níjar, Valdemoro, Ciempozuelos y Titulcia (aunque es «todo el pueblo de CIEMPOZUELOS POR SU CARIÑO Y COLABORACIÓN» el que se lleva los agradecimientos especiales de la película). 

Año Mariano es una película sinvergüenza. Es una película marginal repleta de personajes marginales. Y sus orígenes son también marginales. Todo comenzó cuando Juanma Bajo Ulloa hipotecó su piso para producir su primera película, Alas de mariposa en 1991. Parecía una historia de cineasta independiente americano. Una película producida con muy poco dinero que consigue el premio del Festival de Cine de San Sebastián. Con los ingresos de esta película, Juanma Bajo Ulloa pudo producir su segunda película, La madre muerta (1993). Algunos de los adjetivos que se podrían usar para ambas películas son preciosismo, detallismo y barroquismo. Ninguna de las dos películas estaba dirigida al gran público. Ninguna de las dos podía clasificarse como comercial.

En Alas de mariposa, uno de los personajes terciarios estaba interpretado por Karra Elejalde. En La madre muerta, Elejalde pasó a ser el protagonista. Estoy seguro de que la relación personal que fue forjándose durante esos dos años entre Ulloa y Elejalde fue fundamental para que el director decidiera convertir una historia de Karra Elejalde en su tercer largometraje. La película, Airbag (1997), se convirtió en la más taquillera del cine español, honor que mantuvo hasta que, al año siguiente, se estrenó la primera película de la saga de Torrente. Es, sin lugar a duda, la película más comercial de Ulloa, que, desde entonces solo ha estrenado Frágil (2004), minoritaria de nuevo, y Rey gitano (2015), que intentó resucitar el fenómeno comercial de Airbag, sin conseguir el mismo éxito.

 Sin embargo, Karra Elejalde supo explotar al máximo el efecto de Airbag. Tres años más tarde, escribió, dirigió e interpretó junto con Fernando Guillén Cuervo la película Año Mariano. Guillén Cuervo ya había co-protagonizado Airbag e, incluso, había firmado su nombre, junto al de Elejalde y Ulloa, bajo el guion de la película. Año Mariano no tiene la factura ni la frescura de Airbag, pero fue una vuelta de tuerca más (o una ida de olla superior) y comercialmente tuvo incluso más beneficios. Airbag tuvo un presupuesto de tres millones de euros y una recaudación de siete. Año Mariano contó con un presupuesto de unos 180.000 euros y obtuvo una recaudación de más de cinco millones de euros.

No cabe duda de que Karra Elejalde ha conseguido evolucionar por un camino lleno de más éxitos comerciales y ha sabido mantenerse en el candelero (él diría «en el candelabro» si estuviera interpretando a uno de sus personajes), pues lo hemos podido ver en la primera línea de las películas y series de moda (Ocho apellidos vascos y sus secuelas, por ejemplo) y, a la vez, no abandona a los personajes marginales que ha interpretado desde sus inicios interpretativos.

Valdemoro ha sido escenario de todo tipo de películas y series televisivas. En nuestro artículo anterior dedicado al cine en Valdemoro, pudimos ver paisajes urbanos de nuestra localidad en grandes producciones internacionales, en producciones populares españolas y, como hemos visto en este artículo, Valdemoro ha sido utilizado como escenario de películas independientes, marginales o de bajos presupuestos.

 

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Valdemoro en el cine – Grandes producciones

Orgullo y pasión

«Llegaron en numerosos coches negros. Parecían formar parte de una comitiva oficial como la que había atravesado Villar del Río, cuatro años antes, en Bienvenido, Mister Marshall. Pero estos coches no pasaron de largo. Tampoco se trataba de una comitiva oficial. Eran los protagonistas principales y algunos miembros del equipo de producción de Orgullo y pasión, la película de guerra que aspiraba a ser el exitazo de Hollywood en 1957. Llegaron sobre la una de la tarde y los coches fueron parando brevemente al lado de la puerta del Quinito para que los pasajeros descendieran de los vehículos y entraran en el restaurante, donde habían preparado una mesa larga en el piso de arriba.

Valdemoro estaba de fiesta. Muchos de sus habitantes iban a participar en la película como extras. La escena principal iba a filmarse por la noche, en la plaza del Ayuntamiento. Era una de las escenas más importantes de la película: los miembros de la guerrilla española, interpretados por numerosos valdemoreños, reposaban en la noche tras un largo día de caminata escondiéndose de las tropas francesas. Un guitarrista flamenco anima la velada cuando la novia de Miguel, interpretado por Frank Sinatra, decide tomar el centro de la acción y marcarse unos pasos de baile español. Se trata de una bellísima Sophia Loren, que, con 23 años, protagonizaba su primera superproducción fuera de la industria cinematográfica italiana. La escena es importante para la película porque es la primera vez que se insinúa el triángulo amoroso que se desarrolla a lo largo del largometraje. La actriz italiana baila bajo los atentos ojos de Miguel y de Anthony, el capitán inglés interpretado por Cary Grant que ayuda a la guerrilla española, mientras ambos cruzan miradas.

Pero la escena se rodaría en la noche. Ahora tocaba llegar a Valdemoro en numerosos coches negros, crear expectación en el pueblo, bajarse junto a la puerta del Quinito, subir al segundo piso y sentarse a la larga mesa que en el restaurante habían preparado para las estrellas de cine. Stanley Kramer era el director de la cinta y, sin saberlo, comenzaba la segunda mitad de su segundo matrimonio. Orgullo y pasión era también su segunda película como director. Segundo piso. Segunda mitad de su segundo matrimonio. Segunda película como director. El que más problemas le puso para el rodaje de la película fue Frank Sinatra. El italo-americano había aceptado protagonizar la cinta para estar cerca de Ava Gardner, que estaba filmando también en Europa, e intentar reconquistarla. Cuando se dio cuenta de que la reconciliación era imposible, pidió a Kramer que grabaran cuanto antes las escenas en las que él aparecía para poder irse cuanto antes. El divorcio entre Gardner y Sinatra se hizo efectivo ese mismo año. Kramer tuvo que complacer al actor, adelantando la filmación de algunas escenas pero, como venganza, eligió el peor corte de pelo posible para el personaje de Miguel.

La historia de desamor entre Sinatra y Ava Gardner despejaba las dudas sobre el romance que debía surgir durante la filmación de Orgullo y pasión. Tanto Sophia Loren como Cary Grant dejaron correr los rumores porque, fueran absurdos o no, les convenían a los dos. El caso es que Sophia Loren se casó en septiembre de ese año con Carlo Ponti y Grant estuvo feliz en España. A sus 53 años, se alejaba de su mujer durante una temporada y se atrevía a mostrar su torso desnudo, algo inusual en él, en una de las escenas de acción en Orgullo y pasión.

En el segundo piso del Quinito, las estrellas del largometraje eran los únicos clientes. Tuvieron a un camarero y a una camarera, dos valdemoreños de toda la vida, atendiéndoles de forma exclusiva. Grant estuvo especialmente atento con ambos, a pesar de las diferencias lingüísticas, haciendo preguntas al camarero sobre los manjares y los vinos y coqueteando constantemente con la camarera, cuya belleza llegó a comparar con la de Sophia Loren, quién sabe si para ponerla celosa. Llegó a preguntarle, a través del intérprete que les acompañaba, si sabía bailar flamenco y, mientras tomaban café, sugirió al director que la incluyera como extra en la escena que iban a filmar aquella noche. El vino que habían bebido durante la comida hizo que pronto todos se olvidaran de la sugerencia de Grant y el tema de conversación se fuera por otros derroteros. Ayudó la necesidad de Grant de ir al baño.

Cary Grant se levantó y se dirigió al fondo del comedor. Entró en el servicio y se encontró con unos urinarios un tanto sencillos para lo que el artista estaba acostumbrado en Beverly Hills. Cuando hubo acabado, se lavó las manos y se vio sorprendido por el camarero, que abrió la puerta del servicio y se acercó al actor. Grant le sonrió amablemente hasta que el camarero le acercó una navaja abierta al cuello. Era casi tan grande como la navaja que llevaba consigo a todas partes el personaje que interpretaba Frank Sinatra en el largometraje. El camarero no dijo una palabra. Ya le había hecho saber que no sabía inglés. Con la mano que tenía libre, sacó del bolsillo una fotografía y se la mostró al actor. Era una foto de la camarera que servía con él. Grant comprendió y movió la cabeza ligeramente, haciéndole ver que había entendido el mensaje…».

Han pasado exactamente sesenta años desde que Stanley Kramer, Sophia Loren, Frank Sinatra y Cary Grant vinieran a Valdemoro para rodar algunas de las escenas de Orgullo y pasión, la mayor producción cinematográfica filmada en nuestra localidad, y es tentador escribir una historia de ficción sobre lo que pudo suceder durante la comida que tuvo lugar en el Quinito o durante los días que estuvieron rodando, con camerinos improvisados en la plaza de la Constitución y vigilados por la Guardia Civil. Yo tan solo he querido darles un aperitivo para que ustedes le den el final que deseen.

No era la primera vez que se rodaba en Valdemoro. Ya en 1949, Antonio Román eligió Valdemoro para filmar El amor brujo, una adaptación cinematográfica de la obra de Manuel de Falla; en 1954, José María Elorrieta grabó en Valdemoro escenas de El milagro del sacristán; el mismo director volvió a la localidad al año siguiente para filmar El bandido generoso; el mismo año, 1954, Antonio del Amo vino para dirigir escenas de Sierra maldita; y en 1957, José María Elorrieta volvía para llevar al cine Torero por alegrías, un guion que había escrito junto a José Manuel Iglesias.

Pero Orgullo y pasión marcó un antes y un después. Estamos hablando de una de las veinte películas más taquilleras de 1957 en todo el mundo, una película comercial que buscaba agradar al gran público a la vez que quería hacer historia dentro del género bélico. Por desgracia, se convirtió en una película maldita. A pesar de los altos ingresos en taquilla, tuvo pérdidas por los grandes costes de producción. Stanley Kramer aspiraba a conseguir una obra maestra, con grandes actores y más de diez mil extras (al final de la película, agradece la generosidad de todos los extras españoles, entre los que se encontraba Adolfo Suárez), con avanzados efectos especiales para la época (en las escenas finales, destrozan a cañonazos una parte de la muralla de Ávila) y con un guion simpático, lleno de guiños a las imágenes preconcebidas que los extranjeros de la época tenían sobre España. Pero Kramer tuvo la mala suerte de que, ese mismo año, David Lean dirigiera Un puente sobre el río Kwai, que se llevaría las estatuillas más importantes en la ceremonia de los Óscar, y que, ese mismo año también, Stanley Kubrick dirigiera una de mis películas bélicas favoritas de todos los tiempos, Senderos de gloria.

Más allá de las montañas

En los siguientes diez años, varios directores continuaron eligiendo Valdemoro para filmar parte de sus películas: en 1958, Manuel Mur Oti dirigió una comedia hispano-cubana titulada Una chica de Chicago; el mismo año, Antonio del Amo volvía a la localidad para llevar otra comedia a la gran pantalla, Nada menos que un arkángel; en 1959, Ignacio F. Iquino filmó escenas de una coproducción hispano-mexicana titulada El niño de las monjas; en 1962, Joaquín L. Romero Marchent dirigió La venganza del zorro, con guion de Jesús Franco; en 1963, Javier Setó adaptó al cine El escándalo. Valdemoro parecía el lugar propicio, pues la historia estaba basada en el libro homónimo de Pedro Antonio de Alarcón, autor que había vivido en la localidad a finales del siglo XIX. En 1964, Antonio Merino dirigió Un puente sobre el tiempo/Alféreces provisionales; en 1966, Manuel Torres eligió Valdemoro para filmar parte de Huida en la frontera; en 1967, Pedro Mario Herrero dirigió Club de solteros; el mismo año, el director polaco Alexander Ramati eligió Valdemoro para filmar gran parte de su película Más allá de las montañas, una producción hispano-estadounidense, con un grupo de actores internacionales: protagonizaban la cinta el actor vienés Maximilian Schell, la actriz griega Irene Papas, el calabrés Raf Vallone y la despampanante actriz austriaca Maria Perschy. Y no podemos olvidar a un magnífico Fernando Rey luciendo un bigote que cualquiera diría que inspiró a Sacha Baron Cohen en la creación de su personaje Borat.

La película Más allá de las montañas comienza con el siguiente texto:

«En 1939, mientras Alemania invadía Polonia, Rusia entró procedente del este y miles de soldados polacos fueron internados en Siberia.

En 1941, la misma Rusia fue invadida por Alemania. Esta es la historia de dos hermanos polacos, quienes en la confusión de los tiempos de guerra, escaparon de un campo de concentración de Siberia, dirigiéndose hacia el sur, a Kermine, en la República Soviética de Uzbekistán»

Tras el texto, un tren de época llega a la estación de ferrocarril de Valdemoro. Solo que no podemos leer Valdemoro. Podemos ver un cartel escrito en alfabeto cirílico en el que pone Kermine. La película está rodada en los estudios Sevilla de Madrid, pero gran parte del largometraje tiene lugar en los exteriores filmados en Valdemoro (para algunas escenas, también se desplazaron a Beasáin, Aranjuez, Parla y Boca del Asno, en Segovia).

Convertir Valdemoro en una localidad de Uzbekistán, cerca de la frontera con Afganistán, fue un alarde de maestría cinematográfica que iba (como indicaba el título de la película) «más allá de las montañas». La mayoría de las personas del siglo XXI que se acerquen a la película como espectadores se aburrirán bastante. Pero cualquier valdemoreño que se precie de conocer bien su localidad se divertirá descubriendo los rincones de la villa que fueron transformados en parte del paisaje uzbeko. Yo disfruto imaginando las bromas que harían los extras valdemoreños cuando les hicieran llevar esos abultados gorros de cosacos o les pegaran esos bigotes gruesos que, se supone, lucen los varones de la zona.

Al comienzo de la película, podemos ver a unos niños lavando en un riachuelo inventado al lado de la estación de tren, algo que maravilló a los lugareños de la época. Pero el mayor logro audiovisual lo consiguió Alexander Ramati con la larga escena de tormenta de arena del desierto uzbeko que desencadena, además una ambigua escena amorosa tras la cual los dos protagonistas hacen planes para escaparse juntos una vez crucen la frontera.

El turismo es un gran invento

Un año después del estreno de Más allá de las montañas, en 1968, una producción española daba una vuelta de tuerca más y conseguía que Valdemoro se convirtiera en una población mucho más exótica y lejana que una localidad de Uzbekistán. En este caso, Valdemoro se transformaría en un pueblo aragonés de la «España vacía» que, a su vez, y dentro del largometraje, aspiraba a convertirse en un centro de atracción turística para las suecas. Estamos hablando de la disparatada cinta dirigida por Pedro Lazaga, El turismo es un gran invento. En un guiño al nombre de nuestra localidad, el pueblo se llamaba Valdemorillo del Moncayo.

La película comienza con un fascinante riff de jazz, con batería y trompeta, que desemboca en el tema musical principal de la película, compuesto por Antón García Abril. La letra de la canción no tiene desperdicio: «Me gusta hacer turismo, es algo estimulante, es una emocionante manera de aprender. Olvide sus problemas, no piense en los negocios y déjeles a sus socios el deber y el hacer. Relájese en la arena, consígase un flirteo y sienta el cosquilleo del sol sobre su piel. Y luego, por la noche, con un whisky delante, descanse en el sedante sillón de un buen hotel».

Las escenas de playa se filmaron en Marbella y los exteriores de Valdemorillo del Moncayo corresponden a la población madrileña de Torrelaguna. Sin embargo, las escenas más largas y los diálogos más interesantes de la película se desarrollan en el salón de juntas del Ayuntamiento del pueblo. Para estas conversaciones, Pedro Lazaga eligió el Salón de Sesiones del antiguo consistorio de Valdemoro. Allí Paco Martínez Soria convence a sus vecinos de que necesita dinero para ir a Marbella con el objetivo de obtener ideas para el desarrollo turístico del pueblo; allí, sus convecinos y amigos protestan cuando reciben misivas pidiendo más dinero; allí, Paco Martínez Soria renuncia a todo lo que tiene para pagar los gastos ocasionados por sus ideas de desarrollo…

Detrás del tono humorístico de la película, descubrimos la realidad de los pueblos del interior de España. Unos pueblos que se fueron vaciando desde el final de la Guerra Civil y que mandaron a toda su juventud a las grandes ciudades. Para aquellos que quieran profundizar en este tema, nos gustaría recomendar el libro La España vacía, de Sergio del Molino, publicado en 2016. Nuestra localidad sería un lugar interesante para el estudio de este tema porque, debido a su cercanía a Madrid y a la mejora de las comunicaciones en los últimos cincuenta años, Valdemoro ha dejado de ser parte de la «España vacía» para convertirse en parte de la metrópolis capitalina, creando una personalidad propia, gracias a su combinación de pasado rural con su presente urbano.

Paco Martínez Soria había sido alcalde de Valdemoro. Cuando parecía que nada mejor podía pasarle a nuestra localidad, el mismo año, en 1968, Orson Welles filmó partes de Una historia inmortal en Valdemoro; en 1969, Rafael Gil dirigió Sangre en el ruedo; en1970, Pedro Lazaga volvió para grabar Las siete vidas del gato; en 1972, Valdemoro fue escenario de nada menos que tres películas: Marianela, dirigida por Angelino Fons,  La duda, de Rafael Gil, y La cera virgen, de José María Forqué; en 1975, Joaquín Coll Espona dirigió Mi adúltero esposo (“In situ”); en 1993, Josefina Molina vino a rodar La Lola se va a los puertos; y, por último, en 2000, Álvaro Fernández Armero dirigió El arte de morir y Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo vinieron para rodar parte de su Año Mariano.

No tenemos noticias de que se hayan filmado más películas en Valdemoro. Sin embargo, a partir del año 2000, se han grabado varias series de televisión: en 2008, Antena 3 filmó partes de su Cazadores de hombres, la serie protagonizada por Emma Suárez, y El síndrome de Ulises, protagonizado por Miguel Ángel Muñoz; en el 2008 también, Cuatro eligió Valdemoro para algunas partes de Cuenta atrás, la serie protagonizada por Dani Martín; en el mismo año, Telecinco grabó partes de Hermanos y detectives y el último episodio de Yo soy Bea; y también en 2008, TVE filmó escenas de UCO; en 2010, Telecinco grabó partes de su serie La que se avecina; en 2015, Antena 3 escogió Valdemoro para algunas escenas de la serie Apaches y en 2016, partes de la serie Mar de plástico; por último, en 2017, José Mota vino a grabar escenas de El acabose, de TVE.

A lo largo de sus siglos de historia, Valdemoro ha sido visitado por reyes y nobles, por célebres artistas y grandes autores, desde Cervantes a Miguel Hernández. A partir de mediados del siglo XX, y hasta nuestros días, Valdemoro ha recibido también personalidades del mundo de la música, del teatro y, como hemos podido ver en este artículo, de la industria cinematográfica.